jueves, 10 de noviembre de 2016

G20 SEMINARIO MÓDULO 3 30 AÑOS QUE CAMBIARON EL MUNDO

1. Es difícil ubicarse en una determinada época histórica al mismo tiempo que se la está viviendo. Una muestra adicional de esa dificultad es el uso de un procedimiento bastante habitual para la predicción: proyectar las experiencias. Se excluye el cambio abrupto, la mutación. Se dice en esos casos fallidos que la foto no necesariamente  determina la película. Es cierto que estas tres décadas –los ’80, ’90 y ’00- fueron en apariencia difusas, de trámite poco previsible. Una serie de acontecimientos “secundarios” no pocas veces ocuparon las primeras planas de la realidad, conviviendo con hechos sustantivos, estratégicos.  Ahora se ve que un hilo en ese momento invisible, una especie  de “logicial”, guiaba a las élites en su relación con la marcha general de los procesos más allá de los vaivenes cotidianos. No existía (¿existe ahora?) un marco teórico de la suficiente pertinencia como para separar lo fundamental de lo accesorio. Esas tres décadas, puede asimilarse a un barco que en el camino se ve obligado a atravesar todo tipo de tempestades: nunca deja de dirigirse a destino aunque en un momento dado su proa pueda desviarse. Los 30 años considerados tuvieron una dirección y un sentido determinado más allá de sus ocurrencias, algunas de ellas inconcebibles aun para las mentes más fantasiosas. Lo que nos lleva a decir que la realidad, como la cebolla, se conforma con distintos niveles y no siempre es inducible el todo desde la parte ni es posible ver el bosque si hay un tronco que nos lo tapa.

2. Los foros que reunieron en los setenta a las élites del mundo desarrollado tuvieron una misión y una visión; en ellos se discutió sobre las grandes líneas para el mediano plazo pero luego se descentralizó su dinámica, con la expectativa de que “cuando sea posible alcanzar los resultados deseados a través de una marco de normas acordado, las funciones de administración operacional y de toma de decisiones deberían ser dejadas a unidades de gobiernos nacionales o, aún, más pequeñas”[1], una evidencia indisimulable del lugar desde el que se hablaba. Esa forma de ver el proceso no debe ser interpretado como que cada uno de los eventos fuera producto de una construcción; ni falta que hizo. Con solo dejarlas libradas a su propia dinámica, las tendencias incubadas en la escena internacional -y consecuentemente al interior de los países- irían dando forma a acontecimientos necesarios para dejar la cancha libre a la proyección de los consensos, es decir, el despliegue de la globalización. Claramente eso ocurrió, por tomar dos casos, con las reformas llamadas neo conservadoras y a principios de los noventa con el Consenso de Washington o, enfrente, con la desaparición de la URSS. Se puede decir que dichos factores, como veremos seguidamente, al ir teniendo lugar en forma sincrónica en los territorios de ambos polos en los que se dividía el mundo, fueron decisivos y convergentes para arribar a la situación establecida luego de la implosión soviética en 1991. Naturalmente, la caída de la URSS tuvo carácter catastrófico; fue un hecho en general inesperado que cambió radicalmente la escena política internacional. Sin embargo, una visión retroprospectiva nos permite afirmar que ese colapso fue tomando forma desde unos cuantos años si nos atenemos a indicadores del funcionamiento del socialismo real que, para un observador atento, ya anunciaban el final que tendría.

