lunes, 1 de mayo de 2017




Economía y Política

¿Hay un regreso a la pre-globalización?

Están ocurriendo hechos trascendentes, aquí y afuera. Algunos de ellos adquieren notoriedad, ocupan la primera plana de los diarios, y son motivo de análisis y extensos debates en los distintos medios; otros pasan inadvertidos.

DOM 26 DE MARZO DE 2017
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Proteccionismo
Por Alberto Ford

Se registren o no, esos eventos marcan el ritmo y dan tono a los acontecimientos. Por ejemplo, la semana pasada, en Baden-Baden, Alemania, tuvo lugar un encuentro de ministros de finanzas y presidentes de bancos centrales de los integrantes del G20. La sombra de Trump terminó condicionando los resultados: en contra de los principios del Grupo y por imposición de la delegación norteamericana, de la declaración final fue excluida la habitual condena al proteccionismo.

¿Un regreso a la pre-globalización? En verdad no hay ninguna marcha atrás y todo lo que hace el presidente de pelo color zanahoria está totalmente en línea con la última fase de la globalización, la que se propone incluir a los que todavía no se han beneficiado con sus frutos.
Eso vale para la política de inmigración, la vuelta de capitales, recuperar parte de la industria nacional, y la compulsiva construcción de infraestructura, una política esta última de neto corte neo-keynesiano. Cosas que también pasan aquí, salvo el proteccionismo que tendrá un tratamiento distinto. Así, mientras nuestro país comienza a poner trabas a la inmigración descontrolada, los capitales regresan raudos para ser invertidos (el blanqueo a un tris de finalizar alcanza la friolera de U$S 100.000 millones); los planes de infraestructura ya en construcción no tienen antecedentes en la historia por tres razones de peso: su envergadura, la lógica sistémica con que están concebidos, y la transparencia de las contrataciones.
Al mismo tiempo, se trata de ir abriendo nuestra economía al mundo sobre la base de la competitividad y la innovación.  El proteccionismo, causante principal de la agobiante decadencia argentina, irá siendo desactivado. Todo esto pasa en un ambiente enrarecido. El gobierno de Cambiemos tiene más consenso afuera que adentro. Hay un desgaste por la metabolización de la herencia, no solo del peronismo; también proveniente de toda una historia de desaciertos (la decadencia educacional es uno de los ejemplos más dramáticos). Pero se están tomando medidas inéditas referidas al sindicalismo corrupto y al empresariado prebendario las que no dejan de tener su costo político. A pesar de todo el "desorden", los melones se irán acomodando con el andar: el triunfo de Cambiemos en las elecciones de este año será la consecuencia de una combinación virtuosa y sinérgica de esa no fácil de encasillar constelación de factores.

La marcha de la globalización

La victoria de Donald Trump ha disparado una nueva situación en el mundo. El escenario abierto, aun en despliegue, aparenta ser de mayor trascendencia que el vivido a partir de la crisis del 2008. Se cuestionan valores establecidos como la apertura de las sociedades nacionales. Cunden las amenazas contra los inmigrantes y se levantan vallados para impedir su libre circulación. En el plano de la retórica se discute sobre el significado de nociones comúnmente aceptadas en el mundo de hoy. Un caso flagrante es el de la globalización. Cabe la pregunta: ¿se puede retroceder de un cambio que ya lleva más de cuatro décadas, lo que ha dado lugar a un mundo consolidado notoriamente por encima de los estados nacionales?
Un semanario alemán publicó a fin del año pasado un texto conjunto de Merkel y Obama, en el que afirman que "hoy nos encontramos en una encrucijada: el futuro está sobre nosotros, y nunca volveremos a una economía pre-globalizada..." Seguidamente, la canciller remarcó en una conferencia de prensa que "no volveremos a los viejos tiempos" con referencia a ese estado potencial de "pre-globalización", una tipificación conceptual sin duda referida a las amenazas preelectorales de Trump. Las preocupaciones, expresada a ese nivel, ameritan algunos comentarios.
La globalización (G, desde ahora) es un emergente multidimensional en el transcurso de la sociedad humana. Como tantas otras eras (edades) de las que nos cuenta la historia, tiene antecedentes que facilitan su alumbramiento. Es un producto de la revolución científico- tecnológica. Son dos las disciplinas de mayor protagonismo en el proceso de gestación: las matemáticas y la computación. En el momento que esas herramientas permiten elaborar modelos de alcance planetario, ser procesados (simulados), y dar lugar a modelos operativos (hojas de ruta), se hace posible el gerenciamiento compartido de los recursos del mundo necesarios para la vida.
Es ahí donde nace G. Esa sinergia de matriz transdisciplinaria y alto potencial intelectual toma forma en la década de los setenta del siglo pasado, en el momento en que el ser humano sale del seno materno y comienza a internarse en el espacio celeste. En ese sentido G es un cuerpo vivo: nace, crece y se desarrolla. Al igual que nosotros, no puede regresar a la vida intrauterina. El sentido común y un abordaje científico lo certifican. Último y no menos importante, el 80% de la producción mundial de bienes y servicios, está globalizada. Esa masa actúa transfrontera, sus estacionamientos son blancos móviles, y no pueden ser afectados desde la ciudadela nacional. Es una incumbencia del G20 que desde 2008 viene dedicando buena parte de sus preocupaciones para controlar ese desenvolvimiento.

Proteccionismo y crecimiento

El proteccionismo no es malo en sí mismo como lo es su uso indiscriminado (transitorio/permanente). Igual que los cuidados a un bebé, la industria naciente amerita ser incubada con los cuidados que ello reporta. Por su parte, la producción global se debate en una crisis de crecimiento: cuánto robotizar sin perder consumidores. Es una paradoja. Las paradojas no tienen solución en el plano en que se revelan. Se hace necesaria la configuración de otro plano donde las variables enfrentadas puedan discurrir: es el de la vuelta al trabajo nacional en su medida y armoniosamente. Sin abdicar de la tecnología (hoy las zanjas se hacen con retroexcavadoras).
Trump conduce una ambulancia que se propone levantar los heridos que dejó el brutal traspaso de áreas productivas íntegras de EE.UU a China en los inicios de la G. ¿Era dable pensar que esa movida que se fue dando a partir de los años setenta -sin duda la mayor operación logística de la historia- no tendría costos?
Los excluidos aportaron fuertemente a la victoria de Trump. Sin embargo, el estado de un sector social en esas condiciones no es el mismo en los EE.UU que en África por más que el descontento no tenga fronteras. En materia de malestar, el continente negro está en el podio: contiene una mayoría de los 700/1000 millones de indigentes que en el mundo aún no han tenido acceso a los frutos de la globalización (por cierto no a la telefonía móvil -lo cual no es poco- pero sí a una vida sustentada en la generación de recursos proveniente del trabajo digno y no en la dádiva populista).
Entonces, el foco en la pobreza lo pone el G20. De su agenda, la situación del continente negro es el único tema que rompe con una tradición de no involucrarse en cuestiones no fundamentales. Sin duda, África es una metáfora. En otro trabajo hemos visto como los chinos financian y construyen infraestructura en las costas del Índico como parte de una apuesta estratégica. Al mismo tiempo, ocupa una parte medular del discurso del Papa Francisco, y su movida ?interpretada no pocas veces solo desde la forma- transita principalmente por ese andarivel pastoral.
Todo este proceso tiene una lógica sistémica que, a pesar de su enorme complejidad, cae por su propio peso. Descorriendo los velos de una realidad a veces esquiva, veremos que en su transcurso los asuntos globales por venir estarán fuertemente condicionados por este objetivo de auto-interés de la producción global por incorporar a todos los seres humanos como consumidores.

