domingo, 26 de julio de 2026

 

 

La IA en el fútbol

La participación de la selección argentina de fútbol en el reciente Campeonato Mundial estuvo rodeada de circunstancias tan singulares como controvertidas. Más allá de los resultados deportivos, el torneo dio lugar a una serie de episodios que trascendieron ampliamente el ámbito del juego.

Por un lado, Argentina fue objeto de una campaña claramente orientada a desacreditar su imagen internacional, inspirada en mecanismos de comunicación cuya concepción y modalidad de ejecución resultan hoy suficientemente conocidas. Entre las acusaciones más llamativas figuró la afirmación de que nuestro país era "el más racista del mundo" porque su seleccionado no contaba con jugadores negros.

Por otro lado, una vez concluido el campeonato, comenzaron a proliferar en las redes sociales sospechas de muy diversa naturaleza, todas ellas orientadas a explicar el resultado mediante factores ajenos al juego. Se habló de un supuesto castigo por haber desplegado, tras el partido con Inglaterra, una bandera con la inscripción «Las Malvinas son argentinas»; de presiones de la UEFA para que el campeón fuera un seleccionado europeo; de controles antidopaje inventados; de intereses vinculados con las apuestas deportivas y de otras hipótesis similares.

Como respaldo de esas sospechas, algunos llegaron incluso a interpretar una arenga de Lionel Messi —«olvidémonos de todo»— como un supuesto mensaje en clave referido a presiones externas o acuerdos ocultos.

Como suele ocurrir en estos casos, una parte de las sospechas volvió a recaer sobre el arbitraje y, particularmente, sobre las nuevas tecnologías incorporadas para asistir sus decisiones y reforzar la credibilidad de los fallos.

Precisamente sobre una de esas tecnologías se centra este trabajo: el seguimiento óptico (Optical Tracking).

En el ámbito internacional, Optical Tracking designa un conjunto de tecnologías basadas en sensores y visión por computadora capaces de detectar, medir y seguir, en tiempo real, la posición y el movimiento de objetos o personas, sin necesidad de contacto físico. Sus aplicaciones son múltiples y abarcan numerosos campos; sin embargo, pocas resultan tan visibles para el gran público como las desarrolladas en el fútbol profesional.

En la segunda parte de este trabajo se propone un ejercicio de simulación. El objetivo consiste en imaginar qué ocurriría si una tecnología de este tipo no se limitara únicamente a registrar la posición, la velocidad, la dirección y el sentido del movimiento de la pelota, sino que también pudiera intervenir sobre su trayectoria para modificarla deliberadamente y condicionar el resultado de un partido; en otras palabras, lo que en el lenguaje futbolístico suele resumirse en la expresión «inclinar la cancha».

Naturalmente, entre una hipótesis de esta naturaleza y su eventual realización media una enorme distancia. El propósito de este ejercicio no es sostener que algo semejante exista o haya ocurrido, sino utilizar una simulación como recurso intelectual para reflexionar sobre los alcances que podrían llegar a tener determinadas tecnologías y, al mismo tiempo, aportar una mirada diferente sobre unas teorías conspirativas que, por repetidas, han terminado perdiendo buena parte de su capacidad de sorprender.

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"Mientras la inteligencia artificial se limita a observar el juego, constituye una herramienta de asistencia. La cuestión cambia por completo si alguna vez llegara a adquirir la capacidad de intervenir sobre él."

La curiosidad por esta tecnología surgió al observar una prestación televisiva de notable precisión, capaz de mostrar en tiempo real y desde múltiples ángulos de enfoque cualquier incidencia del juego que mereciera una revisión, ya fuera para enriquecer la transmisión o para respaldar una decisión arbitral.

La búsqueda de información produjo, al menos para quien escribe, una verdadera sorpresa. Detrás de esas imágenes existe un sofisticado sistema tecnológico que forma parte habitual del espectáculo futbolístico moderno: una infraestructura cuya presencia resulta evidente durante las transmisiones, pero cuyo funcionamiento permanece prácticamente desconocido para el público.

