martes, 19 de marzo de 2024

 

¿Por qué pelean China y EE.UU? ¿Podemos sacar algún partido?

Detrás, muy detrás de la parafernalia informativa sobre coronavirus, el mundo continúa su marcha. Aunque parezca lo contrario se siguen cocinando cosas trascendentes que ya venían de antes.

 26 febrero, 2021

 Por: Alberto Ford

Hay quienes auguran que en la economía global se viene un boom post-pandemia (puede ser, cierta lógica nos dice que los encierros prolongados promueven el desenfreno consumista).

¿Y por casa cómo andamos? Argentina es un desastre. Tenemos el peor gobierno de la historia. Pero bueno, siempre que llovió paró. El mejicano Slim pide paciencia. Nos recuerda que Argentina se endeudó en demasía pero está convencido que va a salir. Puede ser. No es solo optimismo. Como dijo en Madrid en 1992 el eminente politólogo brasileño Helio Jaguaribe (y un ex presidente plagió para provocar una sorna extendida) “Argentina está condenada al éxito”.

Pero para que eso ocurra tienen que pasar muchas cosas afuera. Sobre todo en China y EE.UU, que se viven peleando. ¿Por qué? Aquí hablaremos de ambos, porque las explicaciones a mano no aclaran las razones del contencioso ni ayudan a imaginar cómo puede continuar o si podemos ser afectados en más o en menos por el enfrentamiento.

La evolución de la cuestión china es tan sorprendente que da lugar a las más variadas interpretaciones. Se trata de un país que hace 50 años se debatía en la miseria y hoy le disputa el liderazgo mundial nada menos que a EEUU. Según los medios y la academia, el mundo ha entrado en una nueva bipolaridad, una especie de guerra fría tal vez más light que la anterior, pero guerra al fin.

La novedad, que desconcierta, aconseja parar la pelota y tomar distancia para ver los cambios que se están produciendo en el tablero mundial. En una palabra, o en un ajustado resumen -que no excluye para quien le desee una exhaustiva investigación sobre cada una de las facetas de este nuevo diamante conceptual – ¿cómo se explica el emergente fenómeno chino? ¿Realmente está en condiciones de competir con EE.UU?

En el pasado China fue una potencia. Es el país de donde surgieron conocidos inventos como la pólvora, el papel y la seda. Esta última prestó su nombre para la denominación del largo camino que conectó durante siglos el Oriente con Occidente, la llamada Ruta de la Seda. Luego, como ocurre siempre, sucedió la decadencia; las potencias coloniales ocuparon de su territorio. El episodio más resonante en el siglo XIX fue la Guerra del Opio protagonizada por el imperio británico.

Desde esos años el país fue asolado por contiendas civiles intestinas. Hay una novela imperdible, La Condición Humana del político y escritor francés André Malraux, que describe esos escenarios caóticos de la primera parte del siglo XX. En los años treinta se produce la ocupación japonesa en la que se cometieron atrocidades inenarrables.

La gestión maoísta

En 1949 tiene lugar la fundación de la República Popular. El inicio de la gestión maoísta, como toda revolución, generó expectativas en gran parte de la población, cansada de tanta anomia. Lamentablemente, muy pronto se puso de manifiesto el aventurerismo de esa gestión. Hay dos hechos que lo certifican: el Gran Salto Adelante, a fines de los cincuenta, y la Gran Revolución Cultural Proletaria, en los sesenta.

La primera iniciativa consistió en el intento de transformar la tradicional economía agraria china a través de una rápida industrialización y colectivización movilizando toda la población del país. Se llegó al absurdo intento de producir acero con rudimentarios cubilotes al nivel de cada aldea.

El resultado fue el colapso de todo el incipiente sistema productivo que se iba construyendo trabajosamente con el aporte de la ex URSS. Se estima que la malhadada temeridad provocó 30 millones de víctimas por lo que es conocida también como la “gran hambruna china”.

En cambio, la pretendida revolución cultural, iniciada en 1966, afectó hondamente la vida académica y científica hasta su extinción. Tuvo gran impacto en el imaginario colectivo y dio lugar a una implacable persecución de la intelectualidad con la intención de imponer el ideario de Mao contenido en el famoso “libro rojo”. Las estimaciones de la cantidad de muertos de esta segunda y correlativa aventura llegan a 20 millones.

Por esos años comienza otra historia, en este caso en Occidente, principalmente en EE.UU. Es fundamental referirla porque sus implicancias más profundas explican el destape que tendría lugar en China al poco tiempo. La llegada a la luna, aparte de un logro en C&T impresionante, obró de metáfora del cambio que se estaba produciendo en el capitalismo. Ese cambio se materializa en un hecho inédito e insólito: la Revolución C&T hace posible que la producción posible de bienes y servicios a nivel planetario esté por encima de cualquier demanda potencial. En 1977, precisamente, se elaboran proteínas suficientes para alimentar a toda la humanidad. Dos hechos de una enorme significación no solo fáctica sino simbólica.

Henry Kissinger fungió de gran titiritero en la emergencia. Sin duda, HK, el más eficaz negociador que ha dado la historia política, obró de factótum de acortamientos decisivos. Desde 1969 a 1977, durante las administraciones de Nixon y Ford, fue Consejero de Seguridad Nacional y Secretario de Estado. Tuvo un rol protagónico en la firma del Tratado SALT con la ex URSS para la limitación de armas estratégicas. Le fue concedido el Premio Nobel de la Paz por sacar a EEUU del atolladero de Vietnam. Promovió y respaldo las dictaduras del cono sur de América –incluida la de Videla- por medio del siniestro Plan Cóndor y asistió atentamente al Mundial 78desde la platea.

Fue miembro activo del Grupo Bilderberg (promovido en 1954 por el príncipe Bernardo de Holanda, abuelo político de la reina Máxima) y fundador, con David Rockefeller, de la Comisión Trilateral, ambos grupos de elite donde se pergeñaron en el más alto nivel de decisión las políticas globales de ese momento. Y aquí viene el episodio chino.

Está plenamente documentado el interés de la dirigencia capitalista de los países desarrollados en abrir el mercado chino y todo el Lejano Oriente para aprovechar las ventajas que suponía entonces una población superior a los 1000 millones. HK promovió la sorpresiva reunión de Richard Nixon con Mao Tse-Tung (ahora Mao Zedong) y Chou En-lai (Zhou Enlai), que tuvo lugar en Pekín (Beijing) en 1972. Fue su capolavoro.

Para enmascarar el verdadero objetivo el encuentro fue presentado como una pretendida entente antisoviética (ahora se ve, más allá de una retórica inflamada y algunos chisporroteos de frontera, que la relación sino-soviética nunca se vio interrumpida); en realidad, el inesperado evento sino-norteamericano al máximo nivel estaba preparando el escenario para la desaparición de la gerontocracia comunista -ocurrida en 1976 con la muerte de Mao y Chou- para el ascenso de Deng Xiaoping, un dirigente también del PCCh pero renovador, que permanecía en segundo plano a la espera de su oportunidad.

