lunes, 20 de enero de 2020


¿China es clonable?

Mucho se habla del crecimiento de la República Popular China (RPCh), al punto de que ya le estaría disputando la hegemonía mundial al propio EEUU. Frente a los problemas para la inclusión en la globalización de muchos millones de pobres en todos los continentes, surge la pregunta de si los prodigiosos resultados logrados por el gigante asiático pueden ser una base adecuada para replicar su modelo. Los puntos de vista de la dirigencia china parecen apuntar en esa dirección. En este trabajo hacemos un breve repaso de las condiciones que llevaron a la constitución de la RPCh en 1949, y las diferencias en la gestión inicial maoísta, y los cambios generados a partir de los acuerdos con Occidente. Esas conversaciones, iniciadas en 1972 entre Mao Tse-tung, Chou En-lai, Richard Nixon y Henry Kissinger, dieron lugar a la más grande operación logística de la historia: la transferencia masiva de fábricas llave en mano, medios productivos y tecnológicos desde EEUU y Europa a China. Es cuando comienza la aparición del made in China que hoy inunda las góndolas de los supermercados de todo el mundo. China está cambiando. Desde las posiciones dirigenciales hasta las responsabilidades extra nacionales que va asumiendo más allá de sus compromisos comerciales, con el involucramientos en cuestiones muy sensibles que hacen a la culminación de la puesta en funcionamiento pleno del proceso globalizador.

Preparando material para MACROSCOPIO me topé con una nota en el portal de Xinhua[i] sobre los cambios que amerita la gobernanza global. Su texto refleja los puntos de vista de la dirigencia china tal como fueron vertidos en un plenario del CC PCCh, el máximo órgano de poder de ese país. Las conclusiones alcanzadas a ese nivel se resumen en que “el enorme progreso económico y social de China a lo largo de las décadas ha ayudado a demostrar que un sistema de gobernanza competente es decisivo para lograr un crecimiento estable durante décadas…lo mismo es válido para otros países y el mundo en general” (subr. M). La sugerencia hace pensar. Obviando ese arrebato de autosatisfacción, más propio de otras épocas cuando las citas del “pequeño libro rojo” de Mao eran vistas como de aplicación universal, la sugerencia de la dirigencia china interroga sobre la replicabilidad del modelo, sobre todo en un momentos es que las democracias liberales están puestas en tela de juicio por los módicos resultados obtenidos en distintos países, como por ejemplo el nuestro.

Como mucho se habla del crecimiento de la RPCh, al punto de que supuestamente le estaría disputando la hegemonía mundial al propio EEUU, vale la pena ponderar la pertinencia de esa hipótesis, bastante difundida y aceptada por cierto. Para ello, es necesario tener una mayor claridad sobre los factores que han obrado para que China alcanzara los asombrosos resultados obtenidos en un tiempo histórico muy breve. La China de estos días se pone en marcha en 1978, cuando Deng Xiaoping se hace cargo del gobierno. Es interesante, no obstante, ver las condiciones previas. Tanto desde la fundación de la RPCh en 1949 como antes de que los comunistas tomaran el poder.

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En los 100 años previos a la fundación de la República Popular, China había sido un país desquiciado. A la progresiva e inexorable decadencia imperial, se sumaron el acoso de las potencias europeas, por apetencias coloniales o imperialistas. La más importante de esas intervenciones fueron las dos guerras del opio, en 1839 y 1856, que obligaron a China a abrirse al comercio exterior. Finalmente, la derrota de la dinastía Qing el 1912 marcó el fin de un período de desgajamientos, una de cuyas consecuencias fue la cesión de Hong Kong a Inglaterra y de Macao a manos de los portugueses. El fin de la era imperial da lugar al establecimiento de la República de China, comandada por Sun Yat-sen, líder y fundador del Kuomintang.

En sus andanzas por el sudeste asiático, André Malraux se hizo de la suficiente información como para escribir La Condición Humana, novela que refleja magistralmente la evolución de las luchas políticas y sociales en los años veinte. Son los inicios de la prolongada guerra civil entre nacionalistas y comunistas, que se vería condicionada momentáneamente por el intento de establecer una alianza de compromiso entre ambas fuerzas antagónicas para enfrentar la ocupación japonesa de Manchuria a inicios de la década del treinta.

Durante las conversaciones, en el vasto territorio chino, disperso e incomunicado, continuaron las acciones represivas por parte del ejército del Kuomintang, lo que lleva a los comunistas a refugiarse en las montañas del noroeste, en lo que se conoce como “la larga marcha”. Aunque ha sido rodeada en la épica china de un carácter heroico, la marcha fue en realidad una medida pasiva de autodefensa por parte de los comunistas frente al acoso represivo de los nacionalistas. Finalmente, como consecuencia de esa movida, el peso principal de la lucha anti japonesa lo tuvo Chiang Kai-shek, el líder nacionalista que heredó el mando del Kuomintang luego de la desaparición de Sun Yat-sen. En ese período fue donde se imposueron las ideas de Mao sobre el papel del campesinado en la revolución.

Luego de muchos años, estando por finalizar la Segunda Guerra Mundial (2GM), la derrota de las fuerzas japonesas continentales estacionadas en Manchuria, fue obra del Ejército Rojo. Las batallas comenzaron dos días después del lanzamiento de la primera bomba atómica sobre Hiroshima, cuyo impacto fue demoledor en la moral de las bien pertrechadas tropas del Manchukuo[ii]. La intervención soviética fue a consecuencia de la conferencia de Yalta, celebrada en febrero de ese año, 1945, donde Stalin había aceptado las peticiones de los Aliados para romper el Pacto de Neutralidad con Japón a los tres meses de finalizado el conflicto en Europa. La participación tardía de la ex URSS contra Japón -un episodio muy poco conocido[iii] de la 2GM en el Extremo Oriente cuyo protagonismo se lo lleva al impacto causado por la explosión de las dos bombas atómicas- cobra una importancia estratégica en relación a la ulterior lucha de los comunistas hacia a la toma del poder.
Por un lado, el desenlace de la guerra significaba el fin de la odiada presencia de Japón en Manchuria y Corea, un objetivo por el que los chinos habían luchado denodadamente durante más de 10 años. Pero además, la presencia de un Ejército Rojo triunfante en Berlín, favorecía las posiciones de Mao frente a Chang Kai-shek, en un enfrentamiento a muerte del que solo se habían tomado un respiro. En los archivos se pueden ver fotos de las enormes cantidades de armamento japonés capturado, que fue entregado en su totalidad al Ejército Popular de Liberación que dirigían los comunistas. Con esa base logística -más ayuda militar encubierta por parte de rusos- Mao reinicio la guerra civil que culminaría el 1 de octubre de 1949 con la fundación de la República Popular China.

Se inicia otra historia. Chiang Kai-shek, derrotado, se refugia en la Isla de Taiwán (antes bautizada como Formosa por los portugueses) para preservar la vigencia de la República de China. A partir de ahí, Taiwán, celosa y generosamente apoyada por los EEUU, inicia un rápido proceso de desarrollo. Enfrente, en el continente, las cosas no fueron tan lineales ni apacibles.

La instauración del comunismo

El texto de la obra que Carlos Marx tituló El 18 de brumario de Luis Bonaparte comienza con una frase del autor "La historia ocurre dos veces: la primera vez como una gran tragedia y la segunda como una miserable farsa”. La famosa cita vale porque en la revolución china se dan ambos eventos: la experiencia soviética, que finaliza en Rusia con un contundente fracaso, y el asesoramiento, a partir de esa experiencia, que los soviéticos brindaron a sus camaradas chinos para construir la nueva sociedad. Hasta la pelea de Mao con Nikita Jrushchov en 1958, que marcó el inicio de la guerra ideológica entre ambos partidos comunistas, la presencia de los soviéticos fue dominante.

La asistencia soviética a China se extendió a las industrias, la agricultura, las fuerzas armadas y la infraestructura, con la presencia de varios miles de soviéticos enviados como asesores técnicos, administrativos, y militares a China. Desde 1954, la URSS empezó a remitir ayuda financiera y económica a China a gran escala, en base a la consideración de que el atraso tecnológico e industrial de China resultaba un terreno fértil para asentar firmemente la influencia soviética en el país. Esta asistencia ha sido descripta como «la mayor transferencia de tecnología hasta ese momento en la historia del mundo»[iv], pues la Unión Soviética gastó un 7% de sus ingresos nacionales entre 1954 y 1959 ayudando al desarrollo de China, superando incluso la cuantía de la asistencia con la que el Plan Marshall contribuyó a la recuperación europea de posguerra.

Recién fundada la RPCh, se produce el estallido de la Guerra de Corea, en la que China se involucró para ayudar a Corea del Norte. Ese acontecimiento, de enorme trascendencia en su momento, forzó más el acercamiento entre los gobiernos de Pekín y Moscú, siendo que para dicho conflicto los chinos proporcionaron tropas, y los soviéticos armamento y asesores bélicos o directamente personal de combate para la aviación.

El Gran Salto Adelante (GSA)

A fin de los ´50 se pone en práctica una propuesta del maoísmo que quiso ser un calco del plan quinquenal soviético. Su concepción aventurera no resiste el más mínimo análisis.

