jueves, 7 de febrero de 2019


El mundo en la Argentina
Con referencia a la forma en que nuestro país se inserta globalmente, un leiv motiv de frecuente presencia en ejercicios prospectivos, en lugar  de “Argentina en el mundo”, en este trabajo tendremos en cuenta los condicionamientos y/o las determinaciones de los factores exógenos sobre las decisiones locales. Se busca con ello hacer un aporte que supere la visión aldeana según la cual la historia argentina ha sido una construcción exclusivamente nacional. ¿La formación del virreinato del Río de la Plata, la independencia nacional, la modernización de mitad del siglo XIX, el nacimiento, desarrollo y culminación del modelo agroexportador, el despliegue del nacionalismo burgués como cultura socioeconómica, los golpes de estado, los renacimientos y declives democráticos, y todas nuestras peripecias, fueron productos independientes de lo que ocurría afuera? Desentrañar esas dinámicas es vital para ver qué podemos esperar sobre nuestro futuro. Para ello se abordan, en la agenda de la globalización, los temas que son más importantes en la actualidad, y cómo ellos están presentes en las medidas sustantivas que está tomando el gobierno de Cambiemos. De esa agenda se hace una somera descripción de tres aspectos: la infraestructura de conectividad, la pobreza, y algunos rasgos de la institucionalidad actual de la globalización, sobre todo el resurgir de los nacionalismos y sus externalidades. En ese contexto de mayor complejidad, se conjetura sobre lo que se puede esperar de la actual crisis que está viviendo nuestro país.