Apertura y modernización

A partir de 1979 Deng no perdió el tiempo. Luego de un publicitado viaje a EEUU, dio comienzo a la primera modernización y apertura de un país del sistema socialista que, en todos los casos, eran comandados por partidos comunistas. En EEUU y los países de Europa occidental, se comenzó con la trasposición masiva de infraestructura productiva de media y baja tecnología y mano de obra intensiva. En sus lugares de origen, las industrias relocalizadas debían ceder terreno ante al ímpetu arrollador de las nuevas opciones productivas derivadas de la RC&T como era el caso de la ola del Silicon Valley en EEUU.

Las razones de tamaña movida eran de peso. Aparte del tamaño de su mercado, China ofrecía el uso extensivo de mano de obra barato y, sobre todo, la garantía de un régimen autoritario que le reportaba paz social para cualquier proyecto de radicación industrial.

Nada de sindicatos ni otras instancias de defensa de los derechos de los trabajadores. Pocos años después, en la plaza de Tiananmén, se demostró que no había margen para las protestas.

Miles de empresas de ramas enteras de la producción (juguetes, herramientas, vestimenta, etc.) se fueron instalando en territorio chino con el aporte de maquinarias, tecnologías y personal calificado desde sus lugares de origen. La propiedad fue mantenida bajo diversas formas contractuales. Comenzó así la operación logística más grande y exitosa de la historia.

Hay dos aspectos de la operación a dilucidar para entender los fundamentos de la misma y, sobre todo, la evolución lógica de las implicancias geoestratégicas. Ellos son: la composición del negocio y la parafernalia tecno científica utilizada.

Obviamente, ningún empresario se iría a tomar el trabajo de trasladarse a China si ello no le reportara un beneficio razonable. Hay un ejemplo conocido que es demostrativo: el de la muñeca Barbie. El juguete se vende en EE.UU a U$S 10 mientras que su valor, puesta en el puerto chino, es de 1 U$S contando tela y mano de obra. Los U$S 9 de diferencia se reparten entre el traslado a cargo de las traders (se quedan con la parte del león), el costo mayorista y la ganancia del comerciante, todos beneficios off shore China. Este es un caso de una producción de baja tecnología. En la producción de las más de 10.000 grandes empresas de capital extranjero (las formas de propiedad son diversas y se van modificando periódicamente), la construcción del precio de los bienes y servicios podrá variar pero sin transgredir los fundamentos de los acuerdo de participación iniciales.

En la actualidad es tan grande la producción y el comercio chino que ha llegado a ser la segunda economía detrás de EEUU. Nótese que éste, a pesar de transferirle ramas enteras de la industria, conserva su posición de primera economía. El secreto no es otro que la innovación, el agregado de valor tecnológico y productivo a bienes y servicios que normalmente no están en las góndolas.

Este proceso de traslación de facilidades industriales ha sido permanente en los últimos 40 años. Ahora, algo está cambiando como se ve en crisis de Huawei con la 5G que ha llevado a que el gigante chino de la venta de dispositivos electrónicos pasara de tercero a quinto puesto en el nivel de ventas… porque los EEUU le cortaron el chorro en la provisión de chips de última generación. ¿La guerra comercial es entre iguales? ¿Se puede modificar con el tiempo esta situación de dependencia estratégica?

Alcanzar la masa crítica

China carece de una posición de autonomía en investigación y desarrollo (I+D). La explicación es simple. Un sistema de I+D relevante no se puede armar desde cero ni de la noche a la mañana. No olvidemos que el sistema académico y científico chino fue totalmente destruido por las aventuras maoístas de los años cincuenta y sesenta.

Cuando comienza el traslado masivo de factores de producción, se lo hace con tecnología embarcada, y toda la capacidad de técnicos y científicos chinos (sin duda muy importante) se habrá utilizado y se lo seguirá haciendo para levantar las infraestructuras edilicias y productivas haciendo las adaptaciones necesarias de tecnologías elaboradas en Occidente.

Un trabajo ciclópeo pero que de ninguna manera implica alcanzar masa crítica para emprender un camino independiente en materia tecnológica si el gigante oriental se lo hubiera propuesto. China tiene entre medio y un millón de estudiantes en EEUU en universidades de élite donde los cazatalentos no se dan respiro.

Obviamente, los mejores se quedan en sus laboratorios y empresas; los que regresan a China lo hacen como participantes de programas de investigación ya en curso. Todo lo anterior es concebido desde la base de una supuesta confrontación que está en el imaginario de quienes pretenden ver lo nuevo con el espejo retrovisor. La relación entre China y EEUU, considerando el máximo nivel de gobernabilidad, es de absoluta complementariedad ahora y más en el futuro. Y entonces, ¿por qué se pelean?

Las explicaciones y puntos de vistas con que voy a jugar en este acápite transitan el terreno de lo hipotético. Me referiré a cosas que todavía no han pasado o apenas se las puede vislumbrar por débiles indicios.

Por cierto, carecemos de un marco teórico que las pueda adelantar. No queda otra que esperar a que el futuro se haga presente para ver si las afirmaciones y conjetura tienen asidero o son simples especulaciones descartables.

En primer lugar, la cuestión del poder para entender la relación sino-norteamericana se debe mirar no solo desde la confrontación sino también desde la complementariedad.

El poder es cuántico. Haciendo un símil con el átomo, sus influjos se desenvuelven por andariveles paralelos, que se influencian pero no se tocan. Hay un núcleo de poder consensuado que es el G20. En las 15 presidencias que vienen funcionando ininterrumpidamente desde 2008, no hay un sí ni un no. Todo es por consenso, y las conclusiones que influencian forzosamente todo el andamiaje del poder global, pueden ser consultadas en la pantalla del tablet con solo un clicEsos influjos están contenidos en declaraciones aprobadas, firmadas y publicadas por los presidentes de los países que aportan el 85% del PBI del planeta. Sin embargo, este aspecto decisivo de la gobernabilidad global no forma parte de la realidad.

La realidad es un constructo y los constructores son los hombres a través de los medios. Toda (absolutamente toda) la información usualmente hoy provista se refiere a lo que configura el andarivel de las relaciones internacionales; es decir, el segundo nivel de la gobernabilidad. Ahí los países pueden guerrear (por supuesto sin que la sangre llegue al rio porque el nivel superior determina que no llegue) y, hacia abajo, hay lugar para el conjunto de relaciones en sucesivos niveles de confrontación/complementariedad que gobiernan las sociedades hasta los hechos corrientes de los individuos y las familias.