3. En el caso del capitalismo, las reformas de tono neo conservador que tuvieron lugar primero en los países desarrollados y luego en los ahora llamados emergentes, como el nuestro, estuvieron a la luz del día. En ese caso las dificultades de percepción tuvieron otro origen. Tal vez por haber sido contextualizadas más desde el punto de visto político o económico, las acciones que se iban sucediendo, consecuencia de un enfoque claramente ideológico, no fueron calibradas en su verdades función destructiva/transformadora. Sus impactos, de gran trascendencia en la reformulación del capitalismo, solo han sido superados por acción de las medidas adoptadas para la gestión de la crisis del 2008. Sin duda, ahora aparece más claro: hubo una notoria carencia en materia de enfoques para seguir los procesos y las transformaciones que se iban produciendo, sobre todo en los Estados Unidos. El paso de la fase imperialista, con un breve escala en la fase transnacional, hasta llegar a la globalización de los países desarrollados (que en EEUU se fue completando con la gestión de Obama pero tirando la tierra bajo la alfombra como lo demuestra el legado de la campaña de Trump al poner en evidencia los enormes costos de esa transformación “exitosa”), fue seguida sin ver suficientemente la riqueza de los matices de esos procesos de mutación del viejo régimen. Hubo de caer Wall Street y quebrar la General Motors para tomar nota de que la cosa venía en serio aunque todavía no estaba (ni está) del todo claro qué cosa. Hubo dos características que contribuyeron a la opacidad de esos años, que en lo fundamental ocurrieron bajo gestiones de tinte neo conservador y con hechos de alto costo político y gran rechazo de la opinión pública. Hay dos figuras que le dan la impronta al período, Reagan y Tatcher. El presidente norteamericano, adalid de la derecha, fue actor de un par de períodos de gobierno donde tuvieron lugar hechos a los que ni el más recalcitrante de los demócratas se les hubiera animado: por citar uno, el desmonte impiadoso del complejo militar industrial (por cierto en el contexto de una política de inminente desborde armamentista llamada “guerra de las galaxias” que no pasó de la retórica pero que generó una situación de crisis en la URSS donde fue uno de los detonantes de su implosión). La “dama de hierro” por su parte fue la encargada de acabar con cualquier resabio de la época victoriana, en primer lugar y como un símbolo, la explotación carbonífera.
4. Otro de los eventos destacados de la época fue la implosión de la URSS. Su caída debe ser entendida con relación al colapso de la situación en clave bipolar que le dio el tono al siglo XX en materia de relaciones internacionales así como al interior de los países en cuestiones sociales y políticas. Hubo momentos, sobre todo alrededor de la Segunda guerra mundial, en que el papel de la URSS y, por extensión, la proyección de la civilización del socialismo, parecían dominar en el ejericio de la prospectiva sociopolítica de las naciones del mundo. La posibilidad se basaba en que una parte considerables de las poblaciones y los territorios estaban efectivamente viviendo bajo regímenes socialistas.  Sin embargo, la carrera planteada en todos los planos, tuvo su paridad tan solo en el plano militar, que es virtual en tanto no haya guerras, y no tiene resultados positivos -salvo por default- sobre el bienestar de la poblaciones afectadas. Es en ese contexto donde se dirimió la supremacía de un sistema sobre el otro. Esta disparidad de perspectivas ya comenzó a ser percibida en los años sesenta por los más sagaces observadores de los países capitalistas cuyos dirigentes –sobre todo la parte socialdemócrata europea - afinaron sus estrategias de manera de plantear la controversia fuera del espíritu del fundamentalismo militar, y disputar las masas en los ámbitos políticos e ideológicos. Esa acción, apoyada en un desenvolvimiento más efectivo de la economía de los países europeos occidentales, que obraba de vidrieras aun con diferencias al interior de sus sociedades, fue esmerilando paulatinamente, sin prisa pero sin pausa, los logros que había tenido la URSS en el plano militar y en algunos renglones de la industria pesada que era tenida como indicador principal de la salud del sistema. Sin embargo, la cosa ya empezaba a transitar por el andarivel de las TIC’s que Stalin en su momento, imbuido de un dogmatismo extremo, vio como un producto capitalista (en realidad lo era, aunque no para despreciarla: la cibernética fue denominada “pseudociencia burguesa”), y provocó atrasos que luego fueron irremontables. Una dirigencia avejentada y rígida contribuyó a fortalecer ese curso conservador que terminó con una forma de organización social absolutamente centralizada condenada por eso mismo a la autodestrucción entrópica.
5. Con la muerte de Brezhnev en 1982 comenzó a desmoronarse la denominada gerontocracia soviética; nuevos aires por los pasillos del Kremlin –iniciada como una suave brisa devenida prontamente en vendaval- contribuyeron a despejar las brumas del conservadurismo que asfixiaban al régimen pero al mismo tiempo poner en evidencia sus limitaciones. Fueron cobrando protagonismo sectores renovadores que -ahora se puede ver- sintonizaban con los influjos de igual sentido que hemos visto estaban en pleno auge entre las élites del capitalismo. La sincronía (como con Deng Xiaoping en China unos pocos años antes) es nítida en el caso de Gorbachov; sus propuestas de Perestroika y Glasnost se orientaban a la remoción de los cimientos del régimen soviético. De ahí hasta el final fue un viaje sin escalas. La caída del muro de Berlín y la implosión de la URSS entre 1989 y 1991 representó el fin del socialismo real, un hecho predecible por unos pocos que tuvo un impacto mayor que la propia instauración de ese sistema setenta años antes con la revolución bolchevique de 1917. A partir de ese momento comienza lo que ha dado en llamarse el Mundo Uno, un estadio inédito en la historia de la humanidad, que representaba el carácter que la globalización iría adoptando de ahí en más en el plano institucional.
6. La posibilidad de erradicar definitivamente los grandes conflictos, los que solo pueden tener lugar entre los países más poderosos, supuso una situación tan impensada que aún se carece de una verdadera noción sobre su significado. La paz ya no debería tener una definición negativa referida a la ausencia de la guerra a pesar de que la nueva situación aún hoy no es del todo identificada por una consigna creíble y aceptada comúnmente. Sin embargo, la historia avanza. Se ha detenido la carrera armamentista; se despliegan los procesos de desarme, sobre todo atómico que es el que interesa inicialmente. Tal vez el último conflicto real fue la guerra de Vietnam finalizada en 1975. Se han dado luego algunas guerras locales, incluso muy sangrientas como las de los Balcanes, intervenciones mediáticas o no justificadas, como las de EEUU y otros países en IRAQ (un trágico papelón) y Afganistán, acciones antiguerrilleras en Colombia, la intervención de las fuerzas armadas en golpes de estado africanos (un reloj atrasado), etcétera, que no alcanzan a hacer perder de vista lo sustantivo: raudamente los ejércitos de todo el mundo pierden su sentido histórico y las hipótesis de conflicto tiene que reformularse según una agenda de interés global no nacional.