Desde siempre atado al mundo, nuestro país ha estado condicionado por el juego de los intereses dominantes en cada momento. En sus inicios, la propia creación del Virreinato del Rio de la Plata -una matriz fundacional de rasgos aún visibles- fue una movida geopolítica motivada por las conveniencias del imperio español: el comercio por el Atlántico pasaba a ser más seguro y barato que por el Pacífico, que es por donde tenía lugar.
Hoy la situación es menos lineal; las influencias posibles dependen de más variables. No es fácil vislumbrar sentidos dominantes en un tablero global recorrido por flujos que se entrecruzan, chocan, solapan, yuxtaponen. La amenaza de guerras comerciales; el desplazamiento de los ejes de poder; la apertura o el cierre de las economías; la reaparición de los nacionalismos; los conflictos regionales, etc.… y muchas otras posibilidades, evidencian que no existe una definición biunívoca entre las distintas eventualidades. Luego, identificar qué factores exógenos condicionan la escena local es todo un desafío epistemológico.
Un conjunto de temas rigen la marcha de los acontecimientos en la actualidad, pero no todos, con el paso de los años, lo hacen con la misma intensidad; empero,  ello no significa grandes cambios en la agenda global. Lo más claro se puede ver en el ámbito de lo económico y financiero. En el contexto de la crisis del 2008, el 100% de las preocupaciones del G20 estuvieron centradas en ese campo como se ve en las declaraciones finales de las dos primeras cumbres, realizadas en Washington y Londres respectivamente. Sin embargo, pasados 10 años, en la declaración final de Buenos Aires, recién en la página 11 aparecen menciones alusivas, ¿Esto quiere decir que lo económico y financiera ha perdido importancia? No, de ninguna manera[i]. Solo que no adquiere el dramatismo mostrado en una crisis de magnitud, como la de hace 10 años ni, en consecuencia, amerite acciones con el grado de urgencia de aquel momento.  
La aparición (o desaparición) de un tema de la agenda global, se debe a que el establecimiento de un “problema” tiene por lo menos 5 momentos: identificación (puede ser la remoción de un obstáculo o la promoción de una facilidad); conceptualización; elaboración de soluciones; recomendaciones; control de la puesta en marcha y desarrollo. El G20, por su carácter no ejecutivo, se hace cargo de los cuatro primeros pasos. El control normalmente está descentralizado en organismos multilaterales que en la práctica han sido subsumidos por el Grupo, o directamente a cargo de programas ad-hoc.
La visualización de los problemas de mayor protagonismo puede ayudar a distinguir las principales preocupaciones en las más altas esferas del poder global; un ejercicio imprescindible para tener una idea de dónde, como país, estamos parados (sin desestimar la subjetividad que implica la especulación). Así, siendo que la agenda global es un poliedro con múltiples caras, no todas ellas reverberan con la misma luminosidad; generalmente la intensidad del brillo depende del observador. En este trabajo, pondré la atención en tres dimensiones: la pobreza, la conectividad y el vasto universo de lo institucional.
1.  El mundo
1a. La dialógica inclusión/exclusión
La globalización ha hecho prodigios. La pirámide social de la India y la China, los dos países más poblados del mundo, se ha visto ensanchada con el crecimiento de su clase media. Estamos hablando de miles de millones de personas. El logro no hubiera sido posible con intervenciones solo, ni principalmente, endógenas, de sus factores de poder. En el caso de China, todo se inicia en 1972, aun en época de Mao, con las conversaciones que llevaron a los acuerdos para la transferencia masiva de medios de producción de los países desarrollados; fue EEUU el que picó en punta con reubicaciones en rubros como vestimenta, herramientas, juguetes más un largo etcétera. Así, Deng, en 1978, pone en marcha la operación logística más grande de la que se tenga registro. A consecuencia de esa movida -motivada en la revolución tecnológica que hizo que, por primera vez en la historia, la producción de bienes y servicios fuera mayor que la demanda existente- el gigante asiático comienza a crecer a tasas chinas, valga la redundancia, cercanas al 10%. Lo de la India no es igual, pero facilidades comerciales y transferencias de tecnologías logran el mismo efecto. Gran parte de la pobreza global, aquella que se medía con U$S 1/día, comenzó a ser objeto de inclusividad sistémica.  El prodigio, sin embargo, no alcanzaba para resolver un problema que, hoy, se revela con nitidez: los 1000 millones de personas que aún están afuera del sistema y cuya inclusión amerita otro tipo de acciones más ligadas a lo territorial. Veamos.
La globalización por abajo, es aquella que no se resuelve con medidas macro, de alcance trasnacional, sobre todo expresadas en las dependencias del comercio exterior, como han sido hasta ahora en los casos chino e indio. Pienso más en sistema de producción/consumo centrados en el mercado interno. Puede que esta tesis permita conjeturar en torno a un conjunto de cuestiones de la actualidad que se presentan como “inexplicables” (aquellas de las que solo se toma registro, sin ir más allá para desentrañar sus causas). Por tomar dos casos: la reaparición estelar de los “nacionalismos” y la antipatía con que se suele ver el accionar del Papa Francisco.
1a1. Lo esencial de Francisco es invisible a los ojos
Empecemos por casa. No bien fuera ungido, Francisco puso en evidencia que uno de los pilares de su papado estaría vinculado a los temas de la inclusión, particularmente los jóvenes, que es donde la pobreza se muestra con más dramatismo. En general, el Papa no ha omitido, en su cotidianeidad y en los viajes, frecuentar los sectores que pueblan las márgenes de la sociedad: presos, prostitutas, populistas, villeros, corruptos, marginales de todo tipo, etc. Obviamente, en ello debe haber un mensaje (con más razón si el emisor es un jesuita). Es innegable que en el papado de Francisco ha existido una predisposición hacia lo más despreciable -o menos tenido en cuenta- de acuerdo al sentido común.
Francisco es un operador de lo más efectivo en el alto nivel de las incumbencias globales, y la Iglesia católica, en su afán de reconversión, para no perder terreno frente a cultos alternativos, está jugando en el escenario político de una forma insólita. Así, genera todo tipo de sentimientos encontrados –sobre todo referidos a las modalidades de su accionar- en su afán de tener una participación activa en el proceso de la reducción de la pobreza e incrementar la inclusión social. Empero, a pesar de los conflictos que se van revelando, no habrá interna eclesiástica, a cualquier nivel, capaz de sacar a la Iglesia de ese cometido por más heridos que vaya dejando en el camino entre su parcialidad tradicional.
1a2. Donald Trump
Otro de los aspectos destacados e inesperados de la actualidad es el resurgir de los nacionalismos. La aparición de cisnes negros, cada vez con más frecuencia, puede ocupar las primeras planas pero no siempre encuentran explicaciones plausibles por parte de los analistas. Así, un mismo acontecimiento puede presentar distintas maneras de abordaje en su conceptualización compleja, y el encadenamiento de relaciones causales volverse endiablado. ¿Por dónde empezar?
Dijimos: la globalización por abajo no puede culminar su cometido al margen de lo territorial y de los límites nacionales. La creación de trabajo, eslabón fundamental de esa cadena incipiente de oportunidades, no puede serlo en las formas populistas, improductivas, dependientes de los recursos de los estados. Tampoco se pueden lograr ampliar el mercado laboral, en la cuantía necesaria, en producciones con altas tecnologías, cada vez más robotizadas, que dejan de crear trabajo manual y/o eliminan puestos existentes.
El ejemplo norteamericano ha adquirido el carácter de emblemático. No tanto por el modelo, sino por el lugar y el momento donde afloró. De Trump dijimos, el mismo día de su sorpresivo triunfo, que venía a restañar las heridas provocadas por la desindustrialización de ese país –no en bienes y servicios sofisticados- debido a la masiva transferencia a China de los factores de producción. La gigantesca movida logística dejó un tendal de desocupados de mediana calificación, trabajadores blue collar condenado a puestos inferiores y peor pagos. Fue el sector social que, con la expectativa del resarcimiento, hizo posible el triunfo de la actual administración.
La consigna del American First y la recuperación del viejo y prestigioso Made in USA, obraron el milagro. Alrededor de estos aspectos simbólicos, se teje una trama de reivindicaciones nacionales (de las buenas y de las malas) que se va extendiendo por el mundo sin prisa pero sin pausa. En realidad nada de lo que pasa está al margen -ni mucho menos en contra- del proceso globalizador. Son respuestas , aunque se salgan del libreto establecido,  destinadas, más o menos en forma explícita, a resolver esos detalles finales que en la construcción de casas amerita otro tipo de soluciones que en los primeros tramos de la obra.
La dilucidación exhaustiva de esos fenómenos complejos escapa a este trabajo; además, se necesita un tiempo para ver cómo evolucionan los acontecimientos. Pero uno de los ingredientes de la explicación es entender qué parte de la economía y la producción globales están en juego. No es toda la economía ni toda la producción, sobre todo las que son objeto de dispositivos transnacionalizados en los últimos años. En el mundo no es solo acero[ii] ni automóviles lo que se comercia. Ahí está la cuestión.
El 50% del comercio mundial está constituido por las llamadas partes, que son los insumos intermedios para la elaboración de productos finales. Otro componente sustantivo del comercio son datos que podemos ubicar dentro del rubro servicios. Ninguno de ellos puede ser motivo de ninguna guerra comercial o apropiación nacional, porque se produciría un colapso generalizado en los sistemas de producción del que nadie saldría indemne. Tal son las interdependencias en las cadenas globales de valor[iii]. Finalmente, solo el 10% de la economía puede ser motivo de cierres proteccionistas, que es justamente la porción de la que se pueden valer los países para crear trabajo. Por ejemplo, EEUU puede recomenzar la producción de chombas, destornilladores o trencitos de juguete, con el “made in USA” en el orillo, lo que generaría trabajo, inclusión y activación económica. 
1b. La Ruta de la Seda
En medio de la Cumbre del G20 en China, Mauricio Macri aseguró que hoy por hoy la palabra clave, de aquellas a las que nunca hay que perderles el rastro, es “conectividad”.  Efectivamente, en uno de sus primeras salidas internacionales, el presidente argentino dio en el clavo: si hay una variable que puede ponderar la marcha de la globalización es el modo y la intensidad con que a nivel global se interconectan los factores de la producción. El tema amerita algunos comentarios.