Repercusiones locales

Argentina va en contracorriente. Mientras que en otros lugares se amenaza con el cierre de las economías, en nuestro país se viene dando una política de creciente apertura. No es para menos. La decadencia nacional de los últimos 80 años, de la que hemos empezado a salir con Cambiemos, se puede medir en términos concretos. Los números no mienten.
Nuestro país ocupa el primer lugar global (somos los campeones) en materia de proteccionismo. En general hay una tendencia a abrir las economías desde 2008. No es nuestro caso. Sobre todo en el último período, donde el mundo relevante nos fue dando la espalda. Sin embargo, sería limitado culpar de ello solo al peronismo aunque, huelga decirlo, el partido de Perón ha sido el adalid en materia de aislamiento y conflictividad internacional.
El vector de la decadencia, ha atravesado horizontalmente durante la última parte de nuestra historia, en mayor o menor medida, la casi totalidad de las gestiones habidas desde los años treinta del siglo pasado. La responsabilidad no ha sido del "populismo" ?un concepto viral multipropósito usado como atajo para eludir el análisis serio de los problemas- sino de una forma de pensar que aún sigue siendo preponderante en nuestro medio: la que deriva de una concepción nacionalista burguesa del desarrollo.
No siempre revelado con nitidez ?tal vez debido a que ha caído en desuso como marco teórico-, el nacionalismo burgués es la ideología que identifica a las élites de nuestras principales corporaciones: sindicatos, empresarios, fuerzas armadas, sistema político, medios de comunicación, iglesia, sistema académico, etc. Eso se pondría en evidencia, por ejemplo, con una simple encuesta de posicionamiento frente al estado y sus funciones.
El proteccionismo -enemigo de la innovación de una industria que reniega de aprovechar nuestras ventajas comparativas y competitivas- ganaría por afano. Igual resultado se obtendría con una ponderación colectiva de otras variables: producción sustitutiva (ignorando irresponsablemente la división internacional del trabajo), defensa del empleo público (atentando contra la inversión y la creación de trabajo genuino y sustentable), centralismo causante de desequilibrio territorial y demográfico, estado empresario (defensa irracional de las empresas del estado), desidia en la diagramación de un esquema de transporte moderno, docentes sin vocación de actualizar un sistema obsoleto a los que les interesa solo el sueldo, aquiescencia en torno de prácticas corruptivas a todo nivel? y la grilla de factores causantes de la decadencia nacional podría continuar.
Estamos en el fin de un ciclo que ha grabado en forma indeleble las huellas de la renuencia al progreso en el imaginario de una parte sustancial de la sociedad.

Dos posiciones enfrentadas

La virulencia, el desorden, la irracionalidad y el sinsentido de las luchas de estos días, son una manifestación de lo anterior: un enfrentamiento entre una posición ideológica aún mayoritaria, encarnada en los promotores de dichas luchas, y otra en proceso de gestación ?en el gobierno, y en importantes sectores de la clase media en la ciudad aunque no con perfiles del todo nítidos como sí lo son los del campo- pero que sin embargo tiene desplegados los alerones en el sentido de G. Y ese posicionamiento en las relaciones de fuerzas preanuncia un desenlace más temprano que tarde?
El gobierno tiene que ganar tiempo para llevar adelante un proyecto tendiente a globalizar la Argentina. Para ello debe mantener la paz social y dar todo lo necesario para administrar los conflictos inevitables (como lo viene haciendo al punto de que ahora se hace más "asistencialismo" que antes). Pero hay una diferencia. Una cosa era el desenfreno K en el reparto irresponsable de recursos a costa de las reservas del Banco Central para favorecer "el consumo como motor" de la economía. Y otra, en un curso de estabilización y crecimiento como el actual, pilotear la situación con endeudamiento, sintiendo el aval y la contención internacional.

De cualquier manera, el crecimiento del déficit fiscal con Cambiemos no es inmanejable (es bastante menor al de Brasil y a nivel global se sitúa en la franja del medio junto a países como España, India, Japón, Rusia, etc.).
Se dice que no hay inversiones. El año pasado solo a proyectos energéticos se destinaron U$S 6.000 millones y este año U$S 10.000 millones.
El blanqueo de capitales, alentado por los Panamá Papers y otros mecanismos de transparencia global, hizo posible el regreso al país de la friolera de U$S 120.000 millones que ahorristas, especuladores y ladrones nacionales habían expatriado en los últimos años.
Esos dólares no se pueden guardar en el colchón ni mantenerlos improductivos en cajas de seguridad. La secuencia es la siguiente. Primero la compra de bonos, acciones y propiedades. Luego la construcción de diversas formas de infraestructura con financiamiento privado y público-privado según los mecanismos aprobados por ley para ese tipo de proyectos conjuntos. Finalmente, vendrán los emprendimientos para la producción de bienes y servicios. Ese proceso ya se ha puesto en marcha. Aunque, se sabe, hay un pero: si bien los inversores están a la espera del juzgamiento y posterior encierro de Cristina Fernández ?como alertó Felipe González a Macri en el último viaje presidencial a la madre patria- finalmente los procedimientos tendrán el corolario que estamos anhelando.
En todo caso, desde el momento del anuncio de una inversión destinada a proyectos de bienes y servicios (que son los que interesan porque crean trabajo) hasta que la producción se pone en marcha hay una serie de pasos ineludibles que llevan su tiempo.
El triunfo de Cambiemos en la elecciones de medio término, que tendrán lugar en la segunda parte del año, se sustentará en la sinergia generada por una combinación virtuosa de diversos factores de procedencia exógena y endógena. El resultado agudizará la crisis del peronismo que se dirige inexorablemente a su desaparición, un final previsto desde hace algunos años en distintos trabajos de mi autoría. El peronismo de Cristina ha devenido en una cristalización que se irá esmerilando con los sucesivos turnos electorales. Dejando al kirchnerismo de lado por su carácter residual, el resto de los peronistas (con los que tendremos que convivir por un tiempo mayor que con el menemismo) con intención de salvarse, tendrán que tener paciencia: este año ni siquiera podrán mostrar cabezas de lista competitivas.
Massa y Randazzo son vulnerables por su participación ominosa en los gobiernos kirchneristas. Hasta donde se ve, Urtubey se reservará; tiene mejores perspectivas de crecimiento que ningún otro peronista de los que se ofrecen hoy en el mercado de las candidaturas. Sin embargo, con el tiempo, el peronismo se terminará sublimando en un polo en el que convivirán todos los que hoy se van nucleando alrededor del massismo, sumados a no-peronistas del andarivel progresista.
Son sectores que hoy están desconcertados por la inevitabilidad de un cambio que no terminan de asumir y entender, aunque intuyen que también los afectará. Pero ese producto ya no será peronismo explícito según lo concibieron sus padres fundadores. Los partidos, grupos y personalidades que lo integren solo podrán ejercer su identidad en tanto la asuman como parte de un sistema coherente pero diversificado, al estilo de lo que ya ocurre con Cambiemos.
El proceso refundacional abierto en nuestro país no tiene retorno. El día que alguien se decidiera a cambiar las cosas de fondo sin necesidad de una nueva batalla de Caseros (ya hemos sufrido suficiente violencia), la resistencia sería enconada pero sin destino. Ese día ha llegado.



Comentarios de los lectores

viernes, 28 de abril de 2017

Clarín no miente.

Lo que tienen estos momentos de crisis –Argentina está claramente en una crisis de crecimiento y modernización- es la forma en que se vuelven nítidas las posiciones ideológicas. Veamos si no una nota de Marcelo Bonelli publicada en Clarín de hoy. Dice el periodista económico: “Esos desajustes [se refiere a lo que denomina “los fuertes desequilibrios” macroeconómicos”] son los que generan inflación, recesión y atraso cambiario. Así nadie invierte en serio en Argentina y menos si Federico Sturzenegger quiere encorsetar los desequilibrios solo aumentando la tasa de interés. Esa preocupación la escribieron 17 importantes empresarios fabriles, en una carta reservada que le enviaron el lunes a Héctor Méndez. Tiene dos carillas y en su texto pedían a Miguel Acevedo -o al propio Méndez -que acepte ya conducir la Unión Industrial”. Clarín y su periodista estrella defienden la posición nacionalista-burguesa de la cúpula de la UIA, ideología que es la principal responsable de la decadencia argentina y que se expresa en un empresariado prebendario y renuente a la innovación. Es mentira que no haya inversiones hoy en la Argentina. Las hay y son considerables: en energía año ya se han inversito U$S 8.000 millones, y ni hablar de los 60.000 millones de dólares que los chacareros ya han enterrado, y los U$S 120.000 x 106 del blanqueo que por diversos caminos, cambiantes, se están invirtiendo. La economía se está reactivando y la inflación ya bajó a la mitad desde el 40% del año pasado al 20% actual… y lo seguirá haciendo indefectiblemente. Otros industriales –no renuentes a la innovación y que pueden prosperar prescindiendo de la teta del estado- han planteado la importancia de lo que el gobierno está haciendo en materia de infraestructura –el plan más grande de la historia argentina- para que sus empresas puedan abrirse al mundo sobre la base de incrementar la competitividad y no de aranceles que protegen el atraso y la corruptela. Clarín no miente. Es lo más sincero que hay hoy en el periodismo argentino: defiende sin tapujos una posición de encierro refractaria a los influjos de la globalización.  https://www.clarin.com/opinion/apoyo-trump-reemplaza-necesidad-plan-economico_0_SyhoCkx1b.html

domingo, 23 de abril de 2017

El G20 será uno de los eventos más importantes de la historia para Argentina con innumerables desafíos y oportunidades


La Plata - El ingeniero Alberto Ford, analista y consultor internacional, miembro del Área de Relaciones Globales del Honorable Senado bonaerense participó en Mundo 96, donde el pensamiento es una invitación a la acción colectiva, para realizar una aproximación al G 20 ,que a partir del próximo diciembre presidirá la Argentina y promete ser uno de los eventos más importante de la historia, generando oportunidades y desafíos inéditos, en el camino a una gobernabilidad más centralizada a nivel global.

