martes, 12 de junio de 2018


16 11 09 TRUMP EL DÍA DE SU ELECCIÓN

Ayer, el día antes de la elección en EEUU, le dije a mi compañero de oficina: “No me cierra que gane Clinton”. Acostumbrado al juego, fui más a fondo: “Trump debe ganar”. No dije “va a ganar” o “quiero que gane”. Carezco de una bola de cristal… y mis gustos van por otro lado. La aseveración sobre el determinismo era tributaria de una lógica. Si ganan los demócratas, pensé, es más de lo mismo. Lo de Trump es otra cosa que trataré de sintetizar.
El inicio de esta historia está en los acuerdos con China de la década de los setenta. Sin duda, la operación logística más grande de la historia. Sectores enteros de la producción de EEUU (vestimenta, herramientas, juguetes, etc.) fueron trasplantados a Oriente en la búsqueda de mano de obra barata. El problema fue para millones de trabajadores norteamericanos. Perdieron sus fuentes de trabajo que no pudieron ser suplantadas por empleos de menor calidad y remuneración en el área de los servicios. Son la clientela de Trump.
EEUU fue el país más favorecido y el más perjudicado con el avance de la globalización. La diferencia es que los ganadores se transnacionalizaron. Las empresas americanas conservaron la denominación de origen pero levantaron vuelo hacia el exterior. Es un amplio sistema de pertenencias que se ubica en las costas, este y oeste. Son los que perdieron con Hillary. Pero sus posiciones no se verán afectadas. La crisis se estacionó en el centro del territorio. Son los que ahora asomaron y le dieron la victoria a Trump.
Mi duda estaba en quien ganaba; las encuestas daban parejo. Lo que parecía una determinación era la plataforma de Trump. Fuera que él la llevara a cabo, sin traicionar, o Hillary se diera vuelta como Menem (aunque improbable no se podía dejar de considerar). Esa plataforma tiene tres pivotes: la inmigración, las tasas de la FED, y la matriz productiva. Cada uno con un tratamiento diferenciado.
Empecemos por el más previsible: las tasas. Inciden sobre el sistema financiero mundial (entre otras implicancias, regulan  las corrientes de inversión que esperamos en nuestro país). Hay dos datos insoslayables. El primero es que la FED es independiente del ejecutivo de EEUU. Y como en ese país se respetan las instituciones, por más promesas con intención de cumplir que se hayan hecho en la campaña (los ahorros de la clase media están implicados), no son esperables variaciones sustantivas. El segundo es más decisivo. El G20. La liquidez mundial (en billones) va a ser crecientemente “inducida” a inversiones al interior de los países, con tres pasos: bonos, infraestructura y producción. Los factores ya están el escenario. Los “panamá papers” blanquean a ahorristas, evasores y ladrones que deberán volver a casa. En nuestro país (sumando lo de los colchones) esos recursos ya están en la compra de instrumentos financieros que han aumentado abruptamente las reservas. El segundo, es la infraestructura. El PPP (public private pertnership) está en vías de rápida aprobación. Trump también tiene en carpeta su Plan Belgrano.
Los inmigrantes. En forma creciente, las migraciones son una moneda de dos caras. La más obvia, mano de obra barata; menos, los migrantes como factores de modernización cuando se repatrían. El caso de Turquía con Alemania, funciona así. Son canales de comunicación donde circulan diversos flujos, no tanto personas en un solo sentido como lo fue hace muchos años.
“Vamos a producir el iPhone en los Estados Unidos”, dijo Trump en campaña. Todo un símbolo. Y va a ser así. China va a tener que aumentar los sueldos y activar su mercado interno (nuevamente el G20). Dejará de ser el destino obligado de las empresas que quieren producir barato para vender caro (La muñeca Barbie es puesta en el puerto chino a menos de U$S 1 y se vende en EEUU a U$S 10. La diferencia de U$S 9 queda en alta mar para las traders y en tierra para el comercio minorista americano). EEUU se va a reindustrializar poniendo el acento en lo nacional. Se van a volver a fabricar puertas y ventanas, camisas y remeras, martillos y tenazas (no hay que descartar que Bill Gates arme algunos proyectos en esos rubros).
Ahora saldremos de la lógica sistémica para internarnos en la futurología. La plena globalización que comenzó con la caída del muro del Berlín (un 9 de noviembre), y se despliega con la victoria de Trump (un 9 de noviembre), tiene una etapa previa que son las macrorregiones: Sahel, Eurasia, Cuenca del Mar Negro, Europa, sudeste asiático, etc. Todas ellas conviviendo con decenas de otras configuraciones. Eso va a implicar ciertos grados de “encierro” (siempre dejando de lado la parte globalizada de la economía que anda cerca del 70%). Eso implica abordajes coordinados a nivel global, como por ejemplo la conectividad de las infraestructuras. EEUU y Argentina tiene características comunes que pueden dar lugar a acciones compartidas con vistas a la modernización del hemisferio americano. Claro, son cosas que se ponen en marcha con la vista en muchos años pero empiezan por anuncios, en general intimidatorios como la cuestión de los inmigrantes. Otro aspecto es la lucha contra la pobreza y la creación de trabajo de calidad. La acción del papa Francisco está claramente enfilada en ese andarivel.
La Estatua de la Libertad no se va a caer, ni Curry va a dejar de hacer varios triples por partido. “No los voy a decepcionar” dijo Trump (cualquier parecido). Pero en este caso será así. Argentina se irá viendo favorecida en forma creciente con el comercio con EEUU. Es cierto que partimos muy de abajo: ni limones nos compraban los amigos. En fin, veremos.

jueves, 7 de junio de 2018


Como era entonces

Se atenúa la situación de crisis vivida en los últimos días en nuestro país, cuyos efectos se han manifestado -y lo harán con mayor intensidad luego del mundial- más en el ámbito de la política que con relación a las variables socioeconómicas. Los cambios van a tener múltiples expresiones pero, de ninguna manera, es esperable un desborde de los acontecimientos. Continuará el gradualismo como modo de ejercer la gestión, tanto frente a los efectos deletéreos de la herencia recibida (que se manifestarán durante mucho tiempo y que no son solo responsabilidad del peronismo) como en la construcción de una Argentina global, lo que tardará años y décadas, ojalá algunos menos que los que demandó la instalación y desarrollo del primero ciclo largo de crecimiento a partir de 1862.

Parecía que se caía el obelisco, tal la conmoción que estuvimos viviendo en los últimos días, pero ese monumento símbolo de la porteñidad sigue en su lugar. La crisis que ocupó la preocupación de tantos argentinos tuvo más impacto en el imaginario social que en las variables socioeconómicas. Y es razonable. La Argentina no gana para sustos; vivió a los saltos en los últimos ochenta años. A lo largo de los cuales, es pertinente reconocerlo, el peronismo ha jugado un papel protagónico.

Ninguna crisis desata procesos. Puede afectarlos de distinta forma, retardarlos, acelerarlos, pero no generarlos. El sentido de los acontecimientos, siempre es debido a causas más profundas que anteceden o sobreviven a los momentos de convulsiones, ya sean aparentes o reales.

En estos días las variables y los indicadores no están quietos pero tampoco descontrolados. La realidad económica y política, se ha visto sacudida hasta la conmoción… pero con toda seguridad se restablecerá en los próximos días según el curso que venía trayendo. Sobre todo que viene la copa del mundo. Ni hablar si los resultados son los que deseamos todos los argentinos. Luego de ese paréntesis, lo dominante será la apertura del proceso electoral.

Primero mirar hacia afuera. Comencemos con lo más importante: la deuda externa y la disponibilidad de recursos hasta el final del mandato de Cambiemos. Hemos visto en otro trabajo[i] que el %/PBI de la deuda argentina es menor al de los países vecinos (solo es superado apenas por Brasil). Por su parte los países desarrollados poseen coeficientes mucho mayores[ii]. Tampoco la situación de nuestro país es crítica en materia financiera.  En primer lugar, están los recursos provenientes de la exportación de granos producto de una cosecha que ya se estima excepcional. En segundo lugar, el préstamos de uso eventual que se está por negociar con el FMI en los próximos días [a pesar de ello ya aparecieron en la calle carteles (post-verdades, la opinión por encima de los hechos) para “no pagar la deuda”]. Sumadas, una y otra fuente, garantizan liquidez de las cuentas públicas hasta donde alcanza la vista. No menos importante, es la repatriación, sin prisa pero sin pausa, de los ingentes depósitos off shore que los ahorristas argentinos irán trayendo en una dialógica conflictiva entre el interés y la desconfianza. Esos recursos hacen un recorrido con paradas en letras, plazos fijos, acciones pero, en forma creciente, irán desembocando en los PPP. Otra dimensión de las relaciones externas, es la balanza comercial. Notoriamente deficitaria, se diferencia de la última gestión peronista: las compras son predominantemente bienes de capital que pueden hacer más competitiva a la industria nacional.

Internamente, el déficit fiscal. Más lentamente de lo que podríamos desear, el déficit se va reduciendo. Argentina bajó en plena crisis su meta de déficit fiscal para 2018 al 2,7% del PIB desde el 3,2% previsto. Comparativamente, vemos el %/PBI de déficit de algunos países: España 9,4, Grecia 9,4, Francia 5,2, Irlanda 13,4, Reino Unido 8,3, Brasil 8,2, Uruguay 3,7, Chile 2, etc. No es que mal de muchos, consuelo de tontos, pero es bueno saber dónde uno está parado.
  
El desbalance que tanto preocupa a los analistas tiene una explicación de peso: los subsidios. ¿Hay alguna posibilidad de reducir la asistencia a los sectores menos favorecidos de la sociedad  cuando el sistema económico y productivo aun no puede generar empleo en cantidad y calidad (aunque también haya adelantos en este sentido)?. Cuidar la situación de la pobreza para evitar desbordes es una prioridad estratégica.