Venimos, y en gran medida aun estamos, de un mundo donde las configuraciones informativo-comunicacionales se corresponden con la ley del embudo o, en términos más técnicos, son radio-céntricas. Esas llamémoslas malformaciones, que expresan en última instancia relaciones de poder, se pueden ver tanto en la provincia de Buenos Aires, a nivel de la Argentina, o en cualquier lugar del mundo donde posemos la vista. En esta mismo nota hemos citado el ejemplo de la constitución del Virreinato del Rio de la Plata; sin duda, la fuente principal del centralismo porteño que devino retórica cualquier pretensión federalista.
La combinación de de los diversos medios de transporte va dando lugar a una nueva configuración reticular, de trama y urdimbre. Nuevos trazados ferroviarios (no pocos de ellos con “trenes bala” como en Indonesia y Tailandia, o para ir de China a Singapur a través de Laos, Tailandia y Malasia, un proyecto de enormes dificultades), aeropuertos, el avance de las low-cost, puertos que hacen posible diversas rutas marítimas, autopistas como el proyecto noruego para la interconexión de los fiordos por arriba y por abajo del mar, permiten conexiones punto a punto que sortean escalas obligadas en las capitales, lo que multiplicará y hará más ágil el comercio al eliminar los embotellamientos.
La onda de la nueva concepción conectiva de la infraestructura, no se apaga en el proyecto chino. En los diversos países, se van desarrollando obras, incluso acudiendo a mecanismos como la participación público privada (PPP), un programa del Banco Mundial que está en más de 50 países.
Dos comentarios. El tema de la conectividad, es una cuestión de preocupación global que está a nivel del G20. Que su implementación tenga una preponderancia china a través del Programa de la Ruta de la Seda (OBOR en inglés), y que la República Popular pueda dar rienda suelta a sus ambiciones imperiales (lo cual no habla ni a favor ni en contra; están en todo su derecho), se debe principalmente al reconocimiento por los logros de medio siglo en la construcción de la nueva sociedad, y, sobre todo, a los recursos de todo tipo que China ha atesorado (sus reservas en papeles llegan a U$S 4 billones (1012) y posee la suficiente capacidad técnica para concretar las obras previstas en el OBOR.
No obstante que la Ruta de la Seda es por lejos el proyecto principal referido a infraestructura de conectividad global, existe un conjunto de programas que dan sustento al gigantesco cometido. Esos programas funcionan bajo el paraguas del G20, y están en manos de los organismos multilaterales existentes. En las notas hay un detalle sucinto de los mismos[iv].
1c. Institucionalidad global
Lo institucional es un vasto universo. Mucho más si se lo piensa a escala global. A este nivel, los escenarios que se van presentando no siempre son previsibles. Hemos visto la emergencia de nuevas combinaciones para viejas variables ¿Quién hubiera pensado que EEUU amenace con cerrar su economía y, por el contrario, China se presente como adalid de la apertura y el libre comercio? ¿Era esperable la reaparición de los nacionalismos en países desarrollados? ¿Las prácticas proteccionistas -que más o menos encubiertas, nunca dejaron de existir en ninguna parte- se irán incrementando? ¿Las guerras comerciales que se ciernen, de desatarse, serían realmente guerras?
1c1. ¿Del Atlántico al Pacífico?
En el tema de los ejes de poder se parte de un lugar común: la implosión soviética implicó el paso a una situación mundial de unipolaridad (con referencia a la hegemonía norteamericana).  La afirmaciòn cuanto menos supone algunas aclaraciones.
La modelización piramidal del poder muestra una configuración sucesiva de capas superpuestas, cada una de ellas con su dotación de contradicciones, hasta llegar al nivel de las personas.
Si focalizamos las relaciones entre China y EEUU iremos encontrando distintas manifestaciones conflictivas; sin embargo, los entredichos existentes no alcanzan para una definición del “core” del poder global. Su máxima expresión, el G20, funciona por consenso, una práctica que subsume inexorablemente cualquier conflicto que exista en un nivel inferior.  Como hemos dicho, China puede tener reivindicaciones imperiales, pero eso no habilita a pensar que pueda ejercer una acción hegemónica por encima de todo y de todos.
Dicho sucintamente. El G20 está en la cúspide del poder. Ese espacio, no estructurado, funciona a través del consenso[v]. Se ocupa de la franja global de la economía y las finanzas, como surge de la lectura de sus 13 declaraciones finales.  El G20 ha estado tradicionalmente en contra del proteccionismo aunque, en las nuevas condiciones, es probable que la reivindicación vaya perdiendo relevancia.
De lo que no cabe duda es que se está reconfigurando el mundo; la crisis de los estadonaciones continúa su curso. Nuevamente el caso de EEUU es emblemático. Trump se da el lujo de cerrar el poder ejecutivo durante un largo mes. Italia tiene una vasta experiencia de funcionar sin gobierno. El paradigma inter-nacional, aún vigente, es insuficiente para explicar los asuntos del mundo. La constatación es válida para concebir el rol que puedan jugar las contradicciones entre China y Estados Unidas con respecto a la llamada Cuarta Revolución Industrial o Industria 4.0[vi].
1c2. Crisis del multilateralismo
Brexit, Mercosur, Nafta, Unión Europea, Unasur, Naciones Unidas, son apenas unos ejemplos de que lo multilateral se pone en tela de juicio. Eso no quiere decir que los agrupamientos de países y la práctica de relaciones conjuntas dejen de existir. Pasa que los organismos creados desde hace algo más de medio siglo se han burocratizado, y en la práctica no cumplen el papel para el cual fueron concebidos. Además, los países quieren tener menos condicionamientos para sus relaciones diplomáticas. Se marcha a un mundo menos restrictivo en materia de modalidades comerciales. Todas las trabas al libre intercambio de bienes y servicios seguirán siendo puestas en jaque. Es esperable que los países vayan modificando sus prácticas, sobre todo si es EEUU el que promueve los cambios.
2.  Argentina
Nuestro país está viviendo una crisis prolongada y profunda. Es una pesada herencia que se ha hecho más dramática debido a la actitud del gobierno de no ocultar su gravedad, así como no acudir a las salidas fáciles tan recurrentes desde que empezó la decadencia hace 80 años. Al actual gobierno se le puede culpar de que no esté actuando con la suficiente velocidad, de acuerdo a lo que sería deseable, pero no de que no esté haciendo las cosas como es debido. Actuar sin la tentación del facilismo, es el principal logro de Cambiemos. Cualquier otro gobierno hubiera puesto a andar la máquina de hacer billetes, desatado una “redistribución” populista y un boom de consumo. Así nos ha ido. Los otros logros deben ser ubicados de acuerdo a la agenda global: conectividad, lucha contra la pobreza y lo institucional. Veamos.
Territorialmente, Argentina es un país desequilibrado. Al igual que para el mundo, una configuración que impida el libre discurrir de los factores sociales y productivos, actúa en contra de favorecer sinergias que liberen nuestras potencialidades. Por tomar un caso, la llamada maldición del conurbano bonaerense. Cuanto más recurso se ponga, más gente se sentirá atraída para disparar de las miserias y las pocas posibilidades del interior, y, siempre, la línea del horizonte se irá corriendo. No hay plata que alcance para una realización eficaz y efectiva. Eso no quiere decir dejar de hacer asistencialismo, sin la tentación clientelar que tanto mal ha hecho.
El gobierno de Cambiemos ha puesto en marcha un plan de infraestructura de conectividad sin antecedentes. Si se analizan los trazados aparece una clara tendencia a la reconfiguración territorial. Trenes, autopistas, puertos, rutas aéreas, muestran la intención de modificar la diagramación radio céntrica, una externalidad no querida del modelo agroexportador. Argentino no podrá salir de su crisis estructural al margen de una conjunción virtuosa de vectores centrípetos y centrífugos que lo equilibre en forma sostenible.
El otro aspecto del problema, dentro del marco institucional, es el desmonte corporativo de la obra pública. La aparición de los cuadernos de la corrupción del gobierno anterior en el contexto del avance de la justicia en materia de transparencia, es un hecho inédito en la historia argentina. Las cosas no se detendrán ahí. Medios empresariales, de comunicación, sindicales y otras fuentes de opacidad, están en la mira. No puede haber desarrollo genuino si una parte de la riqueza que se genera es objeto de manejos no transparentes.
Con respecto a la pobreza, no hay solución sustentable al margen de un desarrollo productivo federal que obre para crear en el interior una oferta laboral atractiva. Para que la gente no siga huyendo del interior, como hasta ahora y, en algunos casos, los que viven en el conurbano, comiencen a relocalizarse, es necesario el acceso a puestos de trabajo en cantidad y calidad, vivienda, salud, educación y seguridad aceptables. En suma, condiciones de vidas dignas. Equilibrar el territorio y los desbalances demográficos llevarán años pero hay que comenzar a revertir la tendencia. Las perspectivas son promisorias. Por tomar un ejemplo, el de las cerezas. Se calcula que en pocos años se pueden generar decenas de miles de puestos de trabajo en el Sur, de acuerdo a lo ya negociado con China. Con la energía pasa otro tanto. Una creciente aceptación internacional de los nuevos aires que corren en nuestro país, hará que también mejoren en cantidad y variedad las exportaciones, sobre todo aquellas que tienen mayor valor agregado.
Mientras tanto, la economía se va estabilizando a pesar de los cuestionamientos. Los argentinos no estamos acostumbrados a la perseverancia. En la historia no hay un ejemplo como este de firmeza en tiempo de crisis. Siempre es más fácil tomar por el atajo. Es claro: este tipo de firmeza no suma muchos votos ni resuelve las urgencias de la gente. Sin embargo, habrá un porcentaje que decidirá su voto entre lo que no quiere que vuelva y lo que anhela que ocurra. Así, dará su apoyo a un gobierno decente, firme en administrar sin lloriqueos una crisis que no provocó, competente para mantener la tranquilidad social, que termina las obras que anuncia realizadas con licitaciones transparentes, que no obstaculiza ni influye en la justicia. Todo lo demás llevará su tiempo. No se pueden resolver de la noche a la mañana problemas que llevan años de gestación. Lo importante es el camino emprendido, navegar con pericia, y aprovechar creadoramente los vientos globales para llegar a destino.