El GSA fue una campaña de medidas económicas, sociales y políticas implantadas, con el objetivo de transformar la tradicional economía agraria china a través de una rápida industrialización y colectivización. Los principales cambios del régimen rural incluyeron la creación de las comunas populares, la prohibición de la agricultura privada, el impulso de los proyectos intensivos en mano de obra y la política llamada "caminando con dos piernas", que combinaba las pequeñas y medianas iniciativas industriales, con los grandes emprendimientos. La idea del gobierno chino era industrializar el país y aumentar la producción agrícola haciendo uso del trabajo en masa, evitando así tener que importar maquinaria pesada. El efecto más visible desde el extranjero fue la campaña de creación de pequeños altos hornos en cada comuna para la fundición de acero. En octubre de 1958 se informaba de la creación de un millón de estos hornos (cubilotes), incluso en las fábricas, escuelas y hospitales donde los trabajadores calificados eran obligados a abandonar su trabajo para destinar parte de su tiempo a producir acero. Pese a la propaganda oficial, el acero producido por estos hornos artesanales era en gran parte inservible debido a la mezcla de diferentes metales durante su elaboración.[v]

Las consecuencias fueron desastrosas. La colectivización forzada de la agricultura, el uso del metal de las herramientas (!) para alimentar los hornos -a costa de la producción y para cumplir planes desmesurados- y otras medidas por el estilo, provocaron una hambruna que le costó la vida por inanición a más de diez millones de personas, la mayoría niños y jóvenes. Empero, lo que fue un fracaso estrepitoso, fue reconocido como tal, y la admisión provocó que Mao se viera obligado a ceder uno de los tres cargos que detentaba, el de presidente de la república. Pero las luchas se intensificaron, en la cúpula del poder y en materia de políticas irracionales.

La gran revolución cultural

La Gran Revolución Cultural Proletaria (GRC) fue un movimiento sociopolítico que tuvo lugar en los 10 años posteriores a 1966. Iniciada por Mao Tse-tung, la GRC se propuso preservar la pureza del comunismo chino por medio de la eliminación de los restos de elementos capitalistas, y reimplantar su pensamiento, condensado en el “pequeño libro rojo”, como la ideología dominante dentro del PCCh. La GRC marcó el regreso de Mao a una posición de poder después de los fracasos de su Gran Salto Adelante. La convulsión generada con la GRC paralizó políticamente a China y afectó negativamente tanto a la economía como a la sociedad del país en su conjunto.

Los sitios, objetos y archivos históricos de China sufrieron daños devastadores, ya que se creía que estaban inspirados en las viejas formas de pensar. Gran parte de los miles de años de historia de China fueron destruidos. La GRC condujo al sistema educativo de China a un apagón virtual. Todos los institutos y universidades se mantuvieron cerrados hasta 1970, y la mayoría de las universidades hasta 1972. Los exámenes para entrar en la universidad fueron reemplazados luego por un sistema donde los estudiantes eran recomendados por fábricas, pueblos y unidades militares.

Las principales víctimas de la GRC fueron los medios intelectuales y dirigenciales del país. Las acusaciones generalizadas a técnicos calificados y a profesores universitarios bajo el supuesto de que realizaban actividades contrarrevolucionarias llevaron a una paralización del desarrollo tecnológico y educativo del país. Los programas de estudios en las universidades fueron reformulados para jerarquizar la enseñanza de los valores ideológicos en detrimento de aquellas materias puramente intelectuales y científicas consideradas burguesas.  A una generación entera de jóvenes se les privó de la posibilidad de una educación superior más allá de la repetición de lemas revolucionarios. En su lugar, los jóvenes chinos respondieron al llamado de Mao formando grupos de la Guardia Roja en todo el país y fueron trasladados por la fuerza al campo, donde se vieron obligados a abandonar todas las formas de educación que no sean las enseñanzas propagandísticas del Partido Comunista Chino.

Se hace la luz

Las primeras notas de la racionalidad y la modernización chinas fueron tañidas desde Occidente. Fue la época de los foros de consenso de los ´70 en los que la dirigencia del capitalismo se propuso analizar qué hacer con un sistema que, gracias a la Revolución Científico y Tecnológica, por primera vez estaba en condiciones de producir más de lo que era posible consumir. Nunca había pasado esto en la historia de la humanidad: el fin del reino de la escasez. Las consecuencias –obviamente en un primer momento potenciales- eran sorprendentes. En la ecuación global de la oferta y la demanda, ésta última pasaba a ser la variable crítica. Y la respuesta fue inmediata. La vista giró hacia el mercado más atractivo: el chino. Mil millones de potenciales consumidores. Y no sólo eso. La innovación producto de la RCT hacía necesario, para los países desarrollados, descentralizar hacia el Oriente las producciones de medianas y bajas tecnologías. Así se comienza con la transferencia masiva y continuada de medios de producción hacia la periferia. Las matrices de los países desarrollados se reformulan. En EEUU nace el Silicon Valley en sintonía con la evolución ininterrumpida de las ciencias y las tecnologías de punta. Al mismo tiempo China recibe una lluvia de fábricas cuyos productos se distribuyen por todo el mundo.

Las negociaciones, de enorme complejidad, fueron facilitadas por los cambios generacionales que se estaban por producir en China. Unos longevos Mao y Chou En-lai –este último un incansable piloto de tormentas- fueron los encargados de verse con Nixon y Kissinger para establecer las líneas de la sorprendente alianza que se estaba por producir. A los 6 años, ya fallecida la vieja guardia, el último de los sobrevivientes, Deng Xiaoping, se consolida en el gobierno e inicia el proceso de transferencia industrial. Lo guiaban concepciones totalmente reformistas (“no importa que el gato sea blanco o negro, lo importante es que cace ratones”).

Lo que sigue es historia reciente y bien conocida. China ha venido creciendo a niveles del 10% anual (“tasas chinas”) para sacar de la pobreza a más de mil millones de personas en un breve periodo de tiempo. Esos logros son tan sorprendentes que cuesta verlos sin sufrir deslumbramiento… lo cual a veces atenta contra la objetividad.

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Hasta llegar a nuestros días, el periodo de la historia china considerado, por lo menos en sus rasgos más salientes, adolece de una linealidad manifiesta. Tanto en el proceso previo a la formación de la RPCh como después, los acontecimientos se van sucediendo con cierta previsibilidad, no solo durante la vigencia del maoísmo sino incluso luego de 1978, cuando empieza a tomar forma la China actual. 

El periodo inicial de Deng se caracterizó, ya hemos dicho, por la masiva transferencia de factores de producción de Occidente a Oriente, la operación logística más grande de la historia. Los hechos se dan en un país complejo y atrasado, jaqueado por un conjunto exagerado de factores, tanto internos como externos. Las enormes tensiones -incluso emocionales, sociales y territoriales- que conlleva la reubicación de esa gigantesca infraestructura fabril proveniente de EEUU y Europa, no dejan tiempo para otra cosa que no sea resolver los problemas de adaptación para la puesta en marcha de las instalaciones transferidas. Desafíos de nuevo tipo aparecen ahora cuando China tiene que comenzar a pagar los favores recibidos.

Los factores exógenos en la modernización de China han sido decisivos. No hay manera de que por sí sola, desde el maoísmo, sobre todo por sus concepciones retrógradas y su labor destructiva, en cuarenta años ese país hubiera llegado a ser lo que es hoy. También es cierto que esos factores, puestos en otro lugar del planeta, no hubieran podido plasmarse de la forma en que allí lo hicieron. China fue bien elegida. No solo por la magnitud del mercado cautivo, su importancia geoestratégica y geopolítica o el bajo valor de la mano de obra, sino por la disciplina social que implicaba el acostumbramiento prolongado a la presencia del verticalismo de los comunistas. La fórmula cerraba. A esta correlación virtuosa se les sumaba la fuerza adicional de las legítimas aspiraciones de orgullo nacional chino de recuperar el prestigio histórico de que gozaron en su prologada era imperial.
Por su infraestructura industrial, China ya es la segunda economía del mundo. Eso no significa que toda su industria sea “nacional” ni que la totalidad de las cadenas productivas estén bajo su control. Solo basta con ir a un supermercado y ver en la góndola de herramientas y electrónicos cómo las marcas más prestigiosas -que no son de origen chino- elaboran allí sus productos.

China carece de una investigación y desarrollo autónomos. Su punto de partida es muy reciente para completar el ciclo que va desde el descubrimiento científico hasta la puesta a punto de una tecnología aplicable a la producción. Es una de las consecuencias malditas de la Gran Revolución Cultural que destruyó la vida académica, científica y tecnológica, una infraestructura que para su maduración necesita un largo período de labor continuada. La gran fuerza del conocimiento que sin duda China debe poseer, habrá sido utilizada para la adaptación y mejoras (modelos de utilidad) de tecnologías generadas afuera (esto vale ahora para la 5G). De lo contrario no podría haber levantado en unos pocos años su infraestructura productiva, ya la más grande del mundo. Pero ante las carencias China ha tomado medidas inteligentes: más de medio millón de sus jóvenes están preparándose en EEUU en disciplinas científicas. Obviamente, en las universidades americanas los cazatalentos no se dan respiro. Así, los mejores egresados se quedarán allá para continuar trabajando en sus laboratorios, y los que eventualmente regresen a su país, ya lo harán como participantes en líneas de investigaciones que normalmente son bi o multinacionales. Hay metas y etapas que en la ciencia, la tecnología y la educación, no se pueden improvisar…

Asimismo, China carece de marcas propias de prestigio; recién ahora se van haciendo conocer algunas pero que aún no dejan de transitar los andariveles de las segundas y terceras marcas. Por su parte, las traders chinas son de poca capacidad comparadas con los gigantes occidentales, que en los viajes marítimos le agregan el mayor valor a los productos. El caso de la muñeca Barbie es elocuente[vi]. En la globalización se va haciendo más difícil sino imposible el desarrollo de capacidades nacionales que puedan ser manejadas en forma autónoma. La pretensión de “vivir con lo nuestro” es solo una ilusión. Las interdependencias transfronterizas son crecientes y multifacéticas (comerciales, tecnológicas, simbólicas, técnicas, intelectuales, etc., etc.). Esa nueva situación vale para todos los países, sin excepción.