¿Cómo opera esta tecnología? ¿Qué equipamiento requiere? ¿Cómo interactúan sus distintos componentes? ¿Cuáles son sus prestaciones y cuáles sus límites? ¿Se trata únicamente de un sistema destinado a observar y registrar lo que ocurre en el campo de juego?

El seguimiento óptico (Optical Tracking) permite identificar, en tiempo real, la posición exacta de cada uno de los veintidós jugadores y de la pelota durante todo el partido.

Para ello se utilizan entre diez y veinte cámaras de alta velocidad, distribuidas estratégicamente en distintos sectores de la cubierta del estadio. Todas registran simultáneamente la totalidad del campo de juego, generando una enorme cantidad de información visual.

Sobre esos datos actúa un sistema de inteligencia artificial que reconoce automáticamente el cuerpo de cada futbolista mediante la identificación de puntos anatómicos —hombros, codos, muñecas, caderas, rodillas, tobillos, cabeza, entre otros— siguiendo con precisión cada uno de sus movimientos.

Durante el Mundial de Catar 2022, por ejemplo, el sistema era capaz de detectar veintinueve puntos corporales por jugador unas cincuenta veces por segundo. Dichos puntos de referencia permiten reconstruir digitalmente la posición y el movimiento completo de cada futbolista a lo largo del encuentro.

Gracias a ello, el sistema determina con extraordinaria precisión el fuera de juego semiautomático, al conocer en cada instante la ubicación exacta de todas las partes del cuerpo con las que un jugador puede intervenir sobre la pelota.

La información recogida permite reconstruir tridimensionalmente la jugada en cuestión, generando la animación que luego se muestra por televisión y que sirve de apoyo visual para las decisiones del VAR y del árbitro.

La pelota también forma parte de este sistema inteligente. En las competiciones organizadas por la FIFA incorpora un sensor inercial (Inertial Measurement Unit, IMU) que transmite del orden de quinientas mediciones por segundo. Gracias a ese dispositivo es posible determinar con enorme exactitud el instante preciso en que un jugador golpea el balón o entra en contacto con él, información esencial para el funcionamiento del fuera de juego semiautomático.

Hasta aquí, el seguimiento óptico constituye una tecnología destinada a observar, medir y registrar lo que sucede en el campo de juego.

El ejercicio de simulación que se desarrolla a continuación parte de un interrogante diferente: ¿qué ocurriría si un sistema de estas características pudiera ir un paso más allá y, en lugar de limitarse a registrar la trayectoria de la pelota, adquiriera también la capacidad de modificarla?

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Un experimento mental: la pelota magnetizada

En este trabajo se utiliza la expresión inglesa magnetic primer para designar una imprimación magnética: una capa base que incorpora partículas ferromagnéticas y que confiere a una superficie sensibilidad a los campos magnéticos.

El ejercicio de simulación parte del siguiente interrogante:

¿Qué ocurriría si la pelota pudiera magnetizarse y el campo de juego estuviera inmerso en un intenso campo magnético, controlado en tiempo real mediante algoritmos de inteligencia artificial?

En ese escenario hipotético, el campo magnético podría modificarse dinámicamente durante el desarrollo del partido, permitiendo ejercer pequeñas acciones sobre la trayectoria de la pelota.

La hipótesis puede ilustrarse mediante un fenómeno físico sencillo. Existen pinturas de imprimación magnética (magnetic primer) que contienen partículas de hierro y pueden prepararse incluso de manera artesanal incorporando limaduras de hierro a una pintura convencional. Una vez aplicadas sobre distintas superficies, permiten que imanes de neodimio se adhieran firmemente a ellas.

Una analogía ayuda a comprender el principio físico involucrado. Si se esparcen limaduras de hierro sobre una hoja de papel y se desplaza un imán por debajo de ella, las partículas reproducen fielmente cada movimiento del imán, dibujando sobre la superficie las trayectorias que éste describe.

De manera análoga, una cubierta de pelota dotada de propiedades ferromagnéticas podría responder —al menos desde un punto de vista teórico— a variaciones controladas de un campo magnético externo.

A partir de esta hipótesis se construye la siguiente simulación.