Ing. Alberto Ford
La Plata, 5 de febrero de 2019






[i] Con el trascurso de las 13 cumbres de G20, la agenda se fue diversificando. En Pittsburgh, sede la tercera, aparecen recomendaciones referidas a seguridad energética, cambio climático, pobreza y vulnerabilidad, pymes, corrupción, empleo, ODM (luego la Agenda 2030).
En la Universidad de Toronto, donde está situada la base de datos del G20, se ha elaborado un material referido a la performance de las cumbres del 2008 al 2016[i]. De él se extraen algunos de los datos presentados referidos al número de compromisos y porcentaje de cumplimiento.

ítems
N° de compromisos
% de cumplimiento
Organismos colaterales del G20 (FMI, BM, OMC, OCDE, galaxia NN.UU.)
133
63
Empleo y trabajo
100
78
Regulación y supervisión financiera
271
75
Reforma de las instituciones financieras
120
68
clima
53
69
energía
105
73
Agenda 2030
193
66
Digitalización
49
55
Salud mundial
38
77
Empoderamiento de la mujer
6
71
Migración y refugiados
7
80
Referidos a África en 11 áreas temáticas, principalmente desarrollo
34
53
Lucha contra el terrorismo
16
87
corrupción
78
57
Agricultura y seguridad alimentaria
64
71

No solo es significativo que el cumplimiento de las recomendaciones no es el 100% -aunque los  promedios no evidencian si los porcentajes van creciendo con el paso de las cumbres- sino que solo 2/15 temas de agenda  se refieren a lo económico y financiero.  A este respecto, una excepción fue la declaración final en Alemania, en 2017, donde la mita del documento estuvo referida a ellos. Este desequilibrio fue corregido en la declaración de Buenos Aires.
Los pilares fundamentales en la presidencia argentina fueron cuatro: futuro del trabajo, infraestructura de conectividad, seguridad alimentaria y empoderamiento de la mujer. Recién en el acápite 23/31 aparecen menciones a las instituciones financieras, el monitoreo de los flujos de capital transfronterizo, el sistema impositivo internacional, y el intercambio automático de información financiera así como la necesidad de implementar a nivel lo que en la OCDE se denomina BEPS (base erosion and profit shifting,  Erosión de la base imponible y traslado de beneficios) que trata de las picardías de las empresas transnacionales para aprovecharse de las discrepancias, lagunas, mecanismos no deseados e inconsistencias de los sistemas fiscales nacionales y trasladar sus beneficios a países de escasa o nula tributación, donde las entidades apenas ejercen ninguna actividad económica y eludir de esta forma el pago del impuesto sobre sociedades. Por otra parte, hubo un severo llamado de atención sobre el funcionamiento de la OMC, a diferencia de Alemania donde las menciones no fueron tan drásticas. Por lo demás las recomendaciones fueron un “corte y pegue” de las declaraciones anteriores.
[ii] El caso del acero es paradigmático. El problema es la superproducción, tal es así que existe un programa de la OECD “Foro mundial sobre excesos de capacidad del carbono” (Global Forum on Steel Excess Capacity (GFSEC). Una externalidad de la eventual “guerra” puede ser un ajuste en la distribución de cuotas entre distintos países.
[iii] Según la OMC “hoy en día, las operaciones de las empresas, desde la concepción del producto y la fabricación de los componentes hasta el montaje y la comercialización, están repartidas en todo el mundo, dando lugar a cadenas de producción internacionales. Los productos son cada día más “Made in the World”, y ya no “Made in the UK” o “Made in France”. El sesgo estadístico que genera la imputación de la totalidad del valor comercial al último país de origen puede falsear igualmente el debate político sobre el origen de los desequilibrios y hacer que se tomen decisiones mal fundamentadas” (https://www.wto.org/spanish/res_s/statis_s/miwi_s/miwi_s.htm)
[iv] Básicamente, los programas globales referidos a la infraestructura son cuatro:
·         Global Infrastructure Hub (GIH).
·         Global Infrastructure Facility (GIF) -World Bank
·         Public-Private-Partnership in Infrastructure Resource Center (PPP) -World Bank
·         Centro Anticorrupción del G20.
[v] Al respecto ver: G20: emergente autopoiético de la globalización en  http://ingenieroalbertoford.blogspot.com/2018/11/g20-emergente-autopoietico-de.html
[vi] Está previsto una acumulación de factores 4.0 en ambos países. Se mencionan: inteligencia artificial, robótica, industria aeroespacial y nuevos automóviles. La situación es un revival de la que ocurría en los sesenta con el renacimiento de Japón. En ese momento, las empresas americanas, que habían tomada empresas japonesas como botín de guerra –una operación obvia pero que sin embargo, tardó años en transparentarse-, usaron sus producciones cautivas en territorio japonés –mano de obra calificada a bajo precio- para crearse su propia competencia  “intraempresa” (Ejemplo: GM toma Toyota, y los vehículos de esa marca inundan EEUU para competir con los Chevrolet). El objetivo: operar sobre los altos costos de la mano de obra americana. En pocos años el desequilibrio  se resolvió, sobre todo con la formación de empresas globales, más allá de la ubicación de su matriz y el tinte nacional de su marca. Hoy la producción made in USA sigue siendo tan buena como lo fue siempre, pero también competitiva a partir de costos laborales adecuados (aparte de la robotización que se intensificó a partir de aquellos años). Regresando. China carece de I+D, por razones obvias: en los años de la Revolución C&T, los cincuenta y sesenta, Mao estaba ocupado en producir acero en cada aldea con vetustos cubilotes, y ponía en marcha la “revolución cultural” que destruyó impiadosamente cualquier atisbo de modernización. Todo el acervo tecnológico chino se basa en la transferencia y el fluido intercambio durante muchos años de estudiantes e investigadores con EEUU; obviamente, en cualquier emprendimiento que pongan en marcha,  dependen, como un cordón umbilical, de los laboratorios americanos (curiosamente, en lo atinente a armamento, China tiene una fuerte dependencia con los rusos en diseño y producción, desde la época soviética). Obviamente, al igual que con los japoneses, hay que descartar el cuento chino de la copia furtiva.
Para el capitalismo como sistema, ahora global, están alcanzados los objetivos de crear consumidores con que, ya en tiempos de la Trilateral, tomaron forma los acuerdos estratégicos con China. Este país ha logrado una estructura de producción, la segunda del mundo, que ha dado trabajo para que el ingreso per cápita crezca más de 50 veces (!) en 40 años, hasta los U$S 10:000 de hoy. Ahora el sistema le impone a China 1) que use sus cuantiosas reservas en papeles no chinos (U$S 4 billones = 4 x 1012) para la cooperación en el desarrollo, es decir, la Ruta de la Seda, 2) incrementar el mercado interno, o sea, menos ahorra individual, más consumo del “ingreso disponible”, aquel que está más allá de la satisfacción de las necesidades básicas. Esto último está en consonancia con las restricciones que se la irán imponiendo al ingreso selectivo de productos “made in China” en los grandes mercados de Occidente, (en primer lugar EEUU), a medida que estos países comiencen a recuperar su “made in…”, como ya lo están haciendo, en esa parte de la producción que no está dentro de las cadenas globales.

miércoles, 28 de noviembre de 2018


G20: emergente autopoiético de la globalización.

publicado en la revista Mercado

https://mercado.com.ar/mercado-plus/g20-la-autopoiesis-de-la-globalizacion/?fbclid=IwAR2oDcJLMyoqLMHyTg5AB2brdRag1sFdyup7D9z7iueccs7jx3YrhHx7hu0


En 2008, el G20 irrumpió como un cisne negro en Wall Street debido al colapso de la burbuja inmobiliaria que puso en vilo a toda la economía mundial. Habiendo sido creado en 1999 -como foro de cooperación y consulta entre países desarrollados y emergentes- el Grupo de los Veinte despertó de su letargo de una década, se puso la crisis de las hipotecas al hombro, y en tres meses la encaminó con medidas tan drásticas como desusadas en los países del norte. El G20 es una creación sui generis. Por su configuración, se sale de los cánones establecidos sobre las formas de ejercer el poder, en este caso al nivel global, y se define más por lo que no tiene que por lo que muestra. Veamos.
No se apoya en una estructura; es un organismo que se maneja con formatos no asimilables a lo convencional, tan alejados de lo inter-nacional como del multilateralismo. Carece de sede y autoridades permanentes: el G20 se establece cada año en un país distinto, el que estará a cargo de la presidencia pro-tempore, constituyendo una troika con el país que lo ha precedido en la función y el que lo sucederá. El anfitrión se hace cargo de organizar las actividades mientras dura su rol. No tiene programas; hace suyos, para impulsar políticas, mecanismos pertenecientes a distintos organismos multilaterales a los que subsume en la práctica. Finalmente, no toma decisiones. Solo hace recomendaciones, las que están plasmadas en las declaraciones finales de cada cumbre anual de los líderes… pero tampoco esas recomendaciones son de aplicación obligatoria.