En la división global de las oportunidades, a China, en su carácter de gran potencia, le han tocado responsabilidades por demás interesantes. Hay dos de notoria visibilidad. La primera es que está llamada a jugar un rol geopolítico de creciente importancia en el extremo oriente y -en estrecha alianza con Rusia (aunque no con el mismo protagonismo de Putin en ese plano)- en la totalidad del continente asiático, incluido por supuesto Medio Oriente. La segunda, es el proyecto de la Nueva Ruta de la Seda (NRS).

En el ámbito de la infraestructura de conectividad, China acude a dar respuesta a una de las principales asignaturas pendientes de la globalización: dicho en términos técnicos, el cambio, de la configuración de los flujos informativo comunicaciones desde lo radiocéntrico a lo reticular. La infraestructura existente a nivel mundial todavía es heredada en gran medida de la época colonial. En ella, los flujos de todo tipo, principalmente comerciales, migratorios, telefónicos, noticias, etc. eran de paso obligatorio por los centros de poder. Por ejemplo, para comunicarse con África, Argentina tenía que hacerlo obligatoriamente por Europa. Más cercano, en nuestro país, para viajar de Chaco a Santiago del Estero había que hacer escala en Aeroparque. En el caso de la ciudad de Buenos Aires, para ir de la autopista La Plata a la Illia había que bajar a la Nueve de Julio. Disfuncionalidades como las expresadas, se pueden encontrar en cualquier lugar del mundo. Siempre, en el fondo, ese tipo de arbitrariedades son consecuencia de asimetrías en las relaciones de poder. A medida que el mundo se comenzó a ensanchar por las comunicaciones en tiempo real, las expresiones “centralistas”, al ser más evidentes, comenzaron a ser cuestionadas. En la era de Internet, con disposiciones n-dimensionales para la comunicación, se necesita redibujar el mundo según otro diseño. La Nueva Ruta de la Seda es el proyecto de mayor envergadura existente en la actualidad que aborda aquella herencia distorsiva. China tiene recursos, capacidad técnica y, sobre todo, ambiciones, como para llevar a buen término ese cometido desde la actualidad en forma sostenida. No es casual la cantidad de países involucrados en el desafío (en el segundo lanzamiento del NRS en Pekín participaron más de 60 países la mayoría representados por sus jefes de estado). El megaproyecto está inspirado en las recomendaciones del G20.

Hace un año, en la reunión de Davos, Xi Jinping sorpresivamente se pronunció en contra del proteccionismo. Aunque China ha sido muy estricto en la defensa de su mercado interno con la asistencia de barreras de todo tipo, el cambio de enfoque se produjo sin ninguna autocrítica. Gran parte de las reservas atesoradas por China, aparte del ahorro interno, se deben al hecho de tener balanzas comerciales favorables con todos los países. Por su lado, Trump, se pronunció a favor del proteccionismo contradiciendo su ideología y lo que EEUU ha sostenido toda su vida. Hasta ahí las controversias. En lo que han coincidido ambos líderes es en desatar una furibunda guerra comercial cuyos resultados, luego de arduas negociaciones y los acuerdos parciales de estos días, están por verse. Este, es un tema que amerita un tratamiento aparte por su complejidad y complicación.

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Llegado a este punto, volvemos a la pregunta del principio: ¿el modelo chino es replicable? La primera respuesta es no. No solo por un problema cronológico –no se pueden reproducir las condiciones iniciales de la globalización en los años setenta- sino por las características de sociedades dominadas por regímenes autoritarios o en condiciones culturales (según punto de vista occidental) de estarlo. Tal vez el que más se asemeje salvando las distancias históricas sea Vietnam. No es casual la forma estrecha en que ambos países están cooperando, incluso a nivel de sus respectivos partidos comunistas, para la transferencia de la experiencia china en la construcción de lo que se denomina socialismo de mercado. Lo que no está del todo claro, por lo menos para mí, es la forma en que se tiene que dar el proceso de inclusión de mil millones de personas en todo el mundo que están viviendo con U$S1/day. Uno no puede dejar de comparar, por ejemplo, la ceremonia diaria de inicio de las tareas en el gigante electrónico chino TCL (se puede ver en YouTube[vii]), con el espectáculo de nuestros piqueteros tomando mate en la 9 de julio cuando en el interior del país hay cosechas que cuesta levantar por falta de mano de obra… 

Ing. Alberto Ford
macroscopioglobal@gmail.com
La Plata, enero de 2020




[i] http://www.xinhuanet.com/english/2020-01/02/c_138674347.htm
[ii] las internas entre quienes veían la derrota como inminente luego de que las bombas atómicas fueran arrojadas, entre ellos el emperador Hirohito, y los fanáticos tipo kamikazes, que a toda costa se negaban a la rendición, hizo que la guerra se prolongara varios días. Además, en Manchuria y Corea, donde los japoneses tenían una importante base industrial, las fuerzas imperiales permanecían relativamente alejadas de la parte insular. Finalmente, el Acta de Rendición fue firmada recién el 2 de setiembre a bordo de la nave Missouri fondeada en la Bahía de Tokio.
[iii] Una muy detallada descripción de las operaciones donde participaron más de  dos millones de soldados se puede ver en https://es.wikipedia.org/wiki/Batalla_de_Manchuria
[iv] https://es.wikipedia.org/wiki/Ruptura_sino-sovi%C3%A9tica
[v] https://es.wikipedia.org/wiki/Gran_Salto_Adelante
[vi] Las muñecas Barbie de la firma Mattel se hacen en China al costo de U$S 1 (UN DÓLAR), 0,70 para materiales y 0,30 mano de obra. Puestas en en lugar de embarque, son tomadas por una trader para llevarlas a EEUU donde finalmente llegan al público al precio de U$S 10. La diferencia de U$S 9, se reparte entre la transportadora, los impuestos, el mayorista que las recibe y los minoristas que las venden.
[vii] https://www.youtube.com/watch?v=3pq1ufZy-PI. McLuhan hubiera dicho “un video vale más que mil palabras”. Imperdible. Son 45 minutas que reflejan fielmente lo que farragosamente queremos decir en este trabajo

lunes, 2 de septiembre de 2019


Diseño Inteligente (I)
Tuve la oportunidad de concurrir a un interesantísimo panel de la cátedra de Librepensamiento de la UNLP organizado con el fin de abordar el tema del llamado diseño inteligente (DI), una teoría referida a la génesis del universo en boga en los EEUU. Lo bueno de la iniciativa está en que pone al alcance del no especialista cuestiones que normalmente no trascienden los cenáculos científicos.
Según wiki, el DI es “el término utilizado para describir a la corriente pro-religiosa que sostiene que el origen o evolución del universo, la vida y el hombre, son el resultado de acciones racionales emprendidas de forma deliberada por uno o más agentes inteligentes”. Una parte de la comunidad científica considera a esta nueva teoría como una pseudociencia de características dogmáticas que estaría movida por el objetivo de alcanzar “una justificación a posteriori de la creencia en un creador determinado (el dios de las religiones monoteístas)”. Como participamos de una cátedra que invita al libre debate de las ideas, me voy a permitir hacer algunas reflexiones.
Lo primero que salta a la vista en el desarrollo de la problemática es la referencia a la noción de “origen” que sin excepciones se la presenta como un postulado. Curiosamente coinciden en esa posición quienes empero están enfrentados en la polémica: los partidarios de la cosmogénesis de raigambre religiosa, identificada con la corriente del creacionismo, y los que sostienen la pertinencia del mecanismo del big bang, una teoría muy difundida y aceptada en los medios académicos, que comulga con el evolucionismo. Las respuestas o los silencios de ambas corrientes frente a una pregunta simple del tipo “¿y antes qué?” son o parecen ser su punto vulnerable.
La religiones remiten a la obra de un ser superior. En la biblia se dice "te ruego, hijo, que mires al cielo y a la tierra y veas cuanto hay en ellos y entiendas que de la nada lo hizo todo Dios". Pero la misma afirmación es paradojal: presupone una presencia de algo o alguien a cargo del cometido y no una nada. Por otra parte, la noción del big bang –un modelo de interpretación  fructífero como veremos en seguida- tampoco lo puede hacer: el mecanismo de la explosión que está muy estudiado se detona a partir de la concentración infinita de una quasi materia de existencia previa. 
Observación: estamos en presencia de una idea de origen que excluye su contrario -la idea de que no haya un origen- a pesar de ser tan considerable como ella. 
La noción de infinito que por omisión adquiere protagonismo en ese intríngulis puede ser representada por la matemática; es sin embargo una causa perdida para la mente humana: no es racionalizable; a lo sumo puede ser intuida por medio de un esfuerzo orientado a tal fin.
Einstein con su sorna característica de sabio ya lo decía: “Hay dos cosas que son infinitas, el universo y la estolidez humana”. Tomando la primera aseveración, que es la que nos interesa en esta circunstancia, veamos qué nos depara.

Un espacio infinito pero lleno de cosas finitas
Sin duda la infinitud nos resuelve un problema pero nos crea otros. Por ejemplo nuestra existencia y tantos otros conjuntos condenados fatalmente a la finitud como el sistema solar. Ahí sí, en una dimensión que podemos sentir más cercana, la ciencia puede inferir que hubo un origen.
En esa línea de razonamientos y conjeturas cabe la pregunta: ¿el Sol habrá sido el producto también de una explosión pero no tan grande como para merecer al adjetivo big? ¿Y si todas las estrellas (soles) como las llamadas novas y supernovas fueran también la consecuencia de explosiones de las que nos estamos anoticiando ahora aunque hayan sucedido hace mucho tiempo?
Vamos a recordar solo por un instante la tabla periódica de los elementos (átomos) que algunas vez aunque sea de pasada vimos en el secundario. Ese ordenamiento debido a los trabajos del sabio ruso Mendeleiev reúne a los un poco más de cien átomos que hay en la naturaleza. Hay un hecho de gran significación: los dos primero átomos de esa tabla, los número 1 y 2,  son el Hidrógeno y el Helio, no casualmente los que componen la totalidad de la masa de nuestro sol (92,1% H2, 7,8% He). Asimismo, los últimos y más recientes átomos de esa tabla ya son obra del ser humano (o sea también de la naturaleza de la que somos parte indivisible) que los ha creado por tiempos infinitamente breves en experimentos como los que ahora se están llevando a cabo en el acelerador de partículas ubicado en la frontera franco-suiza. ¿Qué contienen estos fenómenos de la química y de la física  de interés para el tema que estamos tratando?
En un momento en que está de moda hablar de modelos podemos pensar en el siguiente. En sus inicios se forma el Sol a partir de una explosión. Un mini bang que mandó al espacio masas incandescentes de H2 y He. Al alejarse del foco de la explosión esas bolas de fuego se fueron enfriando. Así, aumentan su densidad, incrementan el peso y a partir de ese momento comienza a actuar con más vigor la gravedad: el Sol, que las expulsa al principio, a partir de un punto las atrae dando lugar al equilibrio de las fuerzas de expulsión y atracción. Y entonces esas bolas de fuego ya frías y solidificadas se ponen en orbita.
Ahora imaginemos este otro modelo para ver el comportamiento de esas bolas de fuego que fueron dejando de serlo por enfriamiento de su corteza pero conteniendo la incandescencia. Ese sistema de paredes solidas y altas temperaturas en su interior es lo más parecido que puede encontrarse a un reactor. Y adentro pueden reaccionar los átomos que se fueron formando por medio de un procedimiento que se denomina trasmutación. ¿Qué es la trasmutación? Es un fenómeno en apariencia simple por el cual el agregado de electrones a un átomo va dando lugar al átomo subsiguiente. Así se pudo ir completando a través de millones de años la tabla periódica de los elementos.
Esa posibilidad desveló el sueño de los alquimistas: transformar el plomo en oro a partir de que el primero tenía un electrón menos. El experimento no solo es teóricamente realizable  sino que se lo ha llevado a cabo; el problema es que producir de esa forma el metal amarillo implica consumir enormes cantidades de energía de manera que es más barato comprarlo en la calle de los joyeros (Libertad, BA).
Pero cuando se formó nuestra tierra aun no existían las ONG’s ambientalistas. Nadie se preocupaba por el uso racional de la energía. De manera que en el seno de nuestro planeta se fueron formando progresivamente los distintos átomos. El número 6 de esa serie es el Carbono que como veremos en otro trabajo da nacimiento a la vida. Antes de seguir, ¿cómo opera el mecanismo del big (o el mini) bang?

No entra en la cabeza
Con respecto al modelo del big bang en el mundo científico existe una concordancia bastante generalizada sobre su desenvolvimiento. Dicho esto a pesar de que si las cosas ocurren como sospechamos, el modelo de la detonación no pueda aplicarse al “origen” del universo porque este nunca habría tenido lugar. En ese caso, no obstante, si se lo podría hacer con respecto al nacimiento de las infinititas estrellas (soles) que vemos en el firmamento.
La cosa transcurre así. “Algo” se va concentrando hasta ocupar un lugar tan  infinitamente pequeño como infinitamente pesado. Llega un momento en que en esa situación inimaginable para la mente humana se produce una explosión. En forma bastante convincente la ciencia ha detectado en el espacio tres tipos de energías o materias: 1) energía oscura, 2) materia visible (nosotros), 3) materia oscura que es como una materia visible pero que entró en desuso. Ahí entran a jugar los llamados “agujeros negros”. Que son como grandes digestores que se tragan todo lo que puede ser atraído por su enorme fuerza de gravedad. Podría ser que la víctima preferida de esa voracidad fuera la materia oscura; y que ese “desperdicio” se vaya concentrando hasta ocupar un lugar tan infinitamente pequeño como infinitamente pesado, un evento que definitivamente no nos entra en la cabeza… hasta explotar. Si el mecanismo se va repitiendo sin solución de continuidad daría lugar a lo que hoy se puede ver en el cielo: estrellas que nacen encendidas, y estrellas que se apagan.
¿Un debate sine die?
El problema del mundo científico como se decía en el panel son las relaciones de poder que llegan a legitimar puntos de vista discutibles o directamente incorrectos. Fue la situación que obligó a Galileo a retractarse de su verdad aunque los detractores tardaran trescientos años en reconocer que estaban equivocados. El pobre Galileo murió sin saberlo.
Una de las cosas preocupante de este no-debate es que indirectamente se pone bajo sospecha palabras tan bellas como creación, inteligente y diseño (etimológicamente derivada de signo). Tal vez sería mejor que el encuentro entre las posiciones se diera a través de las preguntas más que de las sentencias; ir alcanzando en conjunto algunas pautas epistemológicas para abordar fenómenos tan complejos como lejanos para la mente humana. Hay que reconocer sin embargo una cosa: existe en la naturaleza una lógica inteligente que no surge de nuestra mente, más bien lo contrario, es la inteligencia humana la que se nutre de esa especie de noosfera como ha sido denominada en la ciencia. Eso no significa que haya otro ser supra humano autor de todo lo que se ve y de lo que no se ve. Es la propia naturaleza la que a través de un auto-dinamismo evolutivo ha ido generando fenómenos de creciente complejidad (mensurables según de la Ley de la variedad requerida de Ashby). Por tomar un ejemplo, el de la reproducción. Es un prodigio que a través de una partícula tan pequeña como el espermatozoide y el óvulo se pueda trasmitir una enorme cantidad de datos genéticos. El ser humano no creó las condiciones para el logro de esa hazaña; es solo a través de él que tiene lugar. ¿Cuánta inteligencia hay en ese acto que deriva de la evolución? Recién en esta época luego de miles de años de vigencia, cerrando un círculo virtuoso de generación de saberes, se comienza a dilucidar fenómenos de una complejidad inaudita que han dado lugar a lo que somos.

Ing. Alberto Ford
La Plata, junio de 2012

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Nada se hace de la nada. Toda creación implica la combinación de “cosas” preexistentes (hasta Dios, para crear a Eva, tuvo que recurrir a una costilla de Adán). La pregunta es: ¿cómo puede haber un “origen” del universo sin que hay habido “algo” antes que diera lugar, en definitiva y siendo así, a ese no-origen?  Por default, el universo es infinito. Como dijo Einstein, aunque la afirmación haya dado (y lo sigue haciendo) lugar a infinitos debates, salvando la redundancia. Pero no es un debate que pretendamos hacerlo aquí. Perderíamos por muerte. Hoy, el “origen” del universo es una cuestión de fe... y de subsidios para la investigación. Aunque la hipótesis sea insostenible, se la mantiene a rajatabla. Y sobre esa base, está apoyado todo el edificio de la ciencia cosmológica. Que da lugar a una cantidad de saberes que en sí son validos... en tanto se los contextualice correctamente[i].
Tome usted ese cuadro que merecería haber sido hecho por Andy Warholl que es la tabla periódica de los elementos que pergeñó el sabio con perdón de la palabra ruso....Mendeleiev. Dele, aunque sea por una vez (creyó que luego del secundario no lo iba a ver más)
Hay una secuencia inteligencia artificial àinteligenciaàcreación de la vida


[i] Mi experiencia con la tesis con la cual me dieron el título de Ingeniero Química. Hice un trabajo a conciencia -habida cuenta de que el esfuerzo me debía servir para actualizar muchos conocimientos adquiridos en la carrera- titulado “fabrica de harina de pescado a partir de la anchoíta”, un pez que se encuentra en nuestra plataforma marítima. La tesis (el “proyecto” lo llamábamos en la facultad) fue aprobada porque estaba formalmente bien hecho; pero hay un pero: era un sofisma. El sofisma del proyecto radicaba (y los sigue haciendo) en que la anchoíta conviene enlatarla, de esa manera adquiere mayor valor, y la harina producirla con los requechos del fileteado, por ejemplo de la merluza. Volviendo al tema de hoy. En la cosmología todos los trabajos son válidos (sobre todo los que cobran actualidad como los esfuerzo por desentrañar la composición  de la materia y la energía oscuras) y no pierden entidad por más que el universo sea infinito. Pero, ¿quién le pone el cascabel al gato?


LA TRAMPA DE LACLAU
Si bien la crisis de los partidos no oficialistas ya venía despuntando, fue en las últimas semanas –principalmente frente al caso Malvinas y la expropiación de YPF S.A.- cuando se revelaron con mayor nitidez sus características. Más allá de las peleas internas y su saldo, esos partidos (salvo en algunos casos el macrismo) terminaros alineados de hecho con el oficialismo. Fue dramática la votación en el Congreso por la petrolera, cuyo resultado quedará grabado en la historia más allá de cualquier consideración que le dio lugar, y la asistencia en primera fila a la puesta presidencial cuando reverdeció la cuestión de las islas. Falta de imaginación en respuestas y propuestas así como la dependencia acérrima de principios esgrimidos fuera de tiempo y de lugar, fueron algunos de los rasgos salientes de la acción opositora. Sin embargo, si se mira el proceso con un poco más de detenimiento emerge una lógica que hace que las cosas hayan sucedido de la forma en que lo hicieron. En este trabajo se sobrevuelai sobre las concepciones filosóficos que se admite han influenciado al matrimonio de gobierno en su forma de ejercerlo y que podrían echar luz sobre algunos comportamientos inexplicables que, por lo menos en apariencia, no se condicen con la tradición peronista de meter a todos en la misma bolsa. En las notas se exponen dos casos, el de YPF y los subtes en la CABA, como formas alternativas de comportamiento frente a los manejos políticos del oficialismo.
Una cadena de mandos
Del filósofo alemán Karl Schmitt son seguidores tanto Ernesto Laclau como Chantal Mouffe, un matrimonio de politólogos post marxistas al que se le atribuye gran influencia en el ideario y la acción de los gobiernos K. Se dice que fue Alberto Fernández cuando aun gozaba de la confianza de los Kirchner quien le regaló a Cristina el libro “En torno a lo político” de Mouffe que la futura presidenta leyó y, a la luz de los acontecimientos ulteriores, colocó en su mesita de luz. De Laclau se sabe que fue un asiduo visitante a Olivos por lo menos en vida del marido.
Es en el plano político donde hay que poner el foco para percibir las características de las formulaciones de este conglomerado de modelos conceptuales. Una de ellas es que “toda política es posible en tanto se logre identificar a un enemigo público” y hacer de esa distinción el leiv motiv de una praxis que ellos ven como antinómico con el liberalismo político, contra el que Schmitt basó toda su prédica. ¿Cuál es el fundamento de esa aparente sutileza? Es la cuestión de la búsqueda de los consensos, característica del funcionamiento de las democracias en Occidente, que es visto como un empobrecimiento del universo político a partir del hecho de que en los acuerdos se subliman las diferencias. Este acto elemental que normalmente se lo considera como un factor positivo de funcionamiento de las instituciones es considerado indeseable. Para el filósofo alemán, “todo consenso se basa en actos de exclusión” un resultado que deriva del hecho obvio de dejar de lado aquellos aspectos iniciales que eran el motivo de la controversia y en su lugar jerarquizar las coincidencias entre las partes. Es sabido que el nazismo se sirvió de las ideas de Schmitt; sin embargo, el filósofo nunca abdicó de las ideas democráticas pero con la salvedad de que esa institucionalidad “no podría nunca partir de borrar o diluir las diferencias, sino al contrario, de ponerlas en primer plano”. Y ahí aparece una de las primeras claves: el señalamiento del adversario.
Así, la dialógica “nosotros/ellos” implica una diferenciación que, al tiempo que "cohesiona al grupo, contribuye a distinguirlo del otro”. Esto último se sustenta en la afirmación de que “reconocer al enemigo implica asumir un proyecto político que genera un sentimiento de pertenencia”. Es decir, al enemigo hay que distinguirlo, combatirlo y derrotarlo pero nunca exterminarlo. Su presencia es el testimonio de “mi” presencia hegemónicaii. La carga de Schmitt en contra el liberalismo se basa en que “ha intentado diluir al enemigo” y ya, en 1932, afirmaba que “el intento liberal de eliminar lo político…esta destinado al fracaso”
Surge así la aplicación de la noción de praxis agonista como la creación de una esfera pública donde “pueden confrontarse diferentes proyectos políticos hegemónicos, antagónicos entre sí, dentro de las reglas del sistema democrático”. Desde ese punto de vista la política no sería otra cosa que la “capacidad histórica de realizar la distinción amigo/enemigo”, capacidad a la que llama “decisión”. Y aquí otra imagen clave: “la decisión es política en estado puro, sin contaminaciones morales, económicas o estéticas”.
Efectivamente, en un ejercicio de exclusiones conceptuales, lo político puede ser” modelado” por medio de un sistema coherente desconectado de sistemas que en otras circunstancias podrían ser afines o conexos. Por ejemplo, el plano moral puede ser especificado en una dialógica bueno/malo, el estético en bello/feo, el económico en redituable/no redituable; en ese contexto de singularidades, la praxis política puede dar lugar a un planteamiento aséptico, sin connotaciones, que adquiere así una ventaja sobre quienes jueguen la partida provistos de consideraciones más extendidas, complejas o difusas. Haciendo una analogía un poco forzada con el fútbol sería como los que quieren jugar bien para satisfacer a los espectadores (“lo importante es competir”), y los que pensando solo en el resultado pinchan con alfileres a los adversarios o hacen alusiones maliciosas a la fidelidad de sus esposas para que los afectados reaccionen y sean expulsados del campo de juego.
La dialógica amigo/enemigo, planteado por Schmitt como una expresión de la necesidad de diferenciación, conlleva un sentido de afirmación de sí mismo (nosotros) frente al otro (ellos). Pero, la diferencia también plantea al mismo tiempo una relación; se establece así un principio de oposición y complementariedad que podría sea vinculado a una de las leyes de dialéctica hegeliana (“unidad y lucha de los contrarios”), pero con una salvedad importante: a diferencia de Hegel (y de su versión materialista, el marxismo) la contradicción no se resuelve (lo que a su vez hace recordar a las ideas primitivas del maoísmo en cuestiones filosóficas).
Así, mientras que la posibilidad de reconocer al enemigo implica la identificación de un proyecto político que genera un sentimiento pertenencia, ni la identificación con/del enemigo, ni el sentimiento de pertenencia, ni la misma posibilidad de la guerra que le dan vida a la relación amigo/enemigo, son inmutables. Antes bien, se encuentran sometidos a variaciones continuas, es decir, no están cristalizados. La esencia de lo político así no puede ser reducida a la enemistad pura y simple sino a la posibilidad de distinguir entre el amigo y el enemigo. Sin embargo, el enemigo no puede pensarse en términos de cualquier competidor o adversario como según este punto de vista era planteado por el liberalismo. En ese caso la oposición o antagonismo de la relación amigo/enemigo se estable si y solo si el enemigo es considerado público. O sea, no se busca la desaparición del enemigo de la escena. Hay que mantenerlo visible para justificar mi acción. Esa presencia, aunque incómoda, me da sentido.
En cuanto a sus adláteres. Si la crítica de Schmitt al liberalismo provenía de la derecha, se dice que la de Laclau viene de la izquierda. Una de sus contribuciones es haber convertido la noción de “populismo” de mal vista en una característica positiva de la política. Un tratamiento similar ocurrió con la noción de “hegemonía” cuando sostiene que “la política, más que la convivencia entre ideas plurales es una lucha entre discursos hegemónicos donde es necesario que uno se imponga sobre otro” una hipótesis que para algunos autores hace acordar a Gramsci.
Ni votos ni fotosiii iv
Vez pasada un reputado columnista se preguntaba el porqué de las dificultades para que la oposición se una en lugar de danzar al compás de los cantos de sirena del oficialismo. A luz de las argucias políticas que estamos viendo una de las explicaciones posibles sería que los distintos componentes de la potencial oposición terminan por ser estereotipos conformados en beneficio de la acción oficialista. Será por eso que Ricardo Alfonsín no disimulaba su envidia por Macri debido a que el gobierno elige y promueve a este último como opositor preferido. La pregunta que cabe hacer es si esos opositores lo son “a” o “de” su majestad. En este último caso qué es lo que nos dice la realidad.
La creación de ese diríamos prototipo de opositor conlleva a su vez el establecimiento de una parafernalia informativo-comunicacional que rodeando públicamente al sujeto del travestismo le da una identidad que no tiene de por sí; en algunos casos agraviante, como cuando se inventa un neologismo para decir que Macri sufre de “gataflorismo”; en otros casos el endoso identitario no lo es tanto y por el contrario el beneficiario termina por acomodarse a esos supuestos atributos como un signo de identidad al igual que los jóvenes se sienten representados por la marca de jean. No faltan ejemplos de este tipo en la selva política.
En tanto las argumentaciones esgrimidas en los actos de gobierno no coinciden con los objetivos reales encubiertos pero presuntos, los relatos no carecen de cinismo. En el caso de YPF y en el de las Malvinas se azuza el nacionalismo, aunque la preocupación es la caja o la necesidad de desviar el foco de distintas dificultades (políticas, de corrupción, etc.) y disciplinar a la tropa. Sin embargo, en ambos casos, aunque plenamente consciente de la maniobra, la oposición no atina a otra variante que las conocidas.
La estrategia política del oficialismo debe ser enfrentada en el plano donde se genera y expresa sin otro tipo de consideraciones (éticas, filosóficas, ideológicas, etc.) propias de otros lugares y circunstancias. Si el yaguareté está por atacar primero se lo neutraliza y luego, a fin de mes, se cumple con el abono de la ONG ambiental; no se pueden hacer las dos cosas al mismo tiempo. La estrategia del oficialismo solo admite la oposición sistemática - no en la mayoría sino en todos los casos- una práctica reñida con el buen funcionamiento de la democracia (y del liberalismo político como estamos viendo en este trabajo) pero imprescindible en el marco de reglas de juego hegemónicas que no deben ser legitimadas por acción u omisión. Retirarse, no votar, abstenerse u oponerse, una respuesta de índole política, no quiere decir que la oposición carezca de posiciones al respecto; tampoco que dejemos de lado sentimientos que anidan en partes importantes de la opinión pública como ha ocurrido en muchas oportunidades. Sin embargo, lo que luego se critica no es no haberse avenido a lo que piensa la mayoría sino, por el contrario, no haber fijado una posición correcta y orientadora, aunque sea perdidosa (¡… pero hay que tener posición!). En el universo de los mensajes, habida cuenta de las características reduccionistas que adopta la comunicación en estos tiempos, el dato que queda registrado no solo en la historia sino en la memoria del pueblo, es el resultado final. ¿Quién recuerda cuáles fueron los ejes de los debates que rodearon la elección en la que Cristina sacó el 54%?
Laclau en su momento fue muy explícito. Para el filósofo argentino radicado en Londres “el experimento político de Kirchner es muy valioso, pero aún no es lo suficientemente bueno, porque no llegó a lo que sí llegaron Perón o Chávez: a dividir la sociedad en dos campos enfrentados”. Lamentablemente el proceso se fue desenvolviendo en ese sentido. A la oposición solo le resta esperar, tener paciencia, dar tiempo a que el círculo vicioso del populismo se vaya cerrando. Mientras tanto, más que en abismos pensar en los puentes donde se puedan dar la mano las coincidencias si es que realmente se quiere superar la actual situación.


Ing. Alberto Ford
La Plata, mayo de 2012


i Quienes deseen profundizar sobre los alcances de este conglomerado ideológico pueden leer
Schmitt, Karl, El concepto de lo político, Alianza Editorial, Madrid, 1999.
Laclau, Ernesto, La razón populista, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2005
Mouffe, Chantal, El retorno de lo político, Paidós, Estado y Sociedad, España, 1999
Mouffe, Chantal, En torno a lo político, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2007
ii Hace acordar a la novela de Saer “El entenado” donde los indios en la época del descubrimiento del Río de la Plata mataban a todos los españoles menos a uno al que llevaban a su tribu durante un tiempo prolongado para después liberarlo y así poder dar testimonio en España de sus modos de vida (la ficción se basa en el hecho real del exterminio por parte de los charrúas de la expedición de Solís en el que este y sus compañeros de infortunio fueron comidos por los indios. El único que se salvó fue el grumete Francisco del Puerto que luego de vivir en las tolderías fue rescatado por otra expedición española a la que le sirvió de intérprete)
iii El caso de YPF. Con el objetivo de recuperar la soberanía hidrocarburífera el oficialismo y la mayoría de la oposición unieron sus fuerzas en el Congreso para expropiar el 51% de las acciones de YPF SA que estaban en manos de la española Repsol. Cabe preguntar si se lograron los objetivos. Veamos.
El 85% de la explotación petrolera en la Argentina sigue en manos extranjeras. El 15% restante de esa explotación (o sea el 51% expropiado de las acciones de YPF S.A. que su vez ocupaba el 30% del total) será manejada por un experto argentino proveniente de Londres. Este ingeniero entrerriano hasta ahora operaba como alto ejecutivo de Schlumberger, una petrolera que es de punta: dispone de información y conocimientos en prospección de hidrocarburos que nunca se podrían generar en nuestro país - si ello fuera posible en las actuales condiciones tecno científicas, estratégicas y políticas del manejo global del recurso.
Hemos postulado en otro trabajo la imposibilidad de alcanzar la soberanía en el rubro de los hidrocarburos, uno de los fundamentos de la expropiación. Argentina nada en un mar de petróleo y gas pero de ninguna manera, a diferencia del pasado, sin ayuda externa puede transformar esa riqueza en reservas explotables. Demostrar esto es una cuestión técnica que trasciende este trabajo pero los datos de la realidad son elocuentes: toda esta movida alrededor de YPF S.A. no ha provocado en la práctica más que un cambio de collar como se muestra en el párrafo anterior. El petróleo es un recurso global. Lo es así desde los ’70 cuando dos crisis reconfigurantes del capitalismo, que fueron provocadas por la suba del precio del petróleo, terminaron con el subsidio a un sistema productivo poco competitivo por su resistencia a incorporar los adelantos tecnológicos que permitieron poner un hombre en la luna.
En cambio, sobre el autoabastecimiento se puede decir que en la Argentina ha sido un objetivo alcanzable en el pasado con medios técnicos mucho menos sofisticados que los ahora necesarios. En la actualidad, lograr consumir producción argentina básicamente depende de un conjunto de medidas de concepción simple que no han sido tomadas por este gobierno: tarifas de mercado y ejercer un control estatal adecuado al que nadie se opone (y terminar con los actos absurdos como expropiar las acciones de Repsol y comprarle el gas a la misma Repsol pero de Bolivia unas cuentas veces más caro de lo que se le pagaba por el mismo insumo a la petrolera española antes de la expropiación; también, de apuro, en las circunstancias intrincadas de esta pasión nacionalista por la expropiación, pagar mucho más por el gas licuado que se desembarca en Bahía Blanca de los buques metaníferos).
Está la cuestión simbólica. YPF es una marca que activa la veta nacionalista de muchos argentinos. Pero al igual que otras muchas marcas que han sido extranjerizadas en los noventa ya no tiene más el lustre inicial que les dieran sus fundadores. Cuando se está expropiando YPF S.A. no se está recuperando la empresa que fundó Mosconi a pesar de la conservación del loguito. Solamente un tratamiento superficial y atropellador del oficialismo, apelando a una emotividad sensiblera, y la oposición mirando la luna o no sabiendo qué hacer, pudieron haberse confabulado de hecho para materializar la medida expropiatoria.
Hemos tomado estos tres aspectos del proceso expropiatorio para mostrar la inutilidad y el costo político del voto opositor: no contribuyó a recuperar la soberanía energética, no puso de relieve más que en el plano retórico que el autoabastecimiento ha sido impedido por el propio gobierno con su populismo, y en el caso del radicalismo sobrevaloró el aspecto emotivo que conlleva la visualización del logo que no tiene nada que ver con los fundamentos primigenios de las políticas energéticas impulsadas por el yrigoyenismo.
iv El caso de los Subtes. Hay que detenerse un instante en la forma en que el jefe del gobierno porteño está llevando adelante el conflicto del subte, en relación a cuya gestión, en una asumida muestra de ingenuidad política, firmó un acta acuerdo para efectivizar el traspaso del subte a la capital apoyado en compromisos por parte del gobierno en lo relativa a obras y subsidios (en la realidad como luego se vio estos compromisos estaban escritos en la arena). Ahora bien, ¿cuál ha sido la lógica con que la no-negociación ha sido manejado por las partes? El gobierno nacional, reclamando el cumplimiento de lo pactado referido al traspaso sin hacerse cargo de todos los otros aspectos del compromiso; sumado, una fuerte presión comunicacional como están en condiciones de hacerlo desde el aparato del estado; por último poner en la cancha el peso de una empresa alcahueta beneficiaria de los subsidios gubernamentales, y el comportamiento dual de las dos expresiones sindicales involucradas. El macrismo a su vez fue administrando el entredicho sobre la base de los siguientes puntos: 1) pedido de audiencia a Cristina para tratar la controversia que esta obviamente no quiere ni puede dar (le interesa más la diacronía del conflicto y su instalación pública que la solución o la atenuación del mismo, según estamos viendo en este trabajo), 2) la seguridad de los usuarios, 3) el cumplimiento de la Constitución para la transferencia de servicios con las partidas correspondientes, 4)realización de las obras anunciadas por el gobierno oportunamente. Ante una convocatoria del Ministro Tomada a la mesa de negociación al gobierno porteño este se negó a asistir aduciendo que no le correspondía hacerlo hasta que finalmente cambió el proceder acudiendo el responsable del área y aunque no firmó nada (“el que se quema con leche…”) el conflicto se tomó un respiro. A los tres días se produce un giro copernicano: Macri anuncia que “la ciudad no se hará cargo de los subtes” introduciendo una modificación tajante el enunciado de que “a la ciudad no le corresponde hacerse cargo de los subtes”. La diferencia no desecha la posibilidad de negociar porque esta nunca existió por el hecho de que la intención del gobierno nacional fue hacer patente su hegemonía, sino que le permite al macrismo salirse del plano del conflicto e instalarse en un plano que él mismo ha configurado de generación y acumulación de poder a partir de establecer una relación directa con el usuario, dispuesto a pagar los costos políticos devengados por eventual default de la jugada. Si se mantiene en sus trece, rompe la maniobra del gobierno.


Soberanía nacional: ¿la muralla china de la posmodernidad?
Expropiación de YPF. Reacciones externas que perforan el telón de la soberanía. Los acontecimientos en Grecia. La soberanía nacional y los foros de consenso de los ’70. Trilateral y Club de Roma. Un nacionalismo exacerbado es incompatible con la globalización. Repercusiones en las políticas hacia el exterior y en el medio interno.

De las distintas dimensiones de análisis que se despliegan con la decisión oficial de expropiar YPF a través de un proyecto de ley girado al Congreso, hay una de ellas a la que se refiere este trabajo: la forma en que las repercusiones externas perforan el telón de la soberanía y sus consecuencias. Una serie de hechos y declaraciones del ámbito internacional producidas antes y sobre todo luego de la puesta presidencial nos hablan de la trascendencia de lo ya hecho con la petrolera.
Sin duda la noticia del anuncio tomó por sorpresa a todo el mundo. No porque no estuviera previsto lo que ya parecía inminente; según los trascendidos estaba todo listo para proclamar la pretensión de recuperar la petrolera de manos de los españoles, empero, la presidenta dedicó el esperado mensaje al tema de la carne y la yerba; de YPF no dijo ni mu. Se creyó que las dilaciones eran a consecuencia de que las intenciones reestatizadoras perdían fuerza, por los menos en lo inmediato, alimentando la idea de que las negociaciones sucederían de una manera más paulatina. Desde ese punto de vista, las presiones externas (y la desconfianza de los gobernadores de provincias petroleras temerosos de que una YPF en manos de los jóvenes de la Cámpora les dosificaran las regalías) habían cumplido su cometido. Con esas hipótesis instaladas en los medios y la opinión pública, la comitiva argentina se dirigió a Colombia a la reunión de presidentes americanos aparentemente más preocupada por la cuestión de las Malvinas que por los hidrocarburosi.
Pero en cuanto la presidenta regresó al país, el domingo a la noche, todo se precipitó. Convocó en el más estricto secreto a una reunión en la quinta de Olivos para terminar de dar forma al operativo que se desencadenaría al día siguiente. Como se dice en el fútbol, nos habíamos comido el amague. Producido el anuncio del lunes 16 se han venido produciendo sin solución de continuidad una catarata de condenas y presiones sin antecedentes en contra nuestro país de parte de los líderes de los países desarrollados y las organizaciones internacionales.
El mundo frente a mí
Salvo un salvavidas de plomo -el entusiasta acompañamiento del presidente Chávez- de todos los demás lugares llovieron críticas más o menos copiosas. Felipe Calderón, presidente de México y pro tempore del G-20 (de donde propuso echarnos) lamentó la decisión del gobierno argentino de expropiar la mayoría de las acciones de la petrolera YPF; es dijo "claramente violatoria de acuerdos y tratados" sobre respeto recíproco de inversiones. Chile y Perú se han unido a las críticas; para Evo la relación de su país con la petrolera española es de “mucha confianza”; Brasil se lavó las manos. El Fondo Monetario Internacional (FMI) por su parte ha advertido al gobierno argentino que las nacionalizaciones como la aprobada para expropiar YPF “empeoran el clima de inversión del país y son perjudiciales para su crecimiento económico”. El gobierno español que se ha mostrado muy activo en diferentes frentes ha declarado que como represalia “priorizará el biodiesel europeo sobre el argentino”. En el resto de la Europa desarrollada la condena es unánime. Bruselas suspendió sobre la hora un encuentro bilateral de la UE con nuestro país. El canciller británico, William Hague, se declaró "muy preocupado" y aseguró que la expropiación "va en contra de todos los compromisos que Argentina adquirió en el G-20". El Parlamento Europeo votó una resolución sobre "seguridad jurídica de las inversiones fuera de la UE", con el apoyo de la mayoría de los eurodiputados. Hubo declaraciones en el mismo sentido de EEUU, Alemania, Italia, Francia, un editorial lapidario del Wall Street Journal. En su conjunto, una presión inusitada que recién comenzó a aflojar con las declaraciones de voceros del FMI y mejicanos del G-20 situando el problema como una cuestión bilateral. Finalmente, aunque España decide continuar con su febril acción para la condena de la medida expropiadora, ha optado por promover una via negociadora destinada a establecer un precio aceptable para la petrolera. En simultáneo, la UE se mueve en la ambigüedad con dos posiciones, una dura y otra blanda: por un lado una autoridad declara que “no se puede negociar con el Mercosur sin Argentina… el bloque regional es una asociación de cuatro países” rechazando así una propuesta de España para excluir a la Argentina de la mesa; pero otra autoridad, el comisario europeo de Comercio, el belga Karel De Gucht, afirma que “Argentina sufrirá durante mucho tiempo las consecuencias de haber expropiado el 51% de YPF y que la Unión Europea hará todo lo que está a su alcance para apoyar a España… Argentina tendrá a partir de ahora muchos problemas para conseguir inversiones extranjeras… el conflicto no es sólo bilateral… Argentina ha creado un terremoto en la comunidad empresarial internacional y las consecuencias para su propio desarrollo económico se sentirán durante mucho tiempo".
La apropiación de YPF es un hecho que mete un ruido ensordecedor en todo el sistema político. En primer lugar, es una verdadera incongruencia que afecta a la presidente: nació en La Plata bajo el cielo de una YPF empresa estatal, fue desde Santa Cruz privatizadora a partir de 1992, y es ahora reestatizadora; una trayectoria política sobre la cinta de Moebius. En segundo lugar, la supuesta reparación aducida se refiere a una medida que había tomado otro gobierno del mismo signo al privatizar la petrolera en 1999. En tercer lugar, se proclama la intención de corregir errores en materia de política energética como si los responsables hubieran sido otros (Nito Artaza pidió conceder a De Vido el derecho a réplica luego de la intervención de Kicillof en el Senado). En cuarto lugar, YPF es solo un tercio de la producción petrolera en nuestro país; luego, con la confiscación de su mitad no se resuelve el autoabastecimiento ni la soberanía energética. En quinto lugar, en 2008 se aprueba el ingreso de los Esquenazi sin poner un peso y pagando sus deudas con los dividendos, un recurso insólito que bien podría haber utilizado el gobierno en su favor. En sexto lugar, se regulan precios internos de la energía pero se paga seis veces más a los bolivianos el mismo producto y nueve veces el gas licuado que traen las metaneras a Bahía Blanca; ahora anuncian que el gas que viene de Bolivia lo provee o proveerá Repsol (¡¿?!). En séptimo lugar, la conocida consultora internacional Deloitte&Co ha dado información sobre las inversiones de Repsol que desmienten los considerandos que rodean la iniciativa expropiadora.
En suma, toda la acción gubernamental está montada en falacias fácilmente comprobables, si se lo desea, lo que hace que el hecho de la expropiación irá perdiendo notoriedad por lo obvio de sus circunstancias, entre ellas, la de que a diferencia de los noventa nadie se opone a que el Estado tenga una intervención adecuada en materia de recursos naturales no renovables. Pero la imagen externa de nuestro país seguirá en franco deterioro lo que agudizará su aislamiento. Se podrán suceder sanciones económicas más o menos evidentes, aunque a medida que pasen los días se debilitará la posibilidad de sanciones institucionales, por ejemplo la expulsión del G-20, una silla en la que a los españoles les gustaría sentarse.
El hecho ciertamente inesperado es que, por primera vez en su historia, Argentina ocupa los más altos puestos de la agenda global y figura en la primera plana de los diarios más importantes de las capitales del mundo. La distinción obliga a buscar algún tipo de explicación y preguntar si el impacto por la expropiación y la magnitud de la reacción externa–mayor a la producida por el default de 2001- no está abriendo un proceso más integral donde se pongan en juego otra serie de variables. En ese sentido, el recuerdo de Grecia es inevitableii.

¿La modalidad del apriete a la luz del día, en forma desembozada pero pacífica, hablan de un nuevo tiempo en el manejo de las relaciones internacionales? Las imposiciones son ejecutadas por figuras del más alto nivel que obviamente no lo hacen solo a título personal. Hay que mirar más atrás para corroborar que hubo fundamentos conceptuales anticipatorios de estas acciones contra la soberanía.
Allá por los setenta
Épocas de gloria para el capitalismo. EEUU había llegado a luna cumpliendo con la audaz decisión del presidente Kennedy, y la URSS se debatía en una crisis terminal que tendría su resolución poco tiempo después. La revolución científico tecnológica había logrado un prodigio sin precedentes: hacer posible un aparato productivo a nivel mundial en condiciones de suplir la demanda existente de bienes y servicios y con potencial capacidad de dar respuesta a toda la nueva que se pudiera crear. Los pobres, vistos desde la lógica empresaria, pasaban a ser bocas de consumo que dieran cuenta de todo lo que se podía producir en forma quasi ilimitada; lo que se dice una ventaja comparativa. Se salía así del reino de la escasez en el que había vivido la humanidad toda su historia para pasar al de la abundancia. Entonces el problema se invierte: ya no producir lo que se necesita para satisfacer la demanda existente sino, por el contrario, crear el potencial de consumo capaz de utilizar la capacidad productiva alcanzada.
Y se da esta paradoja. El aumento del consumo masivo pasa a ser un objetivo perentorio del capitalismo para satisfacer un aparato productivo remozado con ciencia, tecnología e innovación; no ya solo de los “progres” para los que comienza el desconcierto. En esta situación de una oferta potencial quasi ilimitada, y amplios sectores de la población mundial con NBI, aparece el problema principal: organizar a nivel global una ecuación equilibrada entre necesidades y satisfacciones amerita una gestión de nuevo tipo para la cual las soberanías nacionales son vistas como un obstáculo. Es decir, el problema deja de ser productivo para travestirse en político.
En uno de los informes elaborados por aquellos años se dice que “el deseo de autonomía nacional y el concepto tradicional de soberanía agravan la tensión entre las políticas nacionales y la interacción transnacional… el público y los dirigentes de la mayoría de los países continúan viviendo mentalmente en un universo que ya no existe –un mundo de naciones separadas- y tienen grandes dificultades para pensar en términos de perspectivas globales”iii
Esos informes fueron confeccionados bajo la dirección de Zbigniew Brzezinski y Henry Kissinger ambos secretarios de estado en gobiernos de EEUU por esos años; sin duda dos de los intelectuales más influyentes en las más altas esferas de decisión. Los participantes habían sido o lo fueron después presidentes y altos funcionarios de los países desarrollados. Y en su aprobación participaron presidentes de las empresas más importantes del mundo de América del Norte, Japón y Europa, con el aporte de académicos de nota representantes de las universidades más prestigiosas del mundo desarrollado. Se puede decir que la crema del poder mundialiv.
¿Se puede pensar que las presiones que está sufriendo nuestro país con relación a YPF y que habrían comenzado con el proceso griego se encuadran en forma más o menos fiel dentro de la lógica descripta?
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Hay dos planos en el que hay seguir las consecuencias de la medida, el externo y el interno. En el primer caso, las presiones sobre el país, en un contexto que ha venido siendo de creciente aislamiento, pueden permanecer e incentivarse. Las relaciones con los países vecinos han sufrido deterioro, salvo en el caso de Venezuela que previsiblemente nos acompaña en este tipo de acciones. Hay desconfianza en Uruguay, Chile y ahora Perú. EEUU nos ningunea. México nos enfrentó desde su rol de presidente pro tempore en el G 20. En este contexto adverso, un repliegue sobre la región como es de esperar tampoco nos daría un ambiente de contención suficiente. Esto lleva a poner el foco especialmente en la evolución de las relaciones con Brasil que siendo muy importantes y a pesar de los tironeos en materia de balanza comercial, pueden irse reforzando con una cierta primacía del país vecino lo que daría lugar a una sutil y creciente dependencia política de nuestra parte. Hay un ingrediente que ya se vislumbra y fortalece la perspectiva: una mayor preponderancia geopolítica de Brasil de acuerdo a lo que viene sucediendo en los últimos tiempos con su protagonismo internacional. En sincronía -por una cuestión física de que dos cuerpos no pueden ocupar simultáneamente un mismo lugar- es de esperar una atenuación del rol geopolítico de España en Sudaméricav.
En el plano interno, las presiones externas pueden jugar para sustituir de hecho la falta de un rol más activo de la oposición que en este partido (como en AUH y Malvinas) está sentada en el banco de los suplentes. Tal vez esas presiones no se den por lo menos en lo inmediato de la forma grosera como se han sucedido en el caso de Grecia, Italia y España: en los dos primeros hicieron caer el gobierno y al último lo conminaron al ajuste desde el día de su asunción. Pero en estas últimas horas un ministro y un senador argentinos ya han polemizado directamente con una alta autoridad de la UE. En ese contexto, se desvanece el potencial confrontativo interno del discurso presidencial.
La falta de links de un relato hermético y la inopia opositora (y de la misma carpa) impide que los mecanismos de discusión habitualmente presentes en el juego político puedan cumplir su función morigeradora. ¡Es la cibernética…! La autorreferencia discursiva en esas circunstancias al no compartir los insumos conceptuales para su legitimación, corrección o desperdicio impide la acción reguladora (negative feedback) y entonces actúa sin límites la exacerbación y el desenfreno (positive feedback) que como enseña la teoría desemboca en la explosión o la parálisis.
Días pasados El País publicó la nota de un catedrático español quejoso de que los alemanes los tratan como sudacas. Se refería al rol de comisario político que ha asumido Merkel para con los países de la zona del euro remisos a hacer los deberes en materia de ajuste. Y empieza su nota con esta parábola:
Se imaginan los argentinos que la presidenta de Brasil impusiera a la presidenta Cristina Fernández la obligación de rebajar el salario de los funcionarios un 5%? ¿Se imaginan que le dijera que tiene que congelar las pensiones de varios millones de jubilados? ¿Y que impusiera al parlamento argentino una reforma de la Constitución para limitar el gasto público? … Ese es el escenario europeo, en el que algunas palabras del léxico político se han caído del tablero: “soberanía nacional” y “democracia” son voces que han pasado a la historia”vi.
Ing. Alberto Ford
La Plata, abril de 2012
i Fue una semana en que a los argentinos nos tuvieron contra las cuerdas. La intervención de oficio del FMI para auditar las cuentas públicas según el insoslayable artículo IV. La presentación de EEUU a la OMC con el acompañamiento de 40 países (¡) cuestionando los manejos de Moreno en materia de importaciones; del mismo origen la eliminación de las preferencias arancelarias que afectan seriamente las exportaciones de nuestra país. Las cartas de Rajoy y Monti, una por YPF y la otra por la política tarifaria. La sugestiva llamada de Barroso en nombre de 27 países (¡) de la Unión Europea. Las declaraciones del Ministro de Industria de España diciendo sin ambages que atentar contra YPF es hacerlo contra España. El apriete al embajador argentino en la madre patria y la presencia de Brufau presidente de Repsol en Buenos Aires. Hasta Mujica aterrizó con su helicóptero en la quinta de Olivas preocupado por la caída de las exportaciones uruguayas. Y como si lo visto fuera poco, esa retahíla de golpes se vio coronada por la cita perentoria de Obama a la presidenta para reunirse en Cartagena no justamente para hablar de las Islas Malvinas.
ii Para nuestro consuelo, las presiones externas sobre Grecia fueron tan fuertes como las sufridas por nosotros pero mucho más eficaces: voltearon el gobierno. Con motivo de la ayuda financiera que recibió ese país de parte de la llamada “troika” (UE, FMI y Banco central europeo) para rescatar su economía del inminente colapso, los alemanes exigieron que “Grecia debe ceder el control de su política presupuestaria… tiene que haber un liderazgo y monitoreo más fuerte desde el exterior”, lo que finalmente terminó sucediendo: la UE le puso un comisario que desde el gabinete helénico maneja la chequera con plena potestad para decidir dónde si y dónde no se ponen los fondos remesados. No hay antecedentes en épocas de paz de una intervención sobre un país de semejantes características. Paralelamente, España también tuvo lo suyo. Rajoy recibió la llamada de Merkel el día de la asunción para felicitarlo y recordar de paso los deberes en materia de ajuste.
iii Ver: Richard Cooper, Karl Kaiser y Masataka Kosaka, Hacia un sistema internacional renovado, en Cuadernos Semestrales del CIDE, México, Números 2-3, mayo de 1978, pág. 104. También en http://www.trilateral.org/download/doc/renovated_international_system_1977.pdf
TFR Nº 14, Pág. 193/4.
iv A partir de ese momento, fines de los setenta, se suceden políticas de desestructuración y desmonte de los estados derivadas del núcleo conceptual de los consensos primigenios. Son estrategias de segundo escalón como el conocido Consenso de Washington. Sin embargo, este último es considerado hasta hoy en los medios académicos como el factótum de las políticas del neoliberalismo en la globalización (lo cual es cierto) pero sin tener en cuenta que una casa no se puede reciclar sin tirar algunas de las paredes, sin que esta destrucción tenga alguna connotación axiológica aunque pueda afectar intereses corporativos establecidos. El problema de que no se pueda entender el CW sin el aporte de las lógicas de consenso en el más alto nivel de las que se desprende y sobre todo sin su conocimiento directo y profundo, es un obstáculo epistemológico que ha sido insalvable hasta hoy y motivo de que la intelligentzia se haya aberrado. A él se deben las dificultades actuales para la formulación de una política progresista que no sea 1) el revival de un pasado que no solo no puede volver sino que sus fundamentos eran inconsistentes, 2) prescindente en materia de posibilidades de la globalización y no solo atento a sus acechanzas.
v y, tal vez, un desplazamiento de la madre patria a un mayor acercamiento con México para apadrinar su rol en Centroamérica y el Caribe equivalente al que irá jugando Brasil en Sudamérica.