miércoles, 17 de abril de 2019



Refundar la  provincia de Buenos Aires

Frente a la inviabilidad territorial de la provincia de Buenos Aires, el trabajo resume las condiciones históricas que fueron determinando el actual estado de cosas. Tanto las potencialidades y logros, como las debilidades y amenazas que la caracterizan, ameritan en la Provincia una acción ineludible que en algún momento, más tempano que tarde, deberá tener lugar para la refundación de su hinterland. Hay cambios que darán sustento a políticas de estado, derivadas de amplios acuerdos entre sus representantes y con el apoyo de la sociedad; otros, pasibles de ser puestos en marcha hoy, contribuirán a generar los mejores auspicios  para el encuentro de sus factores decisivos. Al respecto, se da un ejemplo de cómo alrededor de los Objetivos de Desarrollo sustentable (ODS) hoy son posibles acciones que integren los tres momentos del el bucle virtuoso de la intervención público/privada: información, participación y organización activa. Se trata de generar redes a nivel local/regional capaces de absorber recursos y generar producción y fuentes de trabajo. Vale la pena el intento de poner a la provincia de Buenos Aires en sintonía con la globalización.

A. Visión/misión.

Según el enfoque de esta nota, la provincia de Buenos Aires puede ser pensada según tres momentos. El primero, comprende el proceso de su constitución, crecimiento y desarrollo, se inicia en torno a la mitad del siglo XIX, y llega hasta la década del ´30 cuando se firma el pacto Roca Runciman. El segundo, que dura ocho décadas, está signado por una gran inestabilidad institucional donde se destaca la aparición y vigencia del peronismo en medio de una alternancia de golpes de estado cívico-militares; este periodo, visto como decadente, produce una profunda transformación en la sociedad argentina. El tercero, en curso de lanzamiento, se caracteriza por la recuperación y el afianzamiento de la estabilidad democrática, y en la economía muestra sus auspicios, como tendencia, en la revolución operada en el agro a partir de los ´90.

Tanto para procesar las variables que se despliegan en periodos tan largos como anticipar el comportamiento de otras nuevas o de aparición previsible, hace falta un gran poder de síntesis; sin embargo, considero que este esbozo vale la pena frente a la existencia de lugares comunes que no alcanzan a dar respuestas a un conjunto de interrogantes sobre las recurrentes crisis que nos siguen afectando. El otro requisito, es una correcta visualización de factores exógenos siempre determinantes, por su universalidad, proyección, influencia, y por la capacidad transformadora que han tenido y siguen teniendo sobre el decurso histórico de nuestra sociedad. En síntesis, ninguno de los objetivos conceptuales implicados puede ser resuelto solo con aportes individuales, al margen de un gran debate colectivo. El desafío es interpretar lo pasado, tener referencias comprobables, y poder operar desde el principio de un ciclo largo como el que se está desplegando impetuosamente. Está en juego nada más y nada menos que poner a la Provincia en sintonía con la globalización.

0.    Antecedentes

Para llegar a ser como es hoy, la Provincia tuvo que recorrer un largo camino desde la constitución del Virreinato del Rio de la Plata. Hasta ese entonces, el territorio provincial no era más que un gran desierto donde habitaban indígenas recolectores preocupados por satisfacer sus necesidades. Con el cambio de status -que ocurre debido a que la Corona privilegia el comercio desde esta parte del continente- aumenta la población de origen español y criollo que se va extendiendo en los alrededores de Buenos Aires. Así, producto del trabajo ligado al campo,  despunta la producción de cereales, lo que permite dar una respuesta creciente al consumo local; al mismo tiempo, este conjunto social en formación se ocupa en la explotación primitiva de una ganadería salvaje, sobre todo para la elaboración del charque (alimento de los esclavos en Brasil) y de cueros para consumo europeo. Así se va ingresando al siglo XIX, tiempos de grandes convulsiones en Europa que repercutirían en el sistema colonial.

El proceso de la independencia a principios del siglo XIX trajo algunas modificaciones. La vuelta apresurada de algunos españoles a su país de origen, a pesar de que provocó un caos en muchas zonas del país[i], dio lugar, como contraposición y luego del shock inicial, al progresivo afianzamiento de la producción agropecuaria. En el caso de la PBA, hay que tener en cuenta también acciones militares para contener o alejar al indio, que fueron provocando fluctuaciones muy dinámicas en la frontera de la civilización.

Los factores productivos en el campo argentino

El aporte de los países europeos, durante la primera parte del siglo XIX, estuvo direccionado a la generación de los factores productivos que se pondrían en valor luego de la caída del rosismo. Es un tema no suficientemente tratado en la historiografía, y su conceptualización constituiría un aporte adicional para una visión más compleja de ese oscuro período posterior a la independencia. De la relación de Rosas con los europeos (por lo menos durante su reinado), solo se ve la parte confrontativa pero no suficientemente la complementaria.

Hay por lo menos cinco variables de índole técnica, social y/o cultural, que sustentan el paso del primitivismo de nuestra región al inicio del proceso de modernización con la llamada organización nacional. Ellas son: técnicas, genética, oficios, inmigración y conocimiento del territorio.

Antes de la parafernalia tecnológica desplegada en la segunda parte de aquel siglo (ferrocarriles, puertos, frigoríficos, vapores, etc.), hubo aportes de técnicas de mayor simplicidad pero que, sin embargo, tuvieron gran influencia en el desarrollo del campo bonaerense. Por ejemplo, molinos y alambrados. Imagínese el paso de un extenso territorio cuasi desértico, inexplotado, a la delimitación de la propiedad de millones de hectáreas de pampa húmeda. De igual manera se puede considerar la importancia de la disponibilidad de agua para el incipiente desarrollo de la ganadería y una agricultura capaz de poner en valor una tierra riquísima en humus.

La importancia de la genética introducida se expresa en nombres que son parte inescindible de nuestro acervo rural: Shorthorn (Tarquino), Hereford, (Aberdeen) Angus, Holando (argentina), oveja Merino. Esas y otras razas hicieron posible el tránsito sin escalas desde el ganado cimarrón a la excelencia ganadera que caracteriza hoy a nuestro país.

Tuve la oportunidad de consultar los libros de nacimientos, casamientos y muertes de todo el siglo XIX de una de las principales colectividades europeas que tempranamente formaron parte de las corrientes migratorias luego de la independencia. Las comprobaciones son altamente significativas. En esos registros se puede ver la manera en que, desde una parte fundamental del conocimiento de aquellos años como son los oficios, se fueron echando las bases –incluso y principalmente durante el rosismo- de lo que luego se manifestaría ante el mundo como uno de los procesos de modernización más dinámicos, aventajando, incluso, a varios países que hoy son top ten.

En el período considerado no se registró una inmigración masiva pero sí calificada, sobre todo desde los países y regiones de Europa Occidental. La presencia de familias o individuos, con hábitos de trabajo de mayor competencia, provocó un indudable conflicto con las culturas criollas predominantes, más ligada a la filosofía de actividades recolectores y/o extractivas, que habían sido característicos de la colonización española. Sin ánimo peyorativo, este es un dato de la realpolitik que hay que tener en cuenta para un correcta visualización, no ideologizada, de cómo eran las cosas por aquellos tiempos. Por cierto las excepciones, que las habrá habido, no hacían más que confirmar la regla.

Uno de los puntos fuertes del modelo implementado a partir del siglo XIX, por lo menos en la agricultura, fue la existencia de una gran llanura con una capa de humus de no menos de un metro de espesor. Los casos más comparables se encuentran en el medio oeste norteamericano y las llanuras ucranianas y rusas, donde reina el afamado chernoziom (un tipo de suelo de tierra negra rica en humus además de serlo en potasio, fósforo y micro elementos). Una suma de factores fue creando las condiciones para un fenómeno de producción agrícola singular: uso de semillas seleccionadas, creciente mecanización, trabajo calificado a cargo de inmigrantes europeos, y facilidades comerciales, permitió poner sistemáticamente en el puerto de Buenos Aires una progresiva cantidad de cereales para satisfacer parte importante de las necesidades europeas. 

Por última está el requisito de no menor importancia referido al conocimiento del hábitat sobre el cual irían a operar las actividades modernizadoras. Se dice, con bastante propiedad, que fueron viajeros europeos, principalmente ingleses y alemanes, los que realizaron estudios preliminares de la llanura pampeana y sus peculiaridades. Hay varios libros que constituyen un legado inapreciable para saber cómo se vivía por estos lados, incluso en las tolderías indígenas. Con el transcurso del siglo, la incipiente intelectualidad nacional fue incorporando sus puntos de vista a ese menester ineludible de saber cuáles eran las potencialidades en materia de productividad de la pampa húmeda, que era en definitiva lo que les interesaba a los europeos acuciados por las consecuencias de la segunda revolución industrial en materia de distribución poblacional.

El manejo de la propiedad territorial

Durante la presidencia de Rivadavia se dicta la Ley de enfiteusis por la cual se asigna el uso, a cambio de un canon, de una parte considerable de la propiedad pública disponible, lo que da lugar a una fuerte concentración inicial en el uso de la misma: 8,5 millones de hectáreas fueron puestas en manos de 536 enfiteutas. Que esas tierras obraran de garantía (en consecuencia, no privatizables), fue una de las condiciones impuestas para desembolsar el préstamo de la Baring Brothers, negociado (participio y sustantivo) por aquellos años; así, los enfiteutas estaban obligados a pagar un canon por el usufructo de la tierra pero no podían ser propietarios. A partir de ese hecho -en medio de cambios políticos donde sobresale el largo período rosista- un proceso no rectilíneo que se extendería durante décadas dio lugar la creación de las bases fundacionales para el nacimiento del capitalismo agrario en la provincia de Buenos Aires. Finalmente, se gesta una matriz territorial caracterizada por la progresiva división de la propiedad que sería la consecuencia del funcionamiento del mercado inherente a esa formación económica social.