El Ingeniero Alberto Ford, experto en análisis, explicó en una primera de varias columnas que desarrollará en "Mundo 96", -el nuevo ciclo que se emite los domingos a las 10 con la conducción de Ricardo Ferrer Picado  por Radio 96.7, con réplica en CostodeVida.com.ar e ImpulsoBaires.com.ar y Radio96.com.ar-, el funcionamiento del G 20 al que calificó como una “rara avis” ya que no tiene sede, estructura ni presupuesto, no tiene programas ni toma decisiones, pero sin embargo, sus recomendaciones tienen un peso enorme y decisivo en la escena global.  Simplemente, porque los países que integran el G20 representan dos tercios de la población mundial y el 85 por ciento del PBI mundial. Es decir están los principales actores, incluso sin integrarlo el Vaticano, ha sido protagónica la participación del papa Francisco, que ha seguido muy activamente las cumbres de los últimos años, muy activamente, con cartas, entrevistas,  etc.
El G 20 es un desafío para la nueva ciencia política, ya que es un espacio de convergencia consensual que opera en lo más alto de la pirámide del mundo global, y  en principio así debe ser visto. Está integrado por diecinueve países  y la Unión Europea, y no se ocupa solo de los aspectos económicos y financieros, sino que tiene una agenda muy importante y ampliada, que refleja una problemática de gobernabilidad, como si estuviera preparando al mundo para una gobernabilidad más centralizada, a nivel global.

El rol en el evento más importante de la historia de la República Argentina

Sabemos cuándo visita al país un líder global lo que genera, es imaginable lo que sucede si vienen veinte o más juntos.  Cuando estuvo Obama por seis horas en Bariloche movió tres aviones y 300 agentes del servicio secretos, por lo que hay que imaginar lo que serán Putin, Xi Xinping, Merkel, entre otros, sumados.
Nunca habrá habido en la Argentina una reunión de estas características. Y, es un gran desafío porque se sitúa a la Argentina en la vidriera por un período que abarca más que una cumbre que es un año. Además, el país estuvo excluido por mucho tiempo de la escena global, y reaparece con un papel protagónico.
Se toma desde diciembre, la presidencia del espacio por un año para organizar su cumbre a mitad del año que viene (2018).
El G20 funciona a través de grupos que ahora funcionan en Alemania activamente, ya que es el país que ejerce la presidencia.  Tienen  participación de todos los países, y hay reuniones ministeriales y los grupos de compromiso, sobre agricultura, relaciones exteriores, finanzas, la ciencia, los temas de la digitalización, de la mujer, de los negocios, del comercio y el trabajo, la salud, los thinks tanks, ya que cada país pone sus grandes referentes para analizar los que pasa en el mundo, y una novedad que ha introducido Alemania, que es priorizar la cuestión del África; que sería una metáfora de lo que sería la culminación del proceso de globalización en un lugar donde la pobreza es extrema. El único miembro del G20 por este continente es Sudáfrica, aunque ya Alemania ha hecho una reunión importantísima a comienzos de febrero, donde Alemania llevó a sus mejores cuadros y participaron los países africanos en su totalidad, para hacer una labor de creación de infraestructura, sobre todo en la parte del Índico donde esta activamente influyendo China, ya que la parte del Océano Atlántico aun está esperando, a ver quien juega ese papel. Se están, poniendo una enorme cantidad de recursos, no sólo financieros, tecnológicos y organizacionales para generar condiciones de crecimiento y desarrollo.

El libre cambio y libre comercio, herramientas del G 20

Ha sido lo de Trump una sorpresa o no, según como se lo mire, en cuanto a su proclamado proteccionismo y que China sea quien lo propugne. Efectivamente, el G 20 es un abanderado del libre cambio y sobre todo el libre comercio como un factor de desarrollo global. Habría que verlo con alguna óptica diferenciada, ya que tampoco Trump está haciendo todo lo que dijo haría y el terreno no se ha desplegado aun.
De manera que, habría que ver algún tipo de  perspectivas que se pueden generar no de proteccionismo nacional que ya está fuera de las posibilidades sino a través de convenios o acuerdos más continentales o hemisféricos, que generen condiciones de cierta protección, sobre todo en la generación de mano de obra que  tiene que ver con la inclusión, ya que todavía hay mil millones de personas que están fuera de la globalización. Es un tema que no parece ser decisivo o definitorio ni tener la importancia que se le ha dado, en todo caso hay que esperar; lo que sí no se va a volver al proteccionismo nacional de ninguna manera y está totalmente descartado.
Es muy difícil visualizar un aislamiento como el actual de Corea del Norte lo que fue hace unas décadas Albania, sino imposible e impensable.


Argentina y Brasil en el G20. Las oportunidades



Están en marcha todo tipo de acuerdos regionales, con Brasil no hay grandes diferencias de lo que vinimos rayendo con sus posibilidades enormes y las dificultades que siempre hay; el salto es el acuerdo con el Pacífico, eso tal vez será lo más importante ya que abre al Asia Pacífico que es donde está casi toda la población mundial y son mercados enormes apetecibles para cualquier país. 
Para la Argentina, es una oportunidad fantástica. Como afirmé al principio, es salir del aislamiento y jugar un rol que alguna vez se jugó en el concierto global y es todo una responsabilidad que naturalmente en la medida que se actúe a la altura, abrirá oportunidades que pueden  ser muy útil no solo para nuestro crecimiento sino también para el desarrollo.

lunes, 17 de abril de 2017

Punto de vista profano

La economía es un asunto demasiado serio como para dejarla en manos de los economistas. Pero bueno, se hace pan con la harina que se tiene. Lo que sigue es el breve ensayo de un ingeniero cansado de escuchar siempre las mismas cosas como si el tiempo se hubiera detenido. La tesis del trabajo es que lo dominante en el actual momento del país es el nuevo de contexto. Aunque parezca una redundancia, el verdadero factor reconfigurante de la realidad, el responsable de todo lo que está pasando, es el mismo cambio de situación. Todo lo demás se subordina a esta sorpresa (¿inesperada?) que es el primer gobierno de Cambiemos, incluso la disciplina económica. Así, explicaciones y marcos teóricos usados en el pasado con mayor o menor éxito deben ser sometidos a un restyling. Variables como tasa de interés, inflación, apreciación del peso a costa del dólar, déficit fiscal, endeudamiento externo, inversión y crecimiento, etc., deben ser rediseñados y usadas de una manera distinta a como se lo ha venido haciendo. Así podremos tener diagnósticos más certeros de dónde está parado el país, y qué es lo que se puede esperar en un futuro más o menos cercano. De lo contrario, los análisis serán hechos con el diario del lunes en la mano, sin ninguna proyección más allá del instante.

Es noticia por estos días el aumento por parte del Banco Central de la tasa de interés de 24,75% a 26,5%; también lo es que la inflación de marzo subió 2,4 %. Los guarismos, informados sin anestesia, han dado lugar a comentarios enfrentados. El gobierno defiende la posición con uñas y dientes, y la oposición trata de sacar partido en el año electoral. Por su parte, los comunicadores transitan por la ancha avenida del medio dando aire a todas las voces.