7. El Consenso de Washington (CW) contuvo un conjunto de propuestas de políticas económicas elaboradas durante los años 1990 que los países latinoamericanos debían aplicar para impulsar el crecimiento. Sus “recomendaciones” fueron las siguientes:
1.       Disciplina fiscal
2.       Reordenamiento de las prioridades del gasto público
3.       Reforma Impositiva
4.       Liberalización de las tasas de interés
5.       Una tasa de cambio competitiva
6.       Liberalización del comercio internacional
7.       Liberalización de la entrada de inversiones extranjeras directas
8.       Privatización
9.       Desregulación
10.    Derechos de propiedad
Cuando se hace referencia a la capital norteamericana, debe entenderse el conjunto de organismos nacionales, internacionales y no gubernamentales que tienen su sede en esa ciudad:  organismos financieros como el FMI y el Banco Mundial, el Congreso de los EEUU, la Reserva Federal, los altos cargos de la administración y las fundaciones e institutos de expertos económicos y de otras disciplinas. El CW fue rápidamente identificado con el neoliberalismo. Entre sus críticos se destacaron Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía 2001 y ex vicepresidente del Banco Mundial, Noam Chomsky, Naomi Klein y otras destacadísimos personalidades del progresismo boreal que veían en él un medio para abrir el mercado laboral de las economías del mundo subdesarrollado a la explotación por parte de compañías del primer mundo. Una definición precisa nos dice que las críticas, que provienen desde la antiglobalización hasta del mismo liberalismo económico, argumentan además que los países del primer mundo imponían las políticas del Consenso de Washington sobre los países de economías débiles mediante una serie de organizaciones burocráticas supra estatales como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional además de ejercer presión política y extorsión. Se argumenta además, de forma muy generalizada, que el Consenso de Washington no ha producido ninguna expansión económica significativa en Latinoamérica, y sí en cambio algunas crisis económicas severas y la acumulación de deuda externa que mantenía a estos países anclados al mundo desarrollado.

8. Si como hemos dicho la realidad tiene niveles, todo lo que se dijo (y se sigue diciendo) sobre el CW es verídico. Desmanteló el estado de bienestar, se produjeron privatizaciones, eliminación de regulaciones, apertura de las economías; todo con altos costos que todavía se siguen pagando. Sin embargo, desde otro nivel, el CW también debe ser referido a la marcha de la globalización. Acudamos a una metáfora: el reciclaje de una casa chorizo. El arquitecto toma nota de la obra existente, y a pedido del comitente diseña el proyecto en el AutoCAD y le muestra una representación 3D. Una parte importante del proyecto es demoler algunas partes de la obra existente. Si alguien pasa y ve a los albañiles volteando paredes sin conocer el proyecto, pensará que eso es una demolición lo que es totalmente cierto aunque ello sea solo un paso en la marcha hacia el logro de los objetivos finales del proyecto. Sin entrar en ninguna consideración de valor, una economía no puede globalizarse sin el desmonte parcial de las estructuras socioeconómicas y culturales construidas durante la vigencia del estadonación. Esa acción, que en nuestro país estuvo a cargo del menemismo, tuvo y sigue teniendo profundas connotaciones políticas y en la mayoría de los casos de otros órdenes de la vida social lo que acarreó consecuencias que afectaron a gran parte de la población. En todos estos años, el CW fue blanco de condenas políticas en partes significativas del arco político sobre todo el que va desde el centro hacia la izquierda. Como hemos dicho, por falta de un marco teórico adecuado, aún sin pretender ubicarlo en la disyuntiva de una aprobación o rechazo, el CW no fue visto en el contexto en el que se desplegaba, lo cual fue un obstáculo para diseñar una estrategia política que se le pudiera anteponer. Para contribuir a esa falta de precisión, el premier Brown con motivo de la realización en Londres de la reunión del G 20 el 2 de abril de 2009 expresó "se terminó el viejo Consenso de Washington… hemos logrado un nuevo consenso de que haremos lo necesario para restablecer el crecimiento y el empleo, y evitar que una crisis de este tipo se repita nuevamente”, lo que era una parte pero no toda la verdad.

