jueves, 10 de noviembre de 2016

G20 SEMINARIO MÓDULO 3 30 AÑOS QUE CAMBIARON EL MUNDO

1. Es difícil ubicarse en una determinada época histórica al mismo tiempo que se la está viviendo. Una muestra adicional de esa dificultad es el uso de un procedimiento bastante habitual para la predicción: proyectar las experiencias. Se excluye el cambio abrupto, la mutación. Se dice en esos casos fallidos que la foto no necesariamente  determina la película. Es cierto que estas tres décadas –los ’80, ’90 y ’00- fueron en apariencia difusas, de trámite poco previsible. Una serie de acontecimientos “secundarios” no pocas veces ocuparon las primeras planas de la realidad, conviviendo con hechos sustantivos, estratégicos.  Ahora se ve que un hilo en ese momento invisible, una especie  de “logicial”, guiaba a las élites en su relación con la marcha general de los procesos más allá de los vaivenes cotidianos. No existía (¿existe ahora?) un marco teórico de la suficiente pertinencia como para separar lo fundamental de lo accesorio. Esas tres décadas, puede asimilarse a un barco que en el camino se ve obligado a atravesar todo tipo de tempestades: nunca deja de dirigirse a destino aunque en un momento dado su proa pueda desviarse. Los 30 años considerados tuvieron una dirección y un sentido determinado más allá de sus ocurrencias, algunas de ellas inconcebibles aun para las mentes más fantasiosas. Lo que nos lleva a decir que la realidad, como la cebolla, se conforma con distintos niveles y no siempre es inducible el todo desde la parte ni es posible ver el bosque si hay un tronco que nos lo tapa.

2. Los foros que reunieron en los setenta a las élites del mundo desarrollado tuvieron una misión y una visión; en ellos se discutió sobre las grandes líneas para el mediano plazo pero luego se descentralizó su dinámica, con la expectativa de que “cuando sea posible alcanzar los resultados deseados a través de una marco de normas acordado, las funciones de administración operacional y de toma de decisiones deberían ser dejadas a unidades de gobiernos nacionales o, aún, más pequeñas”[1], una evidencia indisimulable del lugar desde el que se hablaba. Esa forma de ver el proceso no debe ser interpretado como que cada uno de los eventos fuera producto de una construcción; ni falta que hizo. Con solo dejarlas libradas a su propia dinámica, las tendencias incubadas en la escena internacional -y consecuentemente al interior de los países- irían dando forma a acontecimientos necesarios para dejar la cancha libre a la proyección de los consensos, es decir, el despliegue de la globalización. Claramente eso ocurrió, por tomar dos casos, con las reformas llamadas neo conservadoras y a principios de los noventa con el Consenso de Washington o, enfrente, con la desaparición de la URSS. Se puede decir que dichos factores, como veremos seguidamente, al ir teniendo lugar en forma sincrónica en los territorios de ambos polos en los que se dividía el mundo, fueron decisivos y convergentes para arribar a la situación establecida luego de la implosión soviética en 1991. Naturalmente, la caída de la URSS tuvo carácter catastrófico; fue un hecho en general inesperado que cambió radicalmente la escena política internacional. Sin embargo, una visión retroprospectiva nos permite afirmar que ese colapso fue tomando forma desde unos cuantos años si nos atenemos a indicadores del funcionamiento del socialismo real que, para un observador atento, ya anunciaban el final que tendría.