Al respecto, hay una preocupación compartida, incluso -se dice- en algunas franjas del oficialismo: estriba en que la medida de la autoridad monetaria supuestamente traba la inversión lo que a su vez condicionaría el crecimiento…en momentos en que la economía comienza a mostrar algunos brotes. Es más, desde ADEBA y la UIA, se encienden luces de alarma porque “no entienden una contradicción inquietante: que convivan una desbordada política fiscal y, a la vez, una restrictiva política monetaria” según informa Clarín en una nota reciente del periodista Marcelo Bonelli que tampoco resuelve la contradicción.

En fin, son unas cuantas caras del poliedro que se condicionan: tasa, inflación, apreciación del peso a costa del dólar, déficit fiscal, endeudamiento externo, inversión y crecimiento, etc., etc. No es fácil abordar el intríngulis, y las múltiples propuestas de solución que se hacen no logran disimular el desconcierto de los analistas. Sin embargo, la dificultad para enfocar el problema no radicaría tanto en la cantidad de variables de la ecuación (que al final son unas pocas, no todas actúan al mismo tiempo ni reaccionan al toque) sino en otra cuestión que escapa a la ciencia económica: el cambio de contexto que está afectando a nuestro país.

Una voz que se destaca (por lo destemplada) es la del industrial y dirigente de la UIA, Ignacio de Mendiguren. Acerca de la situación actual, con dólar bajo, inflación alta y suba de tasas, el empresario dijo: "es el trípode de la muerte para la producción…esto se llama bicicleta financiera…esto significa que entran los capitales, pero acá no llovieron dólares, llovió la deuda. Y es una deuda que no viene a producir bienes", afirmó el también legislador nacional (ver: http://www.nortesocial.com.ar/noticia-norte-social.php?IdNoticia=1045). Más allá de la metáfora un tanto macabra, el párrafo de Mendiguren, que tañe al mismo tiempo todas las campanas, es bastante representativo de una forma de ver las cosas. Sin caer en una actitud “analítica”, separando artificialmente aspectos de la realidad que forman un conjunto, haré algunos comentarios al respecto.

Una vez cada tanto

La Argentina ha entrado en una nueva fase de su historia. La actualidad solo puede ser comparada (isomorfismo) con lo que sucedió luego de la caída de Rosas en Caseros. Es cuando se crean las condiciones para el llamado periodo de organización nacional y se abre la tranquera para comenzar a recorrer el “primer ciclo largo de crecimiento”. Ese proceso -en el que la Generación del 80 tuvo una papel protagónico- finaliza en la década del treinta del siglo XX al desaparecer las condiciones que dieron vida al modelo agroexportador. A partir de ese momento, la Argentina se desliza raudamente, sin escalas, por el tobogán de la decadencia hasta nuestros días en que hemos tocado fondo. Pero no hay mal que dure cien años. Hoy, todos los datos de la realidad -sobre todo lo referido al rol de los factores exógenos que son los que actúan decisivamente en estas emergencias- indican, para una mirada prospectiva, que hemos iniciado el “segundo ciclo largo de crecimiento”. Puede parecer traído de los cabellos postular un cambio tan repentino, Pero bueno, las cosas en la era del “tiempo real” son así. Mientras que desde la huida de Rosas a Inglaterra luego de la derrota sufrida en Caseros hasta la asunción de Mitre en 1862 pasaron 10 años, el triunfo de Trump, en noviembre pasado, abrió de golpe una nueva fase en el desenvolvimiento de la globalización, y nadie dice lo contrario.

La mutación que estamos presenciando en el devenir histórico de nuestro país no es menor ni sus efectos fácilmente soslayables. Ello significa nada menos que toda la experiencia acumulada y los marcos teóricos vigentes en el periodo de la decadencia, deben ser sometidos a un restyling para ponerlos a tono con los nuevos vientos que corren. Veamos algunos ejemplos de la realidad a modo de provocación.

1.       Déficit fiscal. Si en el pasado lo fue, hoy no necesariamente implica una situación inmanejable el aumento del gasto público. Lo fundamental para la instalación de un nuevo modelo es mantener la paz social. Eso permite ganar tiempo mientras se corrige lo que hay que corregir y hacer lo que hay que hacer. Es la única manera en que se pueden generar nuevas condiciones en el manejo de la cosa pública. Eso necesariamente implica gradualismo y programas sociales de mayor alcance que los del peronismo, mientras se van generando condiciones para el trabajo genuino. Todas las otras recetas han sido ensayadas en los largos años de la decadencia y no han dado resultados satisfactorios. No hay plan B. En cualquier caso, nuestro déficit de entre 4 y 5 puntos del PBI, es mucho menor al de Brasil, y se ubica en la zona intermedia del mundo donde están países como España, Japón, Rusia, India y otros comparables. (ver: http://www.datosmacro.com/deficit)

2.       Deuda externa. El déficit se debe manejar acudiendo al endeudamiento externo tanto como sea necesaria de acuerdo a las pautas establecidas en el acápite anterior. Endeudarse ahora no es lo mismo que en los setenta. El endeudamiento que afectó a decenas de países por aquellos años, que se financió con la liquidez generada por el aumento del precio del petróleo en 1973/4, generó las condiciones para los sucesivos ajustes que se fueron dando, a la larga inspirados en el Consenso de Washington. Siempre las deudas condicionan. También ahora hay un ajuste en curso en nuestro país, pero será gradual, con los menores costos en los sectores carenciados, y para provocar un cambio de paradigma en la dirección y el sentido del desarrollo global. Por eso se impone preservar la tranquilidad mientras se prepara a la sociedad para el cambio. No quiere decir que haya que despilfarrar, ni mucho menos, pero se da una situación propia de los nuevos tiempos: como solo no robar, ni dar libre cauce a la corrupción implicada en la manipulación de los planes como durante el peronismo, el gasto se mantiene a niveles no preocupantes.

3.       Inflación. Cumplir las metas es fundamental. El aumento de los precios impacta en tiempo real en las arcas de todas las familias con independencia de su nivel socio económico. Además, bajarla es una manifestación de legitimación inconmensurable. Veamos: en 2016 la inflación anduvo por el 40%; este año va a estar por debajo del 20%, ¡la mitad! Entonces, las tasas se deben manipular lo que sea necesario para mantener baja la inflación.

4.       Inversiones. La lluvia dólares ya se produjo y en menos de un año. El solo amague de los Panamá Papers provocó la vuelta al país de U$S ¡120.000.000.000! (en letras: CIENTO VEINTE MIL MILLONES DE DÓLARES). ¡Estos sí que se comieron el amague! Obviamente esa plata no puede permanecer en los colchones ni en cajas de seguridad. Inicialmente, van a bonos, acciones y propiedades. Luego irán a infraestructura con el PPP (public private partnership). Y finalmente caerán por su propio peso en inversiones productivas. Tres salvedades:1) para invertir, hacen falta proyectos que escasean, 2) habiendo proyectos se necesita la infraestructura adecuada con respecto a lo cual se está haciendo lo que hay que hacer, 3) los proyectos tienen un layout que los guía; llevan tu tiempo. No es como la valija de Antonini Wilson cuyo contenido se realiza en unas pocas horas… Por su parte, las inversiones prometidas de empresas sobre todo extranjeras ya instaladas serán concretadas escrupulosamente (no hay ninguna razón para que los anuncios no se cumplan cuando se juega el prestigio). Último pero no menos importante, el campo entierra todos los años alrededor de 60.000 millones de dólares.

5.       Dólar. No parece estar mal la cosa. Las reservas del Banco Central ya quintuplicaron lo que dejó el peronismo luego de la fiesta. Seguirán subiendo. Preocupados por la cotización, no he visto a las corridas una gran mayoría de gente. Con respecto al “trípode de la muerte” recién mencionado, una de sus patas es el dólar bajo que afecta a la producción. Acá cabe hilar un poco más fino.