09. El verdadero triunfador en la dura puja ideológica que tuvo lugar a lo largo del siglo XX fue la socialdemocracia, en particular, la europea, más allá de las dificultades de parto que fueron surgiendo y lo seguirán haciendo en el Viejo continente. A diferencia de los países de economía centralizada, gobernados por partidos comunistas, los socialdemócratas han sabido combinar los principios del socialismo que asumieron desde sus inicios, y que les dieron identidad, con el funcionamiento del mercado; para ello se han apoyado en la idea de que no existe un conflicto entre la economía capitalista y una sociedad de bienestar en tanto el estado posea atribuciones suficientes para garantizar a los ciudadanos una debida protección social así como el  rol de regulación de la actividad económica (pruritos que han disminuido drásticamente en el marco de la crisis mundial desatada en 2008 donde el intervencionismo estatal puesto en práctica hubiera sido la envidia de los planificadores soviéticos).  En ese sentido, la noción de mercado juega un  papel fundamental, ya sea en condiciones de escasez (como en la época de Adam Smith, siglo XVIII) o de abundancia (como el presente, luego de la RC&T).  Sin embargo, sería una simplificación reducir la puja ideológica exclusivamente a variables económicas. Los socialdemócratas demostraron una mayor versatilidad para asimilar los cambios que se iban produciendo en las sociedades, en sintonía con el avance de la ciencia y la tecnología. Por ello los socialdemócratas se han caracterizado por sus concepciones reformistas ligadas a la participación ciudadana, la protección del medio ambiente y la integración de minorías sociales en el funcionamiento de las democracias y, en el plano internacional, compartir la concepción de una sociedad mundial pacífica y democrática basada en la justicia, solidaridad  y libertad. En algunos gobiernos europeos, en particular en Inglaterra, se ha aplicado en los últimos años una variante conocida como de la “tercera vía”, un poco más próxima al ideario del liberalismo económico, con menor intervencionismo estatal y presencia de empresas públicas, pero con el mantenimiento de ciertas prácticas del estado de bienestar.