Las cosas ocurrieron más o menos así. Obviamente este tipo de repartos se hace entre amigos, que normalmente no son los mismos amigos que se ven favorecidos por el gobierno siguiente. La otra característica son las irregularidades en el cumplimiento con el pago del canon. El gobierno de Rosas actuó ejecutando a los incumplidores, lo que dio lugar a gigantescas disponibilidades territoriales aprovechadas en beneficio propio. La estancia Los Cerrillos, la joya de la corona del Restaurador de las Leyes, llegó a sumar varios centenares de miles de hectáreas en un territorio que se extendía desde el mar hasta los límites de hoy con La Pampa. Es de imaginar que respetando las proporciones correspondiente, así habrán sido favorecidos los oficialistas de ese momento; por el contrario, muchos de los desplazados guardaron un rencor a Rosas que, según se dice, sus descendientes conservan hasta nuestros días.

Caseros trajo una reconsideración de aquel estado de cosas. Las tierras que habían sido incautadas en su momento, son devueltas a los antiguos enfiteutas, ya con otras condiciones de titularidad. Se fueron generando de esa manera las grandes extensiones propiedad de familias pertenecientes a  la oligarquía terrateniente como se las fue denominando en la jerga académica y política; sin embargo, como pasa con todo grupo social, los comportamientos no fueron iguales.

Hay cuatro tipos característicos de esos propietarios: los que vendieron, los que mantuvieron yermas las tierras, quienes las explotaron con recursos modernos, y grandes extensiones que fueron arrendadas bajo diversas formas, entre ellas la mediaría. El primer grupo no hizo más que avivar el mercado; en el segundo las propiedades se fueron dividendo con las sucesivas herencias; el tercero fue un grupo social denostado, pero altamente progresista, que se nucleó en la Sociedad Rural. El cuarto es el más interesante porque permitió que los migrantes europeos fueran creciendo económicamente, y llegaran a ser propietarios en una sola generación. Esos chacareros dieron nacimiento al capitalismo agrario, uno de los fenómenos que, por su profundidad y extensión, permitió el asombroso crecimiento de la Argentina, hasta ser considerada en su dimensión global. Veamos porqué.

Según wiki, la mediería es un contrato agrícola de asociación en el cual el propietario de tierras (llamado concedente) aporta una finca rural y un agricultor (llamado mediero) aporta su trabajo y herramientas, se dividen, generalmente en partes iguales, el producto y las utilidades de la finca trabajada. La dirección de la finca rural generalmente corresponde al concedente. Esos medieros, en ese momento explotando predominantemente ganado lanar en la Provincia, muy pronto pasaron a ser propietarios, sobre todo a partir de la enorme disponibilidad de territorio que generó la campaña al desierto de Roca.

I.                   Nace el capitalismo agrario en la provincia de Buenos Aires

El inicio de la organización nacional está regido por una serie de factores visibles y otros no tanto; algunos locales, y otros, determinantes, derivados de los profundos cambios operados en la escena internacional. No es este trabajo el lugar para tratar el significado de la simultaneidad de nuestro devenir con eventos en apariencia tan disímiles como la guerra civil en EEUU, la restauración Meijí en Japón, procesos de guerras y unificaciones en Europa, o los mismos cambios operados en toda América latina; empero, sin llegar a alumbrar todavía la globalización, aunque sí anticiparla, se puede conjeturar que esos eventos constituyeron un trecho de la historia de la humanidad en el que las influencias (y por caso las dominaciones), se intensifican en sus efectos a nivel planetario. Pero volvamos a lo nuestro que es donde siempre nos sentimos más confortables.

El ostensible desarrollo de la ganadería y la agricultura que se opera en los setenta años del período enfocado, son la base de lo que se conoce como el modelo agro exportador. La denominación -de una clara significación- da sentido a la enorme cantidad de transformaciones, la mayoría promovidas desde el estado, que van a modificar de conjunto el territorio argentino en sus aspectos políticos, sociales, culturales y productivos. Donde más se notan esos cambios es el hinterland comprendido por lo que es hoy la Ciudad, la Provincia y toda la pampa húmeda.

Donde las transformaciones son más determinantes es en la infraestructura; obviamente, referida a la actividad productiva y la exportación. Imagínese el cambio que significa el progresivo trazado de miles de kilómetros de vías férreas en un territorio donde, hasta ese momento, había sido recorrido con coches tirados por caballos. Junto a las vías fueron creciendo centenares de pueblos y ciudades, donde se abastecía de todo lo necesario para la producción agropecuaria y su envío al puerto. Las estadísticas nos muestran la correspondencia entre las cosechas y la explotación de ganado, que iban creciendo en concordancia con el tendido de las vías. Los pueblos, a su vez, fueron recibiendo corrientes migratorias con gente poseedora de todos los oficios necesarios para asistir a la producción y las necesidades de la población que se iba radicando. Así se fueron abriendo los almacenes, boliches, talleres y tiendas, y toda una actividad comercial en relación al porte de la urbanización. Mucho de los talleres fueron creciendo en su tamaña y dieron lugar a pequeñas y medianas empresas que abastecían de máquinas y herramientas necesarias para la producción, en una actitud de sustitución creciente de las importaciones provenientes de Europa y EEUU. 

Toda esa actividad era acompañada con cambios de tipo social y cultural. La sociedad iba tomando forma a medida que las urbanizaciones se estabilizaban, y las costumbres adquirían un carácter complejo como consecuencia de la interacción de culturas que se acrisolaban. Esa diversidad en marcha iría constituyendo con el tiempo una de las ventajas comparativas de la Provincia expresada, más allá de aspectos económicos, en la conformación de las clases medias. La educación, el deporte, la atención de la salud, las actividades recreativas, fueron impulsadas desde el estado con la amplia participación de organizaciones intermedias, muchas de ellas representando a las distintas colectividades.

Hay dos condiciones, íntimamente relacionadas, que en definitiva caracterizarían a este periodo de la evolución provincial: el destino principal de la producción y el patrón infraestructural necesario para su cumplimiento. Hemos dicho que este periodo de la provincia es una consecuencia, apenas matizada, de la Segunda Revolución Industrial en lo referido al abastecimiento de recursos implicados en su despliegue. Entre ellos, la necesidad de alimentos frente al desplazamiento de la mano de obra campesina a las ciudades de los países europeos para ser ocupadas en las fábricas; el cambio del mercado laboral provocaba, en consecuencia, el despoblamiento del campo y el debilitamiento de las actividades agropecuarias. Como hemos venido diciendo en este trabajo, las acciones de los países europeos fueron reconfigurando según sus necesidades, en forma más o menos directa, las características de la pampa húmeda (al igual que lo hicieron con Canadá, Australia o Nueva Zelanda). El modelo agroexportador entre nosotros funcionó a pleno durante todo el periodo hasta que, como consecuencia del pacto Roca Runciman, para Inglaterra dejamos de ser el proveedor de cereales y carne que habíamos sido durante 70 años para comenzar a vivir de las glorias del pasado. El otro factor es de índole más compleja.

El tendido de la infraestructura –exclusivamente ferroviaria; recién en 1932 la recién creada Dirección de Vialidad comenzó a pavimentar rutas al costado de las vías (¿?)- se hizo siguiendo un patrón radiocéntrico, con el vértice en el puerto de Buenos Aires; un verdadero embudo. Desde el punto de vista de la dinámica de los sistemas, la configuración tuvo una gran repercusión en todos los órdenes de la vida de la joven sociedad argentina. El tren, medio de transporte que inicialmente sirvió para  la exportación de la riqueza, en el periodo siguiente, cuando caduca el modelo agroexportador, terminó por trasladar la pobreza, con una fuerte atracción por el puerto, que era donde el éxito argentino seguía mostrándose en todo su esplendor. La consecuencia: un desequilibrio territorial y demográfico llevado a los desbordes que hoy se conocen, dando lugar a un país quasi desértico, con gran parte de su población amontonada en el gran Buenos Aires, mechado de un federalismo retórico que ha signado invariablemente las relaciones centro-periferia.

II.                 El statu quo (a partir de 1933)

Los cambios ocurridos en la relación comercial con Inglaterra repercutieron en la Provincia. No fue un shock pero, con el paso del tiempo, se fue verificando un paulatino decaimiento en las actividades en el campo. Sin embargo, las consecuencias no fueron iguales en la agricultura que en la ganadería, siendo en aquella donde los efectos fueron más notorios. En el caso de la ganadería el impacto no fue tan evidente, sobre todo en el aspecto de la calidad de nuestras carnes. Veamos.

Las ventajas iniciales del siglo XIX hicieron que, en parte, se abordara la agricultura como una actividad extractiva sin evitar los problemas aparejados: por ejemplo, la no fertilización hacía que la capa de humus fuera perdiendo espesor. Los recuerdos de aquellos años nos hacen revivir, a quienes pasamos la niñez en el campo, sembradíos ralos y mustios, el día y la noche con lo que se ve ahora. Las carencias solo podían ser compensadas, en parte, con el laboreo[ii] derivado del talento y la cultura de nuestros agricultores. Por su parte, el impacto de los cambios en el comercio internacional no fue tan notorio en la ganadería debido a que se preservó y no se dejó de mejorar el patrimonio principal de la actividad: la genética. Si bien la producción decayó, tuvo un respiro importante durante la Segunda guerra mundial con la producción de corned beef para consumo de los combatientes. En suma, durante el período que estamos considerando la actividad en el campo, se mantuvo en una especie de statu quo; en todo caso no creció de acuerdo a su potencial en un contexto favorable como se está viendo en estos días.

