viernes, 15 de mayo de 2015


Francisco confunde  a la derecha

EL papa Francisco sufre ataques desde el integrismo católico y la derecha liberal. En un caso por aspectos de dogma y liturgia; en el otro, debido a posiciones que lo acercarían a una concepción estatista y hasta cercana a la ideología marxista. Uno de los cuestionamientos proviene de un sector minoritario y tiene lugar en los marcos de la iglesia. El otro tampoco alcanza relieves significativos pero sus implicancias se extienden al sistema político porque sus contenidos forman parte de otros debates paradigmáticos en curso. ¿Qué está en cuestión? Lo de siempre: el rol del estado, las políticas sociales, la pobreza, la redistribución de la riqueza, el populismo, la propiedad privada, etc.; una larga saga en capítulos que parece nunca acabar. Sin embargo, en las posiciones de Francisco no hay nada que contradiga lo que la Iglesia Católica viene sosteniendo desde hace años en sus encíclicas, sobre todo a partir de Pacem in Terris. Lo diferente ahora es la mayor exposición: su actividad adquiere un relieve que trasciende los marcos de la labor papal –por lo menos en la medida acostumbrada hasta ahora- por el intenso papel que está jugando en la escena global. En ese sentido, se destaca las reuniones que está teniendo con los máximos líderes de los países desarrollados y las repercusiones favorables y no carentes de sorpresa que reflejan los medios de todo el mundo.

Introducción

No todas son flores para el papa Francisco. Sectores minoritarios pero influyentes lo están sometiendo a fuego graneado desde sus trincheras conservadoras. Uno de los ataques tiene repercusiones internas. Se centra en aspectos de la liturgia y el dogma que Francisco supuestamente no estaría siguiendo al pie de la letra. Los otros están referidos a ítems de la política social y provienen del liberalismo; le atribuyen al nuevo Papa peligrosas desviaciones ideológicas. Las acusaciones son explícitas: le endilgan connivencia con sectores de la Iglesia Católica (IC) que en Latinoamérica, durante los setenta del siglo pasado, se ubicaron cerca de la guerrilla o directamente ingresaron a ella, como por ejemplo los grupos que adherían a la Teología de la Liberación.

Las posiciones adoptadas con respecto a Francisco llevan a escudriñar sobre puntos de vista de la derecha posmoderna sin que la denominación sea un contrasentido. Por cierto, hilando fino, las ideas políticas liberales no comulgan del todo con las conservadoras (hay buenos materiales sobre los matices que los distinguen) pero ese parece ser una disquisición que no hace al fondo de lo que estamos abordando: cómo se ubican esos sectores de (centro) derecha frente a las definiciones de la Iglesia Católica con respecto a algunos temas de actualidad. La pobreza es uno de ellos[1]. 

He leído documentos específicos respecto a políticas sociales salidos del seno de la IC n el último medio siglo, en particular sobre la pobreza. Hay encíclicas, desde Pacem in Terris en 1963 hasta Caritas in Veritate de Benedicto XVI, que proveen abundante material. Lo mismo se puede decir de la exhortación apostólica Evangelii Gaudium, el primer opúsculo salido de la pluma del nuevo papa.

¿Las posiciones de Francisco se contradicen con los documentos liminares de la Iglesia? ¿Algunas acusaciones de la derecha son la consecuencia de un malentendido sobre las actitudes y definiciones renovadoras del papado de Francisco o son derivadas de la caducidad de algunas posiciones ultra liberales que han caído en desuso?[2]¿Los contenidos del discurso de Francisco están en línea con lo que piensan otros líderes mundiales con quienes Francisco se ha venido reuniendo y lo seguirá haciendo según lo anunciado con una asiduidad sorprendente?

Un papado polémico

No es el centro de este trabajo la controversia sobre aspectos de la liturgia o el dogma en el seno de la IC; además, ese debate es previo a Francisco quien, eso sí, contribuyó a avivarlo con sus declaraciones y gestos. Es conocido que los sectores conservadores no concuerdan con que la misa se dé en el idioma del lugar, el cura no esté de espalda cuando habla, y las mujeres ingresen al templo sin mantilla. Tampoco ven bien que el Papa hable para afuera de la IC en lugar de hacerlo solo para los católicos lo que debería ser hecho “a través de libros, no de largas entrevistas de temática libre”[i]. Así, llegan a atribuirle a Francisco flaquezas en el manejo de los principios debido a que “las enseñanzas de la ortodoxia deberán quedar claras como el agua...  como contribuían a que lo fueran los papas anteriores... para que los católicos no se perdieran en un mundo cada vez más relativista[3]... “[ii]. El espíritu sectario, en el caso de los lefebvristas -uno de los sectores más intransigentes- se revela con crudeza cuando enumeran los tres males heredados del Concilio Vaticano II: la libertad religiosa, la libertad de conciencia y el diálogo interreligioso, conjunto de principios que son una de las fuerzas motrices del pontificado de Francisco. Así, para un integrante de ese grupo en la Argentina -inspirado en el arzobispo francés Henri Lefebvre conocido por sus posturas integristas contrarias a la enseñanzas del Concilio Vaticano II- el ideal sería que “un judío, un musulmán, un evangelista, un protestante se acerquen a la religión católica, que es el depósito de la Verdad”[iii]. Todo un muestrario de posiciones arcaicas cuyo asomo no se da solo en la IC.

Es más jugoso, y de interés más general, reparar en los juicios sobre Francisco provenientes del liberalismo referidos a distintos temas de agenda. Sin duda, una de las espadas más filosas de ese sector del pensamiento filosófico, es Alberto Benegas Lynch (ABL).  Sus pronunciamientos vienen desde la época en que Bergoglio era arzobispo de Buenos Aires, una experiencia que le permitió tener a mano los argumentos para disparar sus críticas en el mismo momento en que el nuevo papa, casi en seguida de su entronización, se mostró diferente en algunas actitudes y declaraciones.

Varios puntos de la labor de Francisco son objeto de ataque; sin embargo, cobran más importancia como veremos los referidos a las políticas sociales, en particular la posición de la IC en el combate contra la pobreza, porque ello involucra una serie de aspectos sobre el funcionamiento del mercado y el rol del estado, muy sensibles para los principios liberales.

En el aspecto político hizo mucho ruido la visita al Vaticano de Leonardo Boff, uno de los inspiradores de la Teología de la Liberación. Esa sola visita dio lugar a la afirmación de que "el Pontífice adopta el método, inspiración y estilo"[iv] de esa teología.  Para ABL “este acercamiento constituye, por lo menos, un síntoma peligroso y una potente luz colorada, puesto que la referida concepción teológica arremete contra todas las bases de una sociedad abierta, suscribe las posturas marxistas-leninistas centrales y confunde gravemente el significado de la igualdad ante la ley, el respeto recíproco y el derecho de propiedad”[v].  Hubo interpretaciones coincidentes en la prensa italiana en la que se aventura la interpretación de que “con un papa latinoamericano, la Teología de la Liberación no podía quedarse en la sombra por mucho tiempo, donde estuvo relegada desde hace años"[vi]. Por cierto, no todos creyeron que las cosas respondieran a relaciones de causa y efecto tan lineales, sobre todo si se trataba de la IC “que históricamente ha balanceado las tensiones de paradojas aparentes (lo divino y lo humano, la Virginidad y la Maternidad, etc.)” como reflexionó el historiador y sacerdote católico norteamericano Roberto Sirico [vii]. Jorge Bergoglio no adhirió a la Teología de la Liberación cuando simpatizaba con la agrupación Guardia de Hierro, fundada en la acalorada Universidad del Salvador de Buenos Aires de los años setenta por Alejando “el gallego” Álvarez sobre la base de una estricta ortodoxia anti marxista;  es difícil pensar que lo vaya a hacer ahora que es papa. Obviamente, por si hace falta aclararlo, Leonardo Boff, como tantos marxistas o izquierdista del siglo pasado (no todos hay que reconocerlo), han sabido reacomodar sus preceptos ideológicos a los tiempos que corren.

La forma en que se lo quiere ver a Francisco desde la derecha da pie a la polémica pero no necesariamente echa suficiente luz sobre el meollo del asunto. Lo que sin concesiones rescata Francisco, porque lo hizo toda su vida en las villas de Buenos Aires, es la necesidad expresada como una metáfora de meter sus mocasines negros en el barro o lo que puso de relieve, en un tono más campestre, en oportunidad de manifestar su desagrado por los sacerdotes "tristes que no se juegan la piel ni el corazón" a los que puso frente al desafío de ser "pastores con olor a ovejas".  Obviamente, esa modalidad pastoral, ejercitada hasta la extenuación por Bergoglio, es más afín a los curas del tercer mundo que a las prácticas de no pocos prelados italianos, atiborrados de joyas, transitando en lujosas limusinas por las calles de Roma. Nada más que eso.

Agrega Roberto Sirico. “Francisco rechaza la idea de que sólo el mercado puede satisfacer las necesidades humanas, pero también denuncia el asistencialismo que crea dependencia en los pobres...la complejidad de su pensamiento sorprende tanto a la derecha... como a la izquierda (los que utilizan sus palabras para fomentar una "Revolución Francisco" en su nombre). Esto revela la comprensión anémica que se tiene de Francisco como persona, pero también del catolicismo”[viii]. Para no dejar dudas, el propio Francisco dijo que no le molestaba que lo llamaran marxista, con esa ironía punzante propia de porteño nacido y criado en su barrio.

