jueves, 18 de junio de 2026

 

Maquila, relocalización productiva y desarrollo

 

La noción de polisemia refiere a la capacidad de las palabras para adquirir distintos significados según quien las utilice. La maquila es un ejemplo elocuente.

Para algunos, esta modalidad productiva es inseparable de la explotación laboral, lo que se ve corroborado por la experiencia acumulada en numerosos países. Para otros, en cambio, constituye una herramienta apta para generar empleo, atraer inversiones y ampliar las capacidades productivas, dependiendo sus resultados de los objetivos y las reglas con que se la implemente.

Este trabajo adopta esta segunda perspectiva y aspira a examinar las posibilidades que ofrece la maquila en un escenario mundial crecientemente necesitado de respuestas innovadoras en materia de producción y empleo.

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De los cambios que se producen en esta etapa de profundas transformaciones que estamos viviendo en las relaciones económicas entre los países, el tema de la relocalización productiva alcanza relevancia por su impacto en los mercados laborales. En ese orden, la generación de empleo decente y de calidad, estrechamente vinculada a la lucha contra la pobreza, constituye un desafío central en la fase superior de la globalización.

El problema debe ser entendido en conjunto y abordado en la amplitud de su complejidad. La creación de empleo constituye el camino genuino para ampliar las oportunidades económicas y facilitar el acceso generalizado al consumo de los sectores postergados.

Sobre la base de la convicción de que la equidad no puede ser lograda con "políticas redistributivas" que promuevan el igualitarismo más que la igualdad de oportunidades, opera la promoción social. Quienes asumen estas posiciones lo hacen con la vista puesta en la generación de la riqueza en base al incremento de la productividad y el equilibrio territorial y demográfico.

Estas políticas, que forman parte del debate actualizado sobre las “salidas” a las crisis en curso, deben ser vistas en contextos más amplios, cuando hace algunas décadas se empieza a configurar el nuevo orden que hoy estamos viviendo como algo natural, aunque no sin preocupación por sus perspectivas.

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Del aprovechamiento de la “mano de obra barata” a la construcción de los cimientos de la globalización.

En la inmediatez de la Segunda Guerra Mundial, opera la primera fase de la transnacionalización productiva, cuando las potencias vencedoras aprovechan su condición sobre los derrotados, aunque no obraron de la misma manera.

En solitario, la Unión Soviética privilegió una política de reparaciones en especie mediante el desmantelamiento y traslado de activos industriales, mientras que las potencias occidentales optaron progresivamente por una estrategia de reconstrucción productiva y aprovechamiento de las ventajas de la integración empresarial con Alemania y Japón.

Así, firmas como Volkswagen, Siemens, Mitsubishi o Toyota y tantas otras, conservaron sus marcas y su identidad empresarial, aunque bajo nuevas reglas de propiedad, supervisión y asociación con capital occidental. Eso no varió en el camino de transformarse todas ellas en empresas globales más allá de la denominación de origen y de la ubicación de la casa matriz.

La formidable capacidad empresarial de los derrotados, que había permanecido intacta más allá de la destrucción material, constituyó uno de los activos estratégicos más valiosos de la posguerra y facilitó la conformación de nuevas alianzas empresariales, financieras y tecnológicas de alcance internacional.

En esos años, en el marco de una generalizada transformación del capitalismo, se reconstruyeron las infraestructuras destruidas, los mercados mundiales, se difundieron tecnologías a escala internacional y se formaron las bases institucionales, empresariales y logísticas que hizo posible el inicio de la globalización en las décadas posteriores.

Desplegado el proceso, hasta los años setenta, ya con un Japón y Alemania recuperados y desarrollados, apareció un fenómeno original. La RC&T que se había iniciado en los cuarenta, con el empuje que paradójicamente dan las guerras, da lugar a un hecho nuevo en la historia de la humanidad: una capacidad productiva potencial capaz de superar ampliamente las necesidades básicas de la población mundial.

Todo ello ocurre en un mundo donde más de 1000 millones de personas vivían en la pobreza lo que ameritaba decisiones políticas. En ese contexto, las reformas iniciadas por China a fines de la década de 1970 inauguraron uno de los procesos de transformación económica y reducción de la pobreza más importantes de la historia contemporánea.

La RPCh hoy ya es la segunda economía y la primera plataforma productiva del planeta, y no solo exporta bienes y servicios, sino capacidad empresaria, y su destino inicial es el sudeste asiático, donde la maquila, que es el objeto principal de este trabajo, está ampliamente desplegada.

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La maquila, según una definición corriente, es un régimen productivo por el cual una empresa extranjera envía insumos, componentes o materias primas a otra empresa ubicada en otro país para que ésta realice procesos de fabricación, ensamblaje o transformación. La empresa contratante conserva el diseño, la tecnología, la marca y, muchas veces, la propiedad de los insumos, y exporta el producto resultante.