Una nota importante en este periodo fue el proceso de urbanización y las migraciones internas consecuentes. El  tendido de la red ferroviaria dio lugar a la creación de una miríada de pequeños pueblos que fueron esparciendo la civilización en la geografía bonaerense. El hecho de que las bolsas de cereal tuvieran  que ser llevadas en chatas o villalongas desde la chacra a la estación ferroviaria, hacía que la cercanía fuera una variable clave. Sin embargo, ese condicionamiento virtuoso fue desapareciendo con la sustitución progresiva del tren por el transporte automotor. La secuencia se dio de la siguiente manera. La adopción del almacenamiento en silos en detrimento de la bolsa de arpillera, mermaron la necesidad de mano de obra más o menos calificada, y dio lugar a migraciones a ciudades de mayor porte, con primera escala obligada en las cabezas de distrito. El avance de la tecnología del packaging no era correspondido con opciones de creación de puestos de trabajo que mantuviera a la población en sus asentamientos distribuidos. Obviamente, fue creciendo el empleo público, la pobreza y las viviendas precarias alrededor de las ciudades. La falta de crecimiento y desarrollo económico no daba lugar para otra cosa; además, hay que tener en cuenta intereses políticos…

El desmanejo territorial se intensificó en este periodo. Si bien el problema de las incesantes migraciones centro periferia fueron una característica, como hemos visto, notable desde la creación del Virreinato del Rio de la Plata, la aparición de una industrialización sustitutiva en la cercanía del puerto (cuyos efectos negativos en lo territorial por su ubicación no podían ser atenuados con un federalismo retórico), un manejo irresponsable de lo demográfico por parte del peronismo, más el ciclo de golpes y contragolpes de estado, como factores no únicos pero sí dominantes, generaron enormes transformaciones en todos los órdenes de la sociedad argentina. Esas mutaciones profundas –vistas en clave ideológica- signaron la decadencia de estas últimas siete décadas. El tema de la ideología, en su acepción más amplia, incluso no sofisticada, cobró creciente importancia en el período hasta dejar huellas profundas en el imaginario colectivo.

Como variantes de una misma obra, los distintos modos de la política –según se mire, con civiles y militares, de tono neoconservador o progresista- fueron funcionales en forma más o menos explícita a la configuración de estructuras físicas y mentales vigentes en las últimas décadas, y extendidas horizontalmente a lo largo de nuestra sociedad. Aunque se puedan identificar distintas escuelas del pensamiento, hay invariantes que permiten ver la repetición de los patrones conceptuales. Fueron características: sustitución de importaciones  con sus externalidades expresadas en el proteccionismo, concentración territorial de la inversión, prebendarismo y concupiscencia empresarial; renuencia a la innovación tecnológica; regulación de la vida económica; fomento al estado empresario y empleador encorsetado por el burocratismo y la ineficiencia; desprecio al campo; corrupción gigantesca en la obra pública y/o detrás de la supuesta defensa de la soberanía energética por tomar dos casos emblemáticos; monopolio de los cielos como forma de encubrir las inviabilidad de la aerolínea de bandera; decadencia y falta de racionalidad en el transporte; desequilibrios territoriales y demográficos; gremialismo mafioso; federalismo retórico; ostracismo y falso orgullo nacional, etc.

Argentina se fue encapsulando. Una tendencia histórica al aislamiento se hizo patente en la relación con el mundo; característica propia de los países autosuficientes -por recursos y rasgos del subconsciente colectivo manifiestos en áreas de decisión- una relación fructífera con el mundo en ningún caso fue política oficial, como por ejemplo se vio en el caso brasilero. En las postrimerías del período, por los ochenta, se formula el consenso de Washington, con impacto en mayor o menor medida en decenas de países en los que era inexorable, en función de los aires globalizadores, el desmonte de estructuras cristalizadas, principalmente estatales. Fue el cometido principal del gobierno de la dupla Menem-Cavallo.

La apertura indiscriminada que se da en los noventa tuvo un carácter contradictorio con referencia a las actividades industriales. Por un lado, está lo que se denomina la destrucción creadora en un sentido schumpeteriano, es decir, la desaparición de empresas que, sometidas a una tensión globalizadora, no pudieron subsistir a la intemperie. Por el otro, el aprovechamiento que dio lugar la convertibilidad para renovar infraestructuras productivas por medio del ingreso masivo de modernos bienes de capital. En la situación creada, otras empresas no sólo sobrevivieron sino que se plantearon nuevos desafíos. Son manifestaciones de cambios paradigmáticos inevitables cuyo ponderación solo adquiere entidad con el paso del tiempo y cuya visualización habitualmente, sin ofrecer alternativas superadoras, no va más allá de la consigna de preservar los puestos de trabajo que siempre se ponen en juego ante cambios modernizadores.

En el campo no hubo plan B. Sin dilaciones, los chacareros se pusieron al hombro la revolución tecnológica, y los cambios comenzaron a fluir con el dinamismo visto a partir de mitad del siglo XIX. Es lo que hay hoy: Argentina produce alimentos en condiciones de satisfacer una demanda 10 veces mayor (¡) que su consumo cautivo. Tres factores fueron actuando en forma sinérgica. El indiscutible espíritu innovador y la enorme experiencia característica de nuestra ruralidad, las oportunidades abiertas en el comercio internacional (lo indican las fabulosas inversiones de empresas globales en el Gran Rosario con el fin de erigir el polo sojero más grande del mundo), y el factor conocimiento donde la influencia externa fue determinante una vez más. Recuerdo una experiencia personal: un intendente santafesino que me muestra una bolsa que atesoraba del primer cargamento de simillas de soja que vino de los EEUU. Por cierto, el sistema C&T nacional, como ha ocurrido siempre, actuó con la solvencia suficiente como para ponerse a la altura y promover lo que es hoy el perfil global de nuestra agricultura. Por su parte, con autonomía, la ganadería continuo mejorando la genética en forma ininterrumpida, incluso, ahora, con una fuerte posición en la exportación de expertise, embriones y reproductores.

En el mundo, en lapso que estamos recorriendo se produce el inicio de la globalización. Fue en  los setenta, con el funcionamiento de los foros de consenso, que las máximas esferas de decisión en el mundo se vieron apremiados por un problema demandante de urgente solución: por primera en la historia, debido a la Revolución científico y tecnológica, los bienes y servicios producidos o producibles, superaban  cualquier potencial demanda. Desde la óptica capitalista, se quedaron sin opciones; había que crear mercado sí o sí. De inmediato, comienzan a las negociaciones con la China de Mao, para la transferencia masiva de medios de producción, de Occidente a Oriente, lo que da lugar a la operación logística más grandes de la historia, y el crecimiento sostenido hasta el día de hoy de la economía china para llegar a ser en magnitud la segunda potencia productiva mundial. En el ámbito de la agricultura, en 1977, se produce un hecho de enorme trascendencia: por primera vez, la cantidad de proteínas producidas por el hombre fue mayor a las necesidades de consumo de la humanidad en su conjunto (la distribución y llegada de las mismas en tiempo y forma a los consumidores, es otro cantar). Fue, al mismo tiempo, un momento de arribo y arranque, como ocurre en las grandes transiciones. Como es obvio, la globalización presenta muchas dimensiones, variables e indicadores, sin embargo, poder terminar con la escasez a nivel global no tenía antecedentes, y el impacto del prodigioso logro fue difícil de medir en su momento.

En el último período peronista no solo no fue un demérito sino que de hecho fue considerada una virtud, el obstáculo principal que enfrentaba nuestro país para su progresiva modernización: el aislamiento internacional[iii]. A pesar de ello, en fronteras de difuso trazado, se fueron produciendo en sus costumbres, como anticipación, cambios en un sentido global. En el campo lo venimos comentando; también los hubo en las realidades urbanas, sobre todo en la ciudad de Buenos Aires, cuyos primeros indicios, para llegar a ser la ciudad global que es hoy, se empezaron a percibir por aquellos años. Ese estado de ánimo contradictorio, entre las expectativas que crean la modernización, y la percepción de estructuras caducas y crisis recurrentes, fue modelando el imaginario social. La Provincia estuvo en la primera fila, ya sea como actor o espectador, según el rubro, de esa puesta en movimiento que afectaba el statu quo.

III.              De aquí en más

Lo territorial, vista la sociedad como un sistema complejo, es la dimensión principal para un cambio de situación; es así desde que el primer hombre, preocupado por la subsistencia, fue tomando distancia desde su lugar de origen. Lo siguió siendo luego cuando los imperios debieron atravesar diversas geografías para acrecentar sus dominios. En tiempos recientes, la segunda guerra mundial, uno de los hechos más dramáticos de la historia de la humanidad, fue iniciada por los nazis con la idea del Lebensraum (espacio vital en alemán), y que en los hechos expresaba su proyecto de ocupar toda Eurasia para dar lugar a la creación de un Tercer Reich milenario. En el caso de la provincia de Buenos Aires, el aspecto territorial sigue siendo, sin duda, el condicionante principal.

Desde la creación del virreinato del Rio de la Plata hasta la consolidación del modelo agroexportador, el puerto de Buenos Aires funcionó como polo de atracción. Aún en decadencia, ese magnetismo no se ha debilitado, sino por el contrario, a pesar de las vicisitudes sufridas  se fue incentivando. Ese juego de tendencias tiene consecuencias de las más variadas. En unos casos, positivas, como factor de modernización y facilitador de la actividad económica en toda su área de influencia; en otros, como receptáculo y amplificador de la pobreza nacional y regional, negativas, sin miras de solución, con una dinámica de agravamiento que llega hasta nuestros días. Esa atracción, devenida en un poder que se expresó en lo “porteño”, ha provocado con el tiempo un desequilibrio territorial y demográfico de tal magnitud que, sin duda, es el problema estructural más grave no solo de la Provincia sino del país todo.

La evidencia más cruda de esa malformación, a lo largo de los años, es el establecimiento y consolidación del conurbano bonaerense. Como cordón de máxima entropía, encorsetando a una gran urbe de tono global, ese conglomerado caótico sufre de una paradoja insoluble: cuanto mejor, peor. Así, todos los recursos que se puedan poner para mejorar las condiciones de vida, en el lugar donde reside la mayor parte de la pobreza nacional, no harían sino más que acentuar la atracción de gente que busca mejorar su condición, ahora ya no solo del interior del país sino en forma creciente de los países vecinos. Ese feedback perverso esteriliza fatalmente las mejores intenciones.

El gobierno de Cambiemos desarrolla políticas paliativas que son necesarias para mantener la paz social sobre todo, como en este caso, habiendo en curso proyectos estratégicos. En cambio, para el peronismo, la pobreza ha llegado a ser su principal negocio electoral lo que da lugar a que no haya un interés legítimo en buscar una solución… más allá de la incentivación irresponsable del consumo. En general, no es frecuente encontrar una visión que pueda canalizar en forma sustentable acciones que se van tomando en la coyuntura.

Las soluciones territoriales a los problemas de la pBA son de mediano y largo plazo. No podría ser de otro modo a partir del hecho de que las malformaciones llevan siglos de gestación. ¿Cuáles serían esas soluciones? Vamos a hacer un conteo de ellas, antes de profundizar en el tema del “mientras tanto”

La pBA es inviable así como está

Una matriz FODA pondría en evidencia características de la Provincia que la determinan por sus efectos problemáticos. Son algunas de ellas: extensión desmesurada, existencia del conurbano, no centralidad de su capital, migraciones internas desestabilizantes, meca ineludible de la pobreza nacional y regional, dependencia de la ciudad de Buenos Aires, etc. Siendo, como hemos dicho, lo territorial la principal dimensión reconfigurante, podemos imaginar algunos escenarios para comenzar a atacar los problemas.

1)      Federalismo productivo y desarrollo macro regional. Son, en todo caso, las variables decisivas. Su despliegue haría posible –desde la dinámica de los sistemas- revertir el sistema vectorial dominante de tipo centrípeto -es decir, aquel en el que la atracción por parte del “centro” potencia una dinámica expulsiva en el interior del país y en los vecinos- por otro sistema centrífugo, hasta lograr una situación de equilibrio  territorial. Así, la cuestión del desarrollo con un sentido macro regional es de interés de todos, en tanto exista una visión estratégica. Mirando el mundo, cuando más desarrollado es un país, se nota más esta propensión al equilibrio, como, por ejemplo en EEUU o en los países europeos, donde se dan enérgicas batallas, cuando es necesario, como en Francia, para que el campo o el interior no se despueble en “favor” de las conurbaciones.

2)      Absorción del conurbano bonaerense por parte de la ciudad de Buenos Aires. No habría grandes dificultades teniendo en cuenta que económicamente ya hay una dependencia manifiesta. Como anticipo, la construcción de metrobuses está agilizando el traslado masivo de la fuerza de trabajo, no solo periferia-centro y viceversa sino también horizontal. Alemania Occidental, con su exuberante riqueza, se hizo cargo de la parte Oriental, en una actitud epopéyica; bien podría la Capital hacer lo mismo con el Conurbano para dar estatus institucional a la región metropolitana.

3)      División de la Provincia. Hay más de un proyecto. Algunos, con criterio, proponen dividirla por tres: sur, zona núcleo y costera. Superando intereses políticos mezquinos, no habría grandes dificultades en lograr consensos.

4)      Micro regionalización intraprovincial y transprovincial funcional. Un tema pendiente ya suscitado con anterioridad.

5)      Traslado de la Capital Federal.

B. Mientras tanto

Como complemento de la labor estatal, es mucho lo que se puede hacer para contribuir a desatar, poner en movimiento y organizar factores activos del desarrollo al nivel local. Estas prácticas, desplegadas inicialmente desde un “centro” que posee los medios adecuados para el cometido, pueden transitar por andariveles privados, público-privados, o desde el mismo estado, aprovechando recursos existentes que no se utilizan en la labor específica. ¿Hacia dónde apuntar?

Hay que tener en cuenta dos de las características que rodean a las políticas públicas tal como transcurren hoy. La primera es que habitualmente se generan desde la oferta. La justificación que se escuda en el “hacemos lo que la gran mayoría de la gente quiere” es una formalidad que va al encuentro de demandas emergentes normalmente previsibles y conservadoras;  en esencia, no contribuyen al logro de algo más que la satisfacción de una reivindicación elemental  (lo cual obviamente es una de las funciones que el estado no puede dejar de cumplir). La otra, la gama de recursos de todo tipo disponible en distintas instancias, nacionales e internacionales, está hoy muy por encima de cualquier requerimiento que pueda surgir desde la base territorial.
La propuesta es la siguiente.

Generar mecanismos a nivel local en el que las ofertas descendentes se retroalimenten con las demandas emergentes (bucles de retroalimentación, para usar la terminología de Edgar Morin), capaces de desencadenar procesos autoorganizantes, recursivos y autopoiéticos, cuya energía para su permanencia y funcionamiento surja de la propia interacción de las partes constitutivas.

La puesta en marcha de un tal proyecto implica acciones sucesivas hacia el nivel local/microrregional en tres dimensiones: 1) informativa para estimular/desencadenar, 2) participativa para ejercitar los procedimientos y revelar nuevos actores, 3) organizativa para la constitución de espacios de consenso con potencial capacidad de absorber recursos, y realizarlos. Las acciones -que van de menor a mayor complejidad - se implican mutuamente, y no pueden ser concebidos en forma aislada sin que los resultados de su accionar se tornen evanescentes. Ahora vamos a ver un ejemplo.

Una experiencia y una propuesta

La experiencia se refiere a la simulación sobre el funcionamiento del Grupo de los Veinte (G20) de la que se hicieron dos versiones en la Provincia en los años 2017 y 2018. La propuesta, a como continuar el proyecto, con la constitución de una red de foros de consenso a nivel local, con los temas que forman la agenda de los ODS.

Las simulaciones G20

La iniciativa estuvo a cargo de la Prosecretaria Administrativa del Senado de la PBA, a través del ARG, en conjunto con la Dirección General de Cultura y Educación de la PBA. A lo largo de los 135 distritos -con sus  cabeceras y poblaciones-  en los que finalmente se llegó a desplegar la propuesta, el sistema educativo provincial demostró una iniciativa, creatividad, capacidad organizativa, y eficacia que dio como resultado logros que superaron ampliamente todas las previsiones. Se obtuvieron los siguientes resultados:

1ª versión

ü  23 distritos seleccionados agrupados según sus pertenencia a las 8 secciones electorales de la provincia
ü  8 temas de la agenda del G20 trabajados
ü  20 países investigados
ü  4.000 estudiantes participantes
ü  500 docentes guías
ü  460 nodos de investigación
ü  8 pre-cumbres seccionales
ü  1 cumbre provincial
ü  25 embajadas visitadas
ü  300 repercusiones de prensa[iv]

2ª versión

ü  134 distritos participantes agrupados en doce conjuntos según las 25 regiones educativas de la provincia
ü  600 ciudades cabeceras y localidades
ü  30.000 estudiantes participantes
ü  2.000 docentes guías
ü  5.400 delegados a las pre cumbres
ü  12 pre-cumbres birregionales
ü  1 cumbre provincial
ü  480 delegados elegidos a la cumbre provincial
ü  91 distritos representados
ü  500 repercusiones de prensa[v]

Los foros de consenso locales (FCL)

La siguiente es el esbozo de una propuesta que debería llevarse a cabo como continuación de las actividades de la simulación a medida que estas se van realizando en los distritos y sus localidades. Se basa en que la realización de las simulaciones tiene alto impacto en el medio local, más allá del ámbito educativo, poniendo en evidencia un conjunto de externalidad que pueden ser aprovechadas en el marco más amplio del medio local y su hinterland.

¿Qué queda de esas prácticas educativas?

  • ·         una experiencia intensa por parte de élites estudiantiles y docentes, y la posibilidad de ampliar su radio de acción en la comunidad
  • ·         valoración del potencial del sistema educativo para actividades extracurriculares
  • ·         visión ampliada e incremento de interés de autoridades y prensa locales en temas, lugares y acciones de alcance global
  • ·         repercusión imaginativa en los hogares y el medio locales sobre la simulación y sus implicancias
  • ·         capacidad de convocatoria desde el núcleo de la experiencia hacia factores y actores comunitarios en función de intereses del desarrollo local/regional.


El pase del momento participativo, concretado en la simulación, al establecimiento a nivel local de organizaciones proactivas, se  basa en los siguientes supuestos.

La repercusión de la simulación, de una magnitud desusada, deja un saldo de sensibilización que, en contextos adecuados, puede traducirse en un incremento de capital político -sin partidismo- en el sentido de realizar un avance en el aspecto del desarrollo local/regional. La repercusión, la movilidad de los actores, la sensibilidad y actualidad de los aspectos abordados, las modalidades utilizadas en la investigación de los temas y los países a nivel global, recopilación y procesamientos de la información, el fervor demostrado, todo ello, es una forma de generación de una competencia que involucra capacidad de convocatoria al medio.

Se puede proceder así. Desde el medio docente, con los estudiantes más activos, se puede promover una reunión con las fuerzas vivas del medio, para la constitución de un foro de consenso a nivel local (pero de alcance global en cuanto a la visión) en torno al tema en el que los estudiantes han trabajado, y que forman parte de una agenda, como por ejemplo los ODS.

Si esos foros de consenso se constituyen a nivel de los distritos de toda la provincia, puede dar lugar a un proyecto, por ejemplo, a doce años, donde el resultado sea el siguiente. En el primer año, se forman alrededor de doce redes, cada una de ellas referidas al tema que se ha tomado en la simulación. Al año siguiente, los temas van rotando en su asentamiento, y se produce el mismo mecanismo. Y así sucesivamente. En doce años, se puede tener toda la provincia reticulada con foros de consenso locales/micro regionales en torno a 12 temas de agenda de ODS que tengan importancia para el desarrollo provincial en un sentido global. Las características de esos FCL se pueden sugerir en forma centralizada aunque, dada su complejidad no excesiva, existen anécdotas o experiencias que pueden servir de inspiración en el medio. Esas iniciativas, no rígidas, van a dar lugar a una diversidad enriquecedora. Los FCL tienen capacidad de monitorear situaciones locales/micro regionales y, consecuentemente, generar demandas para capturar recursos. Obviamente, tendrán importancia en el objetivo fundamental del desarrollo local/regional: la creación de emprendimientos y empresas productivas de bienes y servicios que creen puestos de trabajo de calidad. Los resultados de la constitución de los Foros de Consenso locales son los siguientes:

·         Aumento  de capacidades. El desafío es saber cómo absorber por medio de iniciativas viables recursos de todo tipo (financieros, organizacionales, oportunidades comerciales y de cooperación, influencias,  etc.) que hoy están disponibles en el mundo.
·         Puesta en marcha de proyectos. Entre las competencias de los foros está la de imaginar, elaborar y poner en marcha proyectos de acuerdo a las normas internacionales.
·         nueva estructura de poder institucional de alcance provincial para fortalecer la gobernabilidad y promover las dinámicas del desarrollo.
·         Vehículo para el diseño, promoción y puesta en marcha de políticas de estado que, dadas las características y áreas de incumbencia, no habría grandes dificultades en acordar con efectos locales estratégicos.
·         Factor de modernización acelerada para la nueva configuración de las élites locales.
·         Creación de empresas y emprendimientos exportadores, nuevos productos y puestos de trabajo.

Ing. Alberto Ford
La Plata, 16 de abril de 2019



[i] El caso de la provincia de Corrientes es emblemático. Producto del desbande, inmensos rodeos de ganado vacuno, se esparcieron por toda la provincia. Hubo una movida, organizada por el famoso Pedro Campbell, lugarteniente de Artigas, para aprovechar los cueros que fueron enviados a Inglaterra. Ver:
[ii] Se cuenta que por aquellos años en Tres Arroyos, a la noche luego de cenar, una familia de agricultores desparramaba en la mesa del comedor las semillas de trigo para  elegir, una por una, las mejores simientes con el fin de ir mejorando sus rindes.
[iii] Es de recordar la actitud provocativa de Kicillof, en la foto de familia de la cumbre G20 en Australia, saludando con la V de la victoria.
[iv] La cumbre tuvo lugar en La Plata el 26 y 27 de abril de 2018. El 26, en la República de los Niños, se constituyeron 20 mesas con 8 delegados cada una, para elaborar las recomendaciones de los países del G20. Para esta actividad se contó con la presencia de representantes de las embajadas de los países desarrollados del G20. En el segundo día, en el Anexo de la HCS, se formalizó la simulación, con los 20 delegados titulares elegidos el día anterior, que leyeron las recomendaciones respectivas. Estuvieron presentes. Vicegobernador, Director General de Escuelas PBA, Sherpa G20 y Subsecretario de Relaciones Internacionales PBA.
[v] La cumbre tuvo lugar en La Plata el 22 de noviembre de 2018. Se desarrolló en el Pasaje Dardo Rocha el 22 de noviembre de 2018. En total hubo 600 asistentes entre estudiantes, docentes, inspectores jefes, legisladores, representantes de embajadas. La cumbre fue presentada por el vicegobernador Salvador, el Director Sánchez Zinny, el senador Reparaz (UPM), representante de Cancillería. Las organizaciones involucradas en el proyecto fueron la Cancillería, la UPM, Secretaría General del Gobierno de la PBA, DGCyE y la HCSPBA (PROSA), estando a cargo de las dos últimas la faz organizativa del mismo.


jueves, 7 de febrero de 2019


El mundo en la Argentina
Con referencia a la forma en que nuestro país se inserta globalmente, un leiv motiv de frecuente presencia en ejercicios prospectivos, en lugar  de “Argentina en el mundo”, en este trabajo tendremos en cuenta los condicionamientos y/o las determinaciones de los factores exógenos sobre las decisiones locales. Se busca con ello hacer un aporte que supere la visión aldeana según la cual la historia argentina ha sido una construcción exclusivamente nacional. ¿La formación del virreinato del Río de la Plata, la independencia nacional, la modernización de mitad del siglo XIX, el nacimiento, desarrollo y culminación del modelo agroexportador, el despliegue del nacionalismo burgués como cultura socioeconómica, los golpes de estado, los renacimientos y declives democráticos, y todas nuestras peripecias, fueron productos independientes de lo que ocurría afuera? Desentrañar esas dinámicas es vital para ver qué podemos esperar sobre nuestro futuro. Para ello se abordan, en la agenda de la globalización, los temas que son más importantes en la actualidad, y cómo ellos están presentes en las medidas sustantivas que está tomando el gobierno de Cambiemos. De esa agenda se hace una somera descripción de tres aspectos: la infraestructura de conectividad, la pobreza, y algunos rasgos de la institucionalidad actual de la globalización, sobre todo el resurgir de los nacionalismos y sus externalidades. En ese contexto de mayor complejidad, se conjetura sobre lo que se puede esperar de la actual crisis que está viviendo nuestro país.

Desde siempre atado al mundo, nuestro país ha estado condicionado por el juego de los intereses dominantes en cada momento. En sus inicios, la propia creación del Virreinato del Rio de la Plata -una matriz fundacional de rasgos aún visibles- fue una movida geopolítica motivada por las conveniencias del imperio español: el comercio por el Atlántico pasaba a ser más seguro y barato que por el Pacífico, que es por donde tenía lugar.
Hoy la situación es menos lineal; las influencias posibles dependen de más variables. No es fácil vislumbrar sentidos dominantes en un tablero global recorrido por flujos que se entrecruzan, chocan, solapan, yuxtaponen. La amenaza de guerras comerciales; el desplazamiento de los ejes de poder; la apertura o el cierre de las economías; la reaparición de los nacionalismos; los conflictos regionales, etc.… y muchas otras posibilidades, evidencian que no existe una definición biunívoca entre las distintas eventualidades. Luego, identificar qué factores exógenos condicionan la escena local es todo un desafío epistemológico.
Un conjunto de temas rigen la marcha de los acontecimientos en la actualidad, pero no todos, con el paso de los años, lo hacen con la misma intensidad; empero,  ello no significa grandes cambios en la agenda global. Lo más claro se puede ver en el ámbito de lo económico y financiero. En el contexto de la crisis del 2008, el 100% de las preocupaciones del G20 estuvieron centradas en ese campo como se ve en las declaraciones finales de las dos primeras cumbres, realizadas en Washington y Londres respectivamente. Sin embargo, pasados 10 años, en la declaración final de Buenos Aires, recién en la página 11 aparecen menciones alusivas, ¿Esto quiere decir que lo económico y financiera ha perdido importancia? No, de ninguna manera[i]. Solo que no adquiere el dramatismo mostrado en una crisis de magnitud, como la de hace 10 años ni, en consecuencia, amerite acciones con el grado de urgencia de aquel momento.  
La aparición (o desaparición) de un tema de la agenda global, se debe a que el establecimiento de un “problema” tiene por lo menos 5 momentos: identificación (puede ser la remoción de un obstáculo o la promoción de una facilidad); conceptualización; elaboración de soluciones; recomendaciones; control de la puesta en marcha y desarrollo. El G20, por su carácter no ejecutivo, se hace cargo de los cuatro primeros pasos. El control normalmente está descentralizado en organismos multilaterales que en la práctica han sido subsumidos por el Grupo, o directamente a cargo de programas ad-hoc.
La visualización de los problemas de mayor protagonismo puede ayudar a distinguir las principales preocupaciones en las más altas esferas del poder global; un ejercicio imprescindible para tener una idea de dónde, como país, estamos parados (sin desestimar la subjetividad que implica la especulación). Así, siendo que la agenda global es un poliedro con múltiples caras, no todas ellas reverberan con la misma luminosidad; generalmente la intensidad del brillo depende del observador. En este trabajo, pondré la atención en tres dimensiones: la pobreza, la conectividad y el vasto universo de lo institucional.
1.  El mundo
1a. La dialógica inclusión/exclusión
La globalización ha hecho prodigios. La pirámide social de la India y la China, los dos países más poblados del mundo, se ha visto ensanchada con el crecimiento de su clase media. Estamos hablando de miles de millones de personas. El logro no hubiera sido posible con intervenciones solo, ni principalmente, endógenas, de sus factores de poder. En el caso de China, todo se inicia en 1972, aun en época de Mao, con las conversaciones que llevaron a los acuerdos para la transferencia masiva de medios de producción de los países desarrollados; fue EEUU el que picó en punta con reubicaciones en rubros como vestimenta, herramientas, juguetes más un largo etcétera. Así, Deng, en 1978, pone en marcha la operación logística más grande de la que se tenga registro. A consecuencia de esa movida -motivada en la revolución tecnológica que hizo que, por primera vez en la historia, la producción de bienes y servicios fuera mayor que la demanda existente- el gigante asiático comienza a crecer a tasas chinas, valga la redundancia, cercanas al 10%. Lo de la India no es igual, pero facilidades comerciales y transferencias de tecnologías logran el mismo efecto. Gran parte de la pobreza global, aquella que se medía con U$S 1/día, comenzó a ser objeto de inclusividad sistémica.  El prodigio, sin embargo, no alcanzaba para resolver un problema que, hoy, se revela con nitidez: los 1000 millones de personas que aún están afuera del sistema y cuya inclusión amerita otro tipo de acciones más ligadas a lo territorial. Veamos.
La globalización por abajo, es aquella que no se resuelve con medidas macro, de alcance trasnacional, sobre todo expresadas en las dependencias del comercio exterior, como han sido hasta ahora en los casos chino e indio. Pienso más en sistema de producción/consumo centrados en el mercado interno. Puede que esta tesis permita conjeturar en torno a un conjunto de cuestiones de la actualidad que se presentan como “inexplicables” (aquellas de las que solo se toma registro, sin ir más allá para desentrañar sus causas). Por tomar dos casos: la reaparición estelar de los “nacionalismos” y la antipatía con que se suele ver el accionar del Papa Francisco.
1a1. Lo esencial de Francisco es invisible a los ojos
Empecemos por casa. No bien fuera ungido, Francisco puso en evidencia que uno de los pilares de su papado estaría vinculado a los temas de la inclusión, particularmente los jóvenes, que es donde la pobreza se muestra con más dramatismo. En general, el Papa no ha omitido, en su cotidianeidad y en los viajes, frecuentar los sectores que pueblan las márgenes de la sociedad: presos, prostitutas, populistas, villeros, corruptos, marginales de todo tipo, etc. Obviamente, en ello debe haber un mensaje (con más razón si el emisor es un jesuita). Es innegable que en el papado de Francisco ha existido una predisposición hacia lo más despreciable -o menos tenido en cuenta- de acuerdo al sentido común.
Francisco es un operador de lo más efectivo en el alto nivel de las incumbencias globales, y la Iglesia católica, en su afán de reconversión, para no perder terreno frente a cultos alternativos, está jugando en el escenario político de una forma insólita. Así, genera todo tipo de sentimientos encontrados –sobre todo referidos a las modalidades de su accionar- en su afán de tener una participación activa en el proceso de la reducción de la pobreza e incrementar la inclusión social. Empero, a pesar de los conflictos que se van revelando, no habrá interna eclesiástica, a cualquier nivel, capaz de sacar a la Iglesia de ese cometido por más heridos que vaya dejando en el camino entre su parcialidad tradicional.
1a2. Donald Trump
Otro de los aspectos destacados e inesperados de la actualidad es el resurgir de los nacionalismos. La aparición de cisnes negros, cada vez con más frecuencia, puede ocupar las primeras planas pero no siempre encuentran explicaciones plausibles por parte de los analistas. Así, un mismo acontecimiento puede presentar distintas maneras de abordaje en su conceptualización compleja, y el encadenamiento de relaciones causales volverse endiablado. ¿Por dónde empezar?
Dijimos: la globalización por abajo no puede culminar su cometido al margen de lo territorial y de los límites nacionales. La creación de trabajo, eslabón fundamental de esa cadena incipiente de oportunidades, no puede serlo en las formas populistas, improductivas, dependientes de los recursos de los estados. Tampoco se pueden lograr ampliar el mercado laboral, en la cuantía necesaria, en producciones con altas tecnologías, cada vez más robotizadas, que dejan de crear trabajo manual y/o eliminan puestos existentes.
El ejemplo norteamericano ha adquirido el carácter de emblemático. No tanto por el modelo, sino por el lugar y el momento donde afloró. De Trump dijimos, el mismo día de su sorpresivo triunfo, que venía a restañar las heridas provocadas por la desindustrialización de ese país –no en bienes y servicios sofisticados- debido a la masiva transferencia a China de los factores de producción. La gigantesca movida logística dejó un tendal de desocupados de mediana calificación, trabajadores blue collar condenado a puestos inferiores y peor pagos. Fue el sector social que, con la expectativa del resarcimiento, hizo posible el triunfo de la actual administración.
La consigna del American First y la recuperación del viejo y prestigioso Made in USA, obraron el milagro. Alrededor de estos aspectos simbólicos, se teje una trama de reivindicaciones nacionales (de las buenas y de las malas) que se va extendiendo por el mundo sin prisa pero sin pausa. En realidad nada de lo que pasa está al margen -ni mucho menos en contra- del proceso globalizador. Son respuestas , aunque se salgan del libreto establecido,  destinadas, más o menos en forma explícita, a resolver esos detalles finales que en la construcción de casas amerita otro tipo de soluciones que en los primeros tramos de la obra.
La dilucidación exhaustiva de esos fenómenos complejos escapa a este trabajo; además, se necesita un tiempo para ver cómo evolucionan los acontecimientos. Pero uno de los ingredientes de la explicación es entender qué parte de la economía y la producción globales están en juego. No es toda la economía ni toda la producción, sobre todo las que son objeto de dispositivos transnacionalizados en los últimos años. En el mundo no es solo acero[ii] ni automóviles lo que se comercia. Ahí está la cuestión.
El 50% del comercio mundial está constituido por las llamadas partes, que son los insumos intermedios para la elaboración de productos finales. Otro componente sustantivo del comercio son datos que podemos ubicar dentro del rubro servicios. Ninguno de ellos puede ser motivo de ninguna guerra comercial o apropiación nacional, porque se produciría un colapso generalizado en los sistemas de producción del que nadie saldría indemne. Tal son las interdependencias en las cadenas globales de valor[iii]. Finalmente, solo el 10% de la economía puede ser motivo de cierres proteccionistas, que es justamente la porción de la que se pueden valer los países para crear trabajo. Por ejemplo, EEUU puede recomenzar la producción de chombas, destornilladores o trencitos de juguete, con el “made in USA” en el orillo, lo que generaría trabajo, inclusión y activación económica. 
1b. La Ruta de la Seda
En medio de la Cumbre del G20 en China, Mauricio Macri aseguró que hoy por hoy la palabra clave, de aquellas a las que nunca hay que perderles el rastro, es “conectividad”.  Efectivamente, en uno de sus primeras salidas internacionales, el presidente argentino dio en el clavo: si hay una variable que puede ponderar la marcha de la globalización es el modo y la intensidad con que a nivel global se interconectan los factores de la producción. El tema amerita algunos comentarios.
Venimos, y en gran medida aun estamos, de un mundo donde las configuraciones informativo-comunicacionales se corresponden con la ley del embudo o, en términos más técnicos, son radio-céntricas. Esas llamémoslas malformaciones, que expresan en última instancia relaciones de poder, se pueden ver tanto en la provincia de Buenos Aires, a nivel de la Argentina, o en cualquier lugar del mundo donde posemos la vista. En esta mismo nota hemos citado el ejemplo de la constitución del Virreinato del Rio de la Plata; sin duda, la fuente principal del centralismo porteño que devino retórica cualquier pretensión federalista.
La combinación de de los diversos medios de transporte va dando lugar a una nueva configuración reticular, de trama y urdimbre. Nuevos trazados ferroviarios (no pocos de ellos con “trenes bala” como en Indonesia y Tailandia, o para ir de China a Singapur a través de Laos, Tailandia y Malasia, un proyecto de enormes dificultades), aeropuertos, el avance de las low-cost, puertos que hacen posible diversas rutas marítimas, autopistas como el proyecto noruego para la interconexión de los fiordos por arriba y por abajo del mar, permiten conexiones punto a punto que sortean escalas obligadas en las capitales, lo que multiplicará y hará más ágil el comercio al eliminar los embotellamientos.
La onda de la nueva concepción conectiva de la infraestructura, no se apaga en el proyecto chino. En los diversos países, se van desarrollando obras, incluso acudiendo a mecanismos como la participación público privada (PPP), un programa del Banco Mundial que está en más de 50 países.
Dos comentarios. El tema de la conectividad, es una cuestión de preocupación global que está a nivel del G20. Que su implementación tenga una preponderancia china a través del Programa de la Ruta de la Seda (OBOR en inglés), y que la República Popular pueda dar rienda suelta a sus ambiciones imperiales (lo cual no habla ni a favor ni en contra; están en todo su derecho), se debe principalmente al reconocimiento por los logros de medio siglo en la construcción de la nueva sociedad, y, sobre todo, a los recursos de todo tipo que China ha atesorado (sus reservas en papeles llegan a U$S 4 billones (1012) y posee la suficiente capacidad técnica para concretar las obras previstas en el OBOR.
No obstante que la Ruta de la Seda es por lejos el proyecto principal referido a infraestructura de conectividad global, existe un conjunto de programas que dan sustento al gigantesco cometido. Esos programas funcionan bajo el paraguas del G20, y están en manos de los organismos multilaterales existentes. En las notas hay un detalle sucinto de los mismos[iv].
1c. Institucionalidad global
Lo institucional es un vasto universo. Mucho más si se lo piensa a escala global. A este nivel, los escenarios que se van presentando no siempre son previsibles. Hemos visto la emergencia de nuevas combinaciones para viejas variables ¿Quién hubiera pensado que EEUU amenace con cerrar su economía y, por el contrario, China se presente como adalid de la apertura y el libre comercio? ¿Era esperable la reaparición de los nacionalismos en países desarrollados? ¿Las prácticas proteccionistas -que más o menos encubiertas, nunca dejaron de existir en ninguna parte- se irán incrementando? ¿Las guerras comerciales que se ciernen, de desatarse, serían realmente guerras?
1c1. ¿Del Atlántico al Pacífico?
En el tema de los ejes de poder se parte de un lugar común: la implosión soviética implicó el paso a una situación mundial de unipolaridad (con referencia a la hegemonía norteamericana).  La afirmaciòn cuanto menos supone algunas aclaraciones.
La modelización piramidal del poder muestra una configuración sucesiva de capas superpuestas, cada una de ellas con su dotación de contradicciones, hasta llegar al nivel de las personas.
Si focalizamos las relaciones entre China y EEUU iremos encontrando distintas manifestaciones conflictivas; sin embargo, los entredichos existentes no alcanzan para una definición del “core” del poder global. Su máxima expresión, el G20, funciona por consenso, una práctica que subsume inexorablemente cualquier conflicto que exista en un nivel inferior.  Como hemos dicho, China puede tener reivindicaciones imperiales, pero eso no habilita a pensar que pueda ejercer una acción hegemónica por encima de todo y de todos.
Dicho sucintamente. El G20 está en la cúspide del poder. Ese espacio, no estructurado, funciona a través del consenso[v]. Se ocupa de la franja global de la economía y las finanzas, como surge de la lectura de sus 13 declaraciones finales.  El G20 ha estado tradicionalmente en contra del proteccionismo aunque, en las nuevas condiciones, es probable que la reivindicación vaya perdiendo relevancia.
De lo que no cabe duda es que se está reconfigurando el mundo; la crisis de los estadonaciones continúa su curso. Nuevamente el caso de EEUU es emblemático. Trump se da el lujo de cerrar el poder ejecutivo durante un largo mes. Italia tiene una vasta experiencia de funcionar sin gobierno. El paradigma inter-nacional, aún vigente, es insuficiente para explicar los asuntos del mundo. La constatación es válida para concebir el rol que puedan jugar las contradicciones entre China y Estados Unidas con respecto a la llamada Cuarta Revolución Industrial o Industria 4.0[vi].
1c2. Crisis del multilateralismo
Brexit, Mercosur, Nafta, Unión Europea, Unasur, Naciones Unidas, son apenas unos ejemplos de que lo multilateral se pone en tela de juicio. Eso no quiere decir que los agrupamientos de países y la práctica de relaciones conjuntas dejen de existir. Pasa que los organismos creados desde hace algo más de medio siglo se han burocratizado, y en la práctica no cumplen el papel para el cual fueron concebidos. Además, los países quieren tener menos condicionamientos para sus relaciones diplomáticas. Se marcha a un mundo menos restrictivo en materia de modalidades comerciales. Todas las trabas al libre intercambio de bienes y servicios seguirán siendo puestas en jaque. Es esperable que los países vayan modificando sus prácticas, sobre todo si es EEUU el que promueve los cambios.
2.  Argentina
Nuestro país está viviendo una crisis prolongada y profunda. Es una pesada herencia que se ha hecho más dramática debido a la actitud del gobierno de no ocultar su gravedad, así como no acudir a las salidas fáciles tan recurrentes desde que empezó la decadencia hace 80 años. Al actual gobierno se le puede culpar de que no esté actuando con la suficiente velocidad, de acuerdo a lo que sería deseable, pero no de que no esté haciendo las cosas como es debido. Actuar sin la tentación del facilismo, es el principal logro de Cambiemos. Cualquier otro gobierno hubiera puesto a andar la máquina de hacer billetes, desatado una “redistribución” populista y un boom de consumo. Así nos ha ido. Los otros logros deben ser ubicados de acuerdo a la agenda global: conectividad, lucha contra la pobreza y lo institucional. Veamos.
Territorialmente, Argentina es un país desequilibrado. Al igual que para el mundo, una configuración que impida el libre discurrir de los factores sociales y productivos, actúa en contra de favorecer sinergias que liberen nuestras potencialidades. Por tomar un caso, la llamada maldición del conurbano bonaerense. Cuanto más recurso se ponga, más gente se sentirá atraída para disparar de las miserias y las pocas posibilidades del interior, y, siempre, la línea del horizonte se irá corriendo. No hay plata que alcance para una realización eficaz y efectiva. Eso no quiere decir dejar de hacer asistencialismo, sin la tentación clientelar que tanto mal ha hecho.
El gobierno de Cambiemos ha puesto en marcha un plan de infraestructura de conectividad sin antecedentes. Si se analizan los trazados aparece una clara tendencia a la reconfiguración territorial. Trenes, autopistas, puertos, rutas aéreas, muestran la intención de modificar la diagramación radio céntrica, una externalidad no querida del modelo agroexportador. Argentino no podrá salir de su crisis estructural al margen de una conjunción virtuosa de vectores centrípetos y centrífugos que lo equilibre en forma sostenible.
El otro aspecto del problema, dentro del marco institucional, es el desmonte corporativo de la obra pública. La aparición de los cuadernos de la corrupción del gobierno anterior en el contexto del avance de la justicia en materia de transparencia, es un hecho inédito en la historia argentina. Las cosas no se detendrán ahí. Medios empresariales, de comunicación, sindicales y otras fuentes de opacidad, están en la mira. No puede haber desarrollo genuino si una parte de la riqueza que se genera es objeto de manejos no transparentes.
Con respecto a la pobreza, no hay solución sustentable al margen de un desarrollo productivo federal que obre para crear en el interior una oferta laboral atractiva. Para que la gente no siga huyendo del interior, como hasta ahora y, en algunos casos, los que viven en el conurbano, comiencen a relocalizarse, es necesario el acceso a puestos de trabajo en cantidad y calidad, vivienda, salud, educación y seguridad aceptables. En suma, condiciones de vidas dignas. Equilibrar el territorio y los desbalances demográficos llevarán años pero hay que comenzar a revertir la tendencia. Las perspectivas son promisorias. Por tomar un ejemplo, el de las cerezas. Se calcula que en pocos años se pueden generar decenas de miles de puestos de trabajo en el Sur, de acuerdo a lo ya negociado con China. Con la energía pasa otro tanto. Una creciente aceptación internacional de los nuevos aires que corren en nuestro país, hará que también mejoren en cantidad y variedad las exportaciones, sobre todo aquellas que tienen mayor valor agregado.
Mientras tanto, la economía se va estabilizando a pesar de los cuestionamientos. Los argentinos no estamos acostumbrados a la perseverancia. En la historia no hay un ejemplo como este de firmeza en tiempo de crisis. Siempre es más fácil tomar por el atajo. Es claro: este tipo de firmeza no suma muchos votos ni resuelve las urgencias de la gente. Sin embargo, habrá un porcentaje que decidirá su voto entre lo que no quiere que vuelva y lo que anhela que ocurra. Así, dará su apoyo a un gobierno decente, firme en administrar sin lloriqueos una crisis que no provocó, competente para mantener la tranquilidad social, que termina las obras que anuncia realizadas con licitaciones transparentes, que no obstaculiza ni influye en la justicia. Todo lo demás llevará su tiempo. No se pueden resolver de la noche a la mañana problemas que llevan años de gestación. Lo importante es el camino emprendido, navegar con pericia, y aprovechar creadoramente los vientos globales para llegar a destino.

Ing. Alberto Ford
La Plata, 5 de febrero de 2019






[i] Con el trascurso de las 13 cumbres de G20, la agenda se fue diversificando. En Pittsburgh, sede la tercera, aparecen recomendaciones referidas a seguridad energética, cambio climático, pobreza y vulnerabilidad, pymes, corrupción, empleo, ODM (luego la Agenda 2030).
En la Universidad de Toronto, donde está situada la base de datos del G20, se ha elaborado un material referido a la performance de las cumbres del 2008 al 2016[i]. De él se extraen algunos de los datos presentados referidos al número de compromisos y porcentaje de cumplimiento.

ítems
N° de compromisos
% de cumplimiento
Organismos colaterales del G20 (FMI, BM, OMC, OCDE, galaxia NN.UU.)
133
63
Empleo y trabajo
100
78
Regulación y supervisión financiera
271
75
Reforma de las instituciones financieras
120
68
clima
53
69
energía
105
73
Agenda 2030
193
66
Digitalización
49
55
Salud mundial
38
77
Empoderamiento de la mujer
6
71
Migración y refugiados
7
80
Referidos a África en 11 áreas temáticas, principalmente desarrollo
34
53
Lucha contra el terrorismo
16
87
corrupción
78
57
Agricultura y seguridad alimentaria
64
71

No solo es significativo que el cumplimiento de las recomendaciones no es el 100% -aunque los  promedios no evidencian si los porcentajes van creciendo con el paso de las cumbres- sino que solo 2/15 temas de agenda  se refieren a lo económico y financiero.  A este respecto, una excepción fue la declaración final en Alemania, en 2017, donde la mita del documento estuvo referida a ellos. Este desequilibrio fue corregido en la declaración de Buenos Aires.
Los pilares fundamentales en la presidencia argentina fueron cuatro: futuro del trabajo, infraestructura de conectividad, seguridad alimentaria y empoderamiento de la mujer. Recién en el acápite 23/31 aparecen menciones a las instituciones financieras, el monitoreo de los flujos de capital transfronterizo, el sistema impositivo internacional, y el intercambio automático de información financiera así como la necesidad de implementar a nivel lo que en la OCDE se denomina BEPS (base erosion and profit shifting,  Erosión de la base imponible y traslado de beneficios) que trata de las picardías de las empresas transnacionales para aprovecharse de las discrepancias, lagunas, mecanismos no deseados e inconsistencias de los sistemas fiscales nacionales y trasladar sus beneficios a países de escasa o nula tributación, donde las entidades apenas ejercen ninguna actividad económica y eludir de esta forma el pago del impuesto sobre sociedades. Por otra parte, hubo un severo llamado de atención sobre el funcionamiento de la OMC, a diferencia de Alemania donde las menciones no fueron tan drásticas. Por lo demás las recomendaciones fueron un “corte y pegue” de las declaraciones anteriores.
[ii] El caso del acero es paradigmático. El problema es la superproducción, tal es así que existe un programa de la OECD “Foro mundial sobre excesos de capacidad del carbono” (Global Forum on Steel Excess Capacity (GFSEC). Una externalidad de la eventual “guerra” puede ser un ajuste en la distribución de cuotas entre distintos países.
[iii] Según la OMC “hoy en día, las operaciones de las empresas, desde la concepción del producto y la fabricación de los componentes hasta el montaje y la comercialización, están repartidas en todo el mundo, dando lugar a cadenas de producción internacionales. Los productos son cada día más “Made in the World”, y ya no “Made in the UK” o “Made in France”. El sesgo estadístico que genera la imputación de la totalidad del valor comercial al último país de origen puede falsear igualmente el debate político sobre el origen de los desequilibrios y hacer que se tomen decisiones mal fundamentadas” (https://www.wto.org/spanish/res_s/statis_s/miwi_s/miwi_s.htm)
[iv] Básicamente, los programas globales referidos a la infraestructura son cuatro:
·         Global Infrastructure Hub (GIH).
·         Global Infrastructure Facility (GIF) -World Bank
·         Public-Private-Partnership in Infrastructure Resource Center (PPP) -World Bank
·         Centro Anticorrupción del G20.
[v] Al respecto ver: G20: emergente autopoiético de la globalización en  http://ingenieroalbertoford.blogspot.com/2018/11/g20-emergente-autopoietico-de.html
[vi] Está previsto una acumulación de factores 4.0 en ambos países. Se mencionan: inteligencia artificial, robótica, industria aeroespacial y nuevos automóviles. La situación es un revival de la que ocurría en los sesenta con el renacimiento de Japón. En ese momento, las empresas americanas, que habían tomada empresas japonesas como botín de guerra –una operación obvia pero que sin embargo, tardó años en transparentarse-, usaron sus producciones cautivas en territorio japonés –mano de obra calificada a bajo precio- para crearse su propia competencia  “intraempresa” (Ejemplo: GM toma Toyota, y los vehículos de esa marca inundan EEUU para competir con los Chevrolet). El objetivo: operar sobre los altos costos de la mano de obra americana. En pocos años el desequilibrio  se resolvió, sobre todo con la formación de empresas globales, más allá de la ubicación de su matriz y el tinte nacional de su marca. Hoy la producción made in USA sigue siendo tan buena como lo fue siempre, pero también competitiva a partir de costos laborales adecuados (aparte de la robotización que se intensificó a partir de aquellos años). Regresando. China carece de I+D, por razones obvias: en los años de la Revolución C&T, los cincuenta y sesenta, Mao estaba ocupado en producir acero en cada aldea con vetustos cubilotes, y ponía en marcha la “revolución cultural” que destruyó impiadosamente cualquier atisbo de modernización. Todo el acervo tecnológico chino se basa en la transferencia y el fluido intercambio durante muchos años de estudiantes e investigadores con EEUU; obviamente, en cualquier emprendimiento que pongan en marcha,  dependen, como un cordón umbilical, de los laboratorios americanos (curiosamente, en lo atinente a armamento, China tiene una fuerte dependencia con los rusos en diseño y producción, desde la época soviética). Obviamente, al igual que con los japoneses, hay que descartar el cuento chino de la copia furtiva.
Para el capitalismo como sistema, ahora global, están alcanzados los objetivos de crear consumidores con que, ya en tiempos de la Trilateral, tomaron forma los acuerdos estratégicos con China. Este país ha logrado una estructura de producción, la segunda del mundo, que ha dado trabajo para que el ingreso per cápita crezca más de 50 veces (!) en 40 años, hasta los U$S 10:000 de hoy. Ahora el sistema le impone a China 1) que use sus cuantiosas reservas en papeles no chinos (U$S 4 billones = 4 x 1012) para la cooperación en el desarrollo, es decir, la Ruta de la Seda, 2) incrementar el mercado interno, o sea, menos ahorra individual, más consumo del “ingreso disponible”, aquel que está más allá de la satisfacción de las necesidades básicas. Esto último está en consonancia con las restricciones que se la irán imponiendo al ingreso selectivo de productos “made in China” en los grandes mercados de Occidente, (en primer lugar EEUU), a medida que estos países comiencen a recuperar su “made in…”, como ya lo están haciendo, en esa parte de la producción que no está dentro de las cadenas globales.