Francisco, un hombre de mundo

Observando las líneas tendidas en el primer año del papado de Francisco aparecen acciones de dos tipos, los viajes y los contactos con actores mundiales. No es casual su ida a Lampedusa, al sur de Italia, donde confinan a los inmigrantes africanos ilegales  -los más pobres entre los pobres- que se salvaron de ahogarse en el Mediterráneo, y menos aún su viaje a Río de Janeiro para tomar contacto directos con los jóvenes; en ambos casos apareciendo como leitmotiv de los encuentros dos de los principales temas de su agenda, juventud y pobreza. En el segundo de los aspectos –el de los contactos internacionales- se da una situación inédita en las actividades iniciales de un papa, a tal punto que aún no ha aparecido una interpretación abarcativa de esos movimientos. Se trata de la intensa actividad desplegada en los máximos niveles de la gobernabilidad mundial, direccionada de forma tal que permite entrever que Francisco en ese escenario no le ha tocado un papel irrelevante. Por el contrario, por su protagonismo, el perfil de Francisco ya es el de un activo líder mundial. Eso sí, en el juego de la gobernabilidad global se constata que Francisco guarda total coherencia con lo que la IC viene propugnando sin elipsis desde la época de Juan XXIII.

En dos trabajos anteriores[4], uno de ellos distribuido inmediatamente de producida la entronización de Francisco, reparé en el hecho de que la IC a través de sus encíclicas se halla involucrada taxativamente en cuestiones de la institucionalidad global, sobre todo a partir de Pacem in Terris. Y decía también que el de la gobernabilidad a un nivel por encima de las naciones iba a formar parte de los tres ejes principales de la agenda del nuevo papado, junto a los problemas internos de la institución y los derivados de las políticas sociales, en particular, juventud y pobreza. Los hechos a un año del nuevo papado están demostrando que las cosas han ido sucediendo en ese sentido.

Hoy el poder no reside en estructuras formales; por el contrario, está expresado en espacios que cobran entidad a través de convocatorias ad-hoc, habitualmente anuales, como el G-20 o Davos -en un caso de convergencia consensual y en el otro de sensibilización- ambos con el peso suficiente como para formular normas, patrones y procedimientos capaces de regular la aceleradísima marcha de la globalización, sobre todo al nivel subsidiario de los estado-naciones. Así, Naciones Unidas, organismos multilaterales o regionales, ni siquiera los gobiernos nacionales, son depositarios del mando real. Merkel puede estar al frente de Alemania pero al mismo tiempo actuar de comisario político en otros países como ocurrió en Grecia. Este país, con un estado de bienestar a punto de desbarrancar, para arreglar sus cuentas tuvo que ser socorrido por la Unión Europea. Fue en esa negociación donde Merkel apareció dando el visto bueno a la asistencia, pero la institucionalidad tradicional tuvo que pagar un alto costo: la canciller alemana puso “su” delegado por sobre el gobierno heleno, a cargo de firmar los cheques para autorizar los desembolsos derivados de esa ayuda dada por el Banco Europeo y el FMI. Este último, por su parte, otrora poderoso organismo multilateral -terror de los gobiernos nacionales y blanco de cuanto alegato antiimperialista era dable escuchar desde lugares contestatarios- se ha transformado en un dócil brazo ejecutor de las directivas establecidas por el G-20, sobre todo en lo referido a su restyling para reducir y hacer más eficiente su burocracia.
La crisis siria está mostrando cómo se comporta el sistema mundial de poder y se desenvuelve Francisco en ese contexto. Obama quería resolver el conflicto por medio de una intervención armada, es decir, contribuir con una cuota mayor de sangre la ordalía de sangre que está asolando ese país del Mediterráneo. El Papa, sagaz y oportuno, salió a decir que “siempre queda la duda de si la guerra es para vender armas”[ix]. En ese momento se estaba desarrollando la cumbre del G-20 en San Petersburgo, encabezada por Putin que por su rol de aliado del gobierno sirio obviamente estaba en contra de las intenciones de Obama. Francisco envió una carta al G-20 donde en un tono diplomático no carente de sentido crítico advierte sutilmente que “el encuentro de los Jefes de Estado y de Gobierno de las veinte mayor economías, que representan dos tercios de la población y el 90% del PIB mundial, no tiene la seguridad internacional como su objetivo principal”[x] Dos meses después, el Papa recibe a Putin en el Vaticano “con quien mantuvo una conversación privada por más de media hora, en la que abogaron por una salida diplomática para el conflicto sirio...”[xi] oportunidad en la que  el presidente ruso agradeció a Francisco por la carta que le envió al comienzo de la cumbre del G-20. Ahora se estén desarrollando reuniones en Suiza para encontrarle una salida negociada al sangriento conflicto. Del mismo tono enfático fue la nota enviada por Francisco a la Reunión Anual del Foro Económico Mundial en Davos en la que advierte que “los que han demostrado la capacidad de ser innovadores y para mejorar la vida de muchas personas por su ingenio y experiencia profesional puede contribuir aún más al poner sus habilidades al servicio de aquellos que aún viven en la pobreza extrema”[xii] .
Francisco ha sido visitado para realizar reuniones de trabajo no solo encuentros de cortesía por las personalidades más resonantes de la escena política internacional. Una de ellas fue el secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Ban Ki-moon, quien asistió a la reunión acompañado por doce personas. Se trataron en la reunión diversos temas, entre ellos las crisis en Siria y la península coreana. También se conversó sobre la situación en África, "donde la paz y la estabilidad están amenazadas", trata de personas, en especial de mujeres, y refugiados y los emigrantes. Según expresó Ban Ki-moon, hay "ideas y objetivos comunes" entre la Santa Sede y la ONU, y remarcó que fue "un gran honor" reunirse con el Papa, "uno de los líderes espirituales del mundo"[xiii].

También ha sido visitado en el Vaticano por François Hollande, presidente de Francia,  y se anuncia la presencia en lo inmediato de la reina Isabel de Inglaterra con su marido[xiv] y del presidente Barack Obama  quien según lo anunciado por la Casa Blanca espera conversar con Francisco “acerca del compromiso compartido de luchar contra la pobreza y la creciente desigualdad”[xv].

En oportunidad de la visita a Francisco de Ángela Merkel la canciller alemana declaró que "la regulación de los mercados financieros es nuestro problema central". Estuvieron reunidos toda una tarde. Al final, cuando se le preguntó si habían hablado sobre las recientes críticas del pontífice, Merkel respondió que  “estamos avanzando, pero todavía no estamos donde pretendemos, donde podamos asegurar que no volverá a ocurrir un descarrilamiento del mercado social... debería ser así: la economía está para servir al pueblo. En los últimos años no ha sido así para nada"", dijo Merkel a los periodistas acreditados en el Vaticano. Sobre la misma reunión en un comunicado la prensa del Papa informó que Francisco y Merkel se concentraron en temas de "interés común, incluida la situación sociopolítica, económica y religiosa en Europa y en el mundo".

-o0o-

La labor diplomática de Francisco repercutió en la prensa internacional. Fue figura de tapa más de una vez en medios escritos influyentes de gran tiraje. La revista Time lo declaró personaje del año. Para la corresponsal del diario La Nación Elisabetta Piqué, el Papa “sorprendió con su primera gran intervención sobre la crisis financiera mundial, que golpea, desde hace varios años, a todo el planeta”[xvi]. Para Julio Algañaraz de Clarín “en un panorama desierto de estadistas de las grandes potencias, la figura del papa Francisco se consolida en un camino paralelo a su lucha por un nuevo modelo de Iglesia”[xvii]. En el mismo diario se dijo que  “Hay un argentino que entra hoy en otra dimensión del poder. Abarca la geografía del mundo y a una altura que no puede rozar ningún político”[xviii]. Para el escritor Abel Posse “El espectacular ingreso del papa Francisco ante el mundo internacional, apenas en unas pocas semanas, no es sólo un producto de su naturalidad y carisma, sino de la percepción de una voluntad fuerte ante la conciencia de problemas graves, no sólo los de la catolicidad, sino también del mundo internacional “[xix]. Umberto Eco, por su parte, afirmó sin asomo de duda que Francisco “es un hombre moderno, es el papa del mundo de la globalización, está en línea con la evolución de la cultura global... está representando un hecho absolutamente nuevo en la historia de la Iglesia y, quizás, en la historia del mundo...lo que me sorprende es la curiosidad de los periodistas o del público por el hecho de que exista el papa Francisco... porque existe la globalización, es más que normal que eligieran a un papa argentino (subr AF)... yo no estoy sorprendido”[xx]. Para Beppe Severgnini  del Corriere della Sera “Si Juan Pablo II fue la estrella rock de la Iglesia Católica, y Benedicto XVI el preceptor, el papa Francisco es su innovador: el Steve Jobs de la Iglesia”.

¿Contra la propiedad privada?

Francisco como hemos visto es objeto de cuestionamientos en diversos aspectos de su discurso aunque, al contrastar con las fuentes, ninguno de ellos parece ser la consecuencia de una interpretación pertinente. Quien no lo comprenda cede a “una tentación demasiado fácil al reducir dos mil años de tradición, de reflexión y de experiencia vivida a cuatro o cinco frases impactantes y políticamente correctas, prioritarias para la agenda de los propagandistas, pero no para la Iglesia”[xxi] como con agudeza dejó deslizar Roberto Sirico, el mencionado historiador católico norteamericano. Sin embargo, sus posiciones en algunos casos no han aparecido del todo claras. Puede que dadas las características de desenfado que a veces muestra  Francisco por su forma de expresar sus juicios pueda rozar la frontera de los malos entendidos. Eso ocurre, por ejemplo, con la proposición de “devolverle al pobre lo que le corresponde” contenida en la exhortación apostólica Evangelii Gaudium (EG) que da lugar, sacada de contexto, a la acusación de que Francisco esté obrando de “sostén ideológico de los populismos” o muestre una visión “algo arcaica” de la economía.
 Alejandro Preusche presidente de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (ACDE) es una de las voces más autorizadas para aclarar los sentidos de la exhortación. Para el empresario, Francisco “no está en contra de la propiedad privada, para nada. Lo que dice es que la propiedad privada no tiene que ser una excusa para olvidarse de los que no tienen nada. Lo del Papa es un golpe a la conciencia de todos: el que no tiene, tiene derecho a tener... pero ese derecho no es para que venga y ocupe un pedazo de nuestra casa o de nuestra empresa. Es al revés, tenemos que salir de nosotros mismos y mirar la realidad que tenemos al lado y asegurarnos de que no haya más excluidos”[xxii]. Al respecto dice el Papa:

La solidaridad es una reacción espontánea de quien reconoce la función social de la propiedad y el destino universal de los bienes como realidades anteriores a la propiedad privada. La posesión privada de los bienes se justifica para cuidarlos y acrecentarlos de manera que sirvan mejor al bien común, por lo cual la solidaridad debe vivirse como la decisión de devolverle al pobre lo que le corresponde. (EG, 189)
  
Otro punto de ataque desde la derecha es lo referido al rol del estado. Para Francisco
  
“Mientras las ganancias de unos pocos crecen exponencialmente, las de la mayoría se quedan cada vez más lejos del bienestar de esa minoría feliz. Este desequilibrio proviene de ideologías que defienden la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera. De ahí que nieguen el derecho de control de los Estados, encargados de velar por el bien común” (EG, 56).