3. En el caso del capitalismo, las reformas de tono neo conservador que tuvieron lugar primero en los países desarrollados y luego en los ahora llamados emergentes, como el nuestro, estuvieron a la luz del día. En ese caso las dificultades de percepción tuvieron otro origen. Tal vez por haber sido contextualizadas más desde el punto de visto político o económico, las acciones que se iban sucediendo, consecuencia de un enfoque claramente ideológico, no fueron calibradas en su verdades función destructiva/transformadora. Sus impactos, de gran trascendencia en la reformulación del capitalismo, solo han sido superados por acción de las medidas adoptadas para la gestión de la crisis del 2008. Sin duda, ahora aparece más claro: hubo una notoria carencia en materia de enfoques para seguir los procesos y las transformaciones que se iban produciendo, sobre todo en los Estados Unidos. El paso de la fase imperialista, con un breve escala en la fase transnacional, hasta llegar a la globalización de los países desarrollados (que en EEUU se fue completando con la gestión de Obama pero tirando la tierra bajo la alfombra como lo demuestra el legado de la campaña de Trump al poner en evidencia los enormes costos de esa transformación “exitosa”), fue seguida sin ver suficientemente la riqueza de los matices de esos procesos de mutación del viejo régimen. Hubo de caer Wall Street y quebrar la General Motors para tomar nota de que la cosa venía en serio aunque todavía no estaba (ni está) del todo claro qué cosa. Hubo dos características que contribuyeron a la opacidad de esos años, que en lo fundamental ocurrieron bajo gestiones de tinte neo conservador y con hechos de alto costo político y gran rechazo de la opinión pública. Hay dos figuras que le dan la impronta al período, Reagan y Tatcher. El presidente norteamericano, adalid de la derecha, fue actor de un par de períodos de gobierno donde tuvieron lugar hechos a los que ni el más recalcitrante de los demócratas se les hubiera animado: por citar uno, el desmonte impiadoso del complejo militar industrial (por cierto en el contexto de una política de inminente desborde armamentista llamada “guerra de las galaxias” que no pasó de la retórica pero que generó una situación de crisis en la URSS donde fue uno de los detonantes de su implosión). La “dama de hierro” por su parte fue la encargada de acabar con cualquier resabio de la época victoriana, en primer lugar y como un símbolo, la explotación carbonífera.
4. Otro de los eventos destacados de la época fue la implosión de la URSS. Su caída debe ser entendida con relación al colapso de la situación en clave bipolar que le dio el tono al siglo XX en materia de relaciones internacionales así como al interior de los países en cuestiones sociales y políticas. Hubo momentos, sobre todo alrededor de la Segunda guerra mundial, en que el papel de la URSS y, por extensión, la proyección de la civilización del socialismo, parecían dominar en el ejericio de la prospectiva sociopolítica de las naciones del mundo. La posibilidad se basaba en que una parte considerables de las poblaciones y los territorios estaban efectivamente viviendo bajo regímenes socialistas.  Sin embargo, la carrera planteada en todos los planos, tuvo su paridad tan solo en el plano militar, que es virtual en tanto no haya guerras, y no tiene resultados positivos -salvo por default- sobre el bienestar de la poblaciones afectadas. Es en ese contexto donde se dirimió la supremacía de un sistema sobre el otro. Esta disparidad de perspectivas ya comenzó a ser percibida en los años sesenta por los más sagaces observadores de los países capitalistas cuyos dirigentes –sobre todo la parte socialdemócrata europea - afinaron sus estrategias de manera de plantear la controversia fuera del espíritu del fundamentalismo militar, y disputar las masas en los ámbitos políticos e ideológicos. Esa acción, apoyada en un desenvolvimiento más efectivo de la economía de los países europeos occidentales, que obraba de vidrieras aun con diferencias al interior de sus sociedades, fue esmerilando paulatinamente, sin prisa pero sin pausa, los logros que había tenido la URSS en el plano militar y en algunos renglones de la industria pesada que era tenida como indicador principal de la salud del sistema. Sin embargo, la cosa ya empezaba a transitar por el andarivel de las TIC’s que Stalin en su momento, imbuido de un dogmatismo extremo, vio como un producto capitalista (en realidad lo era, aunque no para despreciarla: la cibernética fue denominada “pseudociencia burguesa”), y provocó atrasos que luego fueron irremontables. Una dirigencia avejentada y rígida contribuyó a fortalecer ese curso conservador que terminó con una forma de organización social absolutamente centralizada condenada por eso mismo a la autodestrucción entrópica.
5. Con la muerte de Brezhnev en 1982 comenzó a desmoronarse la denominada gerontocracia soviética; nuevos aires por los pasillos del Kremlin –iniciada como una suave brisa devenida prontamente en vendaval- contribuyeron a despejar las brumas del conservadurismo que asfixiaban al régimen pero al mismo tiempo poner en evidencia sus limitaciones. Fueron cobrando protagonismo sectores renovadores que -ahora se puede ver- sintonizaban con los influjos de igual sentido que hemos visto estaban en pleno auge entre las élites del capitalismo. La sincronía (como con Deng Xiaoping en China unos pocos años antes) es nítida en el caso de Gorbachov; sus propuestas de Perestroika y Glasnost se orientaban a la remoción de los cimientos del régimen soviético. De ahí hasta el final fue un viaje sin escalas. La caída del muro de Berlín y la implosión de la URSS entre 1989 y 1991 representó el fin del socialismo real, un hecho predecible por unos pocos que tuvo un impacto mayor que la propia instauración de ese sistema setenta años antes con la revolución bolchevique de 1917. A partir de ese momento comienza lo que ha dado en llamarse el Mundo Uno, un estadio inédito en la historia de la humanidad, que representaba el carácter que la globalización iría adoptando de ahí en más en el plano institucional.
6. La posibilidad de erradicar definitivamente los grandes conflictos, los que solo pueden tener lugar entre los países más poderosos, supuso una situación tan impensada que aún se carece de una verdadera noción sobre su significado. La paz ya no debería tener una definición negativa referida a la ausencia de la guerra a pesar de que la nueva situación aún hoy no es del todo identificada por una consigna creíble y aceptada comúnmente. Sin embargo, la historia avanza. Se ha detenido la carrera armamentista; se despliegan los procesos de desarme, sobre todo atómico que es el que interesa inicialmente. Tal vez el último conflicto real fue la guerra de Vietnam finalizada en 1975. Se han dado luego algunas guerras locales, incluso muy sangrientas como las de los Balcanes, intervenciones mediáticas o no justificadas, como las de EEUU y otros países en IRAQ (un trágico papelón) y Afganistán, acciones antiguerrilleras en Colombia, la intervención de las fuerzas armadas en golpes de estado africanos (un reloj atrasado), etcétera, que no alcanzan a hacer perder de vista lo sustantivo: raudamente los ejércitos de todo el mundo pierden su sentido histórico y las hipótesis de conflicto tiene que reformularse según una agenda de interés global no nacional.