6.        Industria. Lo dijo con todas las letras Pancho Cabrera, ministro de la producción: “Estamos para hacer más productiva la Argentina, no la industria" según informa Francisco Olivera en una reciente nota en el diario La Nación para quien “en la frase está el modelo”. Efectivamente, toda una tradición de industriales prebendarios y renuentes a la innovación, han sido los responsables de la decadencia argentina. Con el sambenito de “defender las fuentes de trabajo” -en estrecho maridaje con el sindicalismo corrupto- la Argentina, que arrancó hace 100 años por adelante de Canadá y Australia y varios países europeos más, hoy les lee la patente. Entonces no se puede volver a hacer lo mismo que se vino haciendo y esperar resultados distintos. Un proyecto de país debe apostar a los sectores más competitivos de la producción que no son los que están en la UIA. En primer lugar todo lo que gira alrededor del campo, la agroindustria, agroservicios y agroalimentos, empresas exitosas (unicornios), centenares de miles de emprendedores innovativos en bienes y servicios que se insertan en la escena global sin necesidad de proteccionismo (debe haberlo en forma transitoria en los casos que sea necesario para incubar al recién nacido)… La libertad de mercado implica que cada quien puede producir lo que se le ocurra en tanto cumpla con la normativa, pero el estado tiene la obligación de cuidar, promover y asistir a todos aquellos sectores que le permitan recuperar terreno a la Argentina para irse ubicando en el nivel de los países europeos desarrollados.

Este gobierno, en el inicio de una fase inédita, no puede haber venido para hacer las mismas cosas que han hecho los peronistas o defender todo aquello que provocó la decadencia. No vino para levantar las persianas de empresas obsoletas bajo el supuesto mentiroso de defender los puestos de trabajo. Tampoco para apañar la concentración industrial en un pequeño entorno como expresión de un desequilibrio territorial que es la madre y el padre de los problemas estructurales de nuestro país. Cambiemos se ha puesto de pie para construir un país del siglo XXI, apoyado en un federalismo no retórico, potenciando sus ventajas comparativas y competitivas, y abierto al mundo para aprovechar las enormes posibilidades que ofrece la globalización en tanto se sepa cómo hacerlo.

Ing. Alberto Ford

La Plata, 16 de abril de 2017

domingo, 26 de marzo de 2017


¿Pre-globalización?
publicado en Revista Mercado
https://mercado.com.ar/economia-y-politica/hay-un-regreso-a-la-pre-globalizacion/?fbclid=IwAR0_DtpDbn1oxJI9_bekwB7ebauBT8rwEXSrEzlkTSvcSk87BX_C6q82A2o


Están ocurriendo hechos trascendentes, aquí y afuera. Algunos de ellos adquieren notoriedad, ocupan la primera plana de los diarios, y son motivo de análisis y extensos debates en los distintos medios; otros pasan inadvertidos. Se registren o no, esos eventos marcan el ritmo y dan tono a los acontecimientos. Por ejemplo, la semana pasada, en Baden-Baden, Alemania, tuvo lugar un encuentro de ministros de finanzas y presidentes de bancos centrales de los integrantes del G20. La sombra de Trump terminó condicionando los resultados: en contra de los principios del Grupo y por imposición de la delegación norteamericana, de la declaración final fue excluida la habitual condena al proteccionismo. ¿Un regreso a la pre-globalización? En el trabajo veremos que no hay ninguna marcha atrás y que todo lo que hace el presidente de pelo color zanahoria está totalmente en línea con la última fase de la globalización, la que se propone incluir a los que todavía no se han beneficiado con sus frutos. Eso vale para la política de inmigración, la vuelta de capitales, recuperar parte de la industria nacional, y la compulsiva construcción de infraestructura, una política esta última de neto corte neo-keynesiano. Cosas que también pasan aquí, salvo el proteccionismo que tendrá un tratamiento distinto. Así, mientras nuestro país comienza a poner trabas a la inmigración descontrolada, los capitales regresan raudos para ser invertidos (el blanqueo a un tris de finalizar alcanza la friolera de U$S 100.000 millones), los planes de infraestructura ya en construcción no tienen antecedentes en la historia por tres razones de peso: su envergadura, la lógica sistémica con que están concebidos, y la transparencia de las contrataciones; al mismo tiempo, se trata de ir abriendo nuestra economía al mundo sobre la base de la competitividad y la innovación.  El proteccionismo, causante principal de la agobiante decadencia argentina, irá siendo desactivado. Todo esto pasa en un ambiente enrarecido. El gobierno de Cambiemos tiene más consenso afuera que adentro. Hay un desgaste por la metabolización de la herencia, no solo del peronismo; también proveniente de toda una historia de desaciertos (la decadencia educacional es uno de los ejemplos más dramáticos). Pero se están tomando medidas inéditas referidas al sindicalismo corrupto y al empresariado prebendario las que no dejan de tener su costo político. A pesar de todo el “desorden”, los melones se irán acomodando con el andar: el triunfo de Cambiemos en las elecciones de este año será la consecuencia de una combinación virtuosa y sinérgica de esa no fácil de encasillar constelación de factores.

La marcha de la globalización (G)

La victoria de Trump ha disparado una nueva situación en el mundo. El escenario abierto, aun en despliegue, aparenta ser de mayor trascendencia que el vivido a partir de la crisis del 2008. Se cuestionan valores establecidos como la apertura de las sociedades nacionales. Cunden las amenazas contra los inmigrantes y se levantan vallados para impedir su libre circulación. En el plano de la retórica se discute sobre el significado de nociones comúnmente aceptadas en el mundo de hoy. Un caso flagrante es el de la globalización. Cabe la pregunta: ¿se puede retroceder de un cambio que ya lleva más de cuatro décadas lo que ha dado lugar a un mundo consolidado notoriamente por encima de los estados nacionales?

Un semanario alemán[i] publicó a fin del año pasado un texto conjunto de Merkel y Obama, en el que afirman que “hoy nos encontramos en una encrucijada: el futuro está sobre nosotros, y nunca volveremos a una economía pre-globalizada...“ Seguidamente, la canciller remarcó en una conferencia de prensa que “no volveremos a los viejos tiempos” con referencia a ese estado potencial de “pre-globalización”, una tipificación conceptual sin duda referida a las amenazas preelectorales de Trump. Las preocupaciones, expresada a ese nivel, ameritan algunos comentarios.

La globalización (G) es un emergente multidimensional en el transcurso de la sociedad humana. Como tantas otras eras (edades) de las que nos cuenta la historia, tiene antecedentes que facilitan su alumbramiento. G es un producto de la revolución científico tecnológica. Son dos las disciplinas de mayor protagonismo en el proceso de gestación: las matemáticas y la computación. En el momento que esas herramientas permiten elaborar modelos de alcance planetario, ser procesados (simulados), y dar lugar a modelos operativos (hojas de ruta), se hace posible el gerenciamiento compartido de los recursos del mundo necesarios para la vida. Es ahí donde nace G[ii]. Esa sinergia de matriz transdisciplinaria y alto potencial intelectual toma forma en la década de los setenta del siglo pasado, en el momento que el ser humano sale del seno materno y comienza a internarse en el espacio celeste. En ese sentido G es un cuerpo vivo: nace, crece y se desarrolla. Al igual que nosotros, no puede regresar a la vida intrauterina. El sentido común y un abordaje científico lo certifican. Último y no menos importante, el 80% de la producción mundial de bienes y servicios, está globalizada. Esa masa actúa transfrontera, sus estacionamientos son blancos móviles, y no pueden ser afectados desde la ciudadela nacional. Es una incumbencia del G20 que desde 2008 viene dedicando buena parte de sus preocupaciones para controlar ese desenvolvimiento.

El proteccionismo no es malo en sí mismo como lo es su uso indiscriminado (transitorio/permanente). Igual que los cuidados a un bebé, la industria naciente amerita ser incubada con los cuidados que ello reporta. Por su parte, la producción global se debate en una crisis de crecimiento: cuánto robotizar sin perder consumidores. Es una paradoja. Las paradojas no tienen solución en el plano en que se revelan. Se hace necesaria la configuración de otro plano donde las variables enfrentadas puedan discurrir: es el de la vuelta al trabajo nacional en su medida y armoniosamente. Sin abdicar de la tecnología (hoy las zanjas se hacen con retroexcavadoras).