Todo depende del orbital que se considere, como en el átomo, más o menos alejados del núcleo.

El otro aspecto a considerar -de enorme importancia y atractivo epistemológico- es el de la globalización y sus momentos. Estoy persuadido de que hemos ingresado en la fase superior de la globalización. El proceso incipiente se desarrollará alrededor de tres variables; la pobreza, la conectividad de la infraestructura global y diversos cambios institucionales derivados de la crisis irreversible de los estado-naciones y el desgaste de la configuración multilateralista.

Como fase intermedia, instrumental, el mundo se está asumiendo en macrorregiones; la más novedosa tiene que ver con el Lejano Oriente. Hace muy poco se ha formado la Asociación Económica Integral Regional (RCEP) que China integra en un pie de igualdad con todos sus vecinos.

No pocos analistas le asignan a China una posición dominante en la región a partir del hecho de que en ese país radica la mayor infraestructura industrial del mundo. En realidad en ninguna biblioteca está escrito que una posición de primacía en la producción y el comercio, se traduzca automáticamente en una hegemonía geopolítica.

Históricamente China no ha tenido relaciones fluidas con sus vecinos (salvo Pakistán y Corea del Norte que es un vasallo). En esa situación no es correcto imaginar algún tipo de supremacía presente o futura de primus inter pares. Tampoco son concebibles otros conflictos de mayor alcance. Hace unos meses, una escaramuza en el Tíbet entre la India y China del tipo de la que en 1962 llevó a una guerra sangrienta, fue zanjada esa misma mañana con una oportuna conversación telefónica entre ambos cancilleres.

Por razones obvias a China se le ha asignado o se ha impuesto un rol específico en esta fase de la globalización, no solo en su macrorregión sino en todo el mundo (aunque menor en AL); en particular, con el concurso del proyecto global más importante de la actualidad: La Ruta de la Seda. China ha adquirido una enorme experiencia en la construcción de infraestructura de conectividad alumbrando una retícula asombrosa en su difícil territorio, desértico y montañoso, plagado de dificultades de acceso. Además, dispone de reservas suficientes y una ambición indisimulable de recuperar el rol simbólico de gran potencia que le cupo en el pasado. Más allá de cualquier especulación, China está ocupando en la consideración global una posición de privilegio plenamente merecida por ser la experiencia en materia de cooperación para el desarrollo más exitosa y sorprendente que ha emprendido el capitalismo.

Lo que queda afuera

El comercio global es un sistema de enorme complejidad, en constante evolución y cambio, del que en realidad se conoce solo una parte menor de su vasto universo. Las posiciones arancelarias, el indicador más fiable para representar la magnitud del intercambio, se refieren solo a los bienes y servicios físicos terminados que normalmente atraviesan aduanas.

De ese esquema simplificado, hasta ahora, queda afuera todo lo referido a las cadenas globales de valor y el comercio electrónico. Como ejemplo demostrativo de esta situación de precariedad, está la intención del G20 de tener, recién para 2030, un sistema de algoritmos que permitan una tributación equitativa de las partes que componen los productos terminados, sin que sean solo los países donde están las ensambladoras los que se queden con la frutilla del postre.

En síntesis, la tributación de la producción de bienes y servicios terminados no llega a un cuarto de lo que podría. Es la parte del comercio global que está afectado por la “guerra comercial”; el resto permanece en el anonimato y por ahora no se toca.

Hay otro aspecto de la cuestión que no siempre se considera. La figura “guerra comercial EE.UU vs. China” en la práctica no tiene en cuenta que en China hay decenas de miles de empresas de capital norteamericano y de otros países capitalistas, bajo diversas modalidades de propiedad.

Algunas de esas empresas y otras inversiones, como está ocurriendo sin cesar desde Obama, están reasignando sus cuotas de mercado sin necesidad de repatriar sus instalaciones. La mayoría quedará apostando a la previsible ampliación del mercado que traerá aparejada la constitución del RCEP y otras políticas como las medidas tendientes a la disminución en China del ahorro interno cautivo.

Al recuperar cuotas de mercados, capitales y capacidad productiva, la economía norteamericana tiene la oportunidad de obrar no solo en su beneficio sino de abrir otras opciones. La sorpresiva movida, según las prácticas establecidas, caracterizada por el hecho de que por primera vez un representante de EE.UU accediera a la presidencia del BID –el funcionario de origen cubano Mauricio Claver Carone- sumado a programas como “América Crece” (pensado como un Plan Marshall para competir con La Ruta de la Seda en la región), llevan a posar la vista en el hemisferio americano.

También hay que considerar la política de repliegue con respecto a Europa y Asia emprendida por Trump y que, hasta donde se ve,  Biden no va a modificar en lo sustancial más allá de las expectativas creadas al respecto y de algunas medidas de relativa importancia que formaban parte de las promesas de campaña (Acuerdo de París, OMS, inmigración).

China seguirá impulsando la Ruta de la Seda, un megaproyecto que no contiene un ápice de nada que no sea la ambición de expandir su comercio. Y para sinergizar su intención es necesario modificar a nivel planetario las limitaciones de las configuraciones radiocéntricas de la comunicación física, heredadas de las etapas colonial e imperialista, por otras de sentido reticular donde los intercambios se dan en todas las direcciones y sentidos sin la obligación de pasar por las metrópolis para depositar el óbolo. Al respecto, nada más ilustrativo que la configuración china en materia de ferrocarriles construida en los últimos años, comparada con lo que se hizo en nuestro país con motivo del modelo agroexportador.

En un caso es una retícula perfecta, donde la trama y la urdimbre privilegian la amplia vinculación entre todos los puntos de la geografía. En nuestro país, todos los recorridos terminaban en el puerto de Buenos Aires. La diferencia de configuración afecta el equilibrio territorial que es, desde la dinámica de los sistemas, la principal variable en condicionar el desarrollo integral de un país o una región.
Cualquiera sea la evolución de los conflictos aludidos, se abre una expectativa para los países latinoamericanos cuyos cambios fundamentales (buenos y malos) siempre han sido disparados por una combinación asimétrica de factores exógenos y endógenos.

https://mercado.com.ar/geopolitica/por-que-pelean-china-y-ee-uu-podemos-sacar-algun-partido/


viernes, 8 de marzo de 2024

 


 

Brasil incrementa su protagonismo con el G20

 

Brasil ejerce la presidencia del Grupo de los Veinte 20 durante 2024. Lo hace en un mundo condicionado por las guerras de Ucrania y Gaza frente a las cuales los países se posicionan según el lado que ocupen en la grieta global. La gestación y el curso de esos conflictos así como su influencia generalizada no solo inciden en las relaciones internacionales; también actúan recursivamente sobre el G20 al punto de modificar su idea liminar.

