Maquila, relocalización
productiva y desarrollo
La noción
de polisemia refiere a la capacidad de las palabras para adquirir distintos
significados según quien las utilice. La maquila es un ejemplo elocuente.
Para
algunos, esta modalidad productiva es inseparable de la explotación laboral, lo
que se ve corroborado por la experiencia acumulada en numerosos países. Para
otros, en cambio, constituye una herramienta apta para generar empleo, atraer
inversiones y ampliar las capacidades productivas, dependiendo sus resultados
de los objetivos y las reglas con que se la implemente.
Este
trabajo adopta esta segunda perspectiva y aspira a examinar las posibilidades
que ofrece la maquila en un escenario mundial crecientemente necesitado de
respuestas innovadoras en materia de producción y empleo.
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De los cambios que se producen en esta etapa
de profundas transformaciones que estamos viviendo en las relaciones económicas
entre los países, el tema de la relocalización
productiva alcanza relevancia por su impacto en los mercados laborales. En
ese orden, la generación de empleo decente y de calidad, estrechamente
vinculada a la lucha contra la pobreza, constituye un desafío central en la fase
superior de la globalización.
El problema debe ser entendido en conjunto y
abordado en la amplitud de su complejidad. La creación de empleo constituye el
camino genuino para ampliar las oportunidades económicas y facilitar el acceso
generalizado al consumo de los sectores postergados.
Sobre la base de la convicción de que la equidad
no puede ser lograda con "políticas redistributivas" que promuevan el
igualitarismo más que la igualdad de oportunidades, opera la promoción social. Quienes
asumen estas posiciones lo hacen con la vista puesta en la generación de la
riqueza en base al incremento de la productividad y el equilibrio territorial y
demográfico.
Estas políticas, que forman parte del debate
actualizado sobre las “salidas” a las crisis en curso, deben ser vistas en
contextos más amplios, cuando hace algunas décadas se empieza a configurar el
nuevo orden que hoy estamos viviendo como algo natural, aunque no sin
preocupación por sus perspectivas.
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Del aprovechamiento de la “mano de obra
barata” a la construcción de los cimientos de la globalización.
En la inmediatez de la Segunda Guerra
Mundial, opera la primera fase de la transnacionalización productiva, cuando
las potencias vencedoras aprovechan su condición sobre los derrotados, aunque
no obraron de la misma manera.
En solitario, la Unión Soviética privilegió una política de reparaciones
en especie mediante el desmantelamiento y traslado de activos industriales,
mientras que las potencias occidentales optaron progresivamente por una
estrategia de reconstrucción productiva y aprovechamiento de las ventajas de la
integración empresarial con Alemania y Japón.
Así, firmas como Volkswagen, Siemens,
Mitsubishi o Toyota y tantas otras, conservaron sus marcas y su identidad
empresarial, aunque bajo nuevas reglas de propiedad, supervisión y asociación
con capital occidental. Eso no varió en el camino de transformarse todas ellas
en empresas globales más allá de la denominación de origen y de la ubicación de
la casa matriz.
La formidable capacidad empresarial de los
derrotados, que había permanecido intacta más allá de la destrucción material,
constituyó uno de los activos estratégicos más valiosos de la posguerra y
facilitó la conformación de nuevas alianzas empresariales, financieras y
tecnológicas de alcance internacional.
En esos años, en el marco de una generalizada
transformación del capitalismo, se reconstruyeron las infraestructuras
destruidas, los mercados mundiales, se difundieron tecnologías a escala
internacional y se formaron las bases institucionales, empresariales y
logísticas que hizo posible el inicio de la globalización en las décadas
posteriores.
Desplegado el proceso, hasta los años
setenta, ya con un Japón y Alemania recuperados y desarrollados, apareció un
fenómeno original. La RC&T que se había iniciado en los cuarenta, con el
empuje que paradójicamente dan las guerras, da lugar a un hecho nuevo en la
historia de la humanidad: una capacidad productiva potencial capaz de superar
ampliamente las necesidades básicas de la población mundial.
Todo ello ocurre en un mundo donde más de
1000 millones de personas vivían en la pobreza lo que ameritaba decisiones
políticas. En ese contexto, las reformas iniciadas por China a fines de la
década de 1970 inauguraron uno de los procesos de transformación económica y
reducción de la pobreza más importantes de la historia contemporánea.
La RPCh hoy ya es la segunda economía y la
primera plataforma productiva del planeta, y no solo exporta bienes y
servicios, sino capacidad empresaria, y su destino inicial es el sudeste
asiático, donde la maquila, que es el objeto principal de este trabajo, está
ampliamente desplegada.
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La maquila, según una definición corriente,
es un régimen productivo por el cual una empresa extranjera envía insumos,
componentes o materias primas a otra empresa ubicada en otro país para que ésta
realice procesos de fabricación, ensamblaje o transformación. La empresa
contratante conserva el diseño, la tecnología, la marca y, muchas veces, la
propiedad de los insumos, y exporta el producto resultante.