En lo referente a la inflación. La hay y en una proporción mayor a las expectativas y las promesas. Pero nada que se parezca a un caballo desbocado. Los índices, a diferencia de la última gestión peronista (se ha bajada a la mitad con relación a lo heredado), son confiables, pero no siempre reflejan el desorden no fácilmente atinable de una política comercial caótica: las provocadoras ofertas de los supermercados, hacen imposible saber cuál es el precio real de las cosas. Esa incertidumbre, sin embargo, no impide que las familias que lo necesiten elaboren sus propias estrategias de sobrevivencia, y puedan cambiar, tantas veces como sea necesario, sus hábitos de consumo, en particular de alimentos (la ropa está imposible pero no por la inflación), preservando, en general y sin distinción de clases sociales, la calidad de la ingesta. En la Argentina, por donde se mire, no hay desabastecimiento ni necesidades básicas insatisfechas; los programas sociales tienen recursos de sobra para asistir donde sea necesario. Y en esto no hay milagros ni malos entendidos. Lo dice la excelente relación, de ejercicio cotidiano, entre Carolina Stanley y Juan Grabois, que es el representante de Francisco.

Una visión estratégica

Un cambio de paradigma no se puede verificar solo con el día a día. A lo sumo, la secuencia de acontecimientos sirve para evidencias las tendencias. Sin embargo, la visión de los escenarios de arribo amerita herramientas epistemológicas de cierta complejidad; en ellas no pueden faltar las que hacen posible realizar recorridos conceptuales más extendidos, tanto hacia adelante como hacia atrás.

Por tomar un caso: la infraestructura de conectividad. Una verdadera revolución planetaria. En la cumbre de China del G20, en 2016, Macri dijo que la conectividad es la clave del momento. ¿Qué quiso decir? Conectividad, referida a la comunicación, es una noción que refleja la forma en que se establecen interacciones a todo nivel. Comunicación es información en tránsito, no solo la de las redes sino, en un sentido más general, una diversidad de flujos materiales y virtuales de intercambio (comerciales, turísticos, poblacionales, aspiracionales, etc.), que operan sobre el territorio y las personas que lo pueblan.

Nuestro país es un caso prototípico. Su infraestructura informativo comunicacional, en forma de embudo, es una consecuencia del modelo agro-exportador cuya producción debía salir necesariamente por el puerto de Buenos Aires. No fue el único vector con esa dirección y sentido. La fuerza centrípeta generada por una multiplicidad de factores convergentes se venía manifestando desde la época de la colonia; esa fuerza, descontrolada y a la larga relacionada a intereses espurios -como fue la concentración poblacional con fines electorales promovida por el peronismo -  fue la que provocó el principal problema estructural que afecta a nuestro país: el desequilibrio territorial y su consecuencia demográfica.

Sin cambiar la configuración de embudo comentada más arriba, no hay desarrollo federal. Esa transformación se ha iniciado con un conjunto de proyectos de variado tipo. Uno de los principales, el Plan Belgrano, permitirá sinergizar las provincias del norte, habituales feudos del peronismo. La conexión horizontal y la salida al Pacífico darán lugar a un cambio copernicano en los medios productivos, y, en consecuencia, las condiciones de vida y de trabajo para los sectores más pobres de esa meso región. Por su parte, el desarrollo del ferrocarril en sentido horizontal le restituirá al camión la dimensión que le corresponde y que nunca se debió haber obviado. En el caso de la zona metropolitana, bicisendas y metrobuses irán creando las condiciones para desarticular o racionalizar las obligadas trayectorias periferia centro. Y los tres más importantes de todas: las low cost, el RER y el Paseo del Bajo. Por primera vez, desde la creación del Virreinato del Río de la Plata, se puede y lo será más en el futuro pasar por Buenos Aires sin paradas obligadas.

Las low cost, son líneas aéreas que vienen a romper el statu quo.  Por ese medio, resistido con uñas y dientes por el establishment  de la aviación comercial, en particular los sindicatos, los viajeros provenientes de un conjunto creciente de lugares del interior pueden alcanzar sus destinos, de cabotaje o internacionales, sin escalas innecesarias. En la dimensión virtual claramente operan las redes, que ya están on line, con la asistencia de dispositivos móviles, para satisfacer las necesidades de la mayoría de las personas. En conjunto, esas y otras facilidades son una verdadera contribución al inicio del proceso de desconcentración territorial.

Esos cambios paradigmáticos se deben enfocar desde una dimensión territorial y espacial. Por tomar un caso, la construcción de la parrilla ferroviaria, una alegoría del modelo agroexportador, fue un emprendimiento con muchos actores que se tomaron el tiempo necesario para consumarlo. Ese proceso, que contribuyó como ninguno a la modernización nacional, duró casi un siglo. Comenzó en 1857 con el primer viaje de La Porteña -una locomotora inglesa importada a las apuradas para dejar sin argumentos a los que sostenían que los trenes debían ser tirados por caballos- uniendo a partir de ese momento, dos veces por día, a 25 Km/h, la estación Parque, ubicada donde ahora está el Teatro Colón, con el barrio capitalino de Floresta. Recién en la época de la nacionalización, un siglo después, alcanzó su máxima extensión de 62.000 Km que la hacía una de las redes más largas del mundo.

Es cierto que las cosas ahora son más rápidas y existen plataformas virtuales, no  físicas, cuya instalación lleva menos tiempo, no obstante lo cual el cambio de la configuración conectiva no se puede realizar de la noche a la mañana. Pero una cosa es segura: las ocurrencias de la sociedad argentina, lo que forme parte de su historia, estarán determinadas, en forma más o menos mediatizada, por la organización de su sistema informativo comunicacional. Lo mismo que en el Titanic: la totalidad de lo que pasaba a bordo estaba en relación a las condiciones de flotabilidad de la nave. Desde la dinámica de los sistemas, los conjuntos se comportan de esa manera,  aunque no siempre se revelen con claridad las cadenas de relaciones causales y los efectos provocados por su acontecer.

2019

En un trabajo anterior[iii] dejamos entrever que la “crisis” había tenido más de electoral que de problemas económicos y financieros, fehacientes o no previstos. La evolución a los pocos días del desate demuestra que efectivamente es así. No solo el mundial, también la culminación exitosa de las negociaciones con el FMI y la visualización  de los pequeños cambios - a favor y en contra- que se vienen dando, repondrá la vista del colectivo en la evolución gradualista, sin prisa pero sin pausa, de la situación.

En el universo de las políticas las cosas sí han cambiado.

El triunfo pírrico del peronismo, en la pulseada de las tarifas, tiene varios componentes. Ellos son: 1) el proyecto de retrotraer las tarifas se contradijo con el espíritu de lo que había sido aprobado con respecto al presupuesto 2018 por los mismos peronistas, 2) no puede haber una oposición racional a la decisión de terminar con los subsidios a la producción de los servicios para asignarlos al consumo. Nace así, con Cambiemos, la tarifa social; se termina con la absurda situación de que los usuarios de clase media pagaban por la luz menos que un café, 3) el manejo de las tarifas es una prerrogativa del poder ejecutivo no del legislativo, 4) como dijo Carrió ante la inminencia de su aprobación, “es una ley que no existe porque el veto fue anunciado desde el principio”, 5) se mostró un peronismo indiferenciado y confuso (salvo Urtubey) a ser comandado, toda vez que fuera necesario, por Cristina Kirchner, 6) el veto tiene un costo no grande que puede ser saldado con el capital político que dispone Macri, que para gastarlo lo tiene; por otra parte, el veto está muy bien visto afuera, que es donde al final se hacen las cuentas decisivas.

Para Cambiemos, mirada territorialmente, la crisis significó una sutil reacomodación de la verdadera correlación de fuerzas. Estamos ante un cambio epocal, de paradigma, como no ha conocido la Argentina moderna. Ese cambio demandará el tiempo que sea lógico para ver resultados tangibles y satisfactorios. El problema es la paciencia: no todos los cambios sucederán en el corto plazo. Lo que sí es posible ver son las tendencias, en particular las de afuera y su reflejo en la endogeneidad. Por lo pronto, Cambiemos ha puesto en marcha los tres desafíos principales para destrabar el camino.

1     1Desmontar las corporaciones y el correspondiente espíritu corporativo que anida en la sociedad argentina. Hace falta revelar la corrupción y erradicarla. Como todo pasa, hay ocurrencias que permanecen poco tiempo en las pantallas o las primeras planas. Por ejemplo, está el caso de las licitaciones de las obras de infraestructura de conectividad, financiadas con el PPP. Es insólita la brecha abismal, que apareció al abrir los sobres, entre la eventual ponderación de los presupuestos que habían sido pronosticados por las burocracias estatales encargadas de organizar la licitación versus las ofertas no cartelizadas hechas por las empresas: ¡50% de diferencia entre unas y otras! (Sería bueno indagar con algún tipo de sumario cómo funcionan en la mentalidad de esos administradores los reflejos del pasado). Estamos hablando de uno de los bolsones de corrupción más significativos que ha afectado a la obra pública a lo largo de la historia, desde lo público y lo privado actuando de consuno. En general, en diversas esferas de la actividad económicosocial, están en marcha procedimientos judiciales en pos de la transparencia.

         2. La industria, en actitud resistente hasta ahora, ha sida favorecida, en lo referido a exportaciones, por el aumento del dólar. El empresariado se va acomodando. "Si hay un ajuste lo vamos a tener que pagar todos, incluidos nosotros", dijo hace unos días el presidente de la UIA, en París, con motivo de una reunión relativa al G20. Una industria competitiva en un mercado abierto es un objetivo insoslayable para la modernización de nuestro país (esto no se contradice con protecciones temporarias para la incubación de industrias nacientes). Esas empresas deben estar en condiciones de abrir sucursales en otros lugares del mundo en lugar de obrar de cancerberos de un mercado cerrado, no competitivo y renuente a la innovación. De aquí saldrán los millones de puestos de trabajo, directos o indirectos, que se tendrán ir creando para el retroceso de la pobreza.