7. El Consenso de Washington (CW) contuvo un conjunto de propuestas de políticas económicas elaboradas durante los años 1990 que los países latinoamericanos debían aplicar para impulsar el crecimiento. Sus “recomendaciones” fueron las siguientes:
1.       Disciplina fiscal
2.       Reordenamiento de las prioridades del gasto público
3.       Reforma Impositiva
4.       Liberalización de las tasas de interés
5.       Una tasa de cambio competitiva
6.       Liberalización del comercio internacional
7.       Liberalización de la entrada de inversiones extranjeras directas
8.       Privatización
9.       Desregulación
10.    Derechos de propiedad
Cuando se hace referencia a la capital norteamericana, debe entenderse el conjunto de organismos nacionales, internacionales y no gubernamentales que tienen su sede en esa ciudad:  organismos financieros como el FMI y el Banco Mundial, el Congreso de los EEUU, la Reserva Federal, los altos cargos de la administración y las fundaciones e institutos de expertos económicos y de otras disciplinas. El CW fue rápidamente identificado con el neoliberalismo. Entre sus críticos se destacaron Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía 2001 y ex vicepresidente del Banco Mundial, Noam Chomsky, Naomi Klein y otras destacadísimos personalidades del progresismo boreal que veían en él un medio para abrir el mercado laboral de las economías del mundo subdesarrollado a la explotación por parte de compañías del primer mundo. Una definición precisa nos dice que las críticas, que provienen desde la antiglobalización hasta del mismo liberalismo económico, argumentan además que los países del primer mundo imponían las políticas del Consenso de Washington sobre los países de economías débiles mediante una serie de organizaciones burocráticas supra estatales como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional además de ejercer presión política y extorsión. Se argumenta además, de forma muy generalizada, que el Consenso de Washington no ha producido ninguna expansión económica significativa en Latinoamérica, y sí en cambio algunas crisis económicas severas y la acumulación de deuda externa que mantenía a estos países anclados al mundo desarrollado.