 Según el ingeniero  Preusche, sin duda un empresario exitoso,  “una convicción instalada hace tiempo, en el pensamiento católico en particular y, en términos más generales, no ultra liberal en lo económico, es la de que cuando se deja a los sistemas económicos librados a sí mismos, el que más poder tiene más termina dominando. Y esa es una lógica nefasta, es un beneficio para el que está ahí, que gana mucho dinero, pero termina sometiendo a todos los demás. En el mundo empresarial esta lógica deriva en winner takes all [el ganador se queda con todo]. Cómo se compensa esto, cómo se regula; no hay una autorregulación, la regulación tiene que venir del Estado, el Estado tiene que participar, inteligentemente. No es cierto que cuanto menos Estado mejor. Debe ser la medida justa, ni menos, ni más”.

En la cuestión social las variables están concatenadas. Si el mercado no se regula, se producen fenómenos de concentración, lo que invalida la ilusión de que las tensiones de la llamada puja distributiva -una noción muy de moda en el relato oficial- se van a resolver automáticamente para seguir viviendo en armonía. Al respecto, nos dice Francisco:
  
Los excluidos no son «explotados» sino desechos, «sobrantes». En este contexto, algunos todavía defienden las teorías del «derrame», que suponen que todo crecimiento económico, favorecido por la libertad de mercado, logra provocar por sí mismo mayor equidad e inclusión social en el mundo. Esta opinión, jamás ha sido confirmada por los hechos (EG, 53)
  
Continúa Preusche: “la teoría del derrame no funciona porque la lógica del dinero ya sabemos cómo es: a mayor rentabilidad más atractivo y a más atractivo, más rentabilidad y es algo que no tiene un tope, no es que se dice ‘bueno, ya llegué hasta acá, y a esto me limito’; sigue, porque si uno se baja, viene otro que quiere seguir, es una lógica que no para”.

Ahora bien, cabe preguntar si dadas ciertas condiciones es posible prescindir de la regulación del mercado para lograr un desarrollo sustentable.  La experiencia y el sentido común nos muestran que el mercado, librado a su propio dinamismo, contribuye en forma incesante a ampliar la brecha de los ingresos entre los extremos de la pirámide social. Hay suficiente biblioteca que lo certifica; también la historia reciente en nuestro país. La teoría del derrame, tan de moda con el neoliberalismo de los noventa, no funcionó. El índice de Gini -que de 0 a 1 mide hasta qué punto se amplía la brecha en la distribución del ingreso (o, en algunos casos, el gasto de consumo) entre familias o individuos dentro de una sociedad - nos muestra cómo aumentó la disparidad.



Nota: en la década kirchnerista, el índice tuvo un leve descenso. Sin embargo, los guarismos no son confiables por dos razones: el aumento del consumo por ingresos provenientes de planes, subsidios y asignaciones, y lo increíble de las mediciones del gobierno. La realidad, el sentido común y estadísticas no oficiales muestran una brecha creciente en la distribución del ingreso y un marcado aumento de la pobreza. La concentración es una marca en el orillo del kirchnerismo (y la mentira también como se demostró al momento de escribir este trabajo con el sinceramiento de los índices de inflación).

La mano invisible, supuesta responsable de autorregular el mercado, nunca existió; de haberlo hecho, tampoco habría funcionado. Cualquier sistema natural se autorregula, pero lo hace a través de la destrucción, como por tomar un caso el glaciar Perito Moreno. Este, en su desembocadura al lago, va aumentando de tamaño por el depósito de las sucesivas capas de hielo; pero llega un momento en que la masa acumulada en sí misma es una estructura que no soporta su propio peso y colapsa; esa parte cae, y entonces recomienza un nuevo ciclo tendiente a la superposición de las sucesivas capas con un previsible nuevo desenlace en puerta como el descripto. La manía repetitiva de lo viviente, diría Saer. En su rutina, a partir de un momento la fragilidad de la estructura del glaciar oficia de factor de autorregulación por medio del desmoronamiento. Otro caso es el del amor con desenfreno. Hay dos salidas extremas, una es explosiva como en Callejeros pero con alcohol de quemar; otra es por ausencia de estímulos (“no lo reflejo como ayer”) lo que da lugar a la necrosis del vínculo. En el caso de una  sociedad, por involucrar a familias e individuos, no se puede permitir el colapso ya sea en el sentido de una u otra modalidad de desenlace. Hace falta intervenir para que las retroalimentaciones positivas (positive feedback) no conduzcan fatalmente hacia la destrucción o la parálisis como en los casos vistos. Esa función preservadora de la normalidad –la de no permitir el colapso de un proceso acudiendo al recurso de reencauzarlo por medio de la regulación (negative feedback) del libre juego de las tensiones- es responsabilidad del estado; solo él lo puede hacer (no negando el conflicto queriendo tapar el cielo con la mano) sino tomando los recaudos necesarios en materia de conciliación, arbitraje y poder de policía. Ahora bien, ¿qué estado?

Nuestra experiencia con respecto a la marcha del estado no ha sido buena. Sin solución de continuidad, ese estado, succionado por las garrapatas del populismo -con matices y aires de época la ideología dominante a lo largo de la democracia argentina- es lo que nos ha tocado en suerte. En ese contexto, el peronismo ha tenido mayoritaria presencia en el gobierno desde que fue fundado en la década de los cuarenta; o sea, los setenta años de la decadencia argentina a partir del cese del modelo agroexportador.
Las deficiencias, errores o manipulaciones sectarias de ninguna manera invalidan la necesidad de actuar desde el estado con sentido de equilibrio sobre el funcionamiento dela sociedad. Por tomar un caso extremo, la carga fiscal (expresada en % sobre el PIB) de Suecia, un país de excelente imagen y performance, ronda el 52% (Noruega el 56% y Finlandia el 54%). Son países donde la corrupción no es un mal endémico, hay alternancia en las gestiones de gobierno, y la recaudación se devuelve en forma de servicios e incentivos para el desarrollo familiar e individual.

Metáfora del Metrobús. El ordenamiento de la avenida Nueve de Julio de Buenos Aires se hizo para terminar con el caos de tránsito en las horas pico. La nueva traza establecida en la parte central de “la más ancha del mundo” (¿?) obliga a que los micros se muevan por una vía ad-hoc a determinada velocidad promedio e impide el sobre paso a colectiveros impacientes. Un dechado de pulcritud en la febril Reina del Plata, casi como el orden de una formación ferroviaria. Pero, a los costados del Metrobús, sigue imperando el (des)orden habitual. Contó un periodista: “Eran las 10 de la mañana y yo estaba atrapado en la 9 de Julio, arriba de un auto importado que compré con dólares que me dan a 5 con 70. Al lado pasaba el Metrobús, como un balazo. Pensé: qué raro es todo. El gobierno nacional y popular regala autos de lujo a los ricos. Y Macri, la derecha, les resuelve el tránsito a los pobres". (Pagni, LN, 3/10/13). Dos tipos de regulaciones, una efectiva, moderna, la del Metrobús, a cargo del gobierno de la Ciudad; la otra regulación, boba, que nadie respeta, derivada de las leyes de transito existentes.

Para terminar,  el Papa afirma en Evangelii Gaudium que la opción por los pobres no es una elección ideológica o social, sino teológica, bíblica. Por lo demás, se encarga de aclarar su posición con respecto al populismo y el manejo que se hace de los recursos del estado con los planes sociales. 

“Estoy lejos de proponer un populismo irresponsable... los planes asistenciales, que atienden ciertas urgencias, sólo deberían pensarse como respuestas pasajeras.” (EG, 202, 204) 

En la mencionada entrevista, le preguntan al Ing. Preusche si hay  una contradicción insalvable entre la promoción de la justicia social y la lógica empresarial. Su respuesta es abarcativa de la problemática y demostrativa de su experiencia. El dice: “no creo que haya ninguna contradicción... sintetizando el mensaje (EG) nos dice tres cosas: uno, combatir la pobreza, dos, asumir nuestra responsabilidad como empresarios... tres, no perder el tiempo porque se trata de seres humanos que, al lado nuestro, están padeciendo privaciones importantes”.