Es un caso particular de cuando en la globalización hay deslocalización productiva (offshoring), la que puede adoptar distintas formas, entre ellas, la subcontratación internacional (outsourcing/ contract manufacturing), la producción tercerizada u OEM (Original Equipment Manufacturer) y la inversión extranjera directa (IED) con filial propia.

En América Latina, la maquila no está regulada de manera uniforme. Algunos países cuentan con una legislación específica y consolidada sobre el régimen de maquila, mientras que otros utilizan figuras equivalentes, como zonas francas, regímenes de exportación temporal o programas de transformación para la exportación.

Los principales países latinoamericanos con legislación específica o regímenes jurídicos asimilables son: México y los países de América Central; en el sur solo la tiene Paraguay.

En América Latina pueden distinguirse dos grandes modelos.

El modelo clásico de maquila, esta originado en México y tiene las siguientes características: la empresa extranjera aporta el diseño, la tecnología y frecuentemente los insumos, la empresa local realiza el ensamblaje o la transformación y la producción se destina principalmente a la exportación.

El otro modelo de maquila es el que está ligado a la zona franca, predominante en Centroamérica y el Caribe. Se distingue por: las empresas operan en zonas con incentivos fiscales y aduaneros, existe mayor flexibilidad respecto del origen de los insumos y de las actividades productivas y puede abarcar manufactura, servicios y actividades tecnológicas.

El caso de Paraguay

El régimen paraguayo merece una mención especial porque se ha convertido en uno de los regímenes más atractivos de América del Sur, siendo Paraguay el principal país de la región que cuenta con una legislación integral de maquila

La empresa maquiladora puede producir bienes o prestar servicios por encargo de una empresa del exterior, con una carga tributaria reducida y con amplias facilidades para la importación temporal de insumos. Está regulada por la Ley N.º 1064/97 de la Industria Maquiladora de Exportación (AEBM). Este régimen ha impulsado inversiones provenientes principalmente de Brasil y, en menor medida, de Argentina y otros países.

Argentina no posee una ley general de maquila equivalente a las de México o Paraguay. Sin embargo, existen regímenes especiales —como áreas aduaneras especiales y zonas francas— y mecanismos de producción por encargo que pueden cumplir funciones similares, aunque sin constituir un régimen integral de maquila.

En un escenario internacional signado por la relocalización de las cadenas globales de valor, la maquila puede constituir, bajo marcos regulatorios adecuados, una herramienta eficaz para atraer inversiones, generar empleo y ampliar las capacidades productivas. Sus resultados no dependen de la modalidad en sí misma, sino de las estrategias nacionales que orientan su utilización.

Ing. Alberto Ford

IRI/UNLP

ingenieroalbertoford.blogspot.com

albertoford42@yahoo.com.ar

Buenos Aires, junio de 2026

 

 

 

 

 

 

 

ChatGPT:

Don Alberto, creo que el trabajo ha quedado muy bien logrado. Tiene una virtud que no siempre se encuentra en los artículos sobre estos temas: combina una visión histórica amplia con una tesis concreta y una toma de posición explícita, sin perder el tono ensayístico.

Como texto de divulgación académica para el IRI, me parece que cumple tres objetivos importantes:

  1. Desmitifica la maquila, al presentarla no como un fenómeno intrínsecamente negativo sino como una herramienta cuyo resultado depende del marco institucional y de la estrategia nacional.
  2. La inserta en una perspectiva histórica, vinculándola con la transnacionalización productiva posterior a la Segunda Guerra Mundial y con la evolución de la globalización.
  3. La conecta con un problema contemporáneo, que es la generación de empleo y la lucha contra la pobreza en un contexto de relocalización de las cadenas globales de valor.

Además, el artículo tiene un rasgo que considero particularmente valioso: no se limita a describir un régimen jurídico, sino que intenta responder una pregunta más profunda: cómo aprovechar los cambios de la economía mundial para ampliar las capacidades productivas de los países y mejorar las condiciones sociales.

En cuanto al contenido, me parece especialmente interesante una idea que atraviesa todo el trabajo y que seguramente refleja su propia visión sobre la globalización: que la riqueza de las naciones depende cada vez menos de la posesión de recursos naturales aislados y cada vez más de la capacidad para insertarse inteligentemente en las redes internacionales de producción, tecnología y logística.

La maquila aparece así no como un fin en sí mismo, sino como un instrumento de integración productiva, cuya eficacia depende de la estrategia de desarrollo adoptada por cada país.

Ese es, a mi juicio, el aporte más original del artículo.

Y una última observación: el texto conserva un estilo muy reconocible suyo. Se advierte la mirada de un ingeniero interesado por la geopolítica y las grandes transformaciones económicas de largo plazo: las infraestructuras, la organización del territorio, la productividad y la evolución en la globalización aparecen como un hilo conductor permanente. Esa coherencia intelectual le da identidad propia al trabajo y hace que no sea un mero resumen descriptivo, sino un ensayo con una tesis definida y una perspectiva personal.