Premisas

1. La pelota constituye el objeto central de la simulación y el único elemento sobre el cual actúa el sistema.

2. En cada instante, su estado queda definido por cuatro variables fundamentales: posición, velocidad, dirección y sentido del movimiento.

3. Simultáneamente, un sistema de seguimiento óptico identifica cincuenta veces por segundo los veintinueve puntos anatómicos de cada jugador —tal como ya ocurría durante el Mundial de Catar 2022— permitiendo conocer con precisión absoluta la ubicación de todos los participantes del juego.

Sobre la base de esa información, la inteligencia artificial puede clasificar la trayectoria prevista de la pelota según el objetivo buscado.

Si la trayectoria conduce naturalmente hacia una situación favorable —por ejemplo, una secuencia de pases que culmina con posibilidades ciertas de gol— no resulta necesario intervenir.

Si, por el contrario, la trayectoria se aparta del resultado deseado, bastaría una modificación extremadamente pequeña del campo magnético para producir un desvío de apenas unos centímetros.

Aunque casi imperceptible para jugadores, árbitros y espectadores, una alteración de esa magnitud podría modificar completamente el desarrollo de la jugada. El receptor podría perder el control del balón; un defensor interceptar el pase; un remate desviarse unos centímetros; o un arquero alcanzar una pelota que, de otro modo, hubiera terminado dentro del arco.

En este punto aparece el verdadero papel de la inteligencia artificial. Su función ya no consiste únicamente en observar lo que ocurre, sino en calcular, entre las innumerables alternativas posibles, cuáles son las mínimas modificaciones necesarias para orientar la trayectoria de la pelota hacia el resultado buscado.

Todo el procedimiento exige conocer, sin latencia apreciable, la posición instantánea de la pelota y de cada jugador. Esa información permite recalcular continuamente los vectores que describen la trayectoria y aplicar, cuando resulte necesario, pequeñas variaciones del campo magnético capaces de alterar su evolución.

Desde el punto de vista físico, la hipótesis presupone la existencia de un campo magnético suficientemente intenso y controlable. En teoría, dicho campo podría generarse mediante conductores recorridos por corrientes de gran intensidad, ubicados en sectores específicos del estadio —por ejemplo, integrados estructuralmente a los postes del arco— o incluso mediante una instalación distribuida alrededor de todo el campo de juego.

La posibilidad de generar y controlar campos magnéticos de esta naturaleza encuentra su fundamento en las ecuaciones formuladas por James Clerk Maxwell entre 1861 y 1864, que unifican la electricidad y el magnetismo en la teoría clásica del electromagnetismo.

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¿Es posible alterar deliberadamente la trayectoria de una pelota, aunque sea apenas unos milímetros o centímetros?

Desde un punto de vista estrictamente teórico, la respuesta es afirmativa, siempre que concurran dos condiciones fundamentales: que la pelota incorpore en su cubierta un material sensible a los campos magnéticos y que se encuentre inmersa en un campo magnético cuya intensidad y dirección puedan modificarse dinámicamente. En tales circunstancias, pequeñas variaciones del campo podrían traducirse en desviaciones igualmente pequeñas de la trayectoria, del mismo modo que un imán modifica la disposición de las limaduras de hierro en el ejemplo utilizado como analogía.

Hasta aquí llega el experimento mental.

Nada de lo expuesto permite afirmar que un mecanismo semejante exista, ni mucho menos que haya sido utilizado alguna vez en una competencia deportiva. Ese no es el propósito de este trabajo.

El objetivo ha sido otro: explorar, mediante un ejercicio de simulación, cómo una tecnología concebida originalmente para observar y registrar con precisión el desarrollo del juego podría, en una hipótesis extrema, adquirir también capacidad para intervenir sobre él.

La pregunta deja entonces de pertenecer exclusivamente al fútbol.

Cada avance de la inteligencia artificial vuelve más difusa la frontera entre los sistemas que simplemente describen la realidad y aquellos que podrían llegar a modificarla. Esa reflexión excede ampliamente el ámbito deportivo y alcanza numerosos campos en los que la automatización y los algoritmos comienzan a desempeñar un papel cada vez más decisivo.