Si para la IC, como dice Francisco, la pobreza es también un concepto bíblico, teológico, para los empresarios capitalistas terminar con ella es una cuestión de buena salud para el sistema. En un mundo capaz de producir cualquier bien o servicio en cantidades quasi ilimitadas, hacen falta no que los que ya lo hacen consuman más, sino que se incorporen nuevos consumidores como está ocurriendo de a centenares de millones en China e India. Una familia pudiente puede comer un pollo por día, pero si veinte pobres incrementan su poder adquisitivo, el total de pollos a la olla se elevará a veintiuno. Está claro que el incremento del consumo no se logra con los productos exclusivos que usa el sector ABC1 sino con aquellos de menor valor pero que llegan a la mayor cantidad de hogares, independientemente de su nivel social. Entonces, ¿conviene o no que haya más familias con su poder adquisitivo incrementado? En el capitalismo la cuestión aparece clara desde los setenta.  La revolución C&T que hizo posible pisar la luna, llevada a las fábricas, determinó que hoy la producción bienes y servicios no admita ningún límite... salvo los impedimentos impuestos por la aún insuficiente capacidad de consumo de la gente. O sea, el fin del reino de la escasez que hace que no sea lo mismo no tener lo suficiente para consumir –como ocurría aún en los inicios del siglo pasado- que no poder hacerlo con lo que está disponible en la góndola por falta de poder adquisitivo, es decir, el condicionante de la pobreza. Al respecto, en la cúpula del poder mundial en esos años se decía: “dentro de los países industrializados ha existido...políticas destinadas a promover oportunidades y una más equitativa distribución del ingreso...tal actitud tiene sus raíces en los valores éticos y filosóficos de Occidente así como en un clarísimo autointerés (subr. AF), ya que será necesario un mínimos de justicia social y de reformas para lograr una estabilidad a largo plazo”[xxiii]

Ing. Alberto Ford
Arroyo del Gato, febrero de 2014



[1] tampoco hay una división tajante entre las ideas de corte liberal en política y economía donde parece haber una membrana osmótica entre ambas
[2] por ejemplo, la “mano invisible” como metáfora que expresa en economía la capacidad autorreguladora del libre mercado o la ulteriormente precisada del economista austríaco Friedrich von Hayek que buscó reemplazar o complementar la definición con la de un "orden espontáneo" que conduciría a una asignación más eficiente de los recursos de la sociedad que cualquier diseño pueda lograr
[3] el relativismo muy de moda en EEUU sostiene que los puntos de vista no tienen verdad ni validez universal, sino sólo una validez subjetiva y relativa a los diferentes marcos de referencia, un enunciado que entra en colisión con los dogmas del cristianismo)
[4] Impacto descomunal, 24 de marzo de 2013,  Iglesia y globalización, 16 de octubre 2013




[xv] http://www.clarin.com/mundo/Obama-reunira-Francisco-Vaticano-marzo_0_1070892950.html
[xxiii] ver: Richard Cooper, Karl Kaiser y Masataka Kosaka, Hacia un sistema internacional renovado, en Cuadernos Semestrales del CIDE, México, Números 2-3, mayo de 1978, pág. 103.  Ver: http://www.trilateral.org/download/doc/renovated_international_system_1977.pdf, pág. 192

miércoles, 13 de mayo de 2015

Iglesia y globalización

¿Estamos entrando en la “fase superior” de la globalización? ¿Se institucionaliza el proceso iniciado en los setenta del siglo pasado? Un dato insoslayable: nunca como ahora se vio la persistente actuación conjunta de todos los líderes mundial, sin excepciones. En medio de una crisis -que en realidad es más un motor de cambios que síntoma de la salud de un sistema- se los ve discutiendo, consensuando, proponiendo, adoptando compromisos públicos, rindiendo cuentas y obteniendo resultados tangibles y verificables. El teatro principal donde los líderes asumen sus papeles globales es el G-20 que se viene reuniendo anualmente desde la caída de Lehman Brothers en 2008. ¿La irrupción en la escena internacional de Francisco es parte de esa concurrencia? En todo proceso hay causalidades y casualidades. ¿Cuál de las dos situaciones eventuales ilustra mejor la entronización del Papa y su exposición hacia “afuera” de la iglesia? El trabajo habla de cómo Francisco está adoptando una visibilidad inédita en temas relacionados a la gobernabilidad global, y cómo las propuestas de su papado darán lugar a un riquísimo (y ríspido según se empieza a ver) debate sobre aspectos de la doctrina social de la Iglesia relacionados a la labor pastoral en aspectos socioeconómicos como, por ejemplo, la corresponsabilidad en la inclusión de millones de personas en todo el mundo. O sea, los que aun no pueden acceder a los beneficios de una globalización que está en condiciones de producir lo necesario para una vida digna de toda la humanidad

En una nota publicada ni bien Francisco inició su papado (http://ingenieroalbertoford.blogspot.com.ar/2015/05/francisco-nuevo-papa-en-la-previa-del.html) vislumbré que tenía por delante tres tareas principales: la reforma de la institución, abordar el flagelo de la pobreza -en particular la inclusión de los jóvenes y su entorno por medio del trabajo digno- y el protagonismo global de la Iglesia Católica (IC). A pesar del poco tiempo transcurrido se han producido hechos en los tres sentidos. Por ejemplo, la semana pasada en Asís, el lugar donde vivió el santo que inspira su nombre, el Papa proclamó “una iglesia pobre para los pobres” mostrando un fuerte contraste con los usos y costumbres de la curia romana. Ya ha dicho cosas y tomado medidas que ilustran sobre la forma en que Francisco concibe la IC que han repercutido (dando lugar a las primeras opiniones críticas que han tomado estado público). No es menor la vocación demostrada con respecto a los jóvenes. Fue apoteótica su participación en el reciente encuentro de Río de Janeiro cuyas resonancias prometen continuarse. En general, el papado de Francisco impacta a diario en la prensa mundial, el universo de los fieles y la opinión pública. Para Umberto Eco, un ateo convencido, “está representando un hecho absolutamente nuevo en la historia de la Iglesia y, quizás, en la historia del mundo... es el papa del mundo de la globalización ". Francisco es motivo de orgullo para todos nosotros. “Así somos los argentinos” dijo comentando jocoso la “irreverencia” de Ezequiel Lavezzi que se sentó en su trono en ocasión de la visita que le brindó la selección nacional de fútbol.

Los primeros meses en Roma no han defraudado las expectativas, y la labor desplegada muestra coherencia con sus antecedentes. La actuación del Cardenal Bergoglio en el arzobispado porteño y su presencia reiterada en los lugares más pobres de Buenos Aires reflejan su manera de pensar sobre la forma en que la iglesia debe ejercer su labor pastoral. Sin embargo, es la altura de su investidura la que ha hecho posible revelar, significar y difundir otro de sus sentidos: la preocupación por los temas mundiales. De esta última incumbencia, más política si cabe la calificación, versan estos comentarios.

Iglesia y G-20

Los temas globales carecen de territorio específico sobre el cual posarse. Salvo el planeta. Por ello, esta dimensión no suele estar presente en la comunicación cotidiana de nuestras realidades locales.  En cambio, la Iglesia Católica, por su esencia universal, tiene la capacidad de influenciar a ese nivel. Con Francisco se está notando más esa dimensión por tipo de mensaje y las circunstancias en que se desenvuelve su pontificado.

El día anterior a la apertura de la Cumbre del G-20 en San Petersburgo el anfitrión recibió una misiva no habitual en estos casos. El presidente de Rusia pudo leer en ella la preocupación del Papa por la escandalosa guerra civil de Siria. Al respecto, los líderes del mundo tenían dos posiciones. Una de ellas era la de Obama que quería intervenir a favor de uno de los bandos. Sin ninguna ingenuidad Francisco dijo que “siempre queda la duda de si la guerra es para vender armas”.

El escenario elegido para esa irrupción protagónica de Francisco no fue casual. El G-20 es la fórmula 1 del poder mundial (con escuderías de vanguardia y de relleno). En capacidad de decisión a nivel global no hay nada por encima de los que se convocan en ese espacio informal que se reúne una vez por año. Así, en una cuestión sensible la Iglesia converge de hecho con el G-20.

Pero esa concurrencia sorpresiva del Papa no parece ser circunstancial. Tuve la oportunidad de consultar algunas encíclicas de época sobre el rol político de la Iglesia Católica en la escena internacional. Y menuda sorpresa me llevé. Desde Juan XXIII en adelante hubo una presencia recurrente en todos los pontificados del tema de la gobernabilidad mundial.

Pacen in Terris

Por considerarlo irrelevante, visión localista o falta de conocimiento, es habitual que la cuestión de la gobernabilidad mundial no ocupe lugar ni en los análisis del espacio comunicacional, el discurso político o los círculos académicos. No es así para la Iglesia Católica; no es indiferente frente a la problemática del poder a ese nivel. Sus encíclicas de los últimos cincuenta años, sobre todo desde la época del Concilio Vaticano II, se preocupan por el tema y contienen propuestas en ese sentido. Naturalmente la Iglesia no es un actor político en la acepción habitual del término aunque su influencia no puede dejar de sentirse a todos los niveles en los círculos de poder.

El jueves Santo de 1963 el Papa Juan XXIII publicó una histórica encíclica. En ella, en forma explícita, se reivindica la necesidad de una autoridad pública general para afrontar los problemas que afectan a todas las naciones

“cuyo poder debe alcanzar vigencia en el mundo entero y poseer medios idóneos para conducir al bien común universal” (Pacem in Terris, 138).

Por su parte, la Encíclica Populorum Progressio alumbrada en el siguiente pontificado afirma la necesidad de la colaboración internacional que involucre a todos los pueblos. En un histórico discurso en las Naciones Unidas[i], el Papa Pablo VI se preguntaba “¿Quién no ve la necesidad de llegar así progresivamente a instaurar una autoridad mundial que pueda actuar eficazmente en el terreno jurídico y en el de la política?”. Las posiciones de Juan Pablo II siguieron la misma línea. En algunos blogs que ven conspiraciones por doquier -nunca faltan en Internet- hasta se revelan al respecto sus supuestas complicidades con Reagan al inicio de la aplicación del Consenso de Washington. De seguido, en el pontificado de Benedicto XVI, se especifica que la autoridad mundial

“deberá estar regulada por el derecho, atenerse de manera concreta a los principios de subsidiaridad y de solidaridad, estar ordenada a la realización del bien común, comprometerse en la realización de un auténtico desarrollo humano integral inspirado en los valores de la caridad en la verdad. Dicha Autoridad, además, deberá estar reconocida por todos, gozar de poder efectivo para garantizar a cada uno la seguridad, el cumplimiento de la justicia y el respeto de los derechos” (Caritas in Veritate, 67).