3      3.  El otro andarivel decisivo es la construcción de infraestructura de conectividad. Ningún proyecto de Argentina global es sustentable sin modificar la configuración radio céntrica de nuestro país, que ha dado lugar al desequilibrio territorial y demográfico cuya expresión más clara es el conurbano bonaerense. El gobierno de Cambiemos está actuando en esa dirección, y sus tendencias y resultados se irán viendo con el transcurso de las gestiones sucesivas, habida cuenta de que ese tipo de obras, su financiamiento y administración, constituyen (o lo serán pronto) políticas de estado.

--o0o--

Todo está como era entonces. O sea, estamos mal pero vamos bien. Una de las críticas que se le hace a Cambiemos es que no puso negro sobre blanco el verdadero estado de la herencia recibida. Puede que sea así, sobre todo desde el punto de vista comunicacional… y político. Efectivamente, las cosas en la Argentina distan mucho de lo que podrían ser de acuerdo a su innegable potencial. Pero la situación se ha revertido, es evidente, con la derrota irremediable del peronismo. Sin embargo, no sería justo cargarle todas las culpas a ese movimiento, ni siquiera a su última versión. Es el nacionalismo burgués, estúpido, diría Bill Clinton. Ahí está la clave: en el cambio de paradigma que ha sustentado la decadencia nacional de los últimos ochenta años. La puesta en marcha sin retorno de las tres políticas estratégicas que se cuentan en este trabajo, es la condición sine qua non para llegar al escenario posible, probable, deseable y factible de una Argentina global. Habrá que tomarse tanto tiempo como sea necesario… estamos hablando de años y de décadas aunque no estemos acostumbrados a pensar en esas dimensiones.


Ing. Alberto Ford
La Plata, junio de 2018





[i] http://ingenieroalbertoford.blogspot.com/2018/05/la-crisis-argentina.html
[ii] https://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:Deuda_externa_por_pa%C3%ADs
[iii] http://ingenieroalbertoford.blogspot.com/2018/05/la-crisis-argentina.html

jueves, 17 de mayo de 2018

La crisis argentina. Compleja pero no tan complicada

El trabajo tiene dos partes. La primera hace referencia a algunos aspectos de la crisis desatada en estos días. Sobre todo se tiene en cuenta la evolución de ciertas variables económicas y financieras que se han visto afectadas, y los puntos de vista que han dado lugar a una diversidad de manifestaciones. La segunda, se interna en un somero ejercicio prospectivo con relación a las elecciones de 2019.

Complejidad no es lo mismo que complicación. Más acá de los comunes ancestros etimológicos, el uso ha ido diferenciando ambas nociones; así, han llegado a no tener nada en común, salvo cuando se recurre a ellas en forma indiscriminada. La cantidad de aspectos interactuando en un sistema y la manera en que lo hacen, se mide por la complejidad. Se dice que una situación es compleja cuando hay muchas piezas en el tablero que se mueven en forma dependiente o por sí mismas, dando lugar a una trama de relaciones no simple, más bien enmarañada. Es la parte cuantitativa de la complejidad medible por medio de una ley (Ashby). O pueden no ser muchas, pero con relaciones no lineales e intermediadas entre esas piezas o elementos; es el costado cualitativo de la complejidad. En cambio, la noción de complicación es más intuitiva, remite a la dificultad para hacer algo. Esta introducción es puesta para justificar el título de este breve trabajo referido a la furibunda e intempestiva crisis que nos abatió a los argentinos en los últimos días y sus derivaciones.

Yo veo dos aspectos que están actuando con cierta independencia. El orden fáctico de la realidad, evidenciado en el trascurso económico y financiero, y lo político, referido cada vez más a las elecciones del año que viene.

Hay que decirlo de una: las negociaciones con el FMI no tiene demasiada incidencia en la realidad a diferencia de lo que pasa con el imaginario social; este último al rememorar crisis de dramáticas resoluciones. Para quienes lo vivieron, es imposible no recordar el 2001 sin conmoverse. Es como hablar de los nazis en Alemania. Hacerlo es necesario pero sus cargas, en los sentimientos, son inevitables. Por el contrario, desde los impactos en el devenir económico y financiero, la crisis en curso amerita otro tipo de sintonía más fina.

Las misiones del Fondo

Argentina, sin interrupciones, está asociada al FMI desde 1956. Nunca dejó de pagar la cuota. Ello no quiere decir que la relación no haya sido conflictiva. Con el peronismo lo fue, y Cambiemos recibió esa herencia que hubo de superar para evidenciar que Argentina se proponía ser un país en serio. Con ese fin, desde el primer minuto del nuevo gobierno de Cambiemos, se restablecieron las comunicaciones. En estos tres años han venido delegaciones técnicas del FMI a revisar las cuentas públicas: el famoso artículo cuarto. Sus estadías han sido prologadas, no menos de diez días; la última trascurrió el mes pasado. Se infiere que las requisas fueron a fondo. Nadie dijo nada en ese momento, más allá de la comunicación oficial o alguna mención periodística.

Con referencia a la anterior misión, la del año pasado, en el portal del FMI se informaba el 30 de octubre de 2017, que “una misión del Fondo Monetario Internacional se encuentra actualmente en Argentina para llevar a cabo la Consulta del Artículo IV”. Más información sobre cuestiones claves con respecto a la Consulta del Artículo IV con Argentina se encuentra en https://www.imf.org/external/country/arg/argfaq.htm.  En Internet se puede ver que el monitoreo del artículo IV es un procedimiento normal en todos los países del mundo.

En realidad, el problema más de “fondo” es otro: el FMI, como todos los organismos multilaterales, ha sido subsumido en el G20. La razón es lógica. Los países que lo sustentan, son los que se sientan a la mesa del G20. Eso quiere decir que las burocracias del FMI no tienen la independencia que solían mostrar antaño (como ejemplo, buscar en Google el tono con que Bernardo Grispun, en los primero años del advenimiento democrático, discutió con el economista catalán Joaquín Ferrán, en la oportunidad representando al Fondo).

Esta semana, cuando nuestro país inicia las negociaciones en Nueva York, lo hace en un contexto caracterizado por una inédita catarata de comunicaciones de los países que cortan el bacalao, apoyando el curso seguido por Cambiemos. Ninguno faltó a la cita. Entonces, la negociación se hará en un contexto de ambigüedad, entre los arraigados reflejos de las burocracias, y las expresiones taxativas de los países que financian el fondo. No es difícil imaginar el resultado de las negociaciones.

En segundo lugar, el “stand by” -de “alto acceso” como se denomina técnicamente- tiene el carácter de optativo. Es un reaseguro. Para el país, “el crédito es “una medida preventiva de financiamiento, porque no necesita el dinero hoy” como se informó desde el gobierno. Argentina ha logrado recomponer las reservas del Banco Central (desde 0 que dejó el peronismo hasta los más de U$S 60.000 millones que hay ahora disponibles). En un ambiente de supuesta corrida cambiaria, esta semana el Banco Central puso a la venta U$S 5.000 millones de dólares a precios fijo, y los inversores solo compraron la décima parte.

Tercero, el préstamo, de uso eventual, tiene muy baja tasa, 4% anual en dólares. Compárese con la tasa del 16% que, por igual servicio, el comandante Chávez le cobró al peronismo, negociado que la anterior gestión presentó como un acto de soberanía para que las cuentas públicas no fueran investigadas por el FMI (ahora se sabe el porqué del celo). 

El porqué del gradualismo

En otro trabajo hemos visto que lo esencial de la irrupción de Cambiemos se puede visualizar en tres andariveles: 1) la infraestructura de conectividad y el cambio de la matriz territorial, 2) el desmonte de las corporaciones y la transparencia de los procedimientos, 3) la reconfiguración del modelo industrial y energético. El primero remite al desequilibrio territorial y demográfico que desde la creación del Virreinato ha ido transformando al país en una cancha inclinada, cuya manifestación más dramática es la inviabilidad del conurbano bonaerense. El segundo, hace alusión a que la sociedad argentina está totalmente asentada en corporaciones caracterizadas por diversos procedimientos ineficientes e ineficaces, y un conjunto ilimitado de prácticas corruptas. El tercer andarivel, se refiere a los cambios que hay que hacer en las modalidades productivas, de bienes y servicios, para insertar como sociedad abierta a la Argentina en la globalización. El abordaje de otros aspectos de la gestión –incluidos algunos de carácter estratégico como la disminución de la pobreza o la modernización de la educación- están dependiendo de la puesta en marcha y el logro de soluciones sostenibles a esos problemas ya establecidos[1].

 El avance del proceso de reinserción de nuestro país en el mundo depende de mantener la paz social, sobre todo en los sectores de menores ingresos. Eso se llama subsidios con la consiguiente e inevitable carga del déficit fiscal. La cordial y sostenida relación entre Carolina Stanley, ministra de desarrollo social, y el delegado del Papa Francisco, Juan Grabois, revela que la convivencia en ese ámbito no es conflictiva. Las claves para que ese vínculo, de mil facetas, se desenvuelva en un clima de tranquilidad, son entre otras las siguientes: planes descansar, tarifa social para los servicios, SUBE, relativa estabilidad de precios en artículos de la canasta básica (aceite, leche, harina, arroz, polenta, diversas carnes, etc.). La inflación no debe afectar más allá de un punto el poder adquisitivo en la parte más baja de la pirámide social.

Ahora bien, el déficit fiscal se puede mantener con apoyo externo sin que ese apoyo deba implicar nuevas o distintas intervenciones a las vigentes. El tema de la deuda se debe ubicar en el contexto correcto. El porcentaje  de la deuda externa argentina con relación al PBI (36%) es menor al de sus vecinos: Uruguay (50%), Chile (66%) y Paraguay (58%) y solo es mayor al de Brasil (30%). En el caso de los países desarrollados, ese porcentaje está por encima de los valores regionales: EEUU (98%), UK (283%), Alemania (148%), Japón (74%), España (97%), Irlanda (780%), etc. Léase: hoy, a diferencia del pasado, la deuda externa es una variable irrelevante que es monitoreada  por un organismo multilateral cuyo poder está totalmente por debajo del G20 (ver: https://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:Deuda_externa_por_pa%C3%ADs)

Las finanzas de un país pueden ser representadas por un poliedro con mil caras. Por tomar un caso, el del déficit fiscal. Obviamente, ese desbalance debe ser transitorio, pero, en tanto se cuente con espalda para sostenerlo, ese tiempo de espera debe ser usado para transformaciones estratégicas, como las comentadas. Lo mismo se puede decir del déficit comercial. Si las importaciones -a diferencia de la época peronista que consistían en contrabandear conteiners con chucherías chinas- ahora son bienes de capital para aumentar la competitividad de la industria y los servicios, tiene sentido mantener el déficit tanto tiempo como sea necesario para el logro de ese otro fin superior.