Trump conduce una ambulancia que se propone levantar los heridos que dejó el brutal traspaso de áreas productivas íntegras de EEUU a China en los inicios de la G. ¿Era dable pensar que esa movida que se fue dando a partir de los setenta -sin duda la mayor operación logística de la historia- no tendría costos? Los excluidos aportaron fuertemente a la victoria de Trump. Sin embargo, el estado de un sector social en esas condiciones no es el mismo en los EEUU que en África por más que el descontento no tenga fronteras. En materia de malestar, el continente negro está en el podio: contiene una mayoría de los 700/1000 millones de indigentes que en el mundo aun no han tenido acceso a los frutos de la globalización (por cierto no a la telefonía móvil -lo cual no es poco- pero sí a una vida sustentada en la generación de recursos proveniente del trabajo digno y no en la dádiva populista).

Volviendo. El foco en la pobreza lo pone el G20. De su agenda, la situación del continente negro es el único tema que rompe con una tradición de no involucrarse en cuestiones no genéricas. Sin duda, África es una metáfora. En otro trabajo hemos visto como los chinos financian y construyen infraestructura en las costas del Índico como parte de un involucramiento estratégico. Al mismo tiempo, ocupa una parte medular del discurso de Francisco, y su movida –interpretada no pocas veces solo desde la forma- transita principalmente por ese andarivel pastoral. Todo este proceso tiene una lógica sistémica que, a pesar de su enorme complejidad, cae por su propio peso. Descorriendo los velos de una realidad a veces esquiva, veremos que en su transcurso los asuntos globales por venir estarán fuertemente condicionados por este objetivo de auto-interés de la producción global por incorporar a todos los seres humanos como consumidores[iii].

Repercusiones locales

Argentina va en contracorriente. Mientras que en otros lugares se amenaza con el cierre de las economías, en nuestro país se viene dando una política de creciente apertura. No es para menos. La decadencia nacional de los últimos 80 años, de la que hemos empezado a salir con Cambiemos, se puede medir en términos concretos. Los números no mienten. El cuadro siguiente integra un informe de la OECD al encuentro del G20 de ministros de finanzas y presidentes de bancos centrales de Baden Baden mencionado ut supra[iv].



Nuestro país ocupa el primer lugar global (somos los campeones) en materia de proteccionismo. Como se ve en el cuadro, en general hay una tendencia a abrir las economías desde 2008. No es nuestro caso. Sobre todo en el último período, donde el mundo relevante nos fue dando la espalda. Sin embargo, sería limitado culpar de ello solo al peronismo aunque, huelga decirlo, el partido de Perón ha sido el adalid en materia de aislamiento y conflictividad internacional. El vector de la decadencia, ha atravesado horizontalmente durante la última parte de nuestra historia, en mayor o menor medida, la casi totalidad de las gestiones habidas desde los años treinta del siglo pasado. La responsabilidad no ha sido del “populismo” –un concepto viral multipropósito usado como atajo para eludir el análisis serio de los problemas- sino de una forma de pensar que aún sigue siendo preponderante en nuestro medio: la que deriva de una concepción nacionalista burguesa del desarrollo.

No siempre revelado con nitidez –tal vez debido a que ha caído en desuso como marco teórico-, el nacionalismo burgués es la ideología que identifica a las élites de nuestras principales corporaciones: sindicatos, empresarios, fuerzas armadas, sistema político, medios de comunicación, iglesia, sistema académico, etc. Eso se pondría en evidencia, por ejemplo, con una simple encuesta de posicionamiento frente al estado y sus funciones. El proteccionismo -enemigo de la innovación de una industria que reniega de aprovechar nuestras ventajas comparativas y competitivas- ganaría por afano. Igual resultado se obtendría con una ponderación colectiva de otras variables: producción sustitutiva (ignorando irresponsablemente la división internacional del trabajo), defensa del empleo público (atentando contra la inversión y la creación de trabajo genuino y sustentable), centralismo causante de desequilibrio territorial y demográfico, estado empresario (defensa irracional de las empresas del estado), desidia en la diagramación de un esquema de transporte moderno, docentes sin vocación de actualizar un sistema obsoleto a los que les interesa solo el sueldo, aquiescencia en torno de prácticas corruptivas a todo nivel… y la grilla de factores causantes de la decadencia nacional podría continuar. Estamos en el fin de un ciclo que ha grabado en forma indeleble en el imaginario de una parte sustancial de una sociedad las huellas de la renuencia al progreso.

La virulencia, el desorden, la irracionalidad y el sinsentido de las luchas de estos días, son una manifestación de lo anterior: un enfrentamiento entre una posición ideológica aún mayoritaria, encarnada en los promotores de dichas luchas, y otra en proceso de gestación –en el gobierno, y en importantes sectores de la clase media en la ciudad aunque no con perfiles del todo nítidos como sí lo son los del campo- pero que sin embargo tiene desplegados los alerones en el sentido de G. Y ese posicionamiento en las relaciones de fuerzas preanuncia un desenlace más temprano que tarde…

El gobierno tiene que ganar tiempo para llevar adelante un proyecto tendiente a globalizar la Argentina. Para ello debe mantener la paz social y dar todo lo necesario para administrar los conflictos inevitables (como lo viene haciendo al punto de que ahora se hace más “asistencialismo” que antes). Pero hay una diferencia[v]. Una cosa es el desenfreno K en el reparto irresponsable de recursos a costa de las reservas del Banco Central para favorecer “el consumo como motor” de la economía[vi]. Y otra, en un curso de estabilización y crecimiento como el actual, pilotear la situación con endeudamiento, sintiendo el aval y la contención internacional. De cualquier manera, el crecimiento del déficit fiscal con Cambiemos no es inmanejable (es bastante menor al de Brasil y a nivel global se sitúa en la franja del medio junto a países como España, India, Japón, Rusia, etc.)[vii].

Se dice que no hay inversiones. El año pasado solo a proyectos energéticos se destinaron U$S 6.000 millones y este año U$S 10.000 millones. El blanqueo de capitales, alentado por los Panamá Papers y otros mecanismos de transparencia global, hizo posible el regreso al país de la friolera de U$S 120.000 millones (¡) que ahorristas, especuladores y ladrones nacionales habían expatriado en los últimos años. Esos dólares no se pueden guardar en el colchón ni mantenerlos improductivos en cajas de seguridad. La secuencia es la siguiente. Primero la compra de bonos, acciones y propiedades. Luego construcción de diversas formas de infraestructura con financiamiento privado y público-privado según los mecanismos aprobados por ley para ese tipo de proyectos conjuntos. Finalmente, vendrán los emprendimientos para la producción de bienes y servicios. Ese proceso ya se ha puesto en marcha. Aunque, se sabe, hay un pero: si bien los inversores están a la espera del juzgamiento y posterior encierro de Cristina –como alertó Felipe González a Macri en el último viaje presidencial a la madre patria- finalmente los procedimientos tendrá el corolario que estamos anhelando. En todo caso, desde el momento del anuncio de una inversión destinada a proyectos de bienes y servicios (que son los que interesan porque crean trabajo) hasta que la producción se pone en marcha hay una serie de pasos ineludibles que llevan su tiempo.

El triunfo de Cambiemos en la elecciones de medio término, que tendrán lugar en la segunda parte del año, se sustentará en la sinergia generada por una combinación virtuosa de diversos factores de procedencia exógena y endógena. El resultado agudizará la crisis del peronismo que se dirige inexorablemente a su desaparición, un final previsto desde hace algunos años en distintos trabajos de mi autoría[viii]. El peronismo de Cristina ha devenido en una cristalización que se irá esmerilando con los sucesivos turnos electorales. Dejando al kirchnerismo de lado por su carácter residual, el resto de los peronistas (con los que tendremos que convivir por un tiempo mayor que con el menemismo) con intención de salvarse, tendrán que tener paciencia: este año ni siquiera podrán mostrar cabezas de lista competitivas.

Massa y Randazzo son vulnerables por su participación ominosa en los gobiernos kirchneristas. Hasta donde se ve, Urtubey se reservará; tiene mejores perspectivas de crecimiento que ningún otro peronista de los que se ofrecen hoy en el mercado de las candidaturas. Sin embargo, con el tiempo, el peronismo se terminará sublimando en un polo en el que convivirán todos los que hoy se van nucleando alrededor del massismo, sumados a no-peronistas del andarivel progresista. Son sectores que hoy están desconcertados por la inevitabilidad de un cambio que no terminan de asumir y de entender, aunque intuyen que también los afectará. Pero ese producto ya no será peronismo explícito según lo concibieron sus padres fundadores. Los partidos, grupos y personalidades que lo integren solo podrán ejercer su identidad en tanto la asuman como parte de un sistema coherente pero diversificado, al estilo de lo que ya ocurre con Cambiemos.

El proceso refundacional abierto en nuestro país no tiene retorno. El día que alguien se decidiera a cambiar las cosas de fondo sin necesidad de una nueva batalla de Caseros (ya hemos sufrido suficiente violencia), la resistencia sería enconada pero sin destino. Ese día ha llegado.

Ing. Alberto Ford
La Plata, marzo de 2017




[i] https://global.handelsblatt.com/opinion/the-future-of-trans-atlantic-relations-645958
[ii] Emerge la prospectiva para decir “el futuro ya no se enfrenta, se construye”. Esos prodigios que tuvieron su fecha de nacimiento en momentos en que se ponía pie en la luna, fueron fruto entre otros de los trabajo de Jay Forrester en el MIT relacionados a la dinámica global. A partir de ahí se pudo gestionar a nivel planetario variables de altísima complejidad como el cambio climático, la marcha del comercio internacional, la administración de los recursos naturales y otros ítems que conforman la agenda global.   
[iii] En 1992 había 1850 millones de pobres, el 35% de la población mundial. Ese porcentaje en 2017 bajó al 10% o sea 705 millones. En lo que va del siglo XXI la clase media mundial se duplicó de 1500 a 3000 millones (¡). Ver estos datos en https://ourworldindata.org/ 
[iv] http://www.g20.utoronto.ca/2017/2017-Germany-G20-policy-paper.pdf
[v] El asistencialismo (“populismo”) de Cambiemos adopta un alto coeficiente de seguridad. El “valor calculado de la capacidad máxima” del sistema para aguantar las demandas socioeconómicas que puedan surgir (cuya respuesta eficaz está dada en gran parte por la magnitud de los recursos internos y externos a los que llegado el caso se puede apelar), debe estar por encima del “requerimiento esperado real a que se verá sometido”, es decir, las demandas extorsivas de las corporaciones sociales, empresarias y sindicales para mantener la tranquilidad en la sociedad en su conjunto. Cuanto más alto sea el coeficiente adoptado, Cambiemos tendrá más margen para acelerar su proceso de transformación. Es por eso que aun distribuyendo más de lo que repartía a manos llenas el gobierno anterior, sus reservas crecen aceleradamente mientras que con el peronismo ocurría lo contrario. 
[vi] Lo siguen sosteniendo. Días pasados en Tres Arroyos el diputado Bossio dijo que “hay que poner en el eje central el consumo, sin dudas el motor de crecimiento”. Ver: http://www.lavozdelpueblo.com.ar/nota-49770-%C3%82%E2%80%9Cel-mundo-va-para-un-lado-y-la-argentina-para-otro%C3%82%E2%80%9D 
[vii] http://www.datosmacro.com/deficit
[viii] Ver “Es el peronismo,…”, un trabajo de marzo de 2014 oportunamente compartido, en  http://ingenieroalbertoford.blogspot.com.ar/2014/04/es-el-peronismo.html

miércoles, 22 de febrero de 2017

Infraestructura global

Ya no serán obras desconectadas, concebidas según los “deseos de la gente” o por necesidades electorales de intendentes y gobernadores. A partir de este momento, cierta infraestructura que se realice en nuestro país con financiamiento internacional -como en cualquier otro lugar del mundo en esas condiciones- responderá en forma más o menos manifiesta a una lógica global inspirada en programas que se mueven en el entorno del G20. Es lo primero que veremos en este trabajo. Lo segundo, para dar una idea concreta de los alcances y la profundidad de esta nueva modalidad de ejercer la gobernabilidad, veremos a vuelo de pájaro cómo se expresa en África donde reside una parte considerable de los pobres del mundo. La globalización por abajo no se puede postergar; urge la incorporación al consumo de un sexto de la población mundial que aún espera engrosar una clase media que ya crece a ritmo acelerado. Se considera, con razón, que los trenes y las carreteras, el manejo del agua, la electricidad, la difusión de las TIC´s, y otras expresiones de infraestructura básica, obrarán en favor de una creciente conectividad entre las regiones y océanos, y de esa manera compatibilizar los diferentes grados de desarrollo. Alemania, a cargo en 2017 de la presidencia del G20, está promoviendo un notorio involucramiento del Grupo con ese continente rezagado.
---o0o---

Me impactó tomar conciencia sobre el proyecto del plan de riego anunciado en los últimos días por el gobierno argentino para la recuperación de 250.000 hectáreas. La inversión prevista es de U$S 1200 millones y los interesados –que actuarán en el marco de la ley de participación público privada (PPP), aprobada el año pasado- son empresas del ramo y agropecuarias. En el país hay 7 millones de hectáreas que pueden ser recuperadas con riego de las cuales hasta ahora solo lo han sido 1,6 millones; la diferencia da una idea del potencial del negocio. El proyecto cuenta con el asesoramiento del Banco Mundial y puede ser comprendido por un conjunto de programas adyacentes al G20.

Básicamente, los programas globales referidos a la infraestructura son cuatro:

·         Global Infrastructure Hub (GIH).
·         Global Infrastructure Facility (GIF) -World Bank
·         Public-Private-Partnership in Infrastructure Resource Center (PPP) -World Bank
·         Centro Anticorrupción del G20.

Fundado en 2014 en la cumbre del G20 de Australia –donde tiene su sede- la función del GIH[i] es controlar la calidad de proyectos de infraestructura potencialmente financiables. Su aprobación les permite contar con un sello de mérito para viabilizar la operación ante los inversores. A los servicios del GIH pueden acceder todos los países sean o no miembros del G20.

Por su parte, Global Infrastructure Facility (GIF)[ii] es una asociación entre gobiernos, bancos multilaterales de desarrollo, sector privado de inversores, financieras. Su tarea es promover una nueva forma de colaborar en la concepción, el diseño y la implementación de proyectos de índole compleja cuya ejecución está más allá de las capacidades de un partícipe individual para concretarla.

Public-Private-Partnership (PPP)[iii] es un mecanismo que se está estableciendo en todos los países del mundo. Tiene que ver de forma más o menos directa con la compulsividad con que se está obligando a la repatriación de capitales (convenios internacionales de transparencia, intercambio de datos bancarios, Panamá papers, Trump, etc.). Inicialmente, el dinero que retornan los ahorristas se destina a la compra de bonos o acciones pero, al final, irá a parar a obras de infraestructura debido a la implementación de políticas de estado que estimulen la conveniencia de orientarlo a ese fin. Tanto la necesidad de obras de infraestructura globales como la liquidez del sistema financiero internacional, público y privado, están en sintonía. La intención de avanzar en ese sentido es pública y se evidencia en el máximo nivel.

Por último, y no menos importante, está la decisión de combatir la corrupción. Ya en la Cumbre 2010 del G20 en Canadá se aprobó la creación del Grupo de Expertos Anticorrupción del G20 (GTAC) cuyos pasos iniciales estuvieron a cargo de Francia e Indonesia para dirigir las deliberaciones de expertos gubernamentales tendientes a adoptar un Plan de Acción. Pero donde el tema alcanzó su mayor relieve fue en la Cumbre 2016 del G20 que tuvo lugar en China. Dando la pauta de una creciente preocupación por el flagelo, fue creado el Centro internacional de lucha contra la corrupción con sede en Pekín[iv]. El Centro está recopilando información para capturar a fugitivos por delitos económicos y confiscar los activos ilegales. Cai Wei, representante de la Comisión Central de Control Disciplinario del Partido Comunista de China, dijo que “el Centro sentaría una base sólida para el estudio de los delitos de corrupción transfronterizos y ofrecería apoyo de inteligencia para combatir la corrupción a nivel global”.

Es previsible una tensión entre los distintos mecanismos creados ad hoc para la erección de infraestructura de alcance global. En primer lugar, esa situación crítica puede ser incentivada por la magnitud del negocio (solo el TGV Pekín-Moscú que ya se está construyendo demanda U$S 250.000 millones!). Segundo, no son descartables luchas de poder entre el sector público de los países, los organismos multilaterales (con tarjeta amarilla) y el sector privado (McKinsey, una de las consultoras más grandes del mundo[v], formó una empresa exactamente igual al GIF del Banco Mundial). Por último, el juego de competencias para que un proyecto se haga bancarizable normalmente es engorroso y puede dar lugar a manipulaciones. De cualquier manera, las urgencias dadas por las “recomendaciones” de los líderes del G20, sumado a la visibilidad que tendrán proyectos de dominio público en cada país, aseguran eficacia y un creciente dinamismo de los actores comprometidos.