Fue en la reunión del G7 en Inglaterra en junio de 2021 donde el Occidente democrático cuestionó al G20 por ser demasiado imparcial. Según ellos, las exigencias de funcionar por consenso obraban de obstáculo insalvable para expresar libremente sus críticas lo que les impedía adoptar actitudes más comprometidas y excluyentes en temas de índole geopolítica.

Por su parte, el Departamento de Estado de EEUU en diciembre de ese mismo año convocó a 100 países considerados demócratas en promedio con el fin de realizar la Cumbre virtual de la Democracia. El diseño de la actividad -vista como arbitraria por importantes referentes de aquel país- dejó de lado al resto de los países del mundo a los que denominó autócratas.

A partir de ese momento el imaginario colectivo comenzó a ser bombardeado a diario con abundante información referida a las relaciones internacionales cuyo registro, salvando las distancias, podía ser asimilado al del mundo surgido de la Segunda Guerra Mundial. Nace así una nueva guerra fría 2.0 con los bandos separados por una grieta virtual pero de alcance global.

No obstante, el G20 siguió con vida, no perdió sentido. Su máxima representatividad en el concierto de las naciones, su influencia en la gobernanza del mundo aquilatada por un breve pero fructífero recorrido en la segunda década del siglo sumado al exclusivo expertise disponible a esos niveles, continúan haciendo del Grupo la máxima autoridad en el manejo de la agenda global. A ello se suman las ventajas políticas derivadas de su esencia a pesar de que, en contra de lo que a veces se cree, el G20 nunca ha sido un espacio para la resolución de conflictos pero sí para facilitar contactos informales al margen de las deliberaciones. Lo demuestra el breve encuentro entre la secretaria del Tesoro de EEUU Janet Yellen y el ministro Luis Caputo en el G20 lo que se reflejó en un tuit ampliamente difundido como una expresión de compromiso de EEUU con los destinos del actual proyecto gubernamental de la Argentina.

Al hospedar la presidencia pro-tempore, el Brasil saca partida de lo que son ventajas comparativas en el competitivo mundo de hoy; por añadidura, como integrante de los ascendentes BRICS, dichas características hacen que el país hermano siga incrementando su protagonismo desde los marcos del Sur Global para lo cual, como un valor agregado, cuenta con la apoyatura de la experimentada diplomacia de Itamaraty. El contexto no puede ser más favorable para satisfacer sus ambiciones en un mundo que va cambiando aceleradamente al punto de que para The Washington Post estamos frente al fin del orden de un mundo basado en reglas, el estandarte simbólico de la diplomacia de EEUU.

Los cambios geopolíticos no se dan respiro. Las alianzas y los nuevos alineamientos (la novedad es el entredicho EEUU con Israel por la negativa de este para la instalación de un estado palestino), las transformaciones ambientales profundas como las que amenazan al agro europeo -un tema que se sigue atentamente desde el Cono Sur de América-, la guerra tecnológica para disminuir los nanómetros de los microprocesadores, los replanteos en las conectividades terrestres y marítimas globales como lo referido a la Ruta del Norte por el Ártico o la acción de los terroristas hutíes entorpeciendo el paso por el Canal de Suez, son algunas de las dificultades para el abordaje conceptual de un mundo altamente complejo en el que Brasil tiene que ejercer su presidencia.

Un G20 aún importante para el manejo de la agenda global

Si bien el G20 comenzó a funcionar el 1999, a nivel de la cumbre de líderes recién lo hizo en 2008 cuando se desató la crisis de Wall Street. Su representatividad sin igual la da el hecho de ser la única instancia que convoca a las máximas autoridades del mundo en un clima distendido y sin los apremios de tiempo que normalmente tienen esos líderes. Hasta el año 2021 el Grupo funcionó con secretarías pro tempore anuales que fueron rotando por los distintos países constituyentes sin prácticamente inasistencia de los líderes a sus cumbres.

Las diferencias donde no se pudo arribar a un consenso se fueron salvando con adendas (el cuestionamiento de Trump al Acuerdo de París en Hamburgo en 2017 fue el primer caso), o con formas más restrictivas como es la actual decisión de la Unión Europea de no firmar declaraciones que omitan la condena a Rusia por la guerra de Ucrania. En Brasil se ha intentado cuidar las formas con una conferencia del anfitrión informando a la prensa sobre las reuniones ministeriales en las que sean previsible las controversias.

De cualquier manera el G20 continúa como administrador excluyente de la agenda global donde hay temas cuya relación con la geopolítica no es o es menos conflictiva. El G20 actúa en un plano supranacional y como hemos dicho no toma decisiones pero a través de su ineludible influencia puede determinar cambios de situaciones como ninguna otra instancia lo podría hacer. Obviamente, si los líderes que financian los organismos decisores se ponen de acuerdo no hay otra opción que adecuarse. Un ejemplo es la tasa del 15 % a las todopoderosas empresas tecnológicas “sugerida” por el G20.

Luego de un tiempo de maduración desde que en 2013 en la Cumbre del G20 en San Petersburgo fuera presentado el BEPS (sigla en inglés que hace alusión a la “erosión de la base imponible y el traslado de los beneficios”) como programa de la OECD, en Venecia, en 2021, el G20 estableció que los gobiernos nacionales debían imponer un impuesto proporcional a las ganancias que las tecnológicas tuvieran en cada país debido a que hasta ese momento esas empresas de acuerdo a su conveniencia tributaban en un solo país donde la fiscalidad era menor.

El G20 no es una estructura estable anclado a una sede y una burocracia ad-hoc. Por el contrario, es un espacio funcional que rota anualmente por los distintos países del grupo. Estos tienen el cometido de llevar a la cumbre los intercambios entre los líderes y realizar decenas de reuniones de sus diversas instancias. Innegablemente el Grupo de los Veinte (ahora 21 con el ingreso de la Unión Africana) sigue siendo la organización de mayor poder de la gobernanza global.

El turno del Brasil

La presidencia brasileña del G20 puede ser representada como un aporte al ascenso de los países del Sur Global en el escenario mundial.

Brasil recibió la presidencia del G20 de manos de la India el pasado diciembre, dando lugar al establecimiento de una troika de presidencias con tres países del BRICS (India 2023, Brasil 2024 y Sudáfrica 2025).

India fue precedida por Indonesia en 2022, lo que dio comienzo a un esfuerzo de cuatro años para priorizar las necesidades del Sur Global. Dicha secuencia de presidencias del G20 está llamada a abordar cuestiones críticas y urgentes como la desigualdad, el desarrollo, el cambio climático, el multilateralismo, la deuda y la redefinición de las relaciones internacionales.

La Cumbre de Líderes que tendrá lugar del 18 al 19 de noviembre de 2024 en Río de Janeiro estará precedida de la realización de 20 reuniones ministeriales y más de 100 reuniones de los denominados grupos de trabajo (working groups) y las fuerzas de tareas (task forces).