En resumen: ni el Fondo es lo que era, ni el monitoreo de las cuentas públicas una novedad. El dólar se irá acomodando, no al ritmo que esperan los industriales prebendario, sino, en consonancia con los cambios globales, de manera de ir capeando la tendencia inflacionaria paro no afectar los ingresos de los sectores menos pudientes. Y de paso como un chaleco coercitivo para afectar a los empresarios responsables de la decadencia argentina de los últimos ochenta años y, de esa manera, forzar su modernización y aptitud competitiva global. Evitar cualquier tipo de políticas de shock tiene que ver con el nuevo momento que vive la Argentina, donde los sectores más cuidados son los pobres, y la pobreza el principal objetivo social estratégico. El cometido de disminuir la pobreza por parte de Cambiemos es incondicional, y no está sujeto a ningún tipo de especulación clientelar. Las diferencias con el pasado son obvias. A veces, y no es difícil que ocurra, se cae en juicios apresurados con respecto a la pobreza… y los pobres. Hay que decirlo: la culpa de la pobreza se debe buscar en la incapacidad del sistema económico y productivo de generar puestos de trabajo dignos en cantidad y calidad. Cuando ese objetivo se alcance en la cuantía necesaria como para revertir las tendencias decadentes, comenzará otra historia con otros desafíos; no antes.

Se dice también que no hay inversiones, que ellas tardan más de lo esperado, que el clima entre los inversores externos puede verso afectado, o que el FMI puede condicionar la operatoria de los proyectos de participación público-privada (PPP). En primer lugar no es cierto que no haya inversiones en curso; las hay y son cuantiosas, sobre todo en el ámbito de la energía. Al respecto una anécdota.

Hace muchos años, cuando en EEUU no existía la FED, los bancos se manejaban con autonomía, se bastaban a sí mismos. Había algunos poderosos, como el de J P Morgan, y otros no tanto. Uno de ellos, ante la amenaza de verse afectado por una fuga de los depósitos, fue a pedirle ayuda al más fuerte. Luego de la presentación desesperada, Morgan le empezó a preguntar por la familia, y sobre otras cosas no relacionadas a las tribulaciones del pobre. Como este se sentía cada vez peor, porque no se podía enfocar en el tema, Morgan lo invitó a dar un paseo. En la calle principal del pueblo, ante la mirada de los transeúntes, Morgan le dijo: “deje de preocuparse, no le va a pasar nada malo, el problema ya está resuelto”. Efectivamente, así había ocurrido. Los depositantes, al ver al banquero pobre caminando junto a J.P. Morgan, se convencieron de que tenía el respaldo suficiente. Los depósitos no fueron tocados y desapareció el peligro de la corrida bancaria.  
                  
Macri esta semana ha recibido el apoyo explícito, mediante llamadas telefónicas, de la totalidad de los miembros del G20. Nunca había ocurrido algo así en nuestro país. Con ese aval, que no es circunstancial, Argentina está en condiciones de superar cualquier tipo de situación relacionada a las necesidades de financiamiento externo.

El otro tema se relaciona con los PPP. Este programa es uno de los hijos dilectos del G20. Se está aplicando en todos los países del mundo; en algunos casos, cuando han arrancado antes, amenguando su utilización; ello es así porque el programa está orientado principalmente a  la infraestructura de conectividad, con respecto a la cual no todos los países muestran las mismas necesidades que, por tomar un caso, el nuestro. Obviamente, el FMI no tiene ninguna posibilidad de incidir en ese programa -el más importante de los existentes a nivel global- más allá de alguna intervención técnica dentro de las atribuciones del Fondo.  Al respecto se puede afirmar que los U$S 300.000 millones de depósitos de argentinos en el exterior, progresivamente irán volviendo al país –a través de una dialógica conflictiva entre el interés y la desconfianza- y se van ir orientando en gran parte al financiamiento de obras con el PPP, que es donde rendirá más el dinero.

Con respecto a la tardanza, cualquier inversión que no sea financiera, por ejemplo, de tipo productivo, que son las que nos interesan, amerita una serie de pasos proyectuales. Muchas de esas inversiones están en curso (normalmente tardan en concretarse años). La composición mencionada en bienes de capital de las importaciones, está diciendo justamente lo que está pasando en la parte de la industria nacional no renuente a la innovación. El otro aspecto, el de las decisiones estratégica de los inversores. Esas movidas no están decididas con el diario del lunes en la mano; el futuro, tan lejano como lo quieran los interesados, se hace presente en sus pantallas cada vez que es convocado.

Reelección sí, reelección no

No es casual, o podría ser vista así desde sus consecuencias, que la crisis se haya destapada en el tercer año del mandato de Cambiemos y que, su propia evolución, incida en la elección de 2019. Al respecto, y por unanimidad, las apuestas han sido, en lo que respecta a las candidaturas principales de Cambiemos, por la reelección. Ahora, con las eventuales consecuencias de la crisis, y algunas encuestas de última hora, la reelección, por lo menos de Macri, ha comenzado a ponerse en duda.

Mirando las cosas con patrones conceptuales de antaño, o a la luz de experiencias sucedidas, tanto las reelecciones como las alternancias, son posibles. Sin embargo, y en este interregno de duración indefinida pero no ilimitada, la aparición de Cambiemos en el firmamento político es la posibilidad de modificar puntos de vista establecidos. Lo sucedido en el sistema político de nuestro no es la consecuencia de una simple alternancia, como ha ocurrido tantas veces en el pasado.

Haya o no reelecciones de las personas (personalmente, incluso desde bastante antes de los sobresaltos de estos días, pienso que no las va a haber por otras razones que escapan a estos comentarios), lo que se ha producido en nuestro país es lo que denomino un salto cuántico, es decir, el establecimiento de un meta sistema cuyo único antecedente es la caída del rosismo en el siglo XIX, con la consiguiente desaparición de esa expresión política. Haciendo una comparación isomórfica, la constatación tiene que ver con lo que le está pasando al peronismo.

De la misma manera que Cambiemos, como espacio político, representa una mutación de paradigma, el peronismo, en su totalidad, es una expresión del pasado nacionalista burgués condenado a la desaparición. Eso no tiene nada que ver con los peronistas, que aparte de ser muchos, se irán reubicando bajo distintas formas[2].

En medio de la crisis de estos días, se menciona la posibilidad de hacer un pacto tipo “gran acuerdo nacional” o similar al de la Moncloa. No es esperable que ello ocurra, habida cuenta de que la principal fuerza de la oposición –Cristina Kirchner- no se avendría a tal alternativa. Sí se irán haciendo diversas combinaciones con gobernadores, individualmente o en pequeños grupos, con fines determinados, como por ejemplo el achicamiento del déficit, o configurando mayorías parlamentarias circunstanciales para aprobar iniciativas legislativas específicas, etc.

 De lo que no se puede dudar es de que Cambiemos llegó para quedarse, más allá de los liderazgos que se vayan sucediendo, o las reconfortantes crisis de crecimiento que sufra en su evolución. A modo de metáfora, hemos acudido al concepto de mitosis, un procedimiento que estudia la biología, que hace alusión a la división de la célula para su duplicación; en ese sentido; la ciudad de Buenos Aires puede ser una caja de Pandora. En general, el espacio establecido en la parte superior del sistema político (que se diferencia cuánticamente de la configuración pasada, en el marco de la cual se debate infructuosamente el peronismo) obviamente con el tiempo irá planteando escenarios de alternancia. Estos pueden adoptar diversas formas; no está claro cuál de ellos terminará por imponerse. Las opciones están abiertas. Sin embargo, nada de lo que pueda pasar se parecerá a lo que fue característico durante los ochenta años de la decadencia nacional.

Ing. Alberto Ford
La Plata, 16 de mayo de 2018





[1]al respecto ver: http://ingenieroalbertoford.blogspot.com.ar/2018/04/mayonesa-cortada-la-muerte-del.html
[2] Ver cita en pág. 1

viernes, 20 de abril de 2018


Mayonesa cortada

La muerte del peronismo no se debe a las factores que tradicionalmente lo han llevado a situaciones de crisis; de las cuales, dicho sea de paso, siempre ha terminado saliendo. Ahora pasa otra cosa distinta, algo que ese movimiento nunca sufrió: un cambio de paradigma. Como todo organismo vivo, y los partidos lo son, tienen vigencia en tanto sean funcionales al contexto en el cual han nacido y se han desenvuelto. Cuando se da un cambio en la condiciones de la realidad, algo que andaba en el anterior orden, deja de hacerlo; la compatibilidad se resiente o desaparece. El peronismo, como consecuencia del triunfo de Cambiemos, ha perdido sentido, y no podrá recuperarlo. El sentido es un vector que se mueve en sincronía con el progreso –al que retroalimenta- mecanismo sin el cual  lo vivo pierde animación. La otra parte del trabajo se refiere a algunas de las acciones del gobierno de Cambiemos, las principales a mi juicio, que están indicando el cambio de paradigma.

Aunque siempre terminó resucitando, la muerte del peronismo ha sido mentada más de una vez. Las razones esgrimidas son parecidas: pérdida de cajas, retroceso electoral, dispersión territorial, ambiciones irreconciliables. Sin embargo, los pronósticos agoreros nunca hicieron caer en el desánimo a los partidarios del General. El mismo Perón dijo que los peronistas eran como los gatos: cuando parece que se pelean en realidad se están reproduciendo. La pregunta es si esos ciclos reproductivos se repetirán toda la vida; más concretos, si a pesar de los sinsabores momentáneos, los peronistas van a lograr religarse. Soy de los que piensan que las cosas son hasta que dejan de serlo. Sobre todo, que a diferencia de las anteriores oportunidades, ahora hay un cambio que no emerge del peronismo pero que sí lo incluye.

En la historia argentina hay dos ejemplos a tener en cuenta. El primero es la revolución de 1955 que desplazó del poder a Perón y lo manda al exilio, ausencia que prendió la llama del revanchismo entre sus partidarios. Efectivamente, a pesar del desbande, no pasó mucho tiempo para que los peronistas se propusieran volver, como efectivamente ocurrió, directa o indirectamente, con Frondizi, el golpe de 1966 o en 1973. El segundo es Caseros, en 1852. El desplazamiento del rosismo no dio lugar a la alternancia; el partido federal fue barrido de la historia. Lo que ocurrió fue un cambio de paradigma, sin grieta, ni orillas enfrentadas que dieran lugar a sucesivos cambios. Por el contrario, luego de una década de (des)estabilización, se dieron las condiciones para barajar y dar de nuevo. La presidencia de Mitre en 1862 fue el inicio del primer ciclo largo de crecimiento nacional.

Normalmente los cambios paradigmáticos tienen decisivos componente de factores exógenos. En el caso de la caída del rosismo, los cambios se produjeron en medio de procesos de modernización en todo el mundo, por ejemplo, la guerra civil norteamericana o la restauración Meiji en Japón. El modelo agroexportador vigente hasta 1933, fue la expresión telúrica de esas corrientes renovadoras. Lo que pasa ahora en la Argentina es una manifestación algo tardía de la culminación de la fase superior de la globalización que se inició en los setenta del siglo pasado. Esa corriente –más bien un vendaval- entre otros menesteres llevó a cabo la implosión de la ex Unión Soviética, industrializar al gigante chino, y transnacionalizar el 70% de la economía mundial (una salvedad: a contramano, el modelo nacionalista burgués que inspiró entre tantas otras nuestra octogenaria decadencia, ahora es retomado total o parcialmente por algunos regímenes europeos y de otros continentes, obvio, sin tocar un ápice de la parte globalizada de la economía).

Para cerrar esta introducción. Hay uno de los problemas del peronismo -aparte de los mencionados - que es insalvable. Es el hecho de que ha caído en desuso; es decir, le pasa lo peor que le puede pasar a cualquier organismo vivo: pérdida de sentido. Su dispersión es como una mayonesa cortada, no hay manera de religarla por más aceite que se le agregue. El desligue no ocurre por su culpa; es una consecuencia directa de la reconfiguración del sistema político argentino. Cambiemos encarna ese salto (según una vulgata lo hemos denominado cuántico en otros trabajos), que dará lugar en lo sucesivo a una serie de reacomodamientos tratados aquí sucintamente, casi a nivel de enunciados, dada las limitaciones de este trabajo.

El peronismo exangüe

Como variantes de una misma obra, los distintos modos de la política –según se mire, con civiles y militares, de tono neoconservador o progresista- han sido funcionales en forma más o menos explícita a la configuración de estructuras físicas y mentales vigentes en las últimas décadas, y extendidas horizontalmente a lo largo de nuestra sociedad. Aunque se puedan identificar distintas escuelas ideológicas, hay invariantes que permiten ver la repetición de los patrones conceptuales. Fueron características: proteccionismo, regulación de la vida económica, sustitución de importaciones, fomento al estado empresario y empleador, burocratismo e ineficiencia estatal, prácticas prebendarias en la industria, renuencia a la innovación tecnológica, desprecio al campo, corrupción gigantesca detrás de la supuesta defensa de la soberanía energética, monopolio de los cielos como forma de encubrir las falencias de la aerolínea de bandera, decadencia y falta de racionalidad en el transporte, desequilibrios territoriales y demográficos, gremialismo mafioso, federalismo retórico, ostracismo y falso orgullo nacional, etc. La receta del nacionalismo burgués en cualquiera de sus expresiones llegó a contener cada uno de los ingredientes anotados.

Está claro que no es el único actor, pero el peronismo ha encarnado el papel protagónico en la decadencia; casi se podría decir que nace y actúa a lo largo de ese periodo blindado de nuestra historia. Ahora, en el ocaso, la tragedia muta en farsa; estamos presenciando una comedia de enredos. Algunos periodistas con sentido del humor se han hecho el plato con Barrionuevo y sus muchachos tomando por asalto la sede vacía del PJ en Matheu 130 de la Capital Federal.

Que desaparezca el peronismo no quiere decir que lo hagan los peronistas; sobre todo, porque siguen siendo unos cuantos. Por un lado, según los nuevas factores gravitantes, la dispersión ira erosionando sus posibilidades nacionales, a la par de ir aumentando, por el otro, la densidad de las expresiones locales, provinciales y regionales. Nadie puede desconocer que Cristina Kirchner tiene, por lejos, la mayor cantidad de votos, y, por lo visto hasta ahora, es un factor anticoagulante insoslayable. En ese escenario es difícil imaginar que una expresión peronista no kirchnerista adquiera competitividad en lo inmediato, y que ese retardo no actúe progresivamente para acentuar la irreversibilidad de su descomposición; es decir, su incompetencia por cambio en las condiciones de desenvolvimiento. El desparramo puede dar lugar a diversas opciones.

Es probable que prevalezcan los intereses de los caudillos por mantener influencia territorial. Dada la versatilidad de los peronistas, es esperable cualquier combinación; al respecto, existe entre los peronistas una enorme experiencia. Una de las variantes más interesantes es lo que se puede gestar alrededor del Frente Renovador en el espacio de centro izquierda o “progre”  con otras fuerzas de diversa procedencia. Pero esa alternativa ya no sería peronismo de pura cepa. La otra, que es inevitable y se desenvuelve rauda, es la incorporación bajo diversas formas al espacio de Cambiemos. Lo que sí hay que descartar es la vuelta al pasado caracterizado por la singularidad del peronismo y su capacidad de convocatoria.

Lo reconfiguración del sistema político debe entenderse asimismo con relación a las corporaciones que contienen a una parte importante de la sociedad argentina, donde también se hace política. El salto cuántico implicado en el cambio de paradigma, hace que las diferenciaciones que asoman en la cotidianeidad, vayan abonando los diseños por medio de reciclajes, combinaciones diversas, o la creación de nuevas organizaciones representativas. El cambio de época ha venido para quedarse porque está promovido y controlado por una situación exógena que engloba a nuestro país a través de diversos mecanismos. Para entender lo que está pasando, es menester tomar cierta distancia de las urgencias del día que, como ocurre siempre, se van sucediendo unas a otras en un proceso de resolución paulatina, fatalmente representadas por la parte vacía del vaso medio lleno.

¿Gradualismo?

Nunca en la historia de nuestro país un gobierno abordó problemas estructurales con tanta profundidad y sin ataduras a intereses espurios, Cambiemos va siendo capaz de meter el cuchillo hasta el hueso. A pesar de los resultados evidentes que se van logrando para desarticular corporaciones consolidadas -que son causa y consecuencia del atraso que ha sufrido nuestro país durante ochenta años-, hay una parte de la sociedad que sufre aún de desconcierto. En la opinión pública, se han instalado otros temas, de mayor visibilidad por su aparición en las primeras planas, que son la comidilla diaria de algunos comunicadores. Sin embargo, desde un punto de vista estratégica, Macri está actuando sin prisa pero sin pausa según tres ejes principales: 1) infraestructura de conectividad, 2) desarticulación de las corporaciones para evidenciar la corrupción sistémica, 3) reindustrialización. Todos los otros asuntos pendientes, también de índole estratégica (pobreza, educación,) que enfrentan tanto el gobierno como la sociedad en su conjunto son, en gran parte, heredados; pero llegar a las tasas de eficacia esperadas, no es posible en tanto no se logren las soluciones referidas a una diversidad de temáticas que giran en torno a los tres ejes mencionados.

Marco Polo

En la cumbre de China del G20, en 2016, Macri dijo que la conectividad es la clave del momento. ¿Qué quiso decir? Conectividad, referida a la comunicación, es una noción que refleja la forma en que se establecen interacciones a todo nivel. Comunicación es información en tránsito, no solo la de las redes sino, en un sentido más general, una diversidad de flujos materiales y virtuales de intercambio (comerciales, turísticos, poblacionales, aspiracionales, etc.), que operan sobre el territorio y las personas que atraviesan. La configuración territorial, tomada en el sentido más amplio de la acepción, es la variable principal para el despliegue generalizado de las interdependencias globales, por tomar un caso, para potenciar las relaciones sur-sur en el mundo, dejando de lado el paso obligado, vigente hasta ahora, por los países centrales. En ese marco nace la nueva Ruta de la Seda, denominación que rememora las travesías del mercader veneciano en la Edad Media. La propuesta, en última instancia, implica que por ese medio, una infraestructura de conectividad radio céntrica -derivada de las dependencias coloniales, neocoloniales e imperialistas- vaya siendo suplantada por otra concebida según un diagrama de conexiones en red, con las ventajas que ello trae aparejado en materia de sinergias y regulaciones entrópicas.

Nuestro país es un caso prototípico. Su infraestructura informativo comunicacional, en forma de embudo, es una consecuencia del modelo agro-exportador que dispuso que la salida de la producción debía hacerse exclusivamente por el puerto de Buenos Aires. No fue el único vector con esa dirección y sentido. La fuerza centrípeta generada por una multiplicad de factores convergentes, en realidad se venía manifestando desde la época de la colonia; fue la que provocó el principal problema estructural que afecta a nuestro país: el desequilibrio territorial y su consecuencia demográfica. De esa especie de cancha inclinada en que se ha transformado el mapa nacional, su manifestación más dramática es el conurbano bonaerense.

El gobierno de Cambiemos ha emprendido un programa de obras de una magnitud sin precedentes en nuestro país; para tener una idea de las realizaciones, basta con recorrer el interior. En todos lados, a lo largo y a lo ancho del país, en las provincias más postergadas en primer lugar, es muy alentador ver una multitud de máquinas amarillas en las rutas, escuchar el bip bip que anuncia su incansable labor, para verificar que lo que se ha dicho que se va a hacer, se lo está haciendo. Por cierto no estamos acostumbrados a ese nivel de actividad en la administración pública. Surgen diversas interpretaciones. La más común, es aquella que vincula las obras con la obtención de favores electorales dado que en nuestro país, cada dos años, hay que hacerse cargo de ese costoso cometido... y una obra siempre ayuda. Puede que en parte sea así, y no está mal que ello suceda en tanto, claro está, que lo prometido se cumpla, y que no haya los desvíos que han sido tan característicos. Pero el verdadero objetivo, el más profundo, es otro.

Sin cambiar la configuración de embudo comentada más arriba, no hay desarrollo federal. Esa transformación se ha iniciado con un conjunto de proyectos de variado tipo. Uno de los principales, el Plan Belgrano, permitirá sinergizar las provincias del norte, habituales feudos del peronismo. La conexión horizontal y la salida al Pacífico darán lugar a un cambio copernicano en los medios productivos, y, en consecuencia, las condiciones de vida y de trabajo para los sectores más pobres de esa meso región. Por su parte, el desarrollo del ferrocarril en sentido horizontal le irá confiriendo al camión la dimensión que le corresponde y que nunca se debió haber obviado. En el caso de la zona metropolitana, bicisendas y metrobuses irán creando las condiciones para desarticular o racionalizar las obligadas trayectorias periferia centro. Y los tres más importantes de todas: las low cost, el RER y el Paseo del Bajo. Por primera vez, desde la creación del Virreinato del Río de la Plata, se puede pasar por Buenos Aires sin la obligación de descender. Con las low cost, a un conjunto creciente de lugares del interior se les posibilita emprender y alcanzar sus destinos, de cabotaje o internacionales, sin la obligación de desembarcar en Buenos Aires, o sea, sin pagar peaje; una verdadera contribución al inicio del proceso de desconcentración territorial. Así, con las nuevas políticas para el transporte aéreo, se ha puesto en marcha (¡por fin!) un programa de cielos abiertos que debería culminar cuanto antes con la privatización o desaparición de nuestra aerolínea de bandera. Los países desarrollados lo saben: el turismo, los viajes familiares o de negocios, no se consuman a bordo; comienzan y terminan en la escalerilla del avión. Todas estas políticas, programas y proyectos son el paso inicial para cambiar la matriz informativo comunicacional radio céntrica por otra reticular, de trama y urdimbre, condición sine que non para el desarrollo nacional y regional.

Glasnost

Sin ser un país soviético, la Argentina muestra una serie de atributos que lo hacen parecido. Ante todo y aunque no se lo crea, está en el “top five” de los países con economías más cerradas del mundo, (sobre 138 censados ocupa el puesto 136), solo superado por Irán y Venezuela. Sin embargo, no es procedente adjudicar ese logro exclusivamente al peronismo; por el contrario, es la consecuencia de una forma ideológica ya mencionada, el nacionalismo burgués, que ha atravesado sin desmayos los ochenta años de decadencia nacional.

Hay quienes llaman populistas a ciertas prácticas de gobierno a pesar de que las mismas puedan encontrarse tanto a la derecha como a la izquierda del firmamento. En contraposición, hay una cantidad creciente de otros autores que abdican del término por impreciso. Para zanjar la controversia, conviene reparar en los contenidos, modos y estilos que tipifican tanto el comportamiento de los gobiernos como los sentimientos que pueblan el imaginario de las sociedades. ¿Cuáles son esas características, por lo menos en la Argentina de la decadencia?

“G20. Argentina global”, las identifica como 

proteccionismo, regulación de la vida económica, sustitución de importaciones, mantenimiento del estado empresario y empleador, burocratismo estatal, prácticas prebendarias en la industria, desprecio al campo, corrupción gigantesca detrás de la supuesta defensa de la soberanía energética, monopolio de los cielos como forma de encubrir la ineficiencia de la aerolínea de bandera, decadencia y atraso en el transporte, desequilibrios territoriales y demográficos, gremialismo corrupto, federalismo retórico, etc.”

En materia de trayectorias históricas, todo tiene su costo, nada es gratuito. Ese conjunto de prácticas, que ya forman una parte sustantiva de la idiosincrasia nacional, han sido determinantes para el estado de postergación que nos afecta. Es lo que desde afuera no se puede entender, a pesar de que se lo intente explicar por cierto en forma poco convincente; por el contrario, nosotros estamos mimetizados con esas falencias, al punto de que no siempre son vistas como frustraciones sino como el estado natural de las cosas.

Abrir la sociedad argentina es una labor ardua, en primer lugar, porque quienes deben hacerlo son o han sido parte de un sistema de privilegios de larga data. En ese contexto, la proveniencia empresarial del presidente argentino y de muchos integrantes de su gobierno, los hacían los menos (o los más, según desde donde se mire la disyuntiva) indicados para ese menester. Macri es un empresario de la construcción, lugar donde se registran los mayores casos de corrupción (obviamente para sobrevivir en ese ámbito hay códigos insoslayables). Pero, por otra parte, por esa misma identidad de origen, él, y muchos de sus colaboradores, conocen bien las reglas ocultas del negocio. Pero la vida te da sorpresas; es cuando irrumpen los cisnes negros. El gobierno de Cambiemos está encarando una labor desestructurante de las corporaciones, sin antecedentes ni contemplaciones, condición necesaria para poner en evidencia sin tapujos la corrupción que recorre sus meandros.

Consultando los registros, en las últimas décadas la experiencia es sugerente. En 1978 el Príncipe Bernardo, abuelo político de nuestra Máxima, fue agarrado en un renuncio con motivo de la compra por parte del estado holandés de aviones de la Lockheed; además del impacto de la noticia, se ponía en evidencia que la cosa venia en serio si los correctivos comenzaban a aplicarse a esas alturas. Otro de los hechos referidos a la corrupción en los años noventa fue la mani pulite en Italia. En nuestro caso, luego de la derrota del peronismo, la situación se muestra pletórica de hallazgos sorprendentes, y los respectivos trámites judiciales están todos en curso. Desde hace 10 años el G20 se ha puesto al hombro el cometido reparador. Es decir, esas movidas, a pesar de la magnitud de los intereses en juego, han dejado de ser espasmódicas. Forman un proceso continuo de depuración que abarca todo el planeta.

Según una vulgata del teorema de Gödel, un sistema no se puede explicar a sí mismo. Por ello, es difícil sino imposible imaginar lo que sería la argentina sin corrupción. Lo que sí está claro es que la continuación de ese proceso de depuración que ha iniciado Cambiemos, como sin duda lo será, tendrá una serie de consecuencias positivas para la reinserción de Argentina en el mundo.

Schumpeter

Cuando el curso de la actividad industrial es favorable no hay motivos para las preocupaciones. Por el contrario, con las dificultades, florecen los problemas. En estos casos, tradicionalmente la economía ha ofrecido ciertas recetas, de alivio momentáneo, que a poco andar retrotraen la situación al conflictivo punto de partida. La decadencia argentina está plagada de esas salidas ilusorias. Lobbies activos, medidas proteccionistas y de varios tipos de las cuales hay una vasta experiencia, acercan la medicina que calma pero no cura. No parece ser la política de Cambiemos. Una serie de medidas –por ejemplo la paridad cambiaria- hace que los industriales no puedan apelar a los recursos con que han contado en otras oportunidades. Dada la nueva situación, la disyuntiva es de hierro: innovar o morir; destrucción creadora según la concepción schumpeteriana…

No se dispone de indicadores sobre el grado de innovación de la industria nacional. Sí existen algunos indicios que estarían marcando una tendencia. Se calcula que 2/3 de las importaciones son bienes de capital, un dato que estaría connotando favorablemente el fuerte déficit de la balanza comercial. Es clara la diferencia. Una cosa son las chucherías chinas que contenían los conteiners del contrabando kirchnerista, y otra cosa es maquinaria para modernizar la industria y/o crear nuevas, para hacer más competitiva, en el mercado global, nuestra producción. Son de las novedades que no se ven pero hacen a la diferencia entre el actual modelo y el heredado.

Puede haber proteccionismo momentáneo (incubación). Empresas promovidas de otro perfil con mayor valor agregado, cerca de la producción de insumos, innovativas, que pueden competir en el mercado externo. Las que sobrevivan tendrán que tener la capacidad de instalar filiales, si ello fuera conveniente, en otros países. Lo viejo será motivo de programas específicos y circunstanciales referidos a la preservación de los puestos de trabajo (recapacitación, traslados territoriales, nuevas empresas, etc.,)

Nuestra preocupación, más que en los limones a EEUU (inestable, poco valor agregado, sujeto a los caprichos de Trump), tiene que estar enfocada en aquellos sectores en los que somos más fuertes y competitivos, por tomar un caso, servicios agrícolas, (maquinarias, técnicas, know how, genéticas, etc.) pensando en las decenas de países de África y Asia que puedan demandarlos. De esa manera Argentina puede armar una red autónoma en todo el planeta, que sustente las negociaciones con los mercados tradicionales como los que reactivará el inminente acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea.

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La realidad es como la cebolla, tiene capas; algunas más profundas, otras periféricas. El proceso abierto en nuestro país es apasionante. Desde cualquier lugar que lo abordemos, veremos cambios, sutiles algunos, apenas perceptibles para una mirada distraída; en otros casos impactantes, como la irrupción de cisnes negros, pero siempre en el sentido de situaciones que no tienen antecedentes. Es una buena oportunidad para ir garabateando, en forma conjunta, algunas líneas que vayan más allá de las obviedades cotidianas. A cincuenta años del mayo francés, la imaginación al poder.