10. China es un caso emblemático en la globalización productiva. Todo comenzó inocentemente con unos partidos de ping pong entre jugadores norteamericanos y los imbatibles chinos en ese juego. Corría el año 1972. Tanto en Estados Unidos como en Europa ya no se notaban los signos de la recuperación de posguerra; esos que levantaron los ánimos en las reuniones de los foros de consenso de los setenta que como hemos visto en el módulo anterior se proponían encontrar la forma de aprovechar las ventajas inocultables que iba logrando el capitalismo para modelar el mundo del futuro a su gusto y paladar. Las élites imaginaban para ello transitar caminos inéditos, por ejemplo, la finalización de la guerra de Vietnam aun a costa de una derrota oprobiosa como ocurrió en 1975. O iniciar negociaciones con China conociendo la existencia de tendencias renovadoras en el  sistema socialista en condiciones de emerger luego de la muerte de Mao y Chou, como la que luego corporizó Deng Xiaoping. Por cierto no eran los líderes norteamericanos de ese momento de los que uno podía esperar movidas tan audaces; sin embargo, así ocurrió. Fueron Nixon y su astuto secretario de estado, Henry Kissinger, uno de los titiriteros de la globalización, los encargados de romper el hielo que había congelado las relaciones chino norteamericanas desde la revolución maoísta de 1959. ¿Cuáles eran los motivos más profundos para intentar una movida de esas características tan originales? Dos básicamente: el gigante mercado chino, un bocado apetecible para una capacidad productiva del capitalismo que ya se mostraba capaz de sortear las limitaciones propias del mundo de la escasez y, la otra, la posibilidad de actuar según una ley de la globalización aún no formulada: la pulsión descentralizadora con respecto a la producción de menor valor agregado (o mayor poder contaminante) lo más lejos posible de los núcleos de la innovación. Las potencialidades del mercado laboral chino, disciplinado por el comunismo de guerra, permitía iniciar uno de los movimientos más gigantescos que ha emprendido el ser humano: la masiva traslación de la capacidad productiva de tecnologías medias y bajas de occidente hacia el oriente. La movida que ya lleva 30 años, y que no amenaza con detenerse, despobló literalmente el universo productivo norteamericano de aquellas producciones que lo habían caracterizado tradicionalmente. Contrario sensu, el fenómeno, que también fue involucrando a Europa, provocó un efecto sincrónico de vasto alcance: el crecimiento chino a las llamadas “tasas chinas”, de dos dígitos, que se fueron dando desde ese momento, y la reconversión de los sistemas productivos norteamericano y europeo para concentrarse en la crema de las ramas de mayor poder innovativo y valor agregado en signo y símbolo. Acudiendo nuevamente a la metáfora de la piedra y el estanque, en un movimiento de vivo dinamismo, el operativo ya había sido ensayado en las tres décadas de la posguerra, primero con Japón y luego con los llamados dragones o tigres de oriente (Hong Kong, Taiwán, Singapur y Corea del Sur) y los “pequeños dragones” (Malasia, Indonesia, Tailandia y Filipinas). A ellos se sumaría luego  la perla del desaparecido colonialismo francés, Vietnam, un pueblo tan aguerrido y valiente como cultivado en las mejores tradiciones de su ex metrópoli, que fue creciendo a paso redoblado. Muchas de las cosas que se oyen en estos días sobre las dificultades de las relaciones con China parecen un revival de las que se escuchaban con relación al Japón en las décadas de los sesenta y setenta (hoy devenido en un juicioso país desarrollado, ocupando un cómodo tercer lugar en el ranking del PBI). Sobre China hoy se dicen muchas cosas, la mayoría de ellas verdadera exageraciones, que pueden ser creíbles solo viendo la foto de los diarios sin tener en cuenta el largometraje de su gestación como potencia industrial.

11. Uno de los aspectos destacadas del período fue la coincidencia de las características de los procesos económicos y políticos, lo que permitía conjeturar que se entraba en procesos de simultaneidad derivados de una situación que en forma más o menos directa era condicionada por los influjos de un logicial de consensos, como los que según la hipótesis de este curso comenzaron a darle su impronta a partir de los setenta tanto a la situación internacional como la de adentro de los países. El caso más cercano es el que la CEPAL llama la “década perdida” de los ochenta que afectó a la mayoría de los países latinoamericanos aludiendo a procesos de desindustrialización y sus repercusiones sociales, y la de los  noventa, caracterizada por la influencia neo conservadora para abrir las economías. Era elocuente comprobar por esos años cómo hasta las variaciones del dólar mostraban sincronía lo que podía ser a consecuencia del incipiente y progresivo  ingreso de nuestros países a la globalización financiera. Hemos visto en el módulo 2 la noción de red transnacional de funcionarios, formada por recursos humanos que se han preparado en alguna de las universidades más prestigiosas del primer mundo y que luego mantienen sus lazos académicos y de amistad lo que da lugar a prácticas de permanente consulta.  Por ello en distintos períodos de la vida económica interior, pero con simultaneidad entre los países, hubo funcionarios pertenecientes a determinadas escuelas de pensamiento económico que estuvieron a cargo de distinto tipo de transformaciones en las tres décadas que conforman el período considerado. En nuestro país, el caso de Cavallo fue (y lo sigue siendo) emblemático en ese sentido: pieza clave en los noventa, protagonizó el periodo de gobierno de mayor trascendencia en estos años para preparar el ingreso de nuestro país en la globalización plena (el periodo K, por positive feedback, también hizo su contribución cibernética en ese sentido).

12. El desmonte del viejo estado y el reciclaje de sus instituciones es un objetivo de la globalización; esa operación de cirugía mayor, realizada a través de un tiempo prolongado, la mayoría de las veces se referencia al estado de bienestar, como veremos en nuestro caso. Pero también se puede dar de la forma contraria, como se fue dando en EEUU, donde lo que se está castigando es la prescindencia del estado, como se demostró en la modificación del sistema de salud implementado por Obama.  En este país, la caída de bancos de Wall Street y de la General Motors y otros emporios ineficientes, demostró que los influjos de la globalización son omnipresