domingo, 26 de marzo de 2017


¿Pre-globalización?
publicado en Revista Mercado
https://mercado.com.ar/economia-y-politica/hay-un-regreso-a-la-pre-globalizacion/?fbclid=IwAR0_DtpDbn1oxJI9_bekwB7ebauBT8rwEXSrEzlkTSvcSk87BX_C6q82A2o


Están ocurriendo hechos trascendentes, aquí y afuera. Algunos de ellos adquieren notoriedad, ocupan la primera plana de los diarios, y son motivo de análisis y extensos debates en los distintos medios; otros pasan inadvertidos. Se registren o no, esos eventos marcan el ritmo y dan tono a los acontecimientos. Por ejemplo, la semana pasada, en Baden-Baden, Alemania, tuvo lugar un encuentro de ministros de finanzas y presidentes de bancos centrales de los integrantes del G20. La sombra de Trump terminó condicionando los resultados: en contra de los principios del Grupo y por imposición de la delegación norteamericana, de la declaración final fue excluida la habitual condena al proteccionismo. ¿Un regreso a la pre-globalización? En el trabajo veremos que no hay ninguna marcha atrás y que todo lo que hace el presidente de pelo color zanahoria está totalmente en línea con la última fase de la globalización, la que se propone incluir a los que todavía no se han beneficiado con sus frutos. Eso vale para la política de inmigración, la vuelta de capitales, recuperar parte de la industria nacional, y la compulsiva construcción de infraestructura, una política esta última de neto corte neo-keynesiano. Cosas que también pasan aquí, salvo el proteccionismo que tendrá un tratamiento distinto. Así, mientras nuestro país comienza a poner trabas a la inmigración descontrolada, los capitales regresan raudos para ser invertidos (el blanqueo a un tris de finalizar alcanza la friolera de U$S 100.000 millones), los planes de infraestructura ya en construcción no tienen antecedentes en la historia por tres razones de peso: su envergadura, la lógica sistémica con que están concebidos, y la transparencia de las contrataciones; al mismo tiempo, se trata de ir abriendo nuestra economía al mundo sobre la base de la competitividad y la innovación.  El proteccionismo, causante principal de la agobiante decadencia argentina, irá siendo desactivado. Todo esto pasa en un ambiente enrarecido. El gobierno de Cambiemos tiene más consenso afuera que adentro. Hay un desgaste por la metabolización de la herencia, no solo del peronismo; también proveniente de toda una historia de desaciertos (la decadencia educacional es uno de los ejemplos más dramáticos). Pero se están tomando medidas inéditas referidas al sindicalismo corrupto y al empresariado prebendario las que no dejan de tener su costo político. A pesar de todo el “desorden”, los melones se irán acomodando con el andar: el triunfo de Cambiemos en las elecciones de este año será la consecuencia de una combinación virtuosa y sinérgica de esa no fácil de encasillar constelación de factores.

La marcha de la globalización (G)

La victoria de Trump ha disparado una nueva situación en el mundo. El escenario abierto, aun en despliegue, aparenta ser de mayor trascendencia que el vivido a partir de la crisis del 2008. Se cuestionan valores establecidos como la apertura de las sociedades nacionales. Cunden las amenazas contra los inmigrantes y se levantan vallados para impedir su libre circulación. En el plano de la retórica se discute sobre el significado de nociones comúnmente aceptadas en el mundo de hoy. Un caso flagrante es el de la globalización. Cabe la pregunta: ¿se puede retroceder de un cambio que ya lleva más de cuatro décadas lo que ha dado lugar a un mundo consolidado notoriamente por encima de los estados nacionales?

Un semanario alemán[i] publicó a fin del año pasado un texto conjunto de Merkel y Obama, en el que afirman que “hoy nos encontramos en una encrucijada: el futuro está sobre nosotros, y nunca volveremos a una economía pre-globalizada...“ Seguidamente, la canciller remarcó en una conferencia de prensa que “no volveremos a los viejos tiempos” con referencia a ese estado potencial de “pre-globalización”, una tipificación conceptual sin duda referida a las amenazas preelectorales de Trump. Las preocupaciones, expresada a ese nivel, ameritan algunos comentarios.

La globalización (G) es un emergente multidimensional en el transcurso de la sociedad humana. Como tantas otras eras (edades) de las que nos cuenta la historia, tiene antecedentes que facilitan su alumbramiento. G es un producto de la revolución científico tecnológica. Son dos las disciplinas de mayor protagonismo en el proceso de gestación: las matemáticas y la computación. En el momento que esas herramientas permiten elaborar modelos de alcance planetario, ser procesados (simulados), y dar lugar a modelos operativos (hojas de ruta), se hace posible el gerenciamiento compartido de los recursos del mundo necesarios para la vida. Es ahí donde nace G[ii]. Esa sinergia de matriz transdisciplinaria y alto potencial intelectual toma forma en la década de los setenta del siglo pasado, en el momento que el ser humano sale del seno materno y comienza a internarse en el espacio celeste. En ese sentido G es un cuerpo vivo: nace, crece y se desarrolla. Al igual que nosotros, no puede regresar a la vida intrauterina. El sentido común y un abordaje científico lo certifican. Último y no menos importante, el 80% de la producción mundial de bienes y servicios, está globalizada. Esa masa actúa transfrontera, sus estacionamientos son blancos móviles, y no pueden ser afectados desde la ciudadela nacional. Es una incumbencia del G20 que desde 2008 viene dedicando buena parte de sus preocupaciones para controlar ese desenvolvimiento.

El proteccionismo no es malo en sí mismo como lo es su uso indiscriminado (transitorio/permanente). Igual que los cuidados a un bebé, la industria naciente amerita ser incubada con los cuidados que ello reporta. Por su parte, la producción global se debate en una crisis de crecimiento: cuánto robotizar sin perder consumidores. Es una paradoja. Las paradojas no tienen solución en el plano en que se revelan. Se hace necesaria la configuración de otro plano donde las variables enfrentadas puedan discurrir: es el de la vuelta al trabajo nacional en su medida y armoniosamente. Sin abdicar de la tecnología (hoy las zanjas se hacen con retroexcavadoras).