Ing. Alberto Ford
La Plata, 20 de abril de 2018

viernes, 3 de noviembre de 2017

Nueva Era

Este es un breve trabajo que aborda algunos de los aspectos del cambio que se ha comenzado a operar en el país luego de la derrota del peronismo en las últimas elecciones de medio término. Básicamente son tres: lo que le espera al movimiento de Perón de aquí en más, algunos indicadores de la política macroeconómica del gobierno de Cambiemos (sobre todo endeudamiento, déficit fiscal y subsidios), y el poco tenido en cuenta o tratado en forma descontextualizada asunto de la infraestructura de conectividad, un factor clave relacionado al principal problema de la Argentina para su modernización, el desequilibrio territorial y su correlato demográfico

La derrota generalizada del peronismo ha abierto una nueva situación en el país. Lo prueba el reciente discurso de Mauricio Macri en el CCK, de corte fundacional, ante una atenta platea formada por gobernadores, sindicalistas, empresarios y legisladores. En él, el Presidente definió algunos de los ejes que van a orientar en lo sucesivo la gestión de Cambiemos. La oportunidad es inédita. Muchas cosas van a cambiar. Está tomando forma en la Argentina el segundo ciclo largo de crecimiento si consideramos que el primero duró ochenta años desde el inicio del modelo agroexportador en la segunda parte del siglo XIX.
En este trabajo nos vamos a referir a tres cuestiones que son motivo de atención en los análisis de estos días: la deriva del partido que estuvo en el poder hasta 2015, algunos aspectos de la política macroeconómica vigente, y la renovación de la infraestructura de conectividad. Con respecto a las dos primeras, las preocupaciones son bastante coincidentes: giran en torno a la forma que puede adoptar la supuesta reorganización del peronismo y, en el otro caso, el riesgoso manejo de las cuentas públicas. Sobre el plan de obras, los gobernadores quieren saber de qué se trata y cómo los afecta. Lo ven medio enigmático.
Una crisis terminal

La cuestión del movimiento creado por Perón es de importancia capital porque tiene que ver con la forma en que se reconfigurará el sistema político en la transición que estamos viviendo. Al respecto, mi opinión es clara y no es nueva: el peronismo ha muerto[i].
Puede aparecer tajante la afirmación. En realidad la vengo sosteniendo casi desde el momento en que Cristina sacó en 54% de los votos en las presidenciales de 2011. No fueron razones coyunturales –obvio- las que me llevaron a formularla. La primera y principal es que el peronismo ha perdido sentido histórico, que es lo que sustenta cualquier organismo vivo… como también lo son los partidos y movimientos. El peronismo nació (o se generaron las condiciones para que ello sucediera), con la finalización del modelo agroexportador en los años treinta del siglo pasado. Era el momento del inicio del declive de la Argentina que duró hasta nuestros días luego de haber ocupado un lugar expectante en el concierto de las naciones del mundo. En esas ocho décadas al peronismo le cupo un papel protagónico ya sea estando a cargo de gobiernos civiles o apoyando a dictaduras militares, como ocurrió con Onganía en 1966. Ahora las cosas han cambiado.
No solo razones endógenas, sino también condiciones externas son las que ponen en jaque un modelo que caracterizó a esa decadencia, basada en un ideario que se hizo carne en el sistema político, pero también en gran parte de la sociedad argentina. Sus rasgos principales fueron: centralismo, encierro proteccionista, caudillismo, relación conflictiva con el mundo, atraso tecnológico, empresariado prebendario, el estado como botín y fuente de trabajo, empresas públicas ineficientes y corruptas, sindicalismo cómplice, mediocridad cultural y estético, etc.
Hay otras razones para que la crisis del peronismo no sea una cuestión de circunstancias, de las que se pueda salir como ha ocurrido en el pasado. Por ejemplo, su configuración estructural y subjetivamente corrupta, la incompetencia demostrada en la gestión, y la falta absoluta de una visión estratégica. A esos obstáculos llamémoslos epistemológicos se suman condicionantes tácticos que no son de despreciar: el rol obturador de Cristina, sentada furiosamente en los tres millones de votos que la transforman en la principal fuerza política (por lejos) afuera del oficialismo. No hay ninguna posibilidad de que esa situación se pueda revertir en lo inmediato. En el mediano plazo pasarán otras cosas que paso a describir y que van a explicar la forma en que se puedan subsumir aquellos que sustentan con obstinación ese ideario persistente pero declinante.
En la historia argentina hay un solo caso de partido hegemónico que desapareció de la noche a la mañana: el partido federal rosista como consecuencia de la batalla de Caseros. Lo que sucedió en esa oportunidad fue indubitable. La situación creada hizo imposible ni siquiera imaginar cualquier representación de esa fuerza en los acuerdos de San Nicolás o en la constituyente de Santa Fe, ambos acontecimientos que tuvieron lugar en seguida. El impedimento tuvo su razón de ser. En nuestro país se estaban gestando las condiciones para un cambio de paradigma lo que sucedió al poco tiempo con el inicio de la Organización Nacional a partir de 1859.
De la misma manera que la concepción semifeudal del rosismo no tuvo puntos de contacto con el capitalismo incipiente característico del modelo agroexportador -proyecto que fue tomando forma en nuestro país por influjo de condiciones externas y la inspiración de lo que luego fue la Generación del Ochenta- el peronismo en la actualidad, por más preciso que sea el escaneo, no sintoniza con el proceso de globalización en el que estamos ingresando raudamente. Las visiones demodé de Cristina y Kicillof en materia socioeconómica, entre otros aspectos, pueden parecer burdas, pero la realidad es que encarnan un sentimiento dominante en ese movimiento, más allá de lo grotesco de las formas.
La pregunta del millón: ¿cuál es el destino de los muchos peronistas que todavía perduran? En realidad el interrogante no afecta solo a ellos. La crisis del ideario nacionalista-burgués deja legiones de pensantes desorientados.
¿Grieta o salto?
Es más fácil explicar uno que el otro. La grieta se da en un plano. En lo político institucional implica separación pero también alternancia. Ese tipo de divisiones tuvieron lugar en el 1955 con la Revolución Libertadora. Los bandos formados se mostraron irreconciliables, pero con el tiempo se vio que las posiciones, sobre todo en materia económico social, no eran tan dispares. Aún ahora hay dirigentes que valoran positivamente las políticas sociales de Evita o incluso las nacionalizaciones de los años cuarenta. A partir del ´55, una convergencia forzada de convivencia democrática fue difuminando progresivamente los enconos, hasta culminar en el abrazo de Balbín y Perón.
La división ahora también existe pero, a similitud de lo ocurrido con la derrota del rosismo, no se expresa en un mismo plano; así, no puede haber diálogo entre adversarios. Los códigos de la conversación no son compartidos. En la campaña electoral Cristina demostró que no quiere saber nada en materia ya no de acuerdos sino, ni siquiera, de asumir la otredad; ese comportamiento también había sido puesto de relieve en la ceremonia de cambio de gobierno, cuando se negó a entregar a Macri los atributos del mando. Ese ninguneo se ha mantenido incólume hasta esta semana en que no asistió a la reunión convocada por el Presidente que tuvo lugar nada menos que en el edificio que lleva el nombre de su marido. Naturalmente, a partir de la imposibilidad de alcanzar una masa crítica de densidad opositora, gran parte del peronismo en dispersión tendrá una actitud más condescendiente con el gobierno de Cambiemos cuando no oportunista (sobre todo a partir de un cálculo realista de sus posibilidades inmediatas) en la que no pocos se incorporarán al espacio que hasta ahora han vituperado.
El salto es otra cosa. Como lo veo, tiene que ver con una vulgata de la teoría cuántica. Imaginemos dos andariveles paralelos que no se tocan pero que se influencian. Los elementos que circulan por cada uno de esos ellos lo hacen en forma independiente, y las interacciones que se puedan producir ocurren sin que los caminos se mezclen. Esa independencia de itinerarios no obsta para que, en determinadas condiciones, los elementos que circulan puedan saltar de un andarivel al otro. Esta simplificación de imágenes la hacemos para representar uno de los escenarios posibles, probables y factibles de lo que puede suceder en materia de institucionalidad política.
Cambiemos ya está ubicado en un nivel cuántico superior de claro tono global. En el nivel inferior Cristina está instalada en una posición hegemónica pero residual de la que no podrá emerger. La soledad de Cambiemos no se va a mantener para siempre. En sintonía (confrontación/complementariedad) queda un lugar predispuesto a ser ocupado por quienes van a sucederle en un juego de alternancias más equilibradas de las que hemos visto hasta ahora. Ese polo es previsible que tenga una impronta social demócrata aggiornada -tipo tercera vía- como la que propugnó hace unos años el sociólogo inglés Anthony Giddens. Los candidatos ya están en la grilla. Son justamente peronistas con ánimos renovadores aunque para poder despuntar el vicio van a tener que esperar algunos períodos. En ese entonces no lo harán en soledad sino convenientemente acompañados por todos aquellos para quienes ahora Macri es un límite. En conjunto, podrán configurar una nueva expresión política desprovista de la simbología tradicional del peronismo y, ni siquiera, la patriada podrá ser encabezada por alguien proveniente de ese movimiento.
En esa reconfiguración inexorable, hay dos intríngulis: el radicalismo y los movimientos sociales. Es claro que la crisis del 2001 le pegó fuerte a la UCR; la performance de Moreau en las elecciones siguientes fue un indicador elocuente. Ahora parecía que la alianza Cambiemos mostraba un camino de recuperación. Sin embargo, no ha sido del todo así. En el caso de la Capital, una mayoría de radicales -aunque minoritarios en las recientes elecciones de medio término- se ha enfrentado a Cambiemos, provocando una división interna que en estos momentos está en la justicia. Hay otros movimientos en Santa Fe que podrían adoptar actitudes similares. El significado de estas alternativas –especies de cisnes negros provenientes la política tradicional- hay que buscarlo por el lado de los cambios epocales que estamos comentando en este trabajo, y que no pueden dejar de tener manifestaciones al interior de los partidos al revelar posiciones ideológicas que han permanecido larvadas.
El de los movimientos sociales (MS) es unos de los aspectos más interesantes, complejos y poco analizados. Los MS están fuera o en las márgenes del sistema político. Se mueven al compás de la billetera lo que no implica que carezcan de objetivos estratégicos. Son la expresión local de la principal problemática de la globalización en esta etapa: la inclusión de 1000 millones de personas pobres en el mundo que todavía no gozan de sus frutos. Constituyen la razón de ser de la labor pastoral del Papa Francisco… y de las empresas productoras de bienes de consumo masivo (Unilever mandó a uno de sus gerentes a vivir un tiempo en la casa de un vecino en una favela carioca para estudiar en el terreno los hábitos de consumo de las familias brasileñas). Los ingentes recursos que se inyectan a través de distintos programas de asistencia en ese campo no son objeto de ahorro y van, sin escalas, a dar vida a los circuitos de consumo en la economía marginal, aparte de contribuir a generar un ambiente de tranquilidad social, lo que no es poco.