No es la primera vez que la Iglesia Católica converge con el G-20. Al desatarse la crisis de 2008 el rol del G-20 fue visto por la Santa Sede como una evolución positiva del tole armado en Wall Street. La Iglesia consideró que el mayor involucramiento de países con población más elevada era necesario para el manejo financiero y económico global. Así, se hizo público un posicionamiento de la Santa Sede con relación a la declaración salida de la Cumbre del G-20 en Pittsburg al año siguiente en el sentido de valorar la intención de comenzar una nueva era en la economía global. Las nuevas relaciones deberían estar basadas en la responsabilidad y la

“reforma de la arquitectura global para afrontar las exigencias del siglo XXI…un marco que permita definir las políticas y las medidas comunes con el objeto de producir un desarrollo global sólido, sostenible y equilibrado...en el ámbito del G20 pueden, por lo tanto, madurar directrices concretas que, oportunamente elaboradas en las apropiadas sedes técnicas, podrán orientar los órganos competentes a nivel nacional y regional en la consolidación de las instituciones existentes y en la creación de nuevas instituciones con apropiados y eficaces instrumentos a nivel internacional”[ii].

La revolución de Francisco

Con Ángela Merkel estuvo trabajando toda una tarde en el Vaticano en temas de la situación internacional. Barack Obama se mostró  “extremadamente impresionado” por su humildad y su “increíble sentido de empatía" con los pobres. En una nota reproducida por The New York Times publicada a su vez en el diario La Nación se hace una curiosa comparación para ponderar su importancia. Se dice en ella que“si Juan Pablo II fue la estrella rock de la Iglesia Católica, y Benedicto XVI el preceptor, el papa Francisco es su innovador: el Steve Jobs de la Iglesia”. Las opiniones son unánimes: Francisco está llevando a cabo una verdadera revolución.

La carta que ya hemos citado enviada por Francisco a Vladimir Putin el día antes de la apertura de la Cumbre del G-20 en San Petersburgo, evidencia  el alcance de la agenda internacional que inspira su pontificado. En primer lugar fiel a su estilo les da un tirón de orejas a los integrantes del Grupo.  Manifiesta “la preocupación por los niños y los ancianos no solo en los países del G-20 sino para todos los habitantes de la Tierra”. Esa preocupación se refiere a una serie de cuestiones: hambre, trabajo digno, derecho a una casa decorosa y asistencia sanitaria. Para Francisco concretar esos anhelos implica “alcanzar las grandes metas económicas y sociales que la comunidad internacional se ha marcado como, por ejemplo, los Objetivos de Desarrollo del Milenio”. En su carta están presentes los problemas de las finanzas mundiales y la necesidad de consolidar la reforma de las organizaciones internacionales específicas. Sobre la forma de resolver las controversias: “en la vida de los pueblos los conflictos armados constituyan siempre la deliberada negación de toda posible concordia internacional, creando divisiones profundas y heridas sangrantes que exigen muchos años de cura”. Y da otro tirón de orejas: “el encuentro de los Jefes de Estado y de Gobierno de las veinte mayores economías, que representan dos tercios de la población y el 90% del PIB mundial, no tiene la seguridad internacional como su objetivo principal”. Es necesario “que los líderes de los Estados del G20 no se queden inmóviles frente a los dramas que vive ya desde hace demasiado tiempo la querida población siria... encontrar caminos para superar las distintas dificultades y abandonen todos las vanas pretensiones de una solución militar”. En la carta se despide ““esperando que estas reflexiones puedan constituir una válida contribución espiritual para vuestro encuentro, rezo por un resultado fructífero de los trabajos del G20.”

La metáfora del retorno a la villa

¿Cuál sería la razón del renovado  protagonismo en la escena internacional que puede esperarse del pontificado de Francisco? Más aún, ¿qué tipo de tareas, a qué nivel y quiénes pueden estar a cargo de realizarlas para comenzar a transitar esta fase (¿la superior?) del proceso de la globalización? Contestar este último interrogante amerita retroceder unos años.

El contexto en el que el hombre puso el pie en la luna en 1969 era el siguiente. Un mundo dividido acuciado por la amenaza permanente de confrontaciones a gran escala (aunque imposible de desencadenar una guerra por sus consecuencias, dando lugar a una difícil convivencia internacional que solo les servía a los fabricantes de armas). Una revolución científica y tecnológica que puesta en las fábricas permitía potencialmente lograr bienes y servicios a escala quasi ilimitada. En esos años por primera vez en la historia se cosechaba la cantidad de proteínas de origen vegetal como para erradicar el hambre del mundo. Comunicaciones y sistemas de información globales que instauraban el tiempo real. En el mismo escenario la contracara.

NBI para miles de millones. Enormes empresas transnacionales (en colisión insalvable de intereses con los poderosos fabricantes de armamento) que necesitaban la paz y no la guerra para crear y ensanchar los mercados que absorbieran en condiciones normales los bienes que estaban en condiciones de producir evitando al mismo tiempo el peligro de las superproducciones. Contradicciones a todos los niveles que debían metabolizarse en forma pacífica ponían, sin embargo, el mundo al rojo vivo.

Como la realidad fue mostrando, el problema generado por la contraposición de esos vectores se fue resolviéndose en el sentido de ampliar los mercados. Las pruebas de lo que se ha hecho en estos casi cuarenta años están a la vista: el crecimiento y el avance del consumo en China e India, la mitad de todos los habitantes de la Tierra. No hay cifras exactas porque varían continuamente (una mínima variación porcentual en la tasa de consumo afecta a millones de personas considerando el tamaño de esos dos países), empero los análisis serios coinciden en que es muy marcado el ascenso a la clase media. Ahora, ¿qué significa ascenso? Normalmente, ese atributo está ligado principalmente al crecimiento económico y en particular del consumo. Lo mismo vale para los países africano que están creciendo a tasas chinas. Esos logros impresionantes, devienen de transformaciones macroeconómicas, del aparato productivo, y de las posibilidades del comercio mundial y los mercados. En el caso chino es claro. Las negociaciones entabladas con EEUU en 1972/73 conocida como “la diplomacia del ping pong”, abrió el camino.

El problema remanente y que se hace cada vez más agudo por la llamada revolución de las expectativas generadas por los MMC, son los mil millones de personas que aún permanecen fuera de esos estándares y que pueden ver por esos medios las disparidades en los niveles de existencia que los afecta generando una insatisfacción crítica. Son importantes franjas de población en países emergentes y subdesarrollados a los que no se les puede ocultar que no tienen acceso a esos bienes y servicios en la proporción de sus necesidades y el potencial del aparato productivo de generarlos. En esos contextos las empresas disponen todo su arsenal para que seguir ensanchando los mercados. Pura lógica capitalista. Empero, crear consumidores pero por la via de la inclusión social requiere de procesos sustentables. Eso no se logra solo con crecimiento (macro) económico. Hace falta desarrollo en la base social. Aumentar las posibilidades de progreso de pobres, excluidos, desocupados, indigentes.

Es en ese plano donde se jerarquiza el rol de la Iglesia y otras organizaciones sociales capaces como se diría vulgarmente de “meter los pies en el barro”. Claro, sin populismo, que es el otro desafío. Porque con populismo en el mejor (o en el peor según como se mire) de los casos puede haber crecimiento y aumento del consumo, pero nunca desarrollo. En nuestro país lo muestra principalmente (pero no solo) el peronismo y su más reciente extrapolación kirchnerista. La expresión más extravagante de ese formato conceptual es valorar como un signo de progreso el extendido uso de ladrillos para levantar casillas en las villas de emergencia en lugar de chapa y cartón como se hacía antes.

La escena internacional va a estar plena de sorpresas en los años siguientes. Una situación de crisis con la que habrá que acostumbrarse a convivir: es la herramienta más poderosa para realizar cambios más rápidos y profundos al nivel de los países. Los altos precios de los commodities persistirán en el mediano y largo plazo lo que incidirá en los índices de crecimiento en los países emergentes y subdesarrollados. No será un camino rectilíneo, sin idas y vueltas,  pero la tendencia en su conjunto será persistente.

Un fuerte debate ideológico ocupará la escena con vectores de confrontación en distintas direcciones y sentidos. Dentro de la iglesia, los sectores integristas que están al acecho (no les interese hacer muchas disquisiciones sobre el contenido de su rechazo a Francisco: atenta contra la doctrina, cuestiona ciertas prácticas de la labor pastoral o no conviene descubrir la corrupción de la curia romana) todavía manifiestan sus discordancias en vos baja.

El papel de la Iglesia Católica y otras organizaciones sociales se irá incrementando con relación a los sectores más pobres -y dentro de estos a los jóvenes y su contexto familiar- con vistas a su inclusión social. En el mensaje y la labor pastoral de la Iglesia Católica habrá una acentuación de temas como el trabajo decente, la educación, la salud y la vivienda, la recreación; también, aunque menos tratada, la cuestión territorial de manera que las familias no se vean obligadas a emigrar o, cuando lo hayas hecho, los que lo deseen puedan regresar a los lugares que los vieron nacer, el terruño donde reposan sus muertos.


Ing. Alberto Ford


Arroyo del Gato, 16 de octubre de 2013


Posdata

Cuando este trabajo estaba ya para ser girado apareció en La Nación una nota titulada “La malvinización del Papa Francisco” firmada por  Alberto  Benegas Lynch (ABL) http://www.lanacion.com.ar/1627974-la-malvinizaciondel-papa-francisco  lo que confirma la hipótesis de que el debate ideológico se ira agudizando. Llaman la atención tres cosas: 1) no era esperable tan temprano una posición crítica a Francisco. No porque no la hubiera entre los sectores católicos más conservadores sino porque normalmente es prudente y de estilo esperar un poco más de tiempo; apenas han pasado seis meses desde el inicio del nuevo pontificado; 2) la crítica se hace pública lo que revela el grado de disgusto de los afectados o la falta de canales más discretos para manifestar las disidencias; 3) la crudeza de la posición; el modo de criticar de ABL es muy frontal y hasta duro; llega a decir que las propuestas  “en materia social del Papa conducen a graves problemas de falta de respeto a los derechos de las personas”. En la nota hay algunas afirmaciones un poco forzadas como comparar el escarnio que sufrieron quienes se oponían a la aventura de los militares en Malvinas (ABL fue uno de los pocos que estuvo en contra según aduce) con el que podrían sufrir quienes ahora lo critican a Francisco. Tampoco se priva de arremeter contra los que comulgan con sus posiciones aunque frente a ellos ABL reconoce sentirse en minoría. Se justifica en que ve como inevitable que “los fanáticos tenderán a justificar cualquier cosa como lo han hecho siempre con tal de no aparecer contrariando lo que se hace desde el Vaticano”.

Su ataque a la Teología de la Liberación y sus inspiradores es implacable. Con motivo del viaje a  Roma de Leonardo Boff se refiere al teólogo como “otro de los artífices de la referida teología, quien declaró que se siente reconfortado después de varias condenas ya que ‘el Pontífice adopta el método, inspiración y estilo de esa teología”. ABL no tiene en cuenta que Boff reivindica la acción del Papa porque adopta “el método, inspiración y estilo“de la Teología de la Liberación pero no dice nada con referencia a los principios que sustentó el teólogo brasileño en el pasado setentista y que hoy solo pueden ser suscriptos desde posiciones trasnochadas como por tomar un caso las de los chavistas. Se puede leer en Internet que

“Boff y otros defensores están encantados de que el nuevo papa haya dedicado tanto tiempo a trabajar en los barrios marginales, y se sienten inspirados por sus escritos, que no ven sacrilegio en la acción social”.   http://hoy.com.do/teologia-liberacion-toma-un-poco-de-animo-con-el-papa-francisco/

ABL desprecia los gestos que hace el Papa cuando da a entender que no está de acuerdo con el boato y las costumbres del vaticano. Tampoco le satisface que Francisco se manifieste a favor de “una iglesia pobre para los pobres”. Presume que “al grueso de los fieles les agradaría que el Papa celebrara misa en guayabera en medio de un galpón con piso de tierra y vendiera los palacios, pinturas,...” como si el sentido estético y la valoración del patrimonio artístico o arquitectónico dependiera de una determinada ideología o posición política. 

Todavía subsisten posiciones liberales (económicas pero no políticas aunque a veces como en este caso una membrana osmótica separa ambas categorías) a pesar de que el derrame del libre mercado se ha mostrado insuficiente para empapar de oportunidades los destinos de las familias. Hasta Mariano Grondona -un liberal de pura cepa- dio una vuelta de campana y desde hace unos años admite las funciones reguladoras en un estado moderno.
















[i] http://www.vatican.va/holy_father/paul_vi/speeches/1965/documents/hf_p-vi_spe_19651004_united-nations_sp.html
[ii] Por una reforma del sistema financiero y monetario internacional en la prospectiva de una autoridad pública con competencia universal, Pontificio Consejo para la Justicia y la Paz,  24/10/2011  http://vaticaninsider.lastampa.it/es/noticias/dettagliospain/articolo/vatican-vaticano-giustizia-e-pace-justice-and-peace-justitia-y-paz-economia-economy-9278/
Francisco nuevo Papa

En la previa del cónclave que designó al Cardenal Bergoglio como nuevo Papa los trascendidos sobre favoritos fueron orientados a poner la atención en otros cardenales del finalmente electo. Nos comimos el amague. Pero, ¿fue casual y tan sorpresiva –por lo menos para algunos bien informados- la elección de Bergoglio?  Hay quienes sugieren una firme predeterminación en ese sentido y hasta fue motivo de certeros anticipos. Características del procedimiento ahora conocidos, más la data previa disponible, nos muestran que lo resuelto tuvo cuanto menos poco de aleatorio. Nuestro Cardenal fue citado a Roma antes que el resto, pedía a sus allegados que rezaran “para poder volver al país”, y hasta le regalaron unos zapatos nuevos, los negros que se ven en las fotos, para suplir otros ya bastante caminados. Sin embargo, hay otro dato decisivo: en el anterior cónclave, apoyado por unas cuantas decenas de votos (mucho de aquellos electores también participaban en esta oportunidad), había salido segundo pisándole los talones a Ratzinger. Ex post, no se puede imaginar que las cosas hubieran ocurrido de otro modo… y ahora Francisco se prepara para la ardua tarea que lo espera. Hay por lo menos tres grupos de problemas: lo relacionado a la pobreza y otras definiciones sensibles, el funcionamiento interno de la Institución y, un aspecto ignorado en los análisis, el rol de la Iglesia Católica como factor influyente en la gobernabilidad global. Con referencia a nuestro país, a partir de Francisco, el espacio comunicacional se ha ubicado en un nivel superior, dando como resultado la relativización de los datos de la realidad hasta ahora existentes; incluso, en esta primera etapa, no pocos de ellos se han vuelto irrelevantes. Habrá que ver cómo la influencia por sola presencia (obviamente no es esperable otro tipo de intervención pública) se va irradiando en el devenir socio político de la Argentina (¿y de América Latina?).

El cura de los villeros

En la agenda global la cuestión de la pobreza ocupa el primer lugar. En esa priorización juega  un imperativo de tipo moral y objetivamente otro menos espiritual: hoy el sistema productivo mundial está en condiciones de producir bienes y servicios para todos; en consecuencia, hay que crear el mercado y sus consumidores. Los resultados ya están a la vista con el crecimiento asombroso de la clase media en países emergentes como China, India y Brasil. La iglesia no está al margen de las posibilidades materiales que se abren en el mundo global, pero su labor evangelizadora se fundamenta en otros principios. Durante el pontificado de Benedicto XVI en una de sus principales encíclicas se alerta sobre

“el aumento sistémico de las desigualdades entre grupos sociales dentro de un mismo país y entre las poblaciones de los diferentes países, es decir, el aumento masivo de la pobreza relativa, no sólo tiende a erosionar la cohesión social y, de este modo, poner en peligro la democracia, sino que tiene también un impacto negativo en el plano económico por el progresivo desgaste del «capital social»” (Caritas in Veritate, 32)

Sin duda en el Papa Francisco pesa la “opción por los pobres” característica de la orden jesuítica.  En la labor pastoral a lo largo de su vida dio muestras sobradas de dónde estaba el foco principal de sus preocupaciones. Por el momento en que se vive, y por lo manifestado en sus primeras intervenciones, del pontificado de Francisco se puede esperar, acorde a su experiencia en las villas porteñas, una enérgica acción de la Iglesia dirigido contra la pobreza bajo distintas formas y en todos los lugares donde ella se manifieste. Distintas encíclicas alumbradas en los papados de estas últimas décadas lo confirman.

Aspectos sensibles

No todo lo que priorizan los medios tendrá un desenvolvimiento explosivo; no es el estilo que se le conoció al Cardenal Bergoglio. Lo referente a temas como el “matrimonio igualitario” y otras como los que se expresan en nuestro país en la reforma del nuevo Código Civil y Comercial-de gran repercusión mediática pero del interés de pequeñas minorías- recabará menos atención que otras cuestiones de enorme sensibilidad como el aborto, la trata, la droga en las villas. Otro ítem donde se espera una acción enérgica del nuevo pontificado es en lo referido al rol de la mujer en el siglo XXI. Para la Iglesia

“la mujer ha adquirido una conciencia cada día más clara de su propia dignidad humana. Por ello no tolera que se la trate como una cosa inanimada o un mero instrumento; exige, por el contrario, que, tanto en el ámbito de la vida doméstica como en el de la vida pública, se le reconozcan los derechos y obligaciones propios de la persona humana. (Pacem in Terra, 41).

Se le conoce al Papa una rica trayectoria en materia educativa que seguramente hará del tema uno de los aspectos liminares de su gestión.

La dura interna

Sin tanta repercusión porque los escándalos ya han salido a la luz, una serie de hechos de corrupción que afecta a miembros de la curia romana están contenidos en un informe conocido como Vatileaks que el Papa anterior le dejó a Francisco en la mesita de luz. Según los trascendidos en él no falta nada de las corruptelas habituales en otros ámbitos. Será difícil que al nuevo Papa le vaya a temblar la mano para hacer los cambios que hagan falta y carezca de la habilidad y el tesón suficientes como para operar en los laberintos vaticanos, uno de los sistemas de poder más complejos y de trayectoria más extendida a lo largo de la historia.

Poder global

Por falta de conocimiento, visión localista o considerarlo irrelevante, la cuestión de la gobernabilidad mundial habitualmente no ocupa lugar en los análisis del espacio comunicativo, el discurso político y en los círculos académicos. Sin embargo, para la Iglesia Católica la problemática del poder ha tenido una presencia continuada en sus encíclicas de los últimos cincuenta años sobre todo desde la época del Concilio Vaticano II. Naturalmente la Iglesia no es un actor político en el sentido habitual del término, pero su influencia no puede dejar de sentirse en los círculos de poder a todos los niveles.

El jueves Santo de 1963 el Papa Juan XXIII publicó una histórica encíclica en la que en forma clara se reivindica la necesidad de una autoridad pública general para afrontar los problemas que afectan a todas las naciones

“cuyo poder debe alcanzar vigencia en el mundo entero y poseer medios idóneos para conducir al bien común universal” (Pacem in Terris, 138).

Asimismo, en el siguiente pontificado,  la Encíclica Populorum Progressio afirma la necesidad de la colaboración internacional que involucre a todos los pueblos. Por esos tiempos, en un histórico discurso en las Naciones Unidas[i], el Papa Pablo VI se preguntaba “¿Quién no ve la necesidad de llegar así progresivamente a instaurar una autoridad mundial que pueda actuar eficazmente en el terreno jurídico y en el de la política?”. Las posiciones de Juan Pablo II siguieron la misma línea.

En el pontificado de Benedicto XVI se especifica que la autoridad mundial

“deberá estar regulada por el derecho, atenerse de manera concreta a los principios de subsidiaridad y de solidaridad, estar ordenada a la realización del bien común, comprometerse en la realización de un auténtico desarrollo humano integral inspirado en los valores de la caridad en la verdad. Dicha Autoridad, además, deberá estar reconocida por todos, gozar de poder efectivo para garantizar a cada uno la seguridad, el cumplimiento de la justicia y el respeto de los derechos” (Caritas in Veritate, 67).

Al desatarse la crisis de 2008 el rol del G-20 fue visto por la Santa Sede como una evolución positiva debido al mayor involucramiento de países con población más elevada en el manejo financiero y económico global. El desenvolvimiento del Grupo  fue motivo de una comunicación donde se menciona a su vez a la declaración emanada de la cumbre del G-20 en Pittsburg en el sentido de valorar la intención de comenzar una nueva era en la economía global basada en la responsabilidad y la “reforma de la arquitectura global para afrontar las exigencias del siglo XXI…un marco que permita definir las políticas y las medidas comunes con el objeto de producir un desarrollo global sólido, sostenible y equilibrado”[ii]. Como un aporte a imaginar las formas que pueden adoptar iniciativas de gobierno al nivel global, en el mismo comunicado se sugiere que  “en el ámbito del G20 pueden, por lo tanto, madurar directrices concretas que, oportunamente elaboradas en las apropiadas sedes técnicas, podrán orientar los órganos competentes a nivel nacional y regional en la consolidación de las instituciones existentes y en la creación de nuevas instituciones con apropiados y eficaces instrumentos a nivel internacional”

Dada la aceleración previsible que sufrirán en los próximos tiempos los asuntos de la gestión global es de esperar que con el pontificado de Francisco la iglesia irá incrementando su papel en ese escenario aunque esas acciones algunas de ellas discretas no sean reflejadas en las crónicas cotidianas.

Ecos locales

No sería correcto  (ya se está demostrando) pensar que Francisco se va a involucrar en forma directa en los asuntos de nuestro país pero tampoco lo sería esperar que no vaya a tener una especial atención por la marcha de la región latinoamericana. Ya le confirmó a Dilma que el primer viaje importante de su papado, donde se va a encontrar con una multitud de jóvenes de todo el mundo, será a Río de Janeiro con una extensión posterior a San Pablo para visitar un santuario de la Virgen; es decir, según su estilo comprometido, nada de “toco y me voy”.

En el medio local estamos presenciando situaciones de lo más curiosas y tan inesperadas como la propia elección del Papa. Se trata de la forma en que ha impactado en los círculos K la sorpresiva designación del Cardenal Bergoglio. Los medios han abundado en detalles del desconcierto y el rechazo manifiesto que provocó la noticia a lo largo de todo el gobierno así como la rápida reubicación generalizada de funcionarios y amigos luego del viaje de la presidenta a Roma para la entronización.  Estamos en presencia de un papelón mayúsculo derivado de una actitud oportunista insólita cuyos ribetes serán motivo de incesantes reverberaciones en la historia de la picaresca política. Como decía Marx (Groucho): “estos son mis principios y si no le gustan tengo estos otros”. También el impacto se ha dejado sentir en ámbitos donde rigen enfoques que parecían haber perdido actualidad pero que se espera resurjan con vigor por lo menos en esta fase inicial del fenómeno papal. Nos estamos refiriendo a la activación de reflejos en cuestiones ligadas por ejemplo al laicismo y la educación (ver al respecto una nota en Página/12[iii]). Otra curiosidad fue la virulenta reacción del prestigioso sociólogo y funcionario K Horacio González en contra de la entronización de Francisco desde posiciones de un anticlericalismo más propio del siglo XIX que de los nuevos aires de la posmodernidad.

En el universo de la comunicación la aparición del Papa ha generado un nuevo nivel de realidad en el imaginario social. Ya nada será como era no solo por el cambio brusco de la situación sino por la insignificancia a que se verán confinados muchos de los contenidos informativos circulantes hasta ese momento. Quien más lo notará será Cristina. No solo ha perdido de golpe el pretendido liderazgo que le daba el resultado electoral, sino que la puesta se desenvuelve en otro escenario del que ella como banca ocupaba. Para usar una metáfora con resonancias actuales, es como si su riqueza, atesorada en metálico, de repente se viera afectada por un cambio repentino en el signo monetario y dependiera  de los rigores del cepo cambiario para conseguir efectivo.

Laclau miente

Hay dos pilares de la estructura de su relato que a la Presidenta no le será tan fácil sostener  a partir de ahora. Uno ya se venía desviando hacia la falsa escuadra, el otro se desmoronó de golpe. El “modelo de acumulación de matriz productiva diversificada con inclusión social”, una denominación de lo más pretenciosa pero sin correlato en la realidad, a medida que pasa el tiempo demuestra ser lo contrario de lo que postula salvo en la parte de la acumulación capitalista por parte de los amigos del gobierno. La consecuencia del deterioro es un agujero fiscal creciente como consecuencia de una política de subsidios necesaria para mantener la matriz populista del kirchnerismo. Esa política voluntarista y arbitraria está afectando al conjunto de la economía; obviamente no se la puede mantener sine die sin producir grandes daños incluso luego del cese de esta gestión.

Aunque el discurso del Papa esté referido a diversos temas, el tono utilizado contrasta con el estilo de la comunicación kirchnerista. Esos nuevos contenidos y formas del mensaje que se han  instaurado, más allá de las maniobras que se intenten para usarlo en beneficio propio, condicionará (ya lo está haciendo en forma notoria) el sentido de los relatos que circulen de ahora en más en el sistema político en nuestro país.
Se sabe que las enseñanzas del matrimonio Laclau se basan en la lucha de hegemonías para acumular poder como consecuencia del enfrentamiento; hay que transformar al adversario en enemigo.  Para ellos la división es necesaria; una posición cerril a contramano de lo que se va imponiendo a pasos acelerados en el mundo moderno a partir del cese de la bipolaridad y donde convocatorias como las del G-20 ponen en evidencia que el consenso es el camino adoptado por los principales factores de poder.

Ing. Alberto Ford
Ringuelet, marzo de 2013





[i] http://www.vatican.va/holy_father/paul_vi/speeches/1965/documents/hf_p-vi_spe_19651004_united-nations_sp.html
[ii] Por una reforma del sistema financiero y monetario internacional en la prospectiva de una autoridad pública con competencia universal, Pontificio Consejo para la Justicia y la Paz,  24/10/2011  http://vaticaninsider.lastampa.it/es/noticias/dettagliospain/articolo/vatican-vaticano-giustizia-e-pace-justice-and-peace-justitia-y-paz-economia-economy-9278/

martes, 17 de marzo de 2015

Políticas de estado en Ciudad de Buenos Aires

¿Todo lo que reluce en Buenos Aires es obra de Mauricio Macri, su actual jefe de gobierno? La actual administración puede mostrar una serie de logros que la enaltecen. Sin embargo, en esta nota se sostiene que el ambiente favorable a las realizaciones en la ciudad viene de más lejos. Es una política de estado no explicitada la que le ha posibilitado a Buenos Aires alcanzar en el breve plazo de dos décadas el estatus de ciudad global. Todo comenzó a principios de los noventa con un proyecto emblemático: Puerto Madero. El  efecto de la innovación se fue extendiendo a toda la ciudad, incluso al Sur, un lugar abandonado desde siempre a pesar de las advertencias que hizo hace casi un siglo Le Corbusier. El genial arquitecto suizo se pronunció por un traslado del epicentro del desarrollo porteño hacia el lado del Riachuelo como medio de favorecer el equilibrio urbano. Buenos Aires tiene muchas ventajas pasibles de ser aprovechadas. Pero para ello hay que ver adónde se derivan los conteiners que llegan al puerto; rinde mucho más recibir cruceros de turismo y la navegación deportiva. Además, los desequilibrios  territorial y demográfico característicos de nuestro país hacen que los flujos desestabilizadores desemboquen en Buenos Aires. Un desarrollo productivo federal,  exportando por el Pacífico a través de la Cordillera y por el Atlántico utilizando puertos de aguas profundas, tendrá un efecto benéfico sobre todo nuestro país y hará de la ciudad de Buenos Aires el motor de un proyecto de suma positiva.

A Macri le tocó la frutilla del postre. Sus obras son recientes y de impacto: Metrobús, peatonales, bicisendas, veredas amplias, distrito tecnológico, parques y plazas recuperadas, estaciones de subte, barrios refundados, política cultural, educativa y de salud, traslado al sur de la administración, etc.  Eso no quiere decir que todo esté bien en la Ciudad. Homeless, narcotráfico, inseguridad, camiones en el puerto, crecimiento de las villas, saturación y caos vehicular, protestas salvajes, sobredemanda a hospitales, ocupación de la vía pública, invasión de cartoneros, suciedad, disconformidad cerril de vecinos, comunicadores y políticos, etc. son una lista incompleta de los pendientes.

El gobierno nacional tiene dominio sobre la Capital Federal. Maneja policía, transportes, comunicaciones, enormes terrenos de su propiedad de gran valor urbanístico conservados en estado de abandono o usurpación, etc. Así, la autonomía de la Ciudad es motivo de permanente disputa. ¿De quien es la responsabilidad sobre los problemas no resueltos? Hay dos actitudes. La palabra del gobierno de la Ciudad es creíble a partir de lo hecho; cuando promete cumple en tiempo y forma. Por el contrario, el estado nacional se ha caracterizado por la volatilidad de sus anuncios o, peor, dificultar las obras poniendo palos en la rueda como se dice ahora en el tema del acceso al financiamiento externo que requiere aval de la Nación. El modelo K vive de los enfrentamientos retóricos sin adoptar compromisos o sin honrarlos. Cuando hay problemas se desentiende, y si no los hay los inventa para menearlos según el manual del matrimonio Laclau-Mouffe referido a las buenas prácticas populistas de cómo acumular poder.

Pero la transformación de la ciudad de Buenos Aires no comienza con la actual gestión; es a principios de los noventa cuando se pone en marcha. Tributaria de las glorias del pasado, con un patrimonio urbano formidable pero en un entorno envejecido, no le llevó más de dos décadas pasar sin escalas a ser una ciudad global. La nave insignia de ese cambio tiene nombre y apellido: Puerto Madero, un megaproyecto que se viene realizando sin escándalos resonantes, por lo menos en el plano de las realizaciones edilicias.

A pesar de los obstáculos, Buenos Aires ha sido dada vuelta como un guante en un plazo histórico brevísimo. Obviamente a ello han contribuido aquellos habitantes dotados de una vitalidad y creatividad plenos de originalidad y riqueza de contenidos. Pero también han existido climas propicios. Nos gusten o no, lo han hecho posible sus gobiernos de dos formatos –intendencias y autónomos- de más de un color. Esas gestiones han sido lentas pero aburridas, sospechadas de corrupción, de funcionarios grises, con perfume francés, de rancia estirpe, oportunistas, tecnocráticas, desarrollistas... un verdadero aguafuerte de la diversidad porteña. Pero a la larga el árbol se ve por sus frutos. En su conjunto -producto de la continuidad y sinergias en aspectos fundamentales de enfoque- esas administraciones distintas han dado lugar a lo que podemos denominar una política de estado.

Una forma de ver

"Eran las 10 de la mañana y yo estaba atrapado en la 9 de Julio, arriba de un auto importado que compré con dólares que me dan a 5 con 70. Al lado pasaba el Metrobús, como un balazo. Pensé: qué raro es todo. El gobierno nacional y popular regala autos de lujo a los ricos. Y Macri, la derecha, les resuelve el tránsito a los pobres". (Pagni, LN, 3/10/13)

El porteño es conservador de cuna, defiende lo establecido de su ciudad; todo lo que se hace o proyecta al respecto es inicialmente denostado aunque no se sepa del todo bien de qué se habla. El habitante de Buenos Aires es un disconforme consuetudinario. Hagamos un breve racconto.

obra/acción/proyecto
cuestionamiento
bicisendas
quitan espacio a los coches
los porteros lavan las veredas con manguera
peligra para nuestros nietos el uso de un recurso no renovable (¿?)
reciclan las galerías Pacífico
se afecta el patrimonio urbano
recuperan los docks
los portuarios pierden fuentes de trabajo
agilizan el tránsito en la 9 de Julio
Metrobús tiene fines electoralistas
para evitar las inundaciones hacen obras en los arroyos
aumenta la deuda externa
la administración de la Ciudad migra a los barrios del sur
se deprecia el microcentro
echan a los manteros de Florida
la peatonal pierde colorido americano
la Ciudad se opone al traslado de Colón
no se respetan los deseos del Comandante Chávez
se inauguran nuevas estaciones del subte
los metro delegados aducen problemas de seguridad
Buquebus pone barcos nuevos
no seamos hipócritas, por esa vía solo viajan los ricos
veredas de Corrientes más anchas
un carril de menos para los autos
recuperan Parque Centenario
las verjas aíslan el entorno
proyectan sacar los camiones del puerto
Moyano defiende a sus muchachos
contenedores de basura orgánica
entorpecen la visual de los autonautas
lo hizo Macri
hay que ponerle límites
etc.
etc.

Buenos Aires ciudad global

Son pocas las ciudades en el mundo que cautivan como la Reina del Plata.  El que la conoce vuelve o anhela hacerlo.  El tango, la carne, la belleza de sus mujeres, los estilos de su arquitectura, la amplitud y variedad de su oferta de bienes y servicios, el ancho de sus veredas, los circuitos y corredores, los espectáculos deportivos y artísticos, la gastronomía, sus barrios descentralizados, la infraestructura hotelera y de convenciones, su vida nocturna, museos y librerías abiertas hasta tarde, los bares, la cordialidad y sentido del humor, sus mercados, el buen gusto y otras cosas más hacen que la oferta turística de esta ciudad se torne lo suficientemente atractiva como para compensar sus aspectos desfavorables.

Allá por los setenta era cuestión de caminar por las calles umbrías de Chacarita, la Paternal y Villa Crespo. Adoquinados lustrosos de tanto aceite derramado, alamedas cerradas de plátanos, casas-chorizo con sus frentes descascarados. Toda una postal nostalgiosa de las películas en blanco y negro del cine nacional. Esos barrios fueron mutando hasta alumbrar una propuesta innovadora. Creció la movida gastronómica; la moda fashion es capaz de relucir en cualquier lugar; su arquitectura sin pretensiones sigue siendo reciclada con buen gusto; el glamour de sus espacios ahora lo es en colores. Se suceden los adjetivos para designar a “los” palermos que se han transformado sin negar sus tradiciones en unos de los lugares de mayor atracción de la Ciudad.

Puerto Madero era un excelente lugar para sacar fotos en blanco y negro. Era uno de mis paseos preferidos allá por los ochenta. Sus paredes descascaradas cubiertas de pintadas, galpones desvencijados de ladrillos ingleses rebosantes de ratas; esos signos de lo que alguna vez en su esplendor fue el granero del mundo con el tiempo devinieron metáforas de la decadencia. El solo anuncio de su reciclaje provocó la feroz resistencia del en ese momento secretario del SUPA, Eustaquio Tolosa. Un adelantado en la lucha contra el progreso del puerto como Pino Solanas lo fue con respecto a la recuperación de las galerías Pacífico. Sobran los dedos de una mano para contar ejemplos de reciclaje urbano como lo hecho en Puerto Madero

Plan Nac&Reg

Sin embargo, Buenos Aires está muy exigida; en algunas cuestiones en los límites de lo tolerable. Los aportes demográficos provienen ahora de los países hermanos tensando aún más la capacidad de sus villas de emergencia que se extienden plenas de promiscuidad, narcotráfico y violencia criminal. Buenos Aires no tiene porqué tener asentamientos precarios aunque la mayoría de sus moradores sea gente decente. Desde más allá de la Avenida General Paz la presión se incrementa con la búsqueda de oportunidades de trabajo. Hay una masa millonaria de habitantes del conurbano que concurren diariamente a cumplir con sus obligaciones laborales o de la informalidad; lo hacen en condiciones infrahumanas alrededor de las cuales se generan  permanentemente conflictos de inseguridad. Los hospitales de Buenos Aires aún de gran calidad médica se hacen cargo de los servicios de salud que la Provincia no presta. Pero donde más duele es en lo relativo a la policía federal: se ha transformado en una organización quasi delictiva en una magnitud difícil de cuantificar lo que da lugar a sospechas inquietantes sobre el alcance de sus implicancias.

Uno de los lastres principales que tiene la Ciudad es la conformación del puerto. Herencia de la colonia, su ubicación fue el lugar de salida de los productos del modelo agroexportador. El diseño de una infraestructura tipo embudo jugó un papel importante tanto en épocas de gloria como de decadencia. Mientras el modelo funcionó trajo la riqueza hacia el puerto; luego, cuando comenzó la escasez, se encargó de acarrear la miseria de un interior siempre postergado que no podía dar lo necesario para una vida digna de los provincianos. 

El puerto de Buenos Aires debe estar reservado a los cruceros y el deporte. Toda la carga de conteiners debe ser redireccionada a puertos de aguas profundas, incluso algún día a Montevideo puente a Colonia (o túnel) mediante. Todos los efectos de esa desconcentración serán positivos. Urge sacarse de encima los camiones de Puerto Madero. Se debe utilizar toda la infraestructura ferroviaria de carga con sentido urbanístico moderno. Hay que jerarquizar a la Ciudad como una ciudad cultural, de diseño y múltiples servicios. En perspectiva, de ninguna otra actividad Buenos Aires obtendrá más divisas que de su especialización como destino de excelencia con un turismo proveniente de todo el mundo arribando por distintos medios.

Más allá de lo que a veces se aduce en algunos espacios comunicativos y políticos, los vecinos saben apreciar los logros. Al igual que en Santa Fe y sus ciudades,  principalmente Rosario, con la alianza socialista radical -la otra administración presentable en nuestro país- va a ser difícil que por ahora otra fuerza sin un potencial acorde desplace a esas administraciones como anticipos de lo nuevo en nuestro país. A favor, los asiste una armadura ideológica más bien liviana con capacidad de desplegar los alerones en la dirección del viento global.

Buenos Aires se verá muy favorecido en la medida en que muchos parámetros de su crecimiento se compatibilicen con el diseño virtuoso de un desarrollo federal y regional. No gana la Ciudad porque un pasajero que desea volar de Corrientes a Córdoba deba pasar por Aeroparque; tampoco que para cruzar de la Autopista Balbín a la Illia un automovilista sea obligado a bajar a la 9 de Julio; ni que el polietileno que se fabrica en Bahía Blanca tenga que venir por tren para ser embarcado en Buenos Aires con destino a Brasil pudiéndolo hacer en el puerto de aquella ciudad del Sur bonaerense. En fin, sobran los ejemplos, uno más irritante que el otro. Nuestras exportaciones al Asia Pacífico deben salir cruzando la Cordillera. Necesitamos en materia de aviación una política de cielos abiertos con empresas competitivas independientemente de su origen. La Reina del Plata debe ser atractiva sin necesidad de que nadie se vea obligado a pasar por ella si no lo desea. El punto de vista unitario-porteño ha sido de suma cero a lo largo de nuestra historia y lo es aún hoy. Hay teoría suficiente y sobran los ejemplos aquí y en todo el mundo como para demostrar la forma nociva en que aumentan la entropía los vulgares esquemas radiocéntricos. En la medida en que saque esos lastres de su mochila, Buenos Aires seguirá progresando aún más en armonía con todo el país y la región.


Ing. Alberto Ford



Arroyo del Gato, 25 de octubre de 2013