Trump conduce una ambulancia que se propone levantar los heridos que dejó el brutal traspaso de áreas productivas íntegras de EEUU a China en los inicios de la G. ¿Era dable pensar que esa movida que se fue dando a partir de los setenta -sin duda la mayor operación logística de la historia- no tendría costos? Los excluidos aportaron fuertemente a la victoria de Trump. Sin embargo, el estado de un sector social en esas condiciones no es el mismo en los EEUU que en África por más que el descontento no tenga fronteras. En materia de malestar, el continente negro está en el podio: contiene una mayoría de los 700/1000 millones de indigentes que en el mundo aun no han tenido acceso a los frutos de la globalización (por cierto no a la telefonía móvil -lo cual no es poco- pero sí a una vida sustentada en la generación de recursos proveniente del trabajo digno y no en la dádiva populista).

Volviendo. El foco en la pobreza lo pone el G20. De su agenda, la situación del continente negro es el único tema que rompe con una tradición de no involucrarse en cuestiones no genéricas. Sin duda, África es una metáfora. En otro trabajo hemos visto como los chinos financian y construyen infraestructura en las costas del Índico como parte de un involucramiento estratégico. Al mismo tiempo, ocupa una parte medular del discurso de Francisco, y su movida –interpretada no pocas veces solo desde la forma- transita principalmente por ese andarivel pastoral. Todo este proceso tiene una lógica sistémica que, a pesar de su enorme complejidad, cae por su propio peso. Descorriendo los velos de una realidad a veces esquiva, veremos que en su transcurso los asuntos globales por venir estarán fuertemente condicionados por este objetivo de auto-interés de la producción global por incorporar a todos los seres humanos como consumidores[iii].

Repercusiones locales

Argentina va en contracorriente. Mientras que en otros lugares se amenaza con el cierre de las economías, en nuestro país se viene dando una política de creciente apertura. No es para menos. La decadencia nacional de los últimos 80 años, de la que hemos empezado a salir con Cambiemos, se puede medir en términos concretos. Los números no mienten. El cuadro siguiente integra un informe de la OECD al encuentro del G20 de ministros de finanzas y presidentes de bancos centrales de Baden Baden mencionado ut supra[iv].



Nuestro país ocupa el primer lugar global (somos los campeones) en materia de proteccionismo. Como se ve en el cuadro, en general hay una tendencia a abrir las economías desde 2008. No es nuestro caso. Sobre todo en el último período, donde el mundo relevante nos fue dando la espalda. Sin embargo, sería limitado culpar de ello solo al peronismo aunque, huelga decirlo, el partido de Perón ha sido el adalid en materia de aislamiento y conflictividad internacional. El vector de la decadencia, ha atravesado horizontalmente durante la última parte de nuestra historia, en mayor o menor medida, la casi totalidad de las gestiones habidas desde los años treinta del siglo pasado. La responsabilidad no ha sido del “populismo” –un concepto viral multipropósito usado como atajo para eludir el análisis serio de los problemas- sino de una forma de pensar que aún sigue siendo preponderante en nuestro medio: la que deriva de una concepción nacionalista burguesa del desarrollo.

No siempre revelado con nitidez –tal vez debido a que ha caído en desuso como marco teórico-, el nacionalismo burgués es la ideología que identifica a las élites de nuestras principales corporaciones: sindicatos, empresarios, fuerzas armadas, sistema político, medios de comunicación, iglesia, sistema académico, etc. Eso se pondría en evidencia, por ejemplo, con una simple encuesta de posicionamiento frente al estado y sus funciones. El proteccionismo -enemigo de la innovación de una industria que reniega de aprovechar nuestras ventajas comparativas y competitivas- ganaría por afano. Igual resultado se obtendría con una ponderación colectiva de otras variables: producción sustitutiva (ignorando irresponsablemente la división internacional del trabajo), defensa del empleo público (atentando contra la inversión y la creación de trabajo genuino y sustentable), centralismo causante de desequilibrio territorial y demográfico, estado empresario (defensa irracional de las empresas del estado), desidia en la diagramación de un esquema de transporte moderno, docentes sin vocación de actualizar un sistema obsoleto a los que les interesa solo el sueldo, aquiescencia en torno de prácticas corruptivas a todo nivel… y la grilla de factores causantes de la decadencia nacional podría continuar. Estamos en el fin de un ciclo que ha grabado en forma indeleble en el imaginario de una parte sustancial de una sociedad las huellas de la renuencia al progreso.

La virulencia, el desorden, la irracionalidad y el sinsentido de las luchas de estos días, son una manifestación de lo anterior: un enfrentamiento entre una posición ideológica aún mayoritaria, encarnada en los promotores de dichas luchas, y otra en proceso de gestación –en el gobierno, y en importantes sectores de la clase media en la ciudad aunque no con perfiles del todo nítidos como sí lo son los del campo- pero que sin embargo tiene desplegados los alerones en el sentido de G. Y ese posicionamiento en las relaciones de fuerzas preanuncia un desenlace más temprano que tarde…

El gobierno tiene que ganar tiempo para llevar adelante un proyecto tendiente a globalizar la Argentina. Para ello debe mantener la paz social y dar todo lo necesario para administrar los conflictos inevitables (como lo viene haciendo al punto de que ahora se hace más “asistencialismo” que antes). Pero hay una diferencia[v]. Una cosa es el desenfreno K en el reparto irresponsable de recursos a costa de las reservas del Banco Central para favorecer “el consumo como motor” de la economía[vi]. Y otra, en un curso de estabilización y crecimiento como el actual, pilotear la situación con endeudamiento, sintiendo el aval y la contención internacional. De cualquier manera, el crecimiento del déficit fiscal con Cambiemos no es inmanejable (es bastante menor al de Brasil y a nivel global se sitúa en la franja del medio junto a países como España, India, Japón, Rusia, etc.)[vii].

Se dice que no hay inversiones. El año pasado solo a proyectos energéticos se destinaron U$S 6.000 millones y este año U$S 10.000 millones. El blanqueo de capitales, alentado por los Panamá Papers y otros mecanismos de transparencia global, hizo posible el regreso al país de la friolera de U$S 120.000 millones (¡) que ahorristas, especuladores y ladrones nacionales habían expatriado en los últimos años. Esos dólares no se pueden guardar en el colchón ni mantenerlos improductivos en cajas de seguridad. La secuencia es la siguiente. Primero la compra de bonos, acciones y propiedades. Luego construcción de diversas formas de infraestructura con financiamiento privado y público-privado según los mecanismos aprobados por ley para ese tipo de proyectos conjuntos. Finalmente, vendrán los emprendimientos para la producción de bienes y servicios. Ese proceso ya se ha puesto en marcha. Aunque, se sabe, hay un pero: si bien los inversores están a la espera del juzgamiento y posterior encierro de Cristina –como alertó Felipe González a Macri en el último viaje presidencial a la madre patria- finalmente los procedimientos tendrá el corolario que estamos anhelando. En todo caso, desde el momento del anuncio de una inversión destinada a proyectos de bienes y servicios (que son los que interesan porque crean trabajo) hasta que la producción se pone en marcha hay una serie de pasos ineludibles que llevan su tiempo.

El triunfo de Cambiemos en la elecciones de medio término, que tendrán lugar en la segunda parte del año, se sustentará en la sinergia generada por una combinación virtuosa de diversos factores de procedencia exógena y endógena. El resultado agudizará la crisis del peronismo que se dirige inexorablemente a su desaparición, un final previsto desde hace algunos años en distintos trabajos de mi autoría[viii]. El peronismo de Cristina ha devenido en una cristalización que se irá esmerilando con los sucesivos turnos electorales. Dejando al kirchnerismo de lado por su carácter residual, el resto de los peronistas (con los que tendremos que convivir por un tiempo mayor que con el menemismo) con intención de salvarse, tendrán que tener paciencia: este año ni siquiera podrán mostrar cabezas de lista competitivas.

Massa y Randazzo son vulnerables por su participación ominosa en los gobiernos kirchneristas. Hasta donde se ve, Urtubey se reservará; tiene mejores perspectivas de crecimiento que ningún otro peronista de los que se ofrecen hoy en el mercado de las candidaturas. Sin embargo, con el tiempo, el peronismo se terminará sublimando en un polo en el que convivirán todos los que hoy se van nucleando alrededor del massismo, sumados a no-peronistas del andarivel progresista. Son sectores que hoy están desconcertados por la inevitabilidad de un cambio que no terminan de asumir y de entender, aunque intuyen que también los afectará. Pero ese producto ya no será peronismo explícito según lo concibieron sus padres fundadores. Los partidos, grupos y personalidades que lo integren solo podrán ejercer su identidad en tanto la asuman como parte de un sistema coherente pero diversificado, al estilo de lo que ya ocurre con Cambiemos.

El proceso refundacional abierto en nuestro país no tiene retorno. El día que alguien se decidiera a cambiar las cosas de fondo sin necesidad de una nueva batalla de Caseros (ya hemos sufrido suficiente violencia), la resistencia sería enconada pero sin destino. Ese día ha llegado.

Ing. Alberto Ford
La Plata, marzo de 2017




[i] https://global.handelsblatt.com/opinion/the-future-of-trans-atlantic-relations-645958
[ii] Emerge la prospectiva para decir “el futuro ya no se enfrenta, se construye”. Esos prodigios que tuvieron su fecha de nacimiento en momentos en que se ponía pie en la luna, fueron fruto entre otros de los trabajo de Jay Forrester en el MIT relacionados a la dinámica global. A partir de ahí se pudo gestionar a nivel planetario variables de altísima complejidad como el cambio climático, la marcha del comercio internacional, la administración de los recursos naturales y otros ítems que conforman la agenda global.   
[iii] En 1992 había 1850 millones de pobres, el 35% de la población mundial. Ese porcentaje en 2017 bajó al 10% o sea 705 millones. En lo que va del siglo XXI la clase media mundial se duplicó de 1500 a 3000 millones (¡). Ver estos datos en https://ourworldindata.org/ 
[iv] http://www.g20.utoronto.ca/2017/2017-Germany-G20-policy-paper.pdf
[v] El asistencialismo (“populismo”) de Cambiemos adopta un alto coeficiente de seguridad. El “valor calculado de la capacidad máxima” del sistema para aguantar las demandas socioeconómicas que puedan surgir (cuya respuesta eficaz está dada en gran parte por la magnitud de los recursos internos y externos a los que llegado el caso se puede apelar), debe estar por encima del “requerimiento esperado real a que se verá sometido”, es decir, las demandas extorsivas de las corporaciones sociales, empresarias y sindicales para mantener la tranquilidad en la sociedad en su conjunto. Cuanto más alto sea el coeficiente adoptado, Cambiemos tendrá más margen para acelerar su proceso de transformación. Es por eso que aun distribuyendo más de lo que repartía a manos llenas el gobierno anterior, sus reservas crecen aceleradamente mientras que con el peronismo ocurría lo contrario. 
[vi] Lo siguen sosteniendo. Días pasados en Tres Arroyos el diputado Bossio dijo que “hay que poner en el eje central el consumo, sin dudas el motor de crecimiento”. Ver: http://www.lavozdelpueblo.com.ar/nota-49770-%C3%82%E2%80%9Cel-mundo-va-para-un-lado-y-la-argentina-para-otro%C3%82%E2%80%9D 
[vii] http://www.datosmacro.com/deficit
[viii] Ver “Es el peronismo,…”, un trabajo de marzo de 2014 oportunamente compartido, en  http://ingenieroalbertoford.blogspot.com.ar/2014/04/es-el-peronismo.html

miércoles, 22 de febrero de 2017

Infraestructura global

Ya no serán obras desconectadas, concebidas según los “deseos de la gente” o por necesidades electorales de intendentes y gobernadores. A partir de este momento, cierta infraestructura que se realice en nuestro país con financiamiento internacional -como en cualquier otro lugar del mundo en esas condiciones- responderá en forma más o menos manifiesta a una lógica global inspirada en programas que se mueven en el entorno del G20. Es lo primero que veremos en este trabajo. Lo segundo, para dar una idea concreta de los alcances y la profundidad de esta nueva modalidad de ejercer la gobernabilidad, veremos a vuelo de pájaro cómo se expresa en África donde reside una parte considerable de los pobres del mundo. La globalización por abajo no se puede postergar; urge la incorporación al consumo de un sexto de la población mundial que aún espera engrosar una clase media que ya crece a ritmo acelerado. Se considera, con razón, que los trenes y las carreteras, el manejo del agua, la electricidad, la difusión de las TIC´s, y otras expresiones de infraestructura básica, obrarán en favor de una creciente conectividad entre las regiones y océanos, y de esa manera compatibilizar los diferentes grados de desarrollo. Alemania, a cargo en 2017 de la presidencia del G20, está promoviendo un notorio involucramiento del Grupo con ese continente rezagado.
---o0o---

Me impactó tomar conciencia sobre el proyecto del plan de riego anunciado en los últimos días por el gobierno argentino para la recuperación de 250.000 hectáreas. La inversión prevista es de U$S 1200 millones y los interesados –que actuarán en el marco de la ley de participación público privada (PPP), aprobada el año pasado- son empresas del ramo y agropecuarias. En el país hay 7 millones de hectáreas que pueden ser recuperadas con riego de las cuales hasta ahora solo lo han sido 1,6 millones; la diferencia da una idea del potencial del negocio. El proyecto cuenta con el asesoramiento del Banco Mundial y puede ser comprendido por un conjunto de programas adyacentes al G20.

Básicamente, los programas globales referidos a la infraestructura son cuatro:

·         Global Infrastructure Hub (GIH).
·         Global Infrastructure Facility (GIF) -World Bank
·         Public-Private-Partnership in Infrastructure Resource Center (PPP) -World Bank
·         Centro Anticorrupción del G20.

Fundado en 2014 en la cumbre del G20 de Australia –donde tiene su sede- la función del GIH[i] es controlar la calidad de proyectos de infraestructura potencialmente financiables. Su aprobación les permite contar con un sello de mérito para viabilizar la operación ante los inversores. A los servicios del GIH pueden acceder todos los países sean o no miembros del G20.

Por su parte, Global Infrastructure Facility (GIF)[ii] es una asociación entre gobiernos, bancos multilaterales de desarrollo, sector privado de inversores, financieras. Su tarea es promover una nueva forma de colaborar en la concepción, el diseño y la implementación de proyectos de índole compleja cuya ejecución está más allá de las capacidades de un partícipe individual para concretarla.

Public-Private-Partnership (PPP)[iii] es un mecanismo que se está estableciendo en todos los países del mundo. Tiene que ver de forma más o menos directa con la compulsividad con que se está obligando a la repatriación de capitales (convenios internacionales de transparencia, intercambio de datos bancarios, Panamá papers, Trump, etc.). Inicialmente, el dinero que retornan los ahorristas se destina a la compra de bonos o acciones pero, al final, irá a parar a obras de infraestructura debido a la implementación de políticas de estado que estimulen la conveniencia de orientarlo a ese fin. Tanto la necesidad de obras de infraestructura globales como la liquidez del sistema financiero internacional, público y privado, están en sintonía. La intención de avanzar en ese sentido es pública y se evidencia en el máximo nivel.

Por último, y no menos importante, está la decisión de combatir la corrupción. Ya en la Cumbre 2010 del G20 en Canadá se aprobó la creación del Grupo de Expertos Anticorrupción del G20 (GTAC) cuyos pasos iniciales estuvieron a cargo de Francia e Indonesia para dirigir las deliberaciones de expertos gubernamentales tendientes a adoptar un Plan de Acción. Pero donde el tema alcanzó su mayor relieve fue en la Cumbre 2016 del G20 que tuvo lugar en China. Dando la pauta de una creciente preocupación por el flagelo, fue creado el Centro internacional de lucha contra la corrupción con sede en Pekín[iv]. El Centro está recopilando información para capturar a fugitivos por delitos económicos y confiscar los activos ilegales. Cai Wei, representante de la Comisión Central de Control Disciplinario del Partido Comunista de China, dijo que “el Centro sentaría una base sólida para el estudio de los delitos de corrupción transfronterizos y ofrecería apoyo de inteligencia para combatir la corrupción a nivel global”.

Es previsible una tensión entre los distintos mecanismos creados ad hoc para la erección de infraestructura de alcance global. En primer lugar, esa situación crítica puede ser incentivada por la magnitud del negocio (solo el TGV Pekín-Moscú que ya se está construyendo demanda U$S 250.000 millones!). Segundo, no son descartables luchas de poder entre el sector público de los países, los organismos multilaterales (con tarjeta amarilla) y el sector privado (McKinsey, una de las consultoras más grandes del mundo[v], formó una empresa exactamente igual al GIF del Banco Mundial). Por último, el juego de competencias para que un proyecto se haga bancarizable normalmente es engorroso y puede dar lugar a manipulaciones. De cualquier manera, las urgencias dadas por las “recomendaciones” de los líderes del G20, sumado a la visibilidad que tendrán proyectos de dominio público en cada país, aseguran eficacia y un creciente dinamismo de los actores comprometidos.

Es difícil imaginar la cuantificación de una panoplia global de proyectos en el ramo. Ya el hecho de sacar de la órbita nacional la parte más significativa en cuanto a la concepción de la infraestructura para ponerla en el marco de un logicial global, aumenta hasta límites insospechados la cantidad y la diversidad de opciones que se puedan crear y la eficacia de los emprendimientos. En este contexto, existen cantidades cuasi ilimitadas obras para hacer y se cuenta en demasía con los recursos financieros y tecnológicos necesarios para llevarlas a cabo. Sus resultados serán de alto impacto: conectividad transfronteriza, facilitadoras de intercambio comercial, tránsito de factores productivos, sinergias por contraste de situaciones diversas, factores reconfigurantes de alcance territorial y demográfico, soberanía nacional atenuada, etc. La incomprensión y las reacciones adversas estarán presentes, pero no habrá marcha atrás aunque los pasos en cada caso se deberán dar dentro de andariveles políticamente transitables. África será el laboratorio de ensayos para este desafío insólito de la terra patria.

La “recolonización” del África

Esta vez no serán exploradores, aventureros ni mercenarios ávidos de riquezas. El tráfico de diamantes, petróleo, maderas finas, cobre, titanio, oro, marfil, petróleo, cobalto, uranio, bauxita, plata, frutas tropicales, etc., está ya consolidado desde hace siglos; funciona a pleno con sus casas matrices reposando plácidamente en el acogedor suelo europeo. Las consecuencias: el 60 % de los trabajadores africanos realiza actividades rurales, y el 80 % de lo que el continente exporta son materias primas, mientras que los productos industrializados representan la casi totalidad de sus importaciones. Solo el 15 % de la población está empleada en el sector industrial siendo Sudáfrica, Egipto, Marruecos, Túnez, los que poseen la mayor parte de dicha actividad. Así, África es el continente más pobre del planeta; su PBI representa tan solo el 2,6 % del total mundial.

Lo que se busca con esta movida global es la incorporación al consumo de centenares de millones de personas. Y esa facilidad no se logra con sueldos miserables. La inclusión competitiva implica la creación de puestos de trabajo dignos que, en un plazo no breve pero tampoco indefinido[vi], pueda poner a las masas africanas en la situación que muestra actualmente la población china y sus vecinos, con sus clases medias en crecimiento acelerado. Es bien sabido que esos países asiáticos arrancaron hace unas pocas décadas desde situaciones parecidas a las que hoy muestran los africanos.

A principios de este mes tuvo lugar en Sudáfrica una conferencia organizada conjuntamente por el T20 (grupo de think tanks) de la actual presidencia alemana del G20 con diversas organizaciones multilaterales, académicas y de gobiernos, alemanas, locales y de otros países africanos[vii] . Como su nombre lo indica, estos espacios de pensamiento creativo e innovador son los que le dan letra al G20[viii]. Un repaso de los documentos de las deliberaciones muestra, explícitamente y en subtextos, el vigor, la convicción y la rapidez con que desde el mundo desarrollado se está actuando frente a la postergación africana… como si se quisiera evitar un debate estéril sobre las culpas históricas de ese estado de cosas. Esos documentos se refieren a los mecanismos necesarios para sostener la cooperación Africa-G20 así como la participación académica de los africanos en el proceso del T20. Asimismo, grupos de trabajo temáticos formularon recomendaciones de políticas específicas sobre cómo el G20 y África pueden fortalecer la cooperación en los siguientes temas: 1) infraestructura, 2) e-commerce y economía digital, 3) agricultura, seguridad alimentaria y acción climática, 4) comercio e inversiones, 5) cooperación internacional en cuestiones de fiscalidad, 6) desarrollo político y social ambientalmente sustentable.

Ejemplos de fuerte interdependencias entre África y el G20 son el cambio climático, las consecuencias de la crisis financiera y económica, las pandemias, el terrorismo, la migración y los refugiados. Se acordó en que el proceso del G20 ofrece una oportunidad para que África fortalezca sus compromisos multilaterales. En consecuencia, el éxito de estas iniciativas depende de la comunicación pública y de consultas políticas intensivas y de alto perfil con los socios africanos. Ya los frutos de esa cooperación intensiva que se pone en marcha, se comienzan a ver con la acción de los chinos en la costa oriental.

Una nota publicada este mes en el NYT[ix] se refiere a la inauguración de una línea ferroviaria entre Djiboutí y Addis Abeba, capital de Etiopía. Es el primer FFCC transnacional que se construye en el continente. No es de extrañar. Para referirse a los tendidos coloniales –hace ya más de un siglo- el autor de la nota usa la palabra “maraña”: cantidad de líneas desconectadas, con trochas incompatibles, y solo útiles para llevar materias primas al puerto. En este caso, de acuerdo a los nuevos tiempos, el ferrocarril vincula dos puntos de gran valor estratégico ya que Djiboutí, siguiendo el diseño de Hong Kong, puede llegar a constituir una nueva zona manufacturera libre de impuestos y un hub para el comercio regional. La apuesta es importante. Solo en Djiboutí China está invirtiendo la friolera de U$S 14.000 millones (tres puertos, dos aeropuertos, una serie de centrales eléctricas, y una tubería para traer agua del país vecino) si se tiene en cuenta que ese pequeño país tiene apenas 23.000 Km2 y una población de menos de un millón. Según las expectativas de una autoridad local, los 750 Km de la nueva línea serán “apenas el primer tramo de una ruta transafricana, del Océano Índico al Atlántico” (¡)

Sin duda, las obras de infraestructura serán la que mayores recursos insuma en África. Pero la cooperación, como se viene dando, será multifacética, y ya es una preocupación central de los países del G20. La cuestión cobra interés entre otras por dos razones. El año que viene, la Argentina ser hará cargo de la presidencia del G20 que hará su descomunal cumbre en algún lugar del país adecuado a la circunstancia (¿Bariloche?). En el programa, la actividad sobre África cobrará un espacio central y bien podría ser organizada en forma conjunta con los países vecinos. En segundo lugar, la costa occidental del África cuyo dibujo muestra, en forma evidente, que alguna vez estuvo unida a la costa oriental de América del Sur, está esperando de los países del Mercosur, sus provincias y distritos, el inicio de una corriente de cooperación como lo hace China del otro lado.

Ing. Alberto Ford
La Plata, febrero de 2017



[i] globalinfrastructurehub.org
[ii] http://globalinfrafacility.org/what-is-the-gif
[iii] http://ppp.worldbank.org/public-private-partnership/overview/what-are-public-private-partnerships
[iv] https://mundo.sputniknews.com/asia/201609231063655164-g20-china-corrupcion/
[v] La compañía de origen norteamericano da servicio a 2 de cada 3 empresas de la lista Fortune 1000, cuenta con 94 oficinas en 50 países y 9.000 consultores
[vi] El máster plan para el continente es la Agenda 2063
[vii] Participaron 240 delegados pertenecientes a organizaciones africanas (Unión africana, NEPAD, Banco africano de desarrollo), del gobierno sudafricano y alemán, Unión europea, OECD, y de otros grupos pertenecientes al G20 como el B20 (business group). La conferencia fue parte del programa del T20 que discurre en el marco de la actual presidencia alemana del G20. Las asistencias registradas muestran también cómo en forma más o menos sutil van quedando de lado organizaciones multilaterales tradicionales.
[viii] Desde 2008, cuando tuvo lugar la Primera Cumbre del G20 en Washington, los encargados principales de dar forma a las propuestas que luego aprobarían los líderes mundiales, son dos: Atlantic Council (USA) y Chatham House (The Royal Institute of International Affaires, UK). Posteriormente, a partir de la Cumbre de México en 2012, se fue abriendo más el juego a los aportes intelectuales del resto de los países miembros en reuniones del denominado T 20 (“grupo de compromiso”, engagement group of think tanks).
[ix] https://www.nytimes.com/2017/02/07/world/africa/africa-china-train.html?_r=1