8. Si como hemos dicho la realidad tiene niveles, todo lo que se dijo (y se sigue diciendo) sobre el CW es verídico. Desmanteló el estado de bienestar, se produjeron privatizaciones, eliminación de regulaciones, apertura de las economías; todo con altos costos que todavía se siguen pagando. Sin embargo, desde otro nivel, el CW también debe ser referido a la marcha de la globalización. Acudamos a una metáfora: el reciclaje de una casa chorizo. El arquitecto toma nota de la obra existente, y a pedido del comitente diseña el proyecto en el AutoCAD y le muestra una representación 3D. Una parte importante del proyecto es demoler algunas partes de la obra existente. Si alguien pasa y ve a los albañiles volteando paredes sin conocer el proyecto, pensará que eso es una demolición lo que es totalmente cierto aunque ello sea solo un paso en la marcha hacia el logro de los objetivos finales del proyecto. Sin entrar en ninguna consideración de valor, una economía no puede globalizarse sin el desmonte parcial de las estructuras socioeconómicas y culturales construidas durante la vigencia del estadonación. Esa acción, que en nuestro país estuvo a cargo del menemismo, tuvo y sigue teniendo profundas connotaciones políticas y en la mayoría de los casos de otros órdenes de la vida social lo que acarreó consecuencias que afectaron a gran parte de la población. En todos estos años, el CW fue blanco de condenas políticas en partes significativas del arco político sobre todo el que va desde el centro hacia la izquierda. Como hemos dicho, por falta de un marco teórico adecuado, aún sin pretender ubicarlo en la disyuntiva de una aprobación o rechazo, el CW no fue visto en el contexto en el que se desplegaba, lo cual fue un obstáculo para diseñar una estrategia política que se le pudiera anteponer. Para contribuir a esa falta de precisión, el premier Brown con motivo de la realización en Londres de la reunión del G 20 el 2 de abril de 2009 expresó "se terminó el viejo Consenso de Washington… hemos logrado un nuevo consenso de que haremos lo necesario para restablecer el crecimiento y el empleo, y evitar que una crisis de este tipo se repita nuevamente”, lo que era una parte pero no toda la verdad.

09. El verdadero triunfador en la dura puja ideológica que tuvo lugar a lo largo del siglo XX fue la socialdemocracia, en particular, la europea, más allá de las dificultades de parto que fueron surgiendo y lo seguirán haciendo en el Viejo continente. A diferencia de los países de economía centralizada, gobernados por partidos comunistas, los socialdemócratas han sabido combinar los principios del socialismo que asumieron desde sus inicios, y que les dieron identidad, con el funcionamiento del mercado; para ello se han apoyado en la idea de que no existe un conflicto entre la economía capitalista y una sociedad de bienestar en tanto el estado posea atribuciones suficientes para garantizar a los ciudadanos una debida protección social así como el  rol de regulación de la actividad económica (pruritos que han disminuido drásticamente en el marco de la crisis mundial desatada en 2008 donde el intervencionismo estatal puesto en práctica hubiera sido la envidia de los planificadores soviéticos).  En ese sentido, la noción de mercado juega un  papel fundamental, ya sea en condiciones de escasez (como en la época de Adam Smith, siglo XVIII) o de abundancia (como el presente, luego de la RC&T).  Sin embargo, sería una simplificación reducir la puja ideológica exclusivamente a variables económicas. Los socialdemócratas demostraron una mayor versatilidad para asimilar los cambios que se iban produciendo en las sociedades, en sintonía con el avance de la ciencia y la tecnología. Por ello los socialdemócratas se han caracterizado por sus concepciones reformistas ligadas a la participación ciudadana, la protección del medio ambiente y la integración de minorías sociales en el funcionamiento de las democracias y, en el plano internacional, compartir la concepción de una sociedad mundial pacífica y democrática basada en la justicia, solidaridad  y libertad. En algunos gobiernos europeos, en particular en Inglaterra, se ha aplicado en los últimos años una variante conocida como de la “tercera vía”, un poco más próxima al ideario del liberalismo económico, con menor intervencionismo estatal y presencia de empresas públicas, pero con el mantenimiento de ciertas prácticas del estado de bienestar.

10. China es un caso emblemático en la globalización productiva. Todo comenzó inocentemente con unos partidos de ping pong entre jugadores norteamericanos y los imbatibles chinos en ese juego. Corría el año 1972. Tanto en Estados Unidos como en Europa ya no se notaban los signos de la recuperación de posguerra; esos que levantaron los ánimos en las reuniones de los foros de consenso de los setenta que como hemos visto en el módulo anterior se proponían encontrar la forma de aprovechar las ventajas inocultables que iba logrando el capitalismo para modelar el mundo del futuro a su gusto y paladar. Las élites imaginaban para ello transitar caminos inéditos, por ejemplo, la finalización de la guerra de Vietnam aun a costa de una derrota oprobiosa como ocurrió en 1975. O iniciar negociaciones con China conociendo la existencia de tendencias renovadoras en el  sistema socialista en condiciones de emerger luego de la muerte de Mao y Chou, como la que luego corporizó Deng Xiaoping. Por cierto no eran los líderes norteamericanos de ese momento de los que uno podía esperar movidas tan audaces; sin embargo, así ocurrió. Fueron Nixon y su astuto secretario de estado, Henry Kissinger, uno de los titiriteros de la globalización, los encargados de romper el hielo que había congelado las relaciones chino norteamericanas desde la revolución maoísta de 1959. ¿Cuáles eran los motivos más profundos para intentar una movida de esas características tan originales? Dos básicamente: el gigante mercado chino, un bocado apetecible para una capacidad productiva del capitalismo que ya se mostraba capaz de sortear las limitaciones propias del mundo de la escasez y, la otra, la posibilidad de actuar según una ley de la globalización aún no formulada: la pulsión descentralizadora con respecto a la producción de menor valor agregado (o mayor poder contaminante) lo más lejos posible de los núcleos de la innovación. Las potencialidades del mercado laboral chino, disciplinado por el comunismo de guerra, permitía iniciar uno de los movimientos más gigantescos que ha emprendido el ser humano: la masiva traslación de la capacidad productiva de tecnologías medias y bajas de occidente hacia el oriente. La movida que ya lleva 30 años, y que no amenaza con detenerse, despobló literalmente el universo productivo norteamericano de aquellas producciones que lo habían caracterizado tradicionalmente. Contrario sensu, el fenómeno, que también fue involucrando a Europa, provocó un efecto sincrónico de vasto alcance: el crecimiento chino a las llamadas “tasas chinas”, de dos dígitos, que se fueron dando desde ese momento, y la reconversión de los sistemas productivos norteamericano y europeo para concentrarse en la crema de las ramas de mayor poder innovativo y valor agregado en signo y símbolo. Acudiendo nuevamente a la metáfora de la piedra y el estanque, en un movimiento de vivo dinamismo, el operativo ya había sido ensayado en las tres décadas de la posguerra, primero con Japón y luego con los llamados dragones o tigres de oriente (Hong Kong, Taiwán, Singapur y Corea del Sur) y los “pequeños dragones” (Malasia, Indonesia, Tailandia y Filipinas). A ellos se sumaría luego  la perla del desaparecido colonialismo francés, Vietnam, un pueblo tan aguerrido y valiente como cultivado en las mejores tradiciones de su ex metrópoli, que fue creciendo a paso redoblado. Muchas de las cosas que se oyen en estos días sobre las dificultades de las relaciones con China parecen un revival de las que se escuchaban con relación al Japón en las décadas de los sesenta y setenta (hoy devenido en un juicioso país desarrollado, ocupando un cómodo tercer lugar en el ranking del PBI). Sobre China hoy se dicen muchas cosas, la mayoría de ellas verdadera exageraciones, que pueden ser creíbles solo viendo la foto de los diarios sin tener en cuenta el largometraje de su gestación como potencia industrial.

11. Uno de los aspectos destacadas del período fue la coincidencia de las características de los procesos económicos y políticos, lo que permitía conjeturar que se entraba en procesos de simultaneidad derivados de una situación que en forma más o menos directa era condicionada por los influjos de un logicial de consensos, como los que según la hipótesis de este curso comenzaron a darle su impronta a partir de los setenta tanto a la situación internacional como la de adentro de los países. El caso más cercano es el que la CEPAL llama la “década perdida” de los ochenta que afectó a la mayoría de los países latinoamericanos aludiendo a procesos de desindustrialización y sus repercusiones sociales, y la de los  noventa, caracterizada por la influencia neo conservadora para abrir las economías. Era elocuente comprobar por esos años cómo hasta las variaciones del dólar mostraban sincronía lo que podía ser a consecuencia del incipiente y progresivo  ingreso de nuestros países a la globalización financiera. Hemos visto en el módulo 2 la noción de red transnacional de funcionarios, formada por recursos humanos que se han preparado en alguna de las universidades más prestigiosas del primer mundo y que luego mantienen sus lazos académicos y de amistad lo que da lugar a prácticas de permanente consulta.  Por ello en distintos períodos de la vida económica interior, pero con simultaneidad entre los países, hubo funcionarios pertenecientes a determinadas escuelas de pensamiento económico que estuvieron a cargo de distinto tipo de transformaciones en las tres décadas que conforman el período considerado. En nuestro país, el caso de Cavallo fue (y lo sigue siendo) emblemático en ese sentido: pieza clave en los noventa, protagonizó el periodo de gobierno de mayor trascendencia en estos años para preparar el ingreso de nuestro país en la globalización plena (el periodo K, por positive feedback, también hizo su contribución cibernética en ese sentido).

12. El desmonte del viejo estado y el reciclaje de sus instituciones es un objetivo de la globalización; esa operación de cirugía mayor, realizada a través de un tiempo prolongado, la mayoría de las veces se referencia al estado de bienestar, como veremos en nuestro caso. Pero también se puede dar de la forma contraria, como se fue dando en EEUU, donde lo que se está castigando es la prescindencia del estado, como se demostró en la modificación del sistema de salud implementado por Obama.  En este país, la caída de bancos de Wall Street y de la General Motors y otros emporios ineficientes, demostró que los influjos de la globalización son omnipresentes y, paradojalmente, con mayor capacidad transformadora en los países desarrollados aunque no solo. En nuestro caso, esa fue la principal función del menemismo y su superministro. Cuestiones de enorme impacto en el aparato económico como la apertura ya había sido ensayada en el periodo de la dictadura militar; pero en los noventa se llevo hasta sus últimas consecuencias. Por su parte, se implementó la desregulación de muchas actividades considerando que era “forzoso continuar el ejercicio del poder de policía para afianzar y profundizar la libertad económica y la reforma del Estado con el objeto de consolidar la estabilidad económica, evitar distorsiones en el sistema de precios relativos y mejorar la asignación de recursos en la economía nacional, a fin de asegurar una más justa y equitativa distribución del ingreso (se dejaban) sin efecto las restricciones a la oferta de bienes y servicios en todo el territorio nacional…que distorsionen los precios de mercado evitando la interacción espontánea de la oferta y la demanda” (decreto 2284/91 de Menem/Cavallo). Pero donde la dupla citada logró mayor impacto fue en lo referido a la desnacionalización de las empresas públicas, un cometido que mas allá de los vaivenes (sobre todo en algunos hechos registrados recientemente en el marco de la crisis de 2008 como la compra de empresas o bancos por parte del estados liberales en Japón y en Inglaterra y/o en la intención de este gobierno de revertir algunas privatizaciones), está mostrando una tendencia en lo referido al rol del estado como propietario de empresas. Mas allá de los juicios de valor que merezca la gestión de los noventa, se puede decir que en este, como en cualquier otro país, el ingreso de los influjos globalizadores como ya hemos dicho no se podían dar sin (y en todo caso implicaba) la reforma del estado y las instituciones preexistentes.