Es difícil imaginar la cuantificación de una panoplia global de proyectos en el ramo. Ya el hecho de sacar de la órbita nacional la parte más significativa en cuanto a la concepción de la infraestructura para ponerla en el marco de un logicial global, aumenta hasta límites insospechados la cantidad y la diversidad de opciones que se puedan crear y la eficacia de los emprendimientos. En este contexto, existen cantidades cuasi ilimitadas obras para hacer y se cuenta en demasía con los recursos financieros y tecnológicos necesarios para llevarlas a cabo. Sus resultados serán de alto impacto: conectividad transfronteriza, facilitadoras de intercambio comercial, tránsito de factores productivos, sinergias por contraste de situaciones diversas, factores reconfigurantes de alcance territorial y demográfico, soberanía nacional atenuada, etc. La incomprensión y las reacciones adversas estarán presentes, pero no habrá marcha atrás aunque los pasos en cada caso se deberán dar dentro de andariveles políticamente transitables. África será el laboratorio de ensayos para este desafío insólito de la terra patria.

La “recolonización” del África

Esta vez no serán exploradores, aventureros ni mercenarios ávidos de riquezas. El tráfico de diamantes, petróleo, maderas finas, cobre, titanio, oro, marfil, petróleo, cobalto, uranio, bauxita, plata, frutas tropicales, etc., está ya consolidado desde hace siglos; funciona a pleno con sus casas matrices reposando plácidamente en el acogedor suelo europeo. Las consecuencias: el 60 % de los trabajadores africanos realiza actividades rurales, y el 80 % de lo que el continente exporta son materias primas, mientras que los productos industrializados representan la casi totalidad de sus importaciones. Solo el 15 % de la población está empleada en el sector industrial siendo Sudáfrica, Egipto, Marruecos, Túnez, los que poseen la mayor parte de dicha actividad. Así, África es el continente más pobre del planeta; su PBI representa tan solo el 2,6 % del total mundial.

Lo que se busca con esta movida global es la incorporación al consumo de centenares de millones de personas. Y esa facilidad no se logra con sueldos miserables. La inclusión competitiva implica la creación de puestos de trabajo dignos que, en un plazo no breve pero tampoco indefinido[vi], pueda poner a las masas africanas en la situación que muestra actualmente la población china y sus vecinos, con sus clases medias en crecimiento acelerado. Es bien sabido que esos países asiáticos arrancaron hace unas pocas décadas desde situaciones parecidas a las que hoy muestran los africanos.

A principios de este mes tuvo lugar en Sudáfrica una conferencia organizada conjuntamente por el T20 (grupo de think tanks) de la actual presidencia alemana del G20 con diversas organizaciones multilaterales, académicas y de gobiernos, alemanas, locales y de otros países africanos[vii] . Como su nombre lo indica, estos espacios de pensamiento creativo e innovador son los que le dan letra al G20[viii]. Un repaso de los documentos de las deliberaciones muestra, explícitamente y en subtextos, el vigor, la convicción y la rapidez con que desde el mundo desarrollado se está actuando frente a la postergación africana… como si se quisiera evitar un debate estéril sobre las culpas históricas de ese estado de cosas. Esos documentos se refieren a los mecanismos necesarios para sostener la cooperación Africa-G20 así como la participación académica de los africanos en el proceso del T20. Asimismo, grupos de trabajo temáticos formularon recomendaciones de políticas específicas sobre cómo el G20 y África pueden fortalecer la cooperación en los siguientes temas: 1) infraestructura, 2) e-commerce y economía digital, 3) agricultura, seguridad alimentaria y acción climática, 4) comercio e inversiones, 5) cooperación internacional en cuestiones de fiscalidad, 6) desarrollo político y social ambientalmente sustentable.

Ejemplos de fuerte interdependencias entre África y el G20 son el cambio climático, las consecuencias de la crisis financiera y económica, las pandemias, el terrorismo, la migración y los refugiados. Se acordó en que el proceso del G20 ofrece una oportunidad para que África fortalezca sus compromisos multilaterales. En consecuencia, el éxito de estas iniciativas depende de la comunicación pública y de consultas políticas intensivas y de alto perfil con los socios africanos. Ya los frutos de esa cooperación intensiva que se pone en marcha, se comienzan a ver con la acción de los chinos en la costa oriental.

Una nota publicada este mes en el NYT[ix] se refiere a la inauguración de una línea ferroviaria entre Djiboutí y Addis Abeba, capital de Etiopía. Es el primer FFCC transnacional que se construye en el continente. No es de extrañar. Para referirse a los tendidos coloniales –hace ya más de un siglo- el autor de la nota usa la palabra “maraña”: cantidad de líneas desconectadas, con trochas incompatibles, y solo útiles para llevar materias primas al puerto. En este caso, de acuerdo a los nuevos tiempos, el ferrocarril vincula dos puntos de gran valor estratégico ya que Djiboutí, siguiendo el diseño de Hong Kong, puede llegar a constituir una nueva zona manufacturera libre de impuestos y un hub para el comercio regional. La apuesta es importante. Solo en Djiboutí China está invirtiendo la friolera de U$S 14.000 millones (tres puertos, dos aeropuertos, una serie de centrales eléctricas, y una tubería para traer agua del país vecino) si se tiene en cuenta que ese pequeño país tiene apenas 23.000 Km2 y una población de menos de un millón. Según las expectativas de una autoridad local, los 750 Km de la nueva línea serán “apenas el primer tramo de una ruta transafricana, del Océano Índico al Atlántico” (¡)

Sin duda, las obras de infraestructura serán la que mayores recursos insuma en África. Pero la cooperación, como se viene dando, será multifacética, y ya es una preocupación central de los países del G20. La cuestión cobra interés entre otras por dos razones. El año que viene, la Argentina ser hará cargo de la presidencia del G20 que hará su descomunal cumbre en algún lugar del país adecuado a la circunstancia (¿Bariloche?). En el programa, la actividad sobre África cobrará un espacio central y bien podría ser organizada en forma conjunta con los países vecinos. En segundo lugar, la costa occidental del África cuyo dibujo muestra, en forma evidente, que alguna vez estuvo unida a la costa oriental de América del Sur, está esperando de los países del Mercosur, sus provincias y distritos, el inicio de una corriente de cooperación como lo hace China del otro lado.

Ing. Alberto Ford
La Plata, febrero de 2017



[i] globalinfrastructurehub.org
[ii] http://globalinfrafacility.org/what-is-the-gif
[iii] http://ppp.worldbank.org/public-private-partnership/overview/what-are-public-private-partnerships
[iv] https://mundo.sputniknews.com/asia/201609231063655164-g20-china-corrupcion/
[v] La compañía de origen norteamericano da servicio a 2 de cada 3 empresas de la lista Fortune 1000, cuenta con 94 oficinas en 50 países y 9.000 consultores
[vi] El máster plan para el continente es la Agenda 2063
[vii] Participaron 240 delegados pertenecientes a organizaciones africanas (Unión africana, NEPAD, Banco africano de desarrollo), del gobierno sudafricano y alemán, Unión europea, OECD, y de otros grupos pertenecientes al G20 como el B20 (business group). La conferencia fue parte del programa del T20 que discurre en el marco de la actual presidencia alemana del G20. Las asistencias registradas muestran también cómo en forma más o menos sutil van quedando de lado organizaciones multilaterales tradicionales.
[viii] Desde 2008, cuando tuvo lugar la Primera Cumbre del G20 en Washington, los encargados principales de dar forma a las propuestas que luego aprobarían los líderes mundiales, son dos: Atlantic Council (USA) y Chatham House (The Royal Institute of International Affaires, UK). Posteriormente, a partir de la Cumbre de México en 2012, se fue abriendo más el juego a los aportes intelectuales del resto de los países miembros en reuniones del denominado T 20 (“grupo de compromiso”, engagement group of think tanks).
[ix] https://www.nytimes.com/2017/02/07/world/africa/africa-china-train.html?_r=1