martes, 17 de enero de 2017

La hora de los Trump

La victoria de Trump ha generado desconcierto y hasta miedo. Sin embargo, como se muestra en esta nota, los fundamentos esenciales del mundo que estamos viviendo no se modifican un ápice. Lo que sí cambia es la escena: los “perdedores” de la globalización comienzan a jugar papeles protagónicos. Serán los iluminados en la nueva realidad.  Consolidada la parte globalizada de la producción de bienes y servicios (lo que ha dado lugar a verdaderos fenómenos como el resurgimiento chino en este medio siglo), se pone el acento en la industrialización sustitutiva sobre la base de políticas de neo-proteccionismo. Sin embargo, estas salvaguardas ya no serán solo nacionales. El mundo se reconfigura sobre la base de macrorregiones como fue concebida la composición inicial del G20. En el hemisferio americano hay dos países que van actuar en forma conjunto como agentes de modernización: Estados Unidos y Argentina. Explicaría la gestualidad explícita de acercamiento con nuestro país de la familia Trump, incluso antes del cambio de gobierno. La Argentina en contracorriente. El proceso abierto con Cambiemos -de mayor profundidad a cualquier otro sucedido en nuestra historia- vino para quedarse. El sistema político obviamente se reconfigura lo que está dando lugar a la desaparición del peronismo por caducidad de sentido. Las razones por las cuales nació han perdido pertinencia en el mundo globalizado.

La verdadera historia no se construye con relatos que no estén basados en hechos que los legitimen (al respecto, los argentinos algo sabemos). De Trump, a pesar de los augurios, solo resta esperar una gestión determinada por los deberes pendientes de la globalización, una acción reparadora que, como se está viendo, no se dará solo en EEUU sino en el conjunto de países donde se corta el bacalao. Son consecuencias que ya habían sido anunciadas a partir de la crisis del 2008.

¿Cómo se fue armando la “sorpresiva” victoria del nuevo presidente? Hay razones de peso. Sectores de la sociedad, perjudicados en los setenta con la transferencia a China de ramas productivas íntegras, se hicieron ver en una elección por primera vez de forma corporativa. Así, millones de norteamericanos, con empleos de menor calidad y remuneración que los que habían perdido con el traspaso, terminaron inclinando el fiel de la balanza.

EEUU fue el país más favorecido y el más perjudicado con el avance de la globalización. En esos años, las empresas americanas levantaron vuelo hacia el exterior aun conservando la denominación de origen. La producción transnacionalizada, funcionando off shore, se liberó de impedimentos inherentes a la soberanía nacional. Las góndolas comenzaron a ser saturadas con el “made in China”. Esa masiva reubicación –una movida logística sin parangón- dio lugar, en el territorio americano, a que se generara un amplio sistema de pertenencias, principalmente en las costas este y oeste. Son los ganadores de la globalización pero que esta vez les tocó perder con Hillary. Por el contrario, la crisis se radicó en el centro del territorio, donde viven los que ahora asoman apoyando a Trump.

EEUU se va a reindustrializar a nuevo poniendo el acento en la excelente producción nacional (el viejo “made in USA” que provoca nostalgia en los mayorcitos), aunque sobre la base de la innovación y un adelanto tecnológico acelerado. Los coches eléctricos de Tesla y los cohetes reutilizables (¡) de SpaceX, lo demuestran. Pero también se van a volver a fabricar puertas y ventanas, camisas y remeras, martillos y tenazas, con todos los recursos instrumentales que provee el Silicon Valley (no hay que descartar que Bill Gates arme algunos proyectos en esos rubros). 

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Existe la presunción de que la victoria de Trump abre una nueva etapa en el proceso de la globalización. Esa visión es coherente. Luego de casi medio siglo en que una diversidad de factores fueran alumbrando procesos que han cambiado la faz de la tierra, en la que se evidencia la enorme cantidad de posibilidades para el progreso al alcance de la mano… pero no de todas las manos, ha llegado el momento de poner el foco en los rezagados. Son los denominados “perdedores” de la globalización.

Hay una ética, expresada de muy distintas maneras, que promueve el acceso generalizado a los beneficios. Pero hay otras razones más interesadas y menos filantrópicas: la capacidad cuasi ilimitada de producir bienes y servicios necesita de consumidores. La iglesia, la izquierda y sectores progresistas están en una posición. Los empresarios, en la otra. La sociedad mira sin comprender. Independientemente de cuál sea el punto de encuentro, hoy hay una posibilidad de acción común, sin fisuras.

La reindustrialización en los países desarrollados, en conflicto con la parte globalizada de la producción (China principalmente), permitirá crear puestos de trabajo para que los más pobres puedan irse alejando progresivamente de la dependencia del asistencialismo mientras se acercan al trabajo digno. Es un tema clave. Tiene que ver con lo que ahora se denomina “populismo” (un concepto no bien definido pero que tiene muchos usos), que seguramente tendrá poco o nada en común con lo que hemos conocido en nuestro país peronista.

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Hacen mucho ruido las amenazas de Trump a China. Hay algunas que son serias y otras para la tribuna. Debemos decirlo con claridad: hoy (en realidad desde el fin de la segunda guerra mundial) no hay ninguna posibilidad de conflicto armada entre las potencias; nada irá más allá de la retórica guerrerista de los ultras y de los deseos frustrados de una declinante industria de armamentos en crisis terminal (queda solo Rusia como el gran proveedor obviamente cartelizado). El tema con China es otro. Es un conflicto que irá creciendo entre la parte global y la no-global del ámbito productivo (que ahora va a ser promovido por el “nacional/populismo”), que reclama de los chinas dos políticas de largo alcance y alto impacto: configurar un mercado interno acorde a su población, y una actitud de creciente protagonismo en la cooperación internacional que, en forma progresiva, le permita poner en valor la montaña de papeles de EEUU que atesoran sus reservas de U$S 4 billones (doce ceros). Los datos están a la vista.

Trump tiene en carpeta la aplicación de barreras arancelarias en detrimento de la producción china; sin duda una medida que apunta a un intercambio desigual en materia comercial. A China se le planteará el problema de qué hacer con su capacidad productiva pensada para el mercado americano. El otro aspecto del gran cambio es el orgullo que notoriamente despiertan en China sus políticas externas. La “nueva Ruta de la Seda” que recorrió en su tiempo Marco Polo, la participación protagónica en la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) junto a Rusia, India (¡), Pakistán y otras repúblicas del Asia Central, y la creación del Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (AIIB) cuyo propósito es la financiación para proyectos específicos fuera de China (se lo conoce como el “banco mundial chino”), son algunas de las medidas que indican que China comienza a jugar en la liga de los mayores.