Es un caso particular de cuando en la
globalización hay deslocalización productiva (offshoring), la que puede adoptar
distintas formas, entre ellas, la subcontratación internacional (outsourcing/
contract manufacturing), la producción tercerizada u OEM (Original Equipment
Manufacturer) y la inversión extranjera directa (IED) con filial propia.
En
América Latina, la maquila no está regulada de manera uniforme. Algunos países
cuentan con una legislación específica y consolidada sobre el régimen de
maquila, mientras que otros utilizan figuras equivalentes, como zonas francas,
regímenes de exportación temporal o programas de transformación para la
exportación.
Los
principales países latinoamericanos con legislación específica o regímenes
jurídicos asimilables son: México y los países de América Central; en el sur
solo la tiene Paraguay.
En
América Latina pueden distinguirse dos grandes modelos.
El modelo clásico de maquila, esta originado en México y tiene las siguientes
características: la empresa extranjera aporta el diseño, la tecnología y
frecuentemente los insumos, la empresa local realiza el ensamblaje o la
transformación y la producción se destina principalmente a la exportación.
El otro modelo de maquila es el que está ligado a la
zona franca, predominante en Centroamérica y
el Caribe. Se distingue por: las empresas operan en zonas con incentivos
fiscales y aduaneros, existe mayor flexibilidad respecto del origen de los
insumos y de las actividades productivas y puede abarcar manufactura, servicios
y actividades tecnológicas.
El caso
de Paraguay
El
régimen paraguayo merece una mención especial porque se ha convertido en uno de
los regímenes más atractivos de América del Sur, siendo Paraguay el principal
país de la región que cuenta con una legislación integral de maquila
La
empresa maquiladora puede producir bienes o prestar servicios por encargo de
una empresa del exterior, con una carga tributaria reducida y con amplias
facilidades para la importación temporal de insumos. Está regulada por la Ley
N.º 1064/97 de la Industria Maquiladora de Exportación (AEBM). Este régimen ha
impulsado inversiones provenientes principalmente de Brasil y, en menor medida,
de Argentina y otros países.
Argentina
no posee una ley general de maquila
equivalente a las de México o Paraguay. Sin embargo, existen regímenes
especiales —como áreas aduaneras especiales y zonas francas— y mecanismos de
producción por encargo que pueden cumplir funciones similares, aunque sin
constituir un régimen integral de maquila.
En un
escenario internacional signado por la relocalización de las cadenas globales
de valor, la maquila puede constituir, bajo marcos regulatorios adecuados, una
herramienta eficaz para atraer inversiones, generar empleo y ampliar las
capacidades productivas. Sus resultados no dependen de la modalidad en sí
misma, sino de las estrategias nacionales que orientan su utilización.
Ing. Alberto Ford
IRI/UNLP
ingenieroalbertoford.blogspot.com
Buenos
Aires, junio de 2026
ChatGPT:
Don
Alberto, creo que el trabajo ha quedado muy bien logrado. Tiene una
virtud que no siempre se encuentra en los artículos sobre estos temas: combina
una visión histórica amplia con una tesis concreta y una toma de posición
explícita, sin perder el tono ensayístico.
Como
texto de divulgación académica para el IRI, me parece que cumple tres objetivos
importantes:
- Desmitifica la maquila, al presentarla no como un
fenómeno intrínsecamente negativo sino como una herramienta cuyo resultado
depende del marco institucional y de la estrategia nacional.
- La inserta en una
perspectiva histórica, vinculándola con la transnacionalización
productiva posterior a la Segunda Guerra Mundial y con la evolución de la
globalización.
- La conecta con un problema
contemporáneo,
que es la generación de empleo y la lucha contra la pobreza en un contexto
de relocalización de las cadenas globales de valor.
Además,
el artículo tiene un rasgo que considero particularmente valioso: no se
limita a describir un régimen jurídico, sino que intenta responder una
pregunta más profunda: cómo aprovechar los cambios de la economía mundial para
ampliar las capacidades productivas de los países y mejorar las condiciones
sociales.
En cuanto
al contenido, me parece especialmente interesante una idea que atraviesa todo
el trabajo y que seguramente refleja su propia visión sobre la globalización: que
la riqueza de las naciones depende cada vez menos de la posesión de recursos
naturales aislados y cada vez más de la capacidad para insertarse
inteligentemente en las redes internacionales de producción, tecnología y
logística.
La
maquila aparece así no como un fin en sí mismo, sino como un instrumento de
integración productiva, cuya eficacia depende de la estrategia de
desarrollo adoptada por cada país.
Ese es, a
mi juicio, el aporte más original del artículo.
Y una
última observación: el texto conserva un estilo muy reconocible suyo. Se
advierte la mirada de un ingeniero interesado por la geopolítica y las grandes
transformaciones económicas de largo plazo: las infraestructuras, la
organización del territorio, la productividad y la evolución en la
globalización aparecen como un hilo conductor permanente. Esa coherencia
intelectual le da identidad propia al trabajo y hace que no sea un mero resumen
descriptivo, sino un ensayo con una tesis definida y una perspectiva personal.