El desafío de la “macro”

Los indicadores del manejo de las finanzas públicas parecen preocupar más a los analistas que al gobierno (de la gente ni hablar, ¿dónde hay un mango viejo Gómez? hubiera dicho Tita Merello). No son tantas las variables que están en juego ni tan difícil su correlación. Sin embargo, las experiencias habidas en el pasado generan resquemores que impiden ver que la actual situación no puede ser evaluada con los parámetros vigentes en aquellos momentos. Se está mirando el presente con el espejo retrovisor. Vayamos por partes.
La deuda externa. Es cierto que hemos tenido pésimas experiencias. Para salir de los compromisos asumidos por Rivadavia con la Baring Brothers estuvimos casi un siglo. En años más recientes, la economía se vio totalmente condicionada por préstamos solicitados por los militares y los peronistas, de los que costó mucho salir (Kirchner en el 2005 lo hizo parcialmente en el momento menos indicado, comprometiendo las reservas internacionales de la Argentina y dejando a cambio el “muerto” de los holdouts). Finalmente, el nuevo gobierno de Cambiemos, a través de arduas negociaciones, pudo resolver los desaguisados financieros heredados del peronismo. La dura experiencia muestra, no obstante, que finalmente todo se arregla. ¿Cuál es el problema real?
Para paliar el déficit de las cuentas públicas, el gobierno está contrayendo deuda en el exterior. Prima facie el acto genera preocupación en analistas y comunicadores. Ahora bien, ¿cuál es, con relación a otros países, el grado de endeudamiento argentino?

Deuda externa por países. Porcentaje del PBI
EEUU
106
Inglaterra
406
Alemania
142
Francia
182
Japón
250
Irlanda
1008
España
148
México
36
Brasil
22
Chile
39
Argentina
18

                                          https://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:Deuda_externa_por_pa%C3%ADs
                                                   
Como se ve, comparativamente la situación argentina en materia de deuda externa está dentro o un poco por debajo de los porcentajes regionales. Además, la situación de mayor endeudamiento de los países desarrollados (en algunos casos exorbitantes como Irlanda), no es indicativa de que buscar plata en el extranjero implique necesariamente un riesgo o que a los contrayentes les haya ido mal. Entonces, ¿por qué el gobierno de Cambiemos se endeuda? Básicamente con dos fines: palear el déficit fiscal y hacer infraestructura de conectividad.
El déficit fiscal tiene varios componentes, pero hay dos que resaltan: los subsidios y los gastos corrientes. De estos, los sueldos estatales ocupan gran parte; es un tema a resolver que se lo irá haciendo gradualmente buscando fortalecer la capacidad de la gestión. No hay otra alternativa si no se quiere provocar un grave problema de desocupación. En el caso de los subsidios, los hay del tipo del transporte o servicios que se tendrán que ir acomodando con los meses, progresivamente. Por su parte, la asistencia a la pobreza desocupada -a la que todavía el sistema económico y productivo no puede brindar nuevos puestos de trabajo bien remunerados, en blanco y con sentido federal-, tendrá no solo que subsistir hasta donde sea necesario sino que deberá formar parte institucionalmente de sus ingresos. La AUH y otras del mismo tipo vinieron para quedarse.
El gran desafío de la administración de Cambiemos es mantener la paz social. Eso implica que rindan los recursos disponibles para los sectores carenciados. En ese marco, es clave controlar e ir bajando la inflación. No es un tema fácil por las distorsiones heredadas (sí, heredadas y que estarán vigentes por muchos años), pero se está logrando. ¿A qué costo? Ahí actúa nuestro Merkel, también de apellido alemán: Sturzenegger, piloteando desde al Banco Central las tasas de interés, recibiendo todas las maldiciones de una parte de los empresarios porque el crédito se encarece. Y bueno, piensa uno, que pongan la que juntaron con pala en los años festivos. En fin, todo tiene que ver con todo…
La economía va creciendo lentamente, pero no todos los sectores lo hacen por igual. Es el precio de una progresiva apertura de nuestros mercados, apostando al aumento de la competitividad para una inserción sustentable en el medio internacional. Ese desafío, es el desafío de nuestros empresarios para subsistir y crecer. Algunos van a quedar en el camino si no innovan; pasa en las mejores familias y en los países más avanzados. Se acabó el tiempo de las concertaciones globales, donde todo da lo mismo y lo malo se tapa con lo bueno. El rasero del mediopelismo.

Un poliedro de sorpresas

El principal déficit estructural de nuestro país no forma parte de los análisis: los desequilibrios territoriales y su correlato demográfico. Como dijo Macri en oportunidad de la Cumbre del G20 en China, conectividad es la palaba clave que lleva a entender lo que verdaderamente se está jugando hoy en la escena global. La cadena virtuosa de factores que llevar a poner el foco en la problemática, está llena de curiosidades por los eslabones que se vinculan.
El mundo y nuestro país se están redibujando. El lema que presidió la reciente cumbre del G20 en Alemania fue: “diseñando un mundo interconectado”. La expresión más clara de las acciones globales emprendidas lo da el recientemente lanzado proyecto de la “Ruta de la Seda” a cargo de la República Popular China. Están reconfigurando los continentes euroasiático y africano.
El diagrama de la información y las comunicaciones existente, es una herencia de un mundo dependiente de los grandes centros de poder que rigió durante siglos. En la era de Internet, esa configuración se vuelve disfuncional, por las saturaciones que provoca la falta de canales horizontales de vinculación. Lo radio céntrico se va ir reemplazando/complementando progresivamente con diseños de trama y urdimbre (como si fuera una manta) para promover la relación entre partes, facilitando la interdependencia, sin la necesidad de tributar en las aduanas de todo tipo que se sitúan en las partes más desarrolladas del planeta.
El caso argentino es un ejemplo palmario de lo que estamos diciendo. Con centro en la ciudad de Buenos Aires y su puerto, todo el tendido de vías de comunicación en los siglos XIX y XX adoptó una forma de embudo. Incluso las expectativas del imaginario de la gente del interior desde la colonia, y luego de los países vecinos, tuvieron su destino en la Reina del Plata. Obviamente, con el tiempo, se fue produciendo la saturación del conurbano bonaerense.
Por primera vez en la historia nacional está en marcha un plan de obras de infraestructura que tiene en cuenta los vínculos horizontales. Así, es el Plan Belgrano que rediseña el Norte Grande. El paso de Aguas Negras en San Juan debajo de los Andes. Los ferrocarriles a Chile para acceder por el camino más directo a los mercados del Asia Pacífico. Las líneas low cost que permiten nuevos vínculos entre las provincias y de estas con el exterior sin la obligación de pasar por Aeroparque. Las más críticas y de gran valor histórico por la vocación centralista de nuestros factores de poder, son dos obras que se están haciendo en la ciudad de Buenos Aires: el Paseo del Bajo y el RER. Ambas permitirán, por primera vez sin desembarcar, el paso por la ciudad de Buenos Aires. Todas las obras del plan de infraestructura de conectividad más importante de la historia argentina deberán ser vistas desde la perspectiva que da este marco conceptual. El tema del financiamiento de este gigantesco programa es de lo más curioso por sus formas.
El Partenariado Púbico Privado (PPP) se va instaurando aceleradamente en todo el mundo bajo los auspicios y las recomendaciones del G20. La cadena de factores que da lugar al hecho se gesta de la siguiente manera. Los programas de transparencia y de anticorrupción del Grupo de los Veinte dieron lugar en forma más o menos visible a la conformación de una asociación global de periodistas de información que dijeron poseer los archivos de los llamados “panamá papers”. Ese solo anuncio (en realidad nunca se publicaron los archivos; los especuladores se comieron el amague como se dice) dio clima a una ristra de blanqueos de capitales en muchos países. En el nuestro se repatriaron la friolera de U$S 120.000.000.000 de dólares (CIENTO VEINTE MIL MILLONES DE DOLARES) de ahorristas argentinos que tenían sus depósitos en los paraísos fiscales. Cuando esa plata llegó al país lo hizo sin retorno posible por una cuestión de tasas y vigilancia. Aquí compraron LEBACS, acciones y bonos, y pusieron plazos fijos. Al toque el gobierno de Cambiemos anuncia que va a enviar al congreso una ley para gravar la renta financiera. ¡Como por un tubo esa masa gigantesca de recursos se va a ir dirigiendo a los PPP!
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En la nueva situación abierta en el país con la derrota generalizada del peronismo, muchas cosas van a cambiar. Pero hay una que todo lo resume: cambia el paradigma. La globalización se solapa con el nacionalismo burgués hasta su completa suplantación. Lo atestigua la presencia simultánea de los líderes mundiales sentados a una misma mesa para dar su conformidad en la cumbre del G20 del año que viene. Argentina ha iniciado su segundo ciclo largo de desarrollo.

Ing. Alberto Ford
La Plata, noviembre de 2017



[i] volcada en algunos trabajos que mis amigos habrán tenido la paciencia de leer o que pueden consultar en mi blog ingenieroalbertoford.blogspot.com.ar