La cooperación internacional siempre es multifacética. Pero donde más se va a notar la presencia china es en la construcción de infraestructura. Ya está consolidada su participación en ese rubro en el África Oriental. Ahora se están acercando a América Latina y a nuestro país. Son impresionantes las obras en construcción en el continente asiático[i]. Todo eso se hace en el marco de las recomendaciones de las cumbres del G20. A veces, por error de cálculo o visiones distorsionadas, a China se le atribuye un papel que no tiene ni puede tener, algo así como si estuviera resurgiendo de su pasado imperial[ii].
  
Otra cuestión que da lugar a malos entendidos es la relación futura de Trump con Putin. Rusia, personificada mediáticamente en su presidente estrella (por cuarto año consecutivo ha sido distinguido por la revista Forbes como el dirigente más poderoso del mundo), es, en este momento, la podríamos decir principal componedora (junto a la Alemania y el Vaticano de Francisco y Merkel) de los principales asuntos globales. La descomunal extensión territorial de la tierra de los zares, le permite ejercer su papel en áreas de influencia de lo que suelen denominar Eurasia.

Es totalmente previsible que no habrá enfrentamientos entre Trump y Putin, no solo porque una política de encapsulamiento por parte de EEUU (y abandono de áreas en el mundo que antes se consideraban de interés estratégico como Medio Oriente), sino por otra razón de mayor importancia pero que todavía no aparece en la pantalla. Veamos.

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Un conteo de la composición del G20, que desde 2008 se ha transformado en guía de la globalización, muestra que los países desarrollados y emergentes, claramente puestos ahí por su peso específico y capacidad de producir alimentos y energía, también lo están por la potencial influencia de algunos de ellos, mirando la escena geopolítica global desde el punto de vista de las macrorregiones:  Sudáfrica en el Sahel, Alemania en la UE, Rusia y China en Eurasia, Turquía en la Cuenca del Mar Negro, Arabia Saudita en el mundo árabe, EEUU en el hemisferio americano, Japón & Cía. en el sudeste asiático, etc. (En América del Sur hubiéramos puesto la ficha por Brasil, pero bueno, la vida te da sorpresas: ese papel lo va a jugar la Argentina)

Ese anticipo (¿una semiótica de la futurología?) nos conduce como por un tubo a un abanico de hipótesis sobre el desenvolvimiento de la situación abierta en 2008 y claramente desplegado a partir de la irrupción de Trump. Cabe preguntar: ¿como paso previo al despliegue generalizado de la globalización, es posible esperar un proceso de marcada macro regionalización a nivel mundial?

El proteccionismo no es malo en sí mismo en tanto sea transitorio y como herramienta para salvaguardar la incubación de empresas. Que en la Argentina, bajo la batuta del peronismo y una nutrida lista de actores nacionales coligados, lo hayamos usado para abrochar una decadencia prolongada, no quiere decir que en la eventualidad las políticas de encierros direccionados no sean útiles para una reindustrialización no-global. Por ejemplo, en la eventualidad, al nivel de las macrorregiones.

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El estilo avasallante de Trump no debe hacer perder de vista la pertinencia de los temas de su agenda. En las relaciones internacionales hay mucha hipocresía no saldada (Recuerdo a Felipe González invitado a exponer en la Cámara de Diputados de la Nación en 1988 insistiendo con el tema). No hay que olvidar que EEUU intervino en Irak debido a la presunta existencia de armas de destrucción masiva.  No había tales armas y la invasión no trajo ninguna primavera en ese país árabe. A pesar de ello, Saddam Hussein fue ajusticiado sin motivo… en pleno Siglo XXI.

Las migraciones son una moneda con dos caras. La más obvia, mano de obra barata; menos, los migrantes como factores de modernización cuando se repatrían. El caso de Turquía con Alemania, funciona así desde hace décadas. En algún momento, en forma democrática y sin arrebatos xenófobos, se tendrán que ir redireccionando los vectores migratorios de manera que los más jugados –que son los que emigran- permanezcan en sus países o regresen a él. Ni hablar cuando viene gente con antecedentes[iii].

Con respecto al cambio climático, un tema de enorme sensibilidad y arraigo en una parte importante de la opinión pública, no es EEUU el país más indicado para obrar sobre sus evidentes exageraciones, habida cuenta de la actitud errática que mostró frente al Protocolo de Kyoto. Pero bueno, la CMNUCC desde sus inicios estuvo sometida a vaivenes a pesar de los cual se fue abriendo paso a través de arduas negociaciones en los últimos veinte años. No va a ser Trump con su diatriba el que tuerce el camino que tan trabajosamente se fue trazando desde la COP1 en Berlín.

En el plano del comercio y las inversiones extranjeras es donde mejor se evidencian los indicios de su accionar futuro. Hay dos elocuentes. La salida del Acuerdo Transpacífico (TPP) es coherente con su amenaza de encierro pero también del alejamiento del escenario que lo conecta con Asia y las presiones comentadas sobre China. Por su parte, el contencioso con Toyota y BMW sobre la fabricación de autos en México luego importados a EEUU con facilidades arancelarias, así como otras noticias de estos días referidas a las inversiones extranjeras en los EEUU, son de una manera u otra representativas de las intenciones nacionalistas de Trump. Así, también puede interpretarse las presiones sobre las firmas globales de origen norteamericano, que levantaron vuelo en el pasado, para que regresen al terruño con sus capitales.

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En momentos en que ingresamos de lleno al tiempo electoral, es bueno preguntarse sobre lo que nos espera a los argentinos. Tal como conjeturamos el mismo día de la elección de Trump, las relaciones comerciales entre nuestros dos países parten tan de abajo, que no es esperable otra cosa que no sea un mejoramiento. Ya en los finales de la administración saliente se comenzó a allanar el camino para los limones tucumanos y las carnes de las pampas. Esta tendencia va a continuar con toda seguridad. Pero el tema principal pasa por otro lado.

En su significativa visita a Punta del Este con motivo de un emprendimiento familiar, el hijo de Trump dijo que “la Argentina es percibida internacionalmente como un país mucho más abierto y amigable para los negocios. Eso traerá inversiones… esperemos que la relación entre la Argentina y Estados Unidos se fortalezca como nunca antes”. En la misma tesitura, en una importante reunión de conocidos expertos realizada en Nueva York, Trump padre “mostró interés por la Argentina, reconoció el ´nuevo clima´ desde la llegada de Mauricio Macri al poder y destacó el rol del país en la región”. Ese tipo de reconocimientos no solo no son frecuentes sino que sería ingenuo pensar que estén desprovistas de intencionalidad.

El hemisferio americano va a comenzar a funcionar como macrorregión y, desde las puntas, EEUU y la Argentina actuarán en forma conjunta como agentes de desarrollo… si se verifica nuestra presunción retro prospectiva sobre la lógica que presidió la constitución del G20. Algunos de los temas de agenda, por lo menos los iniciales, son previsibles:

  •                construcción de infraestructura que incrementen la conectividad regional
  •                 micro emprendimientos y comercio tipo La Salada
  •                 freno a la inmigración e incentivos para la vuelta al pago
  •                 educación y formación de recursos humanos
  •                 cooperación en agroindustria
  •                 narcotráfico, trata, crimen organizado
  •                 etc.


Se irá incrementando el papel de los países con mayor desarrollo relativo respecto de los más atrasados. Vivimos en una región poco equitativa, en la que se combinan élites de gran potencial, y enormes porciones de las respectivas sociedades con niveles de instrucción muy bajos e inficionados por ideologías y prácticas populistas. El principal problema no es el hambre que prácticamente ha desaparecido suplantado, eso sí, por una pésima nutrición que habrá que corregir.
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Argentina a contramano. Sobre proteccionismo podemos dar cátedra. Fue la característica principal de las siete décadas presididas por concepciones nacionalista-burguesas, cuya expresión principal pero no única fue el peronismo, al punto de que aun hoy el nacionalismo/populismo es una forma ideológica mayoritaria en la sociedad. Podríamos fundar la Universidad del Proteccionismo y lo pondríamos al frente, en ausencia de Aldo Ferrer (“vivir con lo nuestro, morir con lo puesto”) a José Ignacio de Mendiguren. Creo que en ese aspecto de la actividad económica Argentina puede ocupar un lugar de preeminencia como el que solo mostramos con el polo: no tenemos competencia en el mundo.

Pero lo nuevo ya está a la vista y en marcha. El proceso abierto con Cambiemos vino para quedarse. Aunque aún minoritario, la propuesta del gobierno de Macri, principalmente por el notorio e inédito apoyo internacional (a partir de hoy lo veremos en Davos), tendrá el tiempo y los recursos suficientes para cambiar en forma irreversible el vector de la decadencia que nos aplastó desde el cese del exitoso modelo agro exportador (lamentablemente sin la capacidad de dejar una herencia que lo honrara).

Se ha producido un salto cuántico dando como consecuencia una realineamiento del sistema político. El cambio, histórico, ha dado lugar a un nivel superior donde ya está instalado firmemente Cambiemos como núcleo aglutinador de un espacio de tono global. En un diseño de bipolaridad hay otro lugar que deberá ser llenado por una concepción llamémosla progresista reciclada donde deberán converger retazos peronistas, el socialismo, el GEN y otras fuerzas que ya vienen operando en forma conjunta en la actividad legislativa. Este conglomerado está recién en formación aunque puede avanzar en su consolidación ante las próximas elecciones.

¿Y el peronismo? Como tal está condenado a desaparecer por caducidad de sentido.  Ha cumplido su ciclo histórico. Quedará un residuo K que obrará, según la dinámica de los sistemas, como equilibrador del mundo de la política (para sacar un barco del puerto hacen falta dos remolcadores, uno tira para adelante y el otro para atrás). Otro, mayoritario, que, como hemos dicho, se irá acomodando en el espacio superior, ya no será peronismo explícito ni tampoco podrá reciclarse como tal si no es el marco de esa asociación en ciernes. Incluso, el peronismo con pretensiones competitivas carecerá este año de candidatos propios como cabezas de lista. Los envolverá una crisis de tipo terminal de la que no podrán salir más por sus propios medios. Por último están los que se escaparon por la tangente amparados en la sotana de Francisco: los movimientos sociales (tampoco solo peronistas). Pero estas nuevas estrellas del firmamento mediático estarán dentro/fuera del sistema político según los momentos y las conveniencias (este año mandarán por abajo a votar por Cambiemos donde sea necesario)
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La escena va a cambiar. Unos entran y otros salen de la misma. La iluminación se encargará  de revelar a los nuevos protagonistas sin que el argumento varíe. Se avanzará fuertemente en el incremento de la conectividad mundial. Las inversiones seguirán otros caminos privilegiando lo “nacional”. Se reformularán los movimientos migratorios: menos salidas y más regresos a casa. Los estados naciones seguirán siendo jaqueados como ocurre en forma soterrada desde hace medio siglo. Los conflictos territoriales remanentes se irán resolviendo. La fase final de la globalización implica la inclusión acelerada de los pobres a nivel mundial. Pero, en lo esencial, el mundo va a seguir funcionando como hasta ahora aunque las sensaciones no sean las mismas.


Ing. Alberto Ford
La Plata, 17 de enero de 2017





[i] Se está construyendo un TGV entre Pekín y Moscú de 7000 (¡) Km de largo. La inversión prevista es de 242.000 (¡!) millones de Dólares.
[ii] Se ha llegado afirmar que China es la segunda potencia militar como si el número de soldados determinara la fuerza. La casi totalidad de las armas chinas son construidas sobre la base de matrices proyectuales que los rusos desde el principio les han ido transfiriendo en forma permanente, a las que los chinos le adosan luego alguna nota nacional. China carece de una I+D que pueda torcer el fiel de la balanza. A pesar de los conflictos que tuvieron lugar hace años y que los enfrentaron temporariamente, lo cierto es que, desde la revolución china, que se hizo con armamento entregado por el aliado comunista, más todo el parque militar del ejército japonés del Kuomintang -estacionada en Manchuria hasta el fin de la Segunda guerra mundial y derrotado por el Ejército Rojo como consecuencia de una intervención derivada de los acuerdos de Potsdam- las relaciones entre los dos gigantes asiáticos han desembocado al día de hoy en una total unidad de acción que no se verá perturbada de ninguna manera en el futuro . ¡Analistas (serios) a ponerse las pilas!

[iii] En la Argentina se comienza a tomar medidas con respecto a migrantes provenientes de Perú, México y Colombia por el tema del narcotráfico.