13. Otro aspecto característico del período considerado, que se ha instalado en la cotidianeidad dando la sensación de las cosas siempre hubieron de ser así, es la globalización de las comunicaciones caracterizada por la transmisión en “tiempo real” de imágenes, datos, voz y palabras. Simplemente hay que haber vivido en una etapa previa para tomar conciencia del significado de esos prodigios tecnológicos. Internet, ya plenamente desplegada en todos los rincones y con potencial acceso a todos los habitantes del planeta, más aún que otros bienes y servicios necesarios para la vida, es la metáfora de la globalización. Se han reducido las dimensiones del espacio, se precipita el tiempo, y se profundiza la complejidad del saber, todas variables que se despliegan a un nivel no solo no conocido antes sino ni siquiera imaginado por la mente más creadora. Los cambios se dieron en todos los aspectos de la vida de las personas, las familias y los hogares. Por tomar algunos casos, la irrupción del celular y la PC modificó radicalmente las condiciones de vida con independencia del lugar y la situación económica de los involucrados. Hubo también modificaciones en la costumbres y los hábitos de consumos en materia de alimentación, vestimenta y hasta en los comportamientos de las relaciones entre las personas.

14. Aunque todavía con ciertos retardos de implementación, el cambio de paradigma productivo y energético se fue abriendo paso raudamente en estos años. El primer gran shock fue como hemos visto con la primera crisis del petróleo en 1973 y la  segunda en 1979. Lo sucedido en los setenta marcó una tendencia que lejos de abandonarse se afirma. En la crisis de 2008 -y los documentos de las reuniones del G20 lo reflejan como veremos en el módulo 4-  se evidencia la problemática y la forma de abordarla. No se puede obviar los profundos impactos sociales de  esos cambios, aún en su etapa incipiente. No solo la pérdida de puestos de trabajo como consecuencia del necesario aumento de la productividad en las actividades económica y productivas para mantenerse y desarrollarse en mercados globalizados altamente competitivos, sino la pérdida de capacidades y aptitudes laborales que traen aparejados dichos procesos eufemísticamente llamados de “destrucción creadora”. Una institución de plena vigencia en esta época es la de los llamados planes sociales con la intención de compensar los altos costos que se verificaban en  la vida de las familias. El tema dio y sigue dando motivos para arduas discusiones. 

15. De la amplia agenda que comprende el despliegue de la globalización, se destaca con perfiles propias por su vigencia y novedad, el del medio ambiente y dentro de este el del cambio climático. El cambio climático es el aspecto de la G de más complejo abordaje, no solo por las consecuencias que se están viendo sobre la vida de las ecosistemas, sino por el potencial de transformación que muestran en forma creciente. El proceso que desembocó en 2015 en Francia con la COP21 donde se firmó el Acuerdo de París sobre Cambio Climático, se fue amasando durante el periodo considerado con hitos como el Informe Burtland, la reunión de Rio ’92, las COP’s y el Protocolo de Kyoto.




             



[1] subrayado en el informe de Cooper et. al. que hemos visto en el curso

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