¿Qué poderes posee entonces el G20 –presidido por la Argentina durante 2018- para que su influencia en la escena global (aunque difusa no por ello menos determinante) sea tan eficaz? ¿Cómo se explica que en tan pocos años se haya ubicado cómodamente en la cúspide del poder mundial?

Configurar un marco teórico no puede ser una labor individual ni se hace de la noche a la mañana. Sí es necesario comenzar con un conjunto pertinente de observaciones con vistas a un encuadre conceptual de la problemática. Ahora bien. Si me propusiera buscar una aproximación de los porqués del fenómeno, me orientaría preliminarmente por el lado de la autopoiesis.

La noción de autopoiesis proviene de una resignificación operada en el ámbito de la biología. Fue el chileno Maturana el que la promovió, y su difusión traspasó los límites de dicha ciencia para incursionar en terrenos de las disciplinas sociales. Así, tiempo después, el sociólogo alemán Luhman la utilizó para sus desarrollos teóricos. Se dice que fue uno de los encuentros transdisciplinarios, entre ciencias duras y blandas, más fructíferos del siglo pasado.

La clave del enfoque es que ha permitido el abordaje cognitivo del fenómeno social desde el acto mismo de su aparición. Así, observador y observado quedan, por consiguiente, integrados en el proceso creativo del conocimiento. 

La teoría dice que las propiedades que caracterizan el fenómeno autopoiético, referido al estudio de la célula, el lugar donde por primera vez se identificó, son por lo menos cinco: autonomía, emergencia, clausura operativa, auto construcción de estructuras y reproducción. La primera propiedad nos dice que la célula ya no es un componente constituido sólo de átomos o moléculas, sino una forma específica de combinación de dichos componentes. Por la segunda, las células dependen, en su operación, de la forma en que están organizadas y de cómo esta organización se lleva a cabo. Con respecto a la tercera, un conjunto autopoiético es un sistema cuya operación es cerrada -siempre debe volver sobre sí mismo- mientras que sus componentes son producidos al interior de un proceso recursivo que transcurre dentro de una retícula clausurada (autorreferencia). Por la cuarta se dice que dado que la operación de la célula está clausurada, no puede importar estructuras: ella misma debe construirlas. No existe una intervención causal del entorno en el sistema sin que el mismo sistema la provoque; todo cambio de estructuras -trátese de procesos de adaptación o de rechazo- es, en última instancia, autoinducido. Por último, autopoiesis significa determinación del estado siguiente del sistema a partir de la estructuración anterior a la que llegó la operación. Para wiki “autopoiesis es un neologismo que designa la cualidad de un sistema capaz de reproducirse y mantenerse por sí mismo”.

Haciendo un traslado al terreno de la interpretación del fenómeno G20, vemos lo siguiente.

·        *El G20 no es una organización constituida solo por la suma de líderes sino que estos se atienen a una forma de funcionamiento que los integra y potencia.
·       *Su operación depende de la forma en que está organizado y, por la proveniencia de sus componentes, genera su propio entorno con el que establece una relación de interdependencia.
·       *Su dinámica es autónoma y su funcionamiento recursivo y autorreferente. Siempre vuelve sobre sí mismo y no tiene instancia exterior en quien legitimarse. Genera sus propios contenidos.
·       *El G20 no es una estructura; es un espacio funcional de convergencia consensual. Así, el concepto de autoconstrucción, deberá entenderse como producción de dinámicas propias, mediante operaciones ad-hoc. No existe una intervención causal del entorno sobre el sistema en tanto el mismo sistema no la provoque: todo cambio interactivo es, en última instancia, autoinducido.
·       *El funcionamiento del G20 implica una continuidad que se expresa en la propia evolución de la realidad, a la que influencia, cuyos feedbacks son a su vez el motor de su dinamismo.

Una de las claves para entender la existencia y el funcionamiento del Grupo de los Veinte, es que actúa en el ámbito de lo global; esta disquisición sirve muy especialmente aunque no solo para la economía y la producción. Entre China y EEUU puede haber conflictos por una botella de bourbon, una Harley Davidson o un rollo de acero, pero nunca sobre un bien o servicio que forme parte de las cadenas de valor transnacionalizadas, ámbito en el que tiene lugar el grueso de la actividad comercial. Eso se ve claramente, leyendo las declaraciones finales de las 12 cumbres habidas hasta ahora. Todo lo bilateral, que es donde habitualmente se pone el foco, forma parte del pasilleo, lo cual es obvio que ocurra desde el momento en que todos los líderes del mundo conviven durante un par de días en la intimidad y con la laxitud con que se desenvuelven las cumbres. Pero nada de esas negociaciones constituyen la esencia del G20 aunque tengan lugar en paralelo.

En algún momento, sea desde la autopoiesis u otra referencia, la ciencia política y la academia en general deberán ir bocetando ideas sobre este fenómeno que como se ve no cuadra dentro de lo establecido, su existencia no parece ser efímera ni su eficacia despreciable. En su evolución, también la comunicación pública podrá abordar los problemas esenciales del mundo por encima de los paradigmas inter-nacional y endo-céntrico. El problema es quien gira, si el sol o la tierra.  Se impone ubicar la imaginación en un espacio desde el cual hoy en día se generan las líneas motrices que prefiguran más que conducen los fenómenos de la globalización. Es un desafío estimulante desde el propio punto de partida.


 Ing. Alberto Ford. albertoford42@yahoo.com.ar. Noviembre, 2018

lunes, 8 de octubre de 2018


Lo esencial…

Crisis en chino significa peligro y oportunidad. En nuestro país ha dominado la primera de las acepciones. El que se quema con leche cuando ve la vaca llora. Atentos a la historia, los argentinos temblamos cuando pasan las cosas de estos días. Sin embargo, por primera vez, es el segundo de los términos el más promisorio. Cibernética viene del griego kubernesis que denota comando. El gobierno, ha asumida la crisis como propia aunque sus raíces se pierdan en el tiempo. Y la está manejando sin peligro de la estabilidad política ¿Por qué la crisis es una oportunidad?
. No se busca el atajo. La crisis es tomada como tal y se buscan soluciones de fondo
. Hay procesos de transparencia que afectan a corporaciones que asfixian a la sociedad
. Están en marcha obras de infraestructura de conectividad con implicancias territoriales estratégicas
. La discusión y el compromiso de todo el arco sobre el presupuesto no tienen antecedentes
. Se avecinan cambios sorpresivos en el sistema político

Los del Club del Helicóptero siguen esperando. La crisis –ya una de las más grandes de nuestra historia - ha sido asumida como propia por Cambiemos, aunque en realidad el problema viene de más lejos. El devenir económico y social argentino es una larga ristra de este tipo de conflictos recurrentes, sobre lao que hemos adquirido una vasta experiencia; cualquier gobierno sabe cómo superarlos al toque; solo se trata de tener condiciones externas favorables -como en el caso del último gobierno peronista- o por otros medios, por ejemplo, poniendo a andar la impresora de billetes. En cualquier caso, ¡pum!, una explosión de consumo y otra vez, como por arte de magia, desaparecen las preocupaciones… hasta que se desata la próxima crisis. Es la saga de la decadencia argentina de los últimos 80 años.

La sorpresa en el Club es que, a diferencia de otras veces, un gobierno no peronista sigue en pie, navegando en la tormenta, y con un apoyo internacional nunca visto. Ese condimento tal vez sea uno de los secretos: el componente externo de la legitimidad que, en épocas de tiempo real, se expresa de una manera más eficaz y efectiva. Así, hace unas semanas, cuando el oleaje comenzaba a arreciar, Macri recibió, simultáneamente, la llamada telefónica de los máximos líderes mundiales. ¿Es ese un tema menor, como para que pueda quedar afuera -o mencionado como al pasar- en los análisis de la estabilidad política de Cambiemos?

Ese apoyo externo, más un aval local, en parte desconcertado pero que sigue siendo decisivo, es lo que le da a la gestión de Cambiemos una tonalidad inédita. Mientras controla el timón lo mejor posible, suceden cosas que no son circunstanciales en dos dimensiones: la transparencia y la conectividad. En ambos casos, las ocurrencias, algunas francamente sorprendentes, no podrían imaginarse al margen del clima generado con la derrota del peronismo. Sin el abordaje de esas dos cuestiones estratégicas, carecería de sustento duradero cualquier tipo de políticas que se puedan encarar en otras áreas –la energía, la pobreza, la educación y el cambio de paradigma socioeconómico- cuyas soluciones distan de ser flash. Veamos.

Esperando su nombre

Lava Jato en Brasil, el precursor Mani Pulite en Italia[i], en la Argentina los cuadernos Gloria han desatado un vendaval cuya trascendencia aún es imposible medir. Ya, desde hace diez años, esas acciones reconstituyentes de tejidos socio económicos nacionales necrosados, forman parte de una gigantesca movida global influenciada por el G20. Aunque la magnitud del latrocinio ejecutado por los peronistas es inédita, por cierto la corrupción vernácula viene de más lejos. Sería necesario remontarse al contrabando en tiempos de la colonia, o al préstamo de la Baring Brothers, por tomar algunos casos emblemáticos. Al respecto, hay un antecedente tan curioso como poco difundido. Sarmiento, a quien no le faltaba chispa, acuñó el neologismo “atalivar” como sinónimo de corrupción. Se refería nada menos que a Ataliva Roca, hermano del general, que tuvo una destacada actuación pública por aquellos años. Los ejemplos se fueron sucediendo, cada vez con mayor dramatismo, en la misma medida en que los fracasos argentinos, en cuanto a proyectos de país, adquirieron el sentido de la irreversibilidad.

Sin embargo, el tema de la transparencia tiene con Cambiemos una característica singular, casi revolucionaria: se está atacando la estructura corporativa de la sociedad argentina, que es la verdadera configuración desde donde nace y crece la corrupción. Lo que está bajo la lupa ya no son casos aislados; es la actuación de importantes sectores de poder, a todos los niveles, cuyas acciones ilegales no eran un secreto, pero nunca, como subsistemas sociales, habían sido tocados. Y la cosa no parece detenerse[ii].

Peaje porteño

Desde que comenzó a perder importancia el Virreinato del Perú y, al mismo tiempo, privilegiarse el Rio de la Plata para el comercio de la corona española, Buenos Aires se fue constituyendo en el receptor de toda la movida geopolítica del subcontinente. Así, la concentración territorial implicada fue deviniendo en amontonamiento demográfico hasta llegar a lo que es hoy el conurbano bonaerense.

El desequilibrio territorial y poblacional es y fue siempre el principal problema estructural de la República Argentina. De esta afirmación no hay dudas en tanto se aplique un marco teórico basado en las ideas de la dinámica de los sistemas acuñadas por Jay Forrester[iii]. Lamentablemente no es lo que pasa. Todavía se siguen tomando medidas con la esperanza de arreglar el Conurbano (cuando no con fines clientelares) como si se lo intentara en el Titanic momentos antes del choque. Esto no quiere que no haya que asistir con paliativos para darle a la gente lo que la gente necesita y quiere. Pero un desarrollo de nuestro país implica, insoslayablemente, un federalismo productivo que dé oportunidades de progreso a las familias más pobres, para que no haya emigración o, en el mejor de los casos, haya vuelta y re arraigo. Una tal política necesita de una infraestructura de conectividad en red, que supere el radio centrismo informativo-comunicacional que se fue generando desde la colonia, consolidándose con el modelo agroexportador, y que el peronismo cristalizó. Y eso Cambiemos lo está haciendo, a la vista de todos, sin que los logros (algunos impresionantes) sean correctamente ponderados.

Todo un símbolo. Se podrá pasar por Buenos Aires, por primera vez, sin pagar peaje. El Paseo del Bajo y el RER permitirán atravesar la Reina del Plata (urbe querida de porte global) sin la obligación de bajar. La conexión de las autopistas Illia y Balbín, y de toda las líneas ferroviarias debajo del Obelisco, lo hacen posible. Hace falta perspectiva histórica para valorar la importancia estratégica y simbólica de tales obras que, por otra parte, no están solas. La construcción de una red de trama y urdimbre, como si fuera una manta en lugar de un embudo, se expresa en diversos proyectos. El más grande, el Plan Belgrano, conectará las provincias del Norte entre sí y les dará salida al Asia Pacífico. El tren de Vaca Muerta a Bahía Blanca, que es una expresión de la trama, ya es una realidad. Se construyen rutas y autopistas en la PBA que no llegan hasta Buenos Aires. Se ven obras de infraestructura en todo el país que, miradas bajo esta lupa, tienden claramente a la desconcentración geográfica. Y la más resonante por su carácter estratégico: las low cost. Ya no será necesario pasar por Aeroparque para volar de Corrientes a Tucumán. En todo caso, las obras comprometidas se llevarán a cabo anunció el ministro del área desde Nueva York.[iv]

El tren se ha puesto en marcha

Para superar la decadencia en nuestro país hace falta un giro copernicano. No hay sector de la vida de la sociedad donde no se registren atrasos. Justamente, estas falencias se hacen patentes cuando las comparamos con la situación de otros lugares no solo del mundo sino incluso endógenas. Ahí están, para certificar lo dicho, las empresas unicornio (valen más de U$S 1000 millones), cuya convivencia con otras de las que pululan en las cámaras empresarias en la búsqueda de prebendas para operar en mercados cerrados, se hace patética. Ya hay con el gobierno de Cambiemos signos de reactivación en las economías del interior, que están necesitando trabajadores para poner en marcha un concepto federal de producción, sobre todo mirando a los potenciales mercados asiáticos.

Por su parte, en la educación se comienzan a dar pasos con respecto al bilingüismo y mejoras en la enseñanza de la lengua y la matemática. Lamentablemente se choca con gremios imbuidos de concepciones arcaicas, incapaces de entender que el principal actor del sistema educativo es el alumno, alrededor del cual se debe construir una dinámica que forme y premie a buenos docentes para que puedan desarrollar su actividad en edificios convenientemente acondicionados.

Sin embargo, el proceso de cambio más significativo se comienza a dar en el imaginario social donde conviven las ideas que inspiran el accionar de los individuos. Una serie de factores están poniendo en tela de juicio cuestiones establecidas. ¿Cuántas cosas comenzarán a ser distintas a partir de la evidencia de un fracaso estructural como el que ha explotado a partir de la derrota del peronismo? Veamos algunas: estado empleador; aislamiento nacional; mercado cerrado; proteccionismo; sustitución de importaciones; corporaciones prebendarias; exacción agraria; regulaciones por doquier; renuencia a la innovación; transporte irracional; gremialismo mafioso; justicia cómplice; desequilibrios territoriales; concentración poblacional; federalismo retórico; y un largo etcétera. Sin duda, por más disímiles que sean estas variables, hay invariantes que permiten ver la repetición de patrones conceptuales que, aunque se puedan identificar distintas escuelas ideológicas, no dejan de configurar un sistema. La receta del nacionalismo burgués en cualquiera de sus expresiones llegó a contener cada uno de los ingredientes anotados.

 Al igual que ocurrió con las tres anteriores, la actual revolución industria (4.0) está rediseñando el mapa socioeconómico a nivel global. Las manifestaciones de ese tipo de cambios epocales se comienzan a sentir en la realidad de cada uno de los países, de acuerdo a su grado relativo de desarrollo. Al respecto es interesante reparar en la siguiente observación hecha por un analista. “La revolución industrial 4.0 se diferencia de las anteriores en cuanto a la concentración de la riqueza y el predominio de la burguesía, incluso en el poder político”[v]. El nacionalismo burgués tiene dos componentes definidos. Uno de ellos, el “nacionalista”, está puesto en la mira -más allá de las unanimidades que su puedan alcanzar en cuestionamientos tan genéricos- en los sectores más avanzados de la sociedad, proclives a la construcción de una Argentina global. El otro, el de la burguesía como factor de poder, no ha sido considerado tradicionalmente al margen del bastardeo conceptual característico de los enfoques esquemáticos de la izquierda. No es fácil el desafío. Si toda larga marcha comienza por un pequeño paso, todo cuestionamiento sistémico despunta en los meristemas que anticipan el cambio de paradigma. Puede que sea oportuno irse preguntando sobre el grado de complejidad que conlleva la crisis que estamos sufriendo los argentinos; cuán cerca del hueso se está hincando el cuchillo.

Cuál es la salida

Un viajero pasa frente a un castillo en el que se ven unas ovejitas pastando sobre un paño de césped muy parejo y de un verde intenso, de esos que solo se ven en el norte de Europa. Intrigado, le pregunta al jardinero cómo se puede lograr tanta perfección.
-Es muy sencillo, regamos cuando no llueve y cada 15 días largamos los animales”. 
-  ¿Pero solo con eso alcanza?
- Si, nada más -contesta el jardinero-; eso sí, lo venimos haciendo con regularidad desde hace 300 años”

El planteo de cualquier proyecto debe tener en cuenta por lo menos dos variables: las relaciones de poder que juegan para ponerlo en movimiento y el tiempo que demandará lograr las soluciones.
Un escenario de país deseable, como hemos dicho, debe partir de un enfoque territorial. No hay soluciones sustentables, si no se dan sobre un hábitat equilibrado y comunicado en red. Todo lo demás es palabrerío, ignorancia, o especulaciones de manejo clientelar. El federalismo productivo que se debe poner en marcha implica una relación de fuerzas que refleje, en forma duradera, una voluntad mayoritaria para una distribución en red de las facilidades al alcance de la población. Por cierto una condición muy difícil –o imposible- dada la situación actual de predominio porteño cristalizado desde hace siglos. Es donde actuarán –al igual que en el pasado con otros cambios de estructura que han sacudido a la sociedad argentina - los influjos globales que tiendan francamente a la reconfiguración reticular de los flujos informativo comunicacionales. Y a ese objetivo hay que sumarle unas cuantas décadas para el logro de resultados tangibles y convincentes. Pero el proceso se ha puesto en marcha. En mucho depende del presupuesto nacional y la asignación de recursos para obras de infraestructura de conectividad. Un país en el que se incentiven políticas estatales donde corresponda, de acuerdo a un plan estratégico, para la creación de puestos de trabajo privados, construcción de viviendas, facilidades de salud, educación y seguridad. Obviamente, la cuestión política es la locomotora para mover el tren de la historia argentina.

Situación política

El político debe ser capaz de predecir lo que va a pasar mañana, el mes próximo y el año que viene, y de explicar después por qué no ha sucedido. W. Churchill

No hay nada más pasajero que este tipo de crisis recurrente, no así los cuestionamientos implicados cuando se quiere actuar en serio; la diferencia de la presente con las anteriores, es que, en el ambiente creado con el triunfo de Cambiemos, se están destapando ollas que habitualmente permanecían cerradas. La magnitud de las revelaciones, sin antecedentes, obrará para que el optimismo que se genere en sectores determinantes de la sociedad, sea mayor que el desconcierto que provocan las dificultades actuales. Esa confrontación de sentidos opuestos es la que condicionará los resultados electorales el año que viene. En ese contexto Cambiemos no sufre problemas insolubles, a diferencia del peronismo que sí los tiene, como se ve en una lectura objetiva de sus desventuras en curso.

Desde hace ya unos años vengo vislumbrando, por cierto en soledad, la muerte del peronismo. La conjetura estaría más justificada en la actualidad por la dispersión sin vistas de aglutinamiento que sufren por varias razones, entre ellas la permanencia desacostumbrada en el llano, y ahora ya no la sospecha sino la evidencia de una corrupción que, en la realidad, ha sido inherente al peronismo desde su nacimiento. El problema del peronismo, es otro, y no tiene solución. El movimiento creado por Perón fue funcional desde su inicio -como un traje a medida- a la consolidación del movimiento nacionalista burgués que se puso en marcha, con perfiles más nítidos, en la década del treinta. Por cierto el peronismo no ha sido la excepción en esos largos años de decadencia, pero su prédica (salvo en la gestión menemista aunque no en los aspectos sustanciales referidos a la estructura económica social que no fue tocada) no ha tenido contradicciones. El peronismo no sabe hacer otra cosa. La gente más lúcida de ese movimiento lo ha dejado. La pregunta es cómo se reconfigura el sistema político argentino siendo que los peronistas, todos unidos, todavía siguen siendo la primera minoría.

Tomamos dos nociones de las ciencias duras y las hacemos vulgatas: salto cuántico y mitosis[vi]. La primera para diferenciar de grieta, tan difundida en los últimos tiempos. Con el triunfo de Cambiemos se ha producido un salto cuántico. El primero y único ocurrió luego de Caseros, en 1852, cuando la derrota de los rosistas los hizo desaparecer de la historia. La grieta, por el contrario, se da en un plano y presupone alternancia. Fue lo que ocurrió con la Revolución Libertadora en 1955. El peronismo fue derrotado pero retornó. No es el caso de la derrota actual. ¿Cómo se está metabolizando? 

Hoy el peronismo es CFK (quién lo duda salvo Clarín que miente, ja). Lo demás son flecos desprendidos de un tejido que ya cumplió su vida útil. Empero, CFK es residual y está ubicada en el nivel cuántico inferior; no puede ascender aunque tampoco lo quiere. El resto está disperso. Esta dispersión preludia la frustración que les espera el año que viene, la que se irá prolongando en el tiempo en su descomposición creciente. En ese devenir, las divisiones se irán cristalizando para certificar la imposibilidad de la recuperación.