miércoles, 28 de noviembre de 2018


G20: emergente autopoiético de la globalización.

publicado en la revista Mercado

https://mercado.com.ar/mercado-plus/g20-la-autopoiesis-de-la-globalizacion/?fbclid=IwAR2oDcJLMyoqLMHyTg5AB2brdRag1sFdyup7D9z7iueccs7jx3YrhHx7hu0


En 2008, el G20 irrumpió como un cisne negro en Wall Street debido al colapso de la burbuja inmobiliaria que puso en vilo a toda la economía mundial. Habiendo sido creado en 1999 -como foro de cooperación y consulta entre países desarrollados y emergentes- el Grupo de los Veinte despertó de su letargo de una década, se puso la crisis de las hipotecas al hombro, y en tres meses la encaminó con medidas tan drásticas como desusadas en los países del norte. El G20 es una creación sui generis. Por su configuración, se sale de los cánones establecidos sobre las formas de ejercer el poder, en este caso al nivel global, y se define más por lo que no tiene que por lo que muestra. Veamos.
No se apoya en una estructura; es un organismo que se maneja con formatos no asimilables a lo convencional, tan alejados de lo inter-nacional como del multilateralismo. Carece de sede y autoridades permanentes: el G20 se establece cada año en un país distinto, el que estará a cargo de la presidencia pro-tempore, constituyendo una troika con el país que lo ha precedido en la función y el que lo sucederá. El anfitrión se hace cargo de organizar las actividades mientras dura su rol. No tiene programas; hace suyos, para impulsar políticas, mecanismos pertenecientes a distintos organismos multilaterales a los que subsume en la práctica. Finalmente, no toma decisiones. Solo hace recomendaciones, las que están plasmadas en las declaraciones finales de cada cumbre anual de los líderes… pero tampoco esas recomendaciones son de aplicación obligatoria.

¿Qué poderes posee entonces el G20 –presidido por la Argentina durante 2018- para que su influencia en la escena global (aunque difusa no por ello menos determinante) sea tan eficaz? ¿Cómo se explica que en tan pocos años se haya ubicado cómodamente en la cúspide del poder mundial?

Configurar un marco teórico no puede ser una labor individual ni se hace de la noche a la mañana. Sí es necesario comenzar con un conjunto pertinente de observaciones con vistas a un encuadre conceptual de la problemática. Ahora bien. Si me propusiera buscar una aproximación de los porqués del fenómeno, me orientaría preliminarmente por el lado de la autopoiesis.

La noción de autopoiesis proviene de una resignificación operada en el ámbito de la biología. Fue el chileno Maturana el que la promovió, y su difusión traspasó los límites de dicha ciencia para incursionar en terrenos de las disciplinas sociales. Así, tiempo después, el sociólogo alemán Luhman la utilizó para sus desarrollos teóricos. Se dice que fue uno de los encuentros transdisciplinarios, entre ciencias duras y blandas, más fructíferos del siglo pasado.

La clave del enfoque es que ha permitido el abordaje cognitivo del fenómeno social desde el acto mismo de su aparición. Así, observador y observado quedan, por consiguiente, integrados en el proceso creativo del conocimiento. 

La teoría dice que las propiedades que caracterizan el fenómeno autopoiético, referido al estudio de la célula, el lugar donde por primera vez se identificó, son por lo menos cinco: autonomía, emergencia, clausura operativa, auto construcción de estructuras y reproducción. La primera propiedad nos dice que la célula ya no es un componente constituido sólo de átomos o moléculas, sino una forma específica de combinación de dichos componentes. Por la segunda, las células dependen, en su operación, de la forma en que están organizadas y de cómo esta organización se lleva a cabo. Con respecto a la tercera, un conjunto autopoiético es un sistema cuya operación es cerrada -siempre debe volver sobre sí mismo- mientras que sus componentes son producidos al interior de un proceso recursivo que transcurre dentro de una retícula clausurada (autorreferencia). Por la cuarta se dice que dado que la operación de la célula está clausurada, no puede importar estructuras: ella misma debe construirlas. No existe una intervención causal del entorno en el sistema sin que el mismo sistema la provoque; todo cambio de estructuras -trátese de procesos de adaptación o de rechazo- es, en última instancia, autoinducido. Por último, autopoiesis significa determinación del estado siguiente del sistema a partir de la estructuración anterior a la que llegó la operación. Para wiki “autopoiesis es un neologismo que designa la cualidad de un sistema capaz de reproducirse y mantenerse por sí mismo”.

Haciendo un traslado al terreno de la interpretación del fenómeno G20, vemos lo siguiente.

·        *El G20 no es una organización constituida solo por la suma de líderes sino que estos se atienen a una forma de funcionamiento que los integra y potencia.
·       *Su operación depende de la forma en que está organizado y, por la proveniencia de sus componentes, genera su propio entorno con el que establece una relación de interdependencia.
·       *Su dinámica es autónoma y su funcionamiento recursivo y autorreferente. Siempre vuelve sobre sí mismo y no tiene instancia exterior en quien legitimarse. Genera sus propios contenidos.
·       *El G20 no es una estructura; es un espacio funcional de convergencia consensual. Así, el concepto de autoconstrucción, deberá entenderse como producción de dinámicas propias, mediante operaciones ad-hoc. No existe una intervención causal del entorno sobre el sistema en tanto el mismo sistema no la provoque: todo cambio interactivo es, en última instancia, autoinducido.
·       *El funcionamiento del G20 implica una continuidad que se expresa en la propia evolución de la realidad, a la que influencia, cuyos feedbacks son a su vez el motor de su dinamismo.

Una de las claves para entender la existencia y el funcionamiento del Grupo de los Veinte, es que actúa en el ámbito de lo global; esta disquisición sirve muy especialmente aunque no solo para la economía y la producción. Entre China y EEUU puede haber conflictos por una botella de bourbon, una Harley Davidson o un rollo de acero, pero nunca sobre un bien o servicio que forme parte de las cadenas de valor transnacionalizadas, ámbito en el que tiene lugar el grueso de la actividad comercial. Eso se ve claramente, leyendo las declaraciones finales de las 12 cumbres habidas hasta ahora. Todo lo bilateral, que es donde habitualmente se pone el foco, forma parte del pasilleo, lo cual es obvio que ocurra desde el momento en que todos los líderes del mundo conviven durante un par de días en la intimidad y con la laxitud con que se desenvuelven las cumbres. Pero nada de esas negociaciones constituyen la esencia del G20 aunque tengan lugar en paralelo.

En algún momento, sea desde la autopoiesis u otra referencia, la ciencia política y la academia en general deberán ir bocetando ideas sobre este fenómeno que como se ve no cuadra dentro de lo establecido, su existencia no parece ser efímera ni su eficacia despreciable. En su evolución, también la comunicación pública podrá abordar los problemas esenciales del mundo por encima de los paradigmas inter-nacional y endo-céntrico. El problema es quien gira, si el sol o la tierra.  Se impone ubicar la imaginación en un espacio desde el cual hoy en día se generan las líneas motrices que prefiguran más que conducen los fenómenos de la globalización. Es un desafío estimulante desde el propio punto de partida.


 Ing. Alberto Ford. albertoford42@yahoo.com.ar. Noviembre, 2018