Los grupos de trabajo están constituidos por expertos de los países del G20 coordinados por un representante del correspondiente ministerio anfitrión con el fin de alimentar de contenidos a los segmentos ministeriales y, en última instancia, la propia Cumbre. Por su parte las fuerzas de tareas son grupos de trabajo especializados para una profundización del diálogo y la cooperación entre los ministros en temas de mayor urgencia.

Brasil ha propuesto lanzar un grupo de trabajo llamado Alianza Global contra el Hambre y la Pobreza con la consigna construir un mundo justo y un planeta sostenible; asimismo, ha introducido el G20 Social para aumentar la participación de las partes interesadas no gubernamentales en las actividades y procesos de toma de decisiones.

El G20 Social está compuesto por los 13 grupos de participación (engagement groups) formados hasta ahora a lo largo de su actividad: C20 (sociedad civil); T20 (grupos de expertos); Y20 (Juventud); W20 (mujeres); L20 (laboral); U20 (Ciudades); B20 (Negocios); S20 (Ciencia); Startup20 (Nuevas empresas); P20 (Parlamentos); EFS20 (Entidades fiscalizadoras superiores); J20 (Tribunales Supremos) y O20 (Océanos).

El Think20 (T20) y su lema Repensemos el mundo a menudo es denominado el “banco de ideas del G20”.

El T20 en Brasil ha formado seis grupos de trabajo que abordarán los tres temas que el Presidente Lula ha declarado como prioritarios:

1)      desigualdades, pobreza y hambre;

2)      desarrollo sostenible en sus cuatro dimensiones

a)         acción climática y transición energética;

b)         arquitectura financiera internacional;

c)         comercio e inversión para un crecimiento sostenible;

d)         transformación digital inclusiva;

3)      Fortalecer el multilateralismo y la gobernanza global.

 

La presidencia brasileña tendrá el difícil cometido de gestionar sin que desborde la problemática derivada de la guerra entre Israel y Hamas, la guerra de Rusia en Ucrania, las sanciones globales, las fricciones actuales entre Estados Unidos y China así como la sensibilidad de los participantes en las deliberaciones, en un contexto donde las intensas divisiones geopolíticas existentes entre los miembros del G20 pueden impedir la firma de algunas declaraciones específicas y hasta la propia Declaración de los Líderes.

 

La realización de la cumbre del G20 de Brasil coincidirá con las elecciones estadounidenses; también con la COP29 la que a su vez allanará el camino a la COP30 a realizarse en Belem el año que viene. El país hermano también asumirá la presidencia del grupo BRICS dándole al presidente Lula la posibilidad de mostrar al mundo la creciente capacidad de liderazgo del Brasil para terciar en el discurso de la gobernanza global.

 

Ing. Alberto Ford

IRI/UNLP

<albertoford42@yahoo.com.ar>

Buenos Aires, marzo de 2024

 

miércoles, 10 de enero de 2024

 Milei reinstala nuestro país en un mundo complejo

La nueva administración ha generado desconcierto entre políticos, legisladores y medios, dando lugar a un estado de ánimo difícil de manejar que se potencia con una cierta inquietud entre la gente de a pie cuando frente a la góndola toma conciencia del verdadero estado de una economía totalmente colapsada producto de tantos años de barrer la tierra debajo de la alfombra.

El gobierno de Milei es novedoso por no provenir de la casta política como a él le gusta denominar a la clase política; también lo es por la forma en que encara la gestión que no se sabe cómo tomarla, y la audacia de poner al descubierto el lado oculto de una decadencia que nos viene agobiando desde hace más de ochenta años.

Cualquier intento de analizar la situación recién generada con patrones conceptuales del pasado no promete buenos resultados porque la complejidad de los tiempos que corren requiere otro tipo de herramientas epistemológicas.

 

Luego de ser vistos durante años como un caso de estudio, la nueva situación abierta en la Argentina comienza a concitar otro tipo de interés. El cambio de actitud radica en el ascenso a la presidencia del libertario Javier Milei, un resultado sorpresivo del que se viene informando en las primeras planas de los portales y diarios del mundo.

De aquí en más la atención ya no solo será prestada debido a la fatal agudización de los problemas económicos devenidos en los años que siguieron a 1930 cuando nuestro país descendió sin escalas a la B después de haber estado jugando durante décadas en la premier league.

Una sucesión de gobiernos predominantemente peronistas, militares y en menor medida radicales, a propósito o por incompetencia y/o quedantismo, fueron construyendo durante ocho décadas un edificio sin cimientos fatalmente destinado a sucumbir por imperio de su propio peso.

El blanqueamiento en los inicios del gobierno de Milei de las argucias de toda una normativa que en los años de la decadencia se fue superponiendo como capas geológicas, contribuye a evidenciar ante nosotros y el mundo que el desmonte de ese laberinto pseudoinstitucional es imprescindible para retomar la senda del crecimiento a pesar de la obvia resistencia que están mostrando las corporaciones afectadas y el temor y la incertidumbre de la gente común que ha sido desinformada o engañada miserablemente en sus justa expectativas.

Surge la pregunta de si Milei será capaz de cumplir con la catarata de medidas conocidas digna de figurar en Libro Guinness por su cantidad, diversidad y formato, y si el mundo que le toca enfrentar facilitará esos objetivos ya que el logro de no poco de lo que se propone está condicionado por el grado de apertura y aceptación que alcance nuestro país luego de décadas de encierro.

La Argentina no está aislada

Cristina Kirchner fiel a su visión conspirativa ha dicho peyorativamente que el presidente Milei es un títere manipulado desde afuera. Aparte de la previsible intención obstruccionista del peronismo frente al nuevo gobierno, cabe preguntar si la Argentina puede ser administrada como si estuviera en un cerco inmune a las influencias externas.

La presunción malintencionada no tiene en cuenta que la historia es clara respecto. En los inicios de los tres ciclos largos schumpeterianos en que se divide la vida política de nuestro país los factores exógenos han sido determinantes: 1776 la creación por parte de Carlos III del Virreinato del Rio de la Plata para crear una alternativa a la Ruta del Pacífico, en 1860 el inicio del modelo agroexportador estimulado por Revolución Industrial y la Guerra de Crimea que afectaron el mercado internacional de cereales, y en la década de 1930 la crisis mundial y la firma del Tratado Roca Runciman.

Es difícil imaginar que en esas circunstancias nuestras élites hubieran podido actuar independientemente como tampoco podría serlo ahora que tenemos en Buenos Aires la misión del FMI para discutir el tratamiento de deuda con todos los condicionamientos que ello implica.