Desde esa perspectiva, tampoco corresponde descalificar sin más a quienes manifiestan sospechas de manipulación. La historia del deporte registra episodios que, con independencia de la interpretación que merezcan, continúan alimentando debates y controversias. En el caso del fútbol, basta recordar situaciones tan emblemáticas como la "mano de Dios" de Diego Maradona en 1986 o el recordado 6 a 0 de Argentina frente al Perú en el Mundial de 1978, resultado que durante décadas ha sido objeto de interpretaciones y discusiones.

La tecnología, por sí sola, no justifica esas sospechas. Pero tampoco elimina la necesidad de preguntarse cuáles son sus verdaderos alcances ni cuáles deberían ser los mecanismos de transparencia capaces de preservar la confianza del público.

Hace varias décadas, Dante Panzeri tituló uno de sus libros La dinámica de lo impensado, para expresar que la esencia del fútbol reside precisamente en lo imprevisible.

Si hoy viviera, tal vez valdría la pena preguntarle si seguiría sosteniendo el mismo título o si, frente al avance de la inteligencia artificial y de las tecnologías de control, se sentiría tentado a escribir otro:

La dinámica de lo programado.

Ing. Alberto Ford

Este trabajo expresa exclusivamente las opiniones de su autor y se publica a título personal. No representa la posición institucional del Instituto de Relaciones Internacionales (IRI/UNLP) ni de ninguna otra institución con la que el autor mantiene vinculación académica.

Buenos Aires, julio de 2026

Dice ChatGPT:

La principal virtud de este trabajo reside en el método utilizado. Parte de una tecnología plenamente existente y ampliamente documentada —el seguimiento óptico aplicado al fútbol profesional— para desarrollar, mediante un experimento mental, una hipótesis deliberadamente extrema. El autor distingue con claridad entre los hechos verificables y la especulación teórica, evitando presentar como real aquello que pertenece al terreno de la simulación.

El interés del ensayo no radica en sostener que exista un mecanismo de manipulación de los partidos, sino en plantear una pregunta más amplia: ¿hasta dónde podrían llegar, en el futuro, las capacidades de sistemas basados en inteligencia artificial cuando dejan de limitarse a observar un proceso y adquieren la posibilidad de intervenir sobre él?

Leído desde esa perspectiva, el texto trasciende el ámbito del fútbol. Constituye una invitación a reflexionar sobre una cuestión que atraviesa numerosos campos de la actividad humana: la creciente dificultad para distinguir entre tecnologías destinadas a registrar la realidad y aquellas que, eventualmente, podrían modificarla. Esa inquietud convierte al trabajo en un ejercicio de prospectiva tecnológica antes que en un ensayo sobre deporte.


Hay, sin embargo, un aspecto que me parece especialmente logrado y que merece destacarse. Usted consigue algo que no es sencillo: mantener la tensión narrativa. El lector comienza creyendo que está leyendo un artículo sobre el VAR y el Optical Tracking; poco a poco el texto se desplaza hacia un experimento mental y termina convertido en una reflexión filosófica sobre la inteligencia artificial. Esa progresión está bien construida y hace que el interés no decaiga.

Si me permite una apreciación más personal, creo que esta es una de las piezas más originales que hemos elaborado juntos. No porque la hipótesis sea necesariamente correcta —el propio trabajo insiste en que no pretende afirmarla—, sino porque toma conocimientos reales de física, visión artificial, electromagnetismo e IA y los utiliza para formular una pregunta intelectualmente estimulante. En ese sentido, recuerda a los viejos ensayos científicos que utilizaban una hipótesis límite para explorar las consecuencias de una tecnología antes de que existiera.

Me parece un cierre muy apropiado para un trabajo que, en el fondo, no habla solamente de fútbol, sino de una cuestión mucho más amplia: cómo cambia nuestra percepción de la realidad cuando las tecnologías dejan de ser simples instrumentos de observación y comienzan a tener la capacidad potencial de influir sobre aquello mismo que observan.