Los peronistas que se avergüenzan de CFK, se irán acumulando en un espacio progre pero que no podrán comandar. No tienen figuras que resistan un carpetazo. Y aquí la novedad: ese espacio progre (o como se lo quiera denominar), irá surgiendo (en realidad ya lo está haciendo) de una mitosis de Cambiemos. Es el mismo espacio, surgido de la derrota del peronismo, el que les dará lugar a los peronistas dispersos para que se congreguen junto a otras fuerzas que no han tenido nada que ver con ellos.

Por el lado de Cambiemos, aunque serán menos conflictivas, no quiere decir que las alternancias no deparen sorpresas. En primer lugar Macri: es altamente improbable su reelección. El capital político que le resta se irá gastando en administrar la crisis hasta el final de su mandato. Ya es Carlos Pellegrini. La ventaja que tiene sobre CFK no es tanta ni tampoco es esperable una ampliación de la misma, a medida que la economía comience a recuperarse, recién entrado el año que viene, como reconoce el propio gobierno. De ser así, su lugar, obviamente puede ser ocupado por una sola figura excluyente aunque en la fórmula se expresaría el mayor equilibrio que va mostrando la coalición. Si se da un cambio de figuras como el imaginado, la gestión del próximo gobierno no puede quedar al margen de las nuevas influencias exógenas. ¿La vuelta a una especie de populismo (¡se aplica en circunstancias tan disímiles!), pero de tono global, en línea con la prédica de Francisco? Si fuera así, la nueva administración se sustentaría en una base social algo distinta. Por su parte, en la PBA no habrá cambios en cuanto a las fuerzas que compondrán la fórmula; puede haberlas en el orden.

La ciudad de Buenos Aires es una incógnita. Y la figura de Lousteau es clave para imaginar escenarios probables. Afiliado a la UCR, y por eso formalmente integrante de Cambiemos, a pesar de haber enfrentado con éxito las posiciones del PRO, éste, hasta ahora, ha devenido en un obstáculo insalvable (¿o un pretexto?) para su integración a la coalición. En suma, una situación dilemática llena de aparentes contradicciones. Puede pasar lo siguiente. Que de una u otra manera, se produzca en alguna instancia un enfrenamiento como el de diciembre de 2014. Fue cuando Lousteau, junto a los partidos Coalición Cívica ARI, Partido Socialista Auténtico, Partido Socialista, Unión Cívica Radical y Confianza Pública, encabezó un frente electoral que, luego de diversas peripecias, se enfrentó al PRO con resultado parejo. Pasados unos años, la evolución de los acontecimientos, y sobre todo la crisis del peronismo, puede introducir modificaciones según las siguientes variables todas con referencia al diputado de los rulos:

1)      Las posiciones podríamos decir no carentes de ambigüedad con respecto al gobierno y al PRO,
2)      la misma actitud con respecto al peronismo como se nota ostensiblemente en los últimos días,
3)      el antimacrismo creciente de sectores afines al peronismo que puedan aumentar, por oposición, las simpatías hacia su figura,
4)      Las posturas coincidentes de la UCR en la ciudad de Buenos Aires críticas con respecto al gobierno y al PRO.

Ese cóctel de sentidos contrapuestos puede dar lugar a la aparición de un cisne negro (oxímoron, el anuncio le hace perder el carácter de inesperado): que, en el marco del proceso electoral porteño, por mitosis se generen condiciones para la constitución de la fuerza que hemos denominado progresista en el nivel cuántico superior abierto por Cambiemos (obviamente sin las presentes hegemonías), pero en confrontación y complementariedad.


Ing. Alberto Ford
La Plata, octubre de 2018









[i] En realidad, el inicio de estos correctivos en los máximos niveles del poder, se dio en Holanda, en los setenta, cuando se hicieron públicos los manejos sucios del abuelo político de Máxima, el Príncipe Bernardo, tan seductor como coimero, con el affaire de los aviones de la Lockheed.
[ii] Cerrando este trabajo, se publica hoy una nota sobre uno de los casos de opacidad corporativa más dramáticos de la historia argentina sino el que más por sus implicancias, el de los laboratorios medicinales (ver: Olivera Francisco, “Se corta la cuerda con los laboratorios”, La Nación, pág. 37, 18 10 06). Ya era público el contencioso pero ahí se da la información con mayor detalle. El gobierno de Cambiemos viene manteniendo ásperas negociaciones con los laboratorios por la provisión de medicamentos al Pami. Las mismas son llevadas por Lopetegui (con el celoso asesoramiento de Mario Quintana, un especialista en el tema por ser el creador de Farmacity, de quien Carrió ha dicho que era “la persona más inteligente del gobierno” hasta su salida del gobierno, lo que no estaría al margen de este conflicto). En lo que se dice ha sido un verdadero intento de golpe de estado, los laboratorios nacionales, nucleados en Cilfa y Cooperala, amenazaran con dejar sin remedios al PAMI, que consume el 40% de los medicamentos del país. Haciendo uso de una facultad estatuida, las dos cámaras propusieron en forma unilateral romper el contrato que formalizaba las relaciones con el Pami, y que parece no les resultaban tan favorables como en otros tiempos. Mostrando una hábil capacidad negociadora, el gobierno de Cambiemos acepto la ruptura, y a partir de ahora el PAMI acordará con las empresas individualmente, terminando con los manejos corporativos (los c.). Al respecto se puede ampliar: 1) ningún laboratorio sintetiza las moléculas (genéricos) que comercializa, las que son importadas prácticamente sin excepción, 2) es muy grande la variación de los precios de las distintas marcas por un mismo medicamento, 3) los médicos (en su gran mayoría, conozco excepciones) son cómplices de esos manejos sucios por medio del Ana Ana (ver en wiki una nota sobre esta práctica tan difundida como discreta, en la que se dice fue una de las razones, por su oposición y los problemas insolubles que le causaron a su Fundación, del suicidio de René Favaloro). Por cierto en gran parte esta expresión de la corrupción corporativa había sido sacralizada por los peronistas (Alderete 1997, y la laxitud frente a la aplicación de la ley de Ginés González García por la que los médicos deben recetar el genérico, que ahora, con Cambiemos, se retoma)
[iii] La Dinámica de Sistemas nace en los años 60 con el libro “Industrial Dynamics” de Forrester, continúa en los 70 con importantes libros como “Urban Dynamics”, y se consolida definitivamente con el informe del Club de Roma sobre los “Límites del Crecimiento” de Meadows. Hoy el planeamiento global –por ejemplo, megaproyectos como la Ruta de la Seda, una expresión “de pe a pa” emergente de la existencia del G20- se formulan aplicando estos principios y no privilegiando los intereses “nacionales” de China (que obviamente saca su tajada) ni de la multitud de países involucrados en todos los continentes.                           
[iv] El ministro de Transporte de la Nación, Guillermo Dietrich, aseguró que los principales bancos del mundo confirmaron su intención de participar en el fideicomiso que hará de instrumento financiero para el inicio de la primera etapa de Red de Autopistas y Rutas Seguras mediante el programa de Participación Público Privada (PPP), otro patrocinio del G20. El ministro estuvo reunido en EEUU con las máximas autoridades de Citibank, Banco Itaú, Goldman Sachs, JP Morgan, Deutsche Bank, con la compañía suiza de servicios financieros UBS, el Banco Mundial, el BID y otros organismos financieros. El Día, 7/10/18
[v] Castro J., Clarín económico, pág. 18, 30/09/18 (subr. AF)
[vi] La primera hace alusión a dos espacios paralelos que se influencian pero no se tocan. Los elementos que los pueblan pueden saltar de uno a otro, según que se ascienda o se descienda en una dimensión témporo espacial. La mitosis es cuando se divide una célula en dos.