La modalidad elegida para gobernar en estos primeros tramos genera mucho desconcierto no solo entre la gente común sino también entre analistas experimentados.

Con una enorme cantidad de iniciativas simultáneas y entre las que hay algunas que son tildadas de irrelevantes, que no han dado tiempo para el respiro sobre todo de políticos, legisladores y medios, traducidas en decretos y proyectos de ley, medidas para desregular la economía, protocolos y ordenanzas, etc., la nueva administración en forma arrolladora y con un ánimo inocultablemente fundacional, se ha propuesto cuestionar o simplemente poner de relieve -lo cual en Argentina es una actividad riesgosa- todo un andamiaje normativo que se vino elaborando desde hace muchas décadas.

Pero la sola presentación de las iniciativas ha evidenciado como nunca –lo que ha provocado una inocultable incomodidad en distintos medios- la estructura estatal y corporativa que obró de sustento para la configuración de un abigarrado sistema normativo actuando como causa y efecto en el desarrollo de los acontecimientos.

Las reacciones a medidas provienen grosso modo de tres agrupamientos: los que rechazan forma y contenido de los nuevos instrumentos que orbitan en el peronismo, los que acuerdan con el 80% de la propuesta pero consideran que la forma elegida no es la correcta referenciados en un Juntos por el Cambio con los bordes recortados, y los que aprueban las propuestas desde el gobierno más una mayoría silenciosa de votantes que ha reafirmado sus posiciones en las encuestas de estos días.

Obviamente no todo se podrá resolver de golpe. Las alternativas de cumplimiento son variadas aunque no solo no es deseable sino que también es improbable que se vuelvan a repetir las frustraciones del pasado. Hay fuertes razones internas y externas. Tampoco es posible que todo se haga exactamente como está planteado. Habrá prueba y error; no podría ser de otra manera.

El gradualismo no ha dado resultados como se demostró en la gestión macrista. A medida que se van atacando las cosas a resolver, se van generando mecanismos reactivos que retardan todo el trámite hasta que al final todo queda igual pero con una cuota adicional de frustración.

El “modelo” Milei

El presidente ha sido encuadrado -incluso él mismo lo ha hecho para sí- en los cánones del anarcocapitalismo. Al respecto, es interesante repasar cómo se lo ve desde afuera, en particular desde ambos lados de la grieta global.

El New York Times  tituló una nota “Argentina se prepara para un presidente ‘anarcocapitalista’…Javier Milei ha dicho que la sociedad es mejor sin Estado. Ahora está a punto de dirigir el de Argentina.”

Las idas y venidas de funcionarios de ambos países después de la elección, y ya habiendo asumido el nuevo presidente, demuestran que el vínculo con EEUU se va a hacer mucho más estrecho de lo que venía siendo con el peronismo. Esa relación estratégica no se verá afectada con el resultado de las elecciones de este año sea o no elegido Donald Trump.

Una de las expresiones más curiosas proviene del Club Valdai con sede en Moscú que vendría a ser como la contraparte del Atlantic Council de EEUU en materia de orientación para los asuntos geopolíticos de sus respectivos gobiernos.

En general la diplomacia y los medios rusos demuestran tener mayor afinidad con los gobiernos populistas y no han disimulado su desencanto con la derrota del peronismo.

Según una publicación del portal del mencionado club la victoria de Milei en Argentina ha tenido un impacto significativo en al menos dos temas importantes en América Latina:

1)      un nuevo realineamiento geopolítico en la región que podría tener repercusiones en el escenario mundial, y

2)      el ascenso relativo de Estados Unidos y el núcleo del viejo poder del Norte Global.

Curiosamente al gobierno de Milei se lo asocia con la perestroika que dio fin a la Unión Soviética lo que denotaría “un periodo abierto en América Latina cuyas acciones están marcadas más por una obsesión ideológica que por la preocupación por los intereses del Estado”. 

Para el autor de la nota la ausencia de altos funcionarios en la asunción del nuevo mandatario indica “el aislamiento internacional que le espera a Argentina durante el mandato de cuatro años del autoproclamado ‘anarcocapitalista’”.

Las recurrentes menciones al anarcocapitalismo son rastreables por su huella teórica y llevan inevitablemente a conocidas figuras de la Academia como la del pensador norteamericano Murray Rothbard y su discípulo el alemán Hans Hoppe. 

Sin embargo hay algunos aspectos de la dinámica inicial en la gestión de Milei que remiten a la noción de caos, no en el sentido vulgar, sino acorde a las teorías (por ejemplo en Robert P. Murphy para quien “a partir del caos crece una libertad ordenada”) que lo emparentan con el anarcocapitalismo y conciben el caos como aquel estado de las cosas de las que puede emerger la libertad, es decir, no la consecuencia de un caos destructor sino del que es capaz de dar nacimiento a un nuevo orden creativo.

Algún baquiano avezado podría distinguir las pisadas de Cambridge Analytica si esta empresa no hubiera sucumbido en 2018 luego de haber estado según se dice husmeando en las elecciones del 2015 y habiendo dejado algunos retoños en el ámbito de la consultoría.

En un conjunto variopinto, las dos tareas fundamentales

La previsibilidad, la estabilidad jurídica, la economía en orden, un estado pequeño, eficiente y eficaz, y en general toda una normativa moderna, pueden facilitar la venida de capitales internacionales y la repatriación de los nacionales, inicialmente con dos condiciones  principales:

1) irrestricta libertad -solo respetando una normativa al efecto- para inversiones productivas como parte de una política estatal que también contendrá, sin impedimentos, priorizaciones compartidas fijadas con transparencia, y favorecidas por medidas impositivas (círculos concéntricos de fiscalidad decreciente en torno a ciudades inteligentes) proclives al equilibrio territorial y demográfico con un sentido federal y hasta regional con respecto a  los países vecinos.

2) Diseñar y construir una infraestructura de conectividad tendiente a cambiar el modelo radiocéntrico de vías, autopistas, carreteras, tendidos, rutas aéreas y hasta las expectativas del imaginario colectivo, por una configuración reticular, de trama y urdimbre, que permita conectarnos sinérgicamente entre nosotros y con el mundo a través de todo el territorio y las fronteras terrestres, marítimas y del espacio aéreo de nuestro país. Argentina al igual que Brasil debe comerciar e interactuar con todos los países del mundo sin restricciones de ninguna índole.

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Por primera vez desde un gobierno se comienza a hablar de décadas futuras para imaginar los destinos del país. Es una predisposición frecuente en el mundo que, sin embargo, no nos ha distinguido debido a las limitaciones de nuestras élites encorsetadas por sus concepciones de tipo espacial y temporal.

2050 es la fecha clave. El planeamiento de no pocas organizaciones de alcance nacional e internacional utilizan la prospectiva más que para enfrentar, para construir el futuro; un futuro que ya no debe ser pensado en los límites de nuestro Planeta sino en las dimensiones del más allá. Distintos países de ambos lados de la grieta global han reiniciado la carrera espacial y los lanzamientos de cohetes se producen a diario, algunos de ellos ya concebidos para la colonización del planeta Marte. No hay que ser excesivamente imaginativos para ver que está naciendo aceleradamente la civilización cósmica, y nuestro país se debe incorporar desde ya a esa nueva epopeya, la más trascedente de la historia, que alumbrará la especie humana a su salida del seno materno.

 

Ing. Alberto Ford

IRI/UNLP. Enero de 2024

albertoford42@yahoo.com.ar

 

 

 

 

jueves, 7 de diciembre de 2023

 


La victoria de Milei vista por los protagonistas mundiales

El triunfo de Milei repercute adentro y fuera de la Argentina. Por doquier los portales se hacen eco de lo acontecido y especulan sobre el modo en que la situación creada pueda incidir en el futuro del país y su reinserción en la escena internacional.

 7 diciembre, 2023

Por Alberto Ford (*)

Para los observadores locales lo ocurrido es un fin de ciclo aunque como es obvio las opiniones divergen sobre sus eventuales derivaciones. Hay coincidencias en que los realineamientos políticos operados alrededor de los comicios irán afectando la composición de su sistema de partidos.

En esta oportunidad no es el Papa ni un virtuoso de la gambeta con la Nº 5 pegada al pie; tampoco es lo inaudito del 50% de pobres en un país rico. Ahora es Javier Milei, un recién llegado a las lides políticas que apenas era conocido por la gente hace dos años, el que nos ha puesto otra vez en las primeras planas del mundo: el arrasador triunfo del libertario en el balotaje el 19 de noviembre de 2023 ha sorprendido no solo localmente.

Con una retórica subida de tono tan del gusto bolivariano para el presidente Maduro “ganó la extrema derecha neonazi en Argentina… que viene con un proyecto colonial para la Argentina, pero que pretende liderarlo en toda América Latina y el Caribe”. Un poco más calmo, según el presidente de Colombia “ha ganado la extrema derecha en Argentina…es triste para América Latina”. Por su parte, Daniel Ortega acaba de anunciar el retiro de su embajador en Argentina, ante “reiteradas declaraciones” contra su gobierno por parte del presidente electo argentino.

El resto de las declaraciones han sido más formales aunque no disimulan la desconfianza. Los posicionamientos en desarrollo ameritan seguir atentamente la evolución de los acontecimientos a medida que se va instalando, actúa y define su perspectiva la nueva administración.

Fuera de la región las opiniones se diferencian. En el lado democrático de la grieta global, léase EE.UU. o la Unión Europea, las declaraciones son más mesuradas reflejando expectativas que hasta pueden ser esperanzadas.

No lo son tanto del lado autocrático. En el controvertido canal RT que es donde se expresan las posiciones oficiales de la diplomacia rusa las elecciones argentinas fueron seguidas con expectativas hasta que se conocieron los resultados y la actitud pasó a ser distante por no decir desconfiada, como si se hubiera acabado el crédito.

“Hemos tomado nota de una serie de declaraciones que el señor Milei hizo durante la campaña electoral, pero nos centraremos en él y lo juzgaremos principalmente por las declaraciones que haga después de la toma de posesión” declaró el influyente vocero presidencial del Kremlin.

En su primera salida al exterior, el viaje de Milei a EEUU y las entrevistas con Bill Clinton y funcionarios de Biden son un dato relevante para conjeturar sobre el eventual alineamiento del gobierno. La visita la realizó en calidad de presidente electo, aun no en funciones, una situación que habitualmente merece un tratamiento de menor relevancia en la diplomacia; sin embargo fue recibido por Clinton, un ex presidente de gran visibilidad cuyo showing suele ser muy oneroso.

La entrevista con Jake Sullivan fue el plato fuerte de la visita; el funcionario a cargo de la seguridad nacional es el de mayor influencia en la actual administración de EEUU.

Por su parte, Diana Mondino, que estará a cargo de la cancillería, declaró que se opone al ingreso de Argentina a los BRICS desconociendo los compromisos adoptados por el gobierno peronista. Los vaivenes ocurren en medio de una relación con Lula hasta ahora dual mientras se ha privilegiado ostensiblemente la figura de Javier Bolsonaro. Empero, todo se comenzó a normalizar cuando Mondino llevó una carta de Milei al canciller Celso Amorim con la invitación a Lula para que asista a la asunción presidencial.

Milei no está solo. En realidad pocas veces un presidente estuvo tan acompañado, no por el apoyo de un electorado altamente reactivo -una parte propia y otra prestada- sino por el rechazo social provocado por la gestión de peronización extrema ejecutada por la administración saliente.

En un momento alarmaron palabras hirientes para la democracia vertidas por el candidato, pero finalmente en las decisiones del electorado pesó el rechazo a una situación insostenible totalmente carente de perspectivas plausibles.

La gente está harta de promesas incumplidas y quiere sinceridad aunque la verdad sea indigerible. Milei agitando el rechazo a la casta pegó en el clavo. La evidencia de los hechos está más allá de las palabras.

La posición de RT, Maduro y Ortega, el anunciado no ingreso a los BRICS y el viaje a EEUU, nos ubican en el plano político del lado democrático de la grieta global. Con una salvedad: las relaciones internacionales (RR.II) se dan en distintos niveles cuánticos.

Argentina tal vez se irá pareciendo a la hibridez del estilo de la India: se permite estar en la Organización de Cooperación de Shanghái con Rusia, China, Irán, Pakistán y Turquía del lado autocrático de la grieta, y al mismo tiempo en el QUAD con Australia, Japón y EEUU.

Es esperable que nuestro país esté más volcado diplomáticamente a Occidente por razones geopolíticas. Pero al dejar librado a los empresarios el comercio internacional, la posición no carecerá de cierta ambigüedad aunque finalmente en algunas cuestiones aparezca más alineado con EEUU, sobre todo si este país hace valer su pertenencia y se vuelca más al hemisferio americano viendo los problemas que ha tenido en otras latitudes.

Estamos frente a una movida geopolítica de alcance global, una nueva configuración que va tomando cuerpo y se va definiendo sobre la marcha; una expresión nítida de autopoiesis. Hoy no hay nadie, a uno y otro lado de la grieta, que hable mal o se desentienda del multilateralismo. El problema epistemológico que se muestra más complicado que complejo es el de tratar de entender lo nuevo con patrones conceptuales ya vencidos.

Reconfiguración del sistema político

Hubo movimientos sorpresivos alrededor de los comicios. En ese contexto de crisis lo más significativo fueron los desgloses producidos en Juntos por el Cambio por parte de alas del radicalismo y del PRO, lo que contribuyó a blanquear disfuncionalidades que venían trabando la experiencia de unidad más exitosa y promisoria que ha producido la clase media argentina.

Con desprendimientos en sus bordes derecho e izquierdo el purgado de Juntos por el Cambio está preanunciando una reconfiguración inédita del sistema político vigente; sus consecuencias organizacionales se proyectarán más allá de las causas que le dieron origen para afectar todo el sistema de partidos, agrupamientos, andariveles ideológicos, prácticas legislativas y hasta la modulación de la opinión pública. Una inocultable crisis de crecimiento.

Puntualmente el trastorno mayor está a las puertas del peronismo. A lo largo de los 80 años que lleva la prolongada y agobiante decadencia de la vida argentina, el núcleo de poder peronista se ha ido constriñendo hasta quedar su núcleo más refractario afincado solo en una parte del conurbano bonaerense.

El PJ se está quedando en forma ostensible por primera vez y según creo esta vez en forma definitiva sin un liderazgo excluyente para definirse como partido, una carencia insalvable para su ADN organizacional, y una razón de peso para irse transformando sin vueltas en un ensamble irregular por medio de un metabolismo de alcance federal que neutralice las ambiciones de sus dirigentes.

Aunque Antonio Cafiero decía lo contrario: cuando se oía ruido de peleas al interior era que se estaban reproduciendo; pero por ahora los peronistas están aturdidos y no se los escucha salvo como primera minoría en alguna acción puntual de los aprontes legislativos o en las bravatas piqueteras y sindicales.

Como dijo un vocero de Gildo Insfrán “muchas personas que estaban con responsabilidades hoy ya no las tienen”; en buen romance un infructuoso y anacrónico barajar y dar de nuevo en cuanto a promesas y expectativas.

El domingo 19 de noviembre de 2023 con los resultados a la vista, Sergio Massa y su esposa Malena Galmarini se veían despechados con cara de haber sido engañados, como si les hubieran prometido algo distinto a lo que finalmente obtuvieron.

Me viene a la memoria esa larga reunión con Jake Sullivan hace un par de años en la embajada americana cuando Massa sintiéndose futuro presidente planteó que la Argentina podía ejercer un “liderazgo regional”.

Una de las notas destacadas de estos días fue el apoyo suplementario de algunos dirigentes radicales a la candidatura de Massa. Lo ocurrido fue sorpresivo pero no inexplicable si miramos un poco hacia atrás.

La ruta abierta por los cuadros relevantes que compusieron el Movimiento Nacional Alfonsinista (MNA) para insertarse y tener un desempeño destacado en las filas peronistas, estaban preanunciando un sinceramiento que ahora emerge con una claridad meridiana para los realineamientos partidarios y de paso para los estudios académicos.

La constitución del MNA una corriente químicamente pura proveniente del radicalismo no fue una deslealtad sino la expresión de un blanqueo ideológico. La influencia del nacional populismo (antaño denominado nacionalismo burgués) en el radicalismo es de vieja data; se suele discutir si lo es desde los tiempos fundacionales del yrigoyenismo.

Sin embargo, fue con la Declaración de Avellaneda en 1946 donde se puso de manifiesto con mayor nitidez ese conglomerado de concepciones ideológicas que, hay que reconocerlo, son claramente mayoritarias no solo en el radicalismo y el peronismo sino en la sociedad argentina en su conjunto; solo es cuestión de raspar un poco la pintura para ver el fondo.

Por su parte, el componente económico de esa mixtura ideológica son las concepciones generadas en los trabajos de Raúl Prebisch de gran influencia no solo entre economistas, sino también políticos, empresarios, sindicalistas y fuerzas armadas de nuestro país y más allá de él.

Aunque sea difícil definir de una pincelada tamaña adjudicación de pertenencias, en las últimas décadas se ha puesto de relieve la forma en que las concepciones autárquicas, de encierro nacional, han sido dominantes en la región.

Es difícil afirmar que esos factores fueran los únicos causantes de movidas tan prolongadas; pero sin duda han sido la expresión de la decadencia hechos tales como la ideologización de la teoría de la dependencia, la manipulación de la noción de los términos de intercambio, el relato de la sustitución de importaciones, las políticas cerriles de autarquía nacional y el consecuente prebendarismo empresario.

El problema es que las cosas han dado una vuelta de campana en el mundo y quien las representa con mayor fidelidad hoy en la Argentina, a pesar de sus extravagancias que ya está dejando de lado (“si no denunciaba la casta no me votaba nadie”), es el presidente electo.

¿Puede seguir nuestro país dando la espalda a las megatendencias globales cuando su único ciclo largo de crecimiento sostenido fue cuando se puso en sintonía con esos vectores, léase el inicio de la Organización Nacional en 1862? Es lo que vamos a ver pronto.

Los primeros pasos dados por el Milei ya electo no son tan aciagos como los augurios. La vieja guardia que lo rodeo desde el inicio de su proyecto formada por gente con una definición ideológica subida de tono ha sido desplazada. El PRO ocupa su lugar y el peronismo de geometría variable trata de posicionarse a partir de su fuerza legislativa más nutrida. El ex presidente Macri, fungiendo de cardenal Richelieu como se dice, da gobernabilidad, previsibilidad y confianza externa al proyecto.

A partir de ahora, con los sorpresivos resultados en los comicios y los cambios correspondientes, el sistema de partidos se ira destejiendo como una tricota para alumbrar una previsible avenida de tres andariveles en la que transiten más o menos agitadamente los siguientes conjuntos:

  • el nacionalista popular (Nac&Pop) con el grueso del peronismo y desprendimientos de la UCR,
  • un centro de tipo social demócrata basado en el núcleo de Juntos por el Cambio con la composición actual pero con los bordes recortados,
  • un centro derecha con mayor o menor protagonismo según las oportunidades que se le presenten a partir de ser oficialistas.

Los afectados por la fragmentación partidaria se irán reubicando según sus preferencias ya que habrá para todos los gustos. A medida que la administración mileísta comience a funcionar, la nueva disposición sin mayorías irá adquiriendo una importancia creciente en la agenda pública, en el tratamiento académico y en el imaginario de los ciudadanos.

Está claro que no desaparecerán peronistas, radicales ni los integrantes del PRO, pero los partidos irán adoptando de hecho formas quasi confederadas con debilitamiento del unitarismo y la débil probabilidad de que aparezcan liderazgos excluyentes.

Argentina ya ha iniciado el recorrido de su segundo ciclo largo de crecimiento. Tendrá que nacer una nueva política para hacer posible que ese crecimiento se transforme en desarrollo regional, nacional, social y humano.

(*) Ingeniero Alberto Ford; IRI / UNLP. Diciembre de 2023; albertoford42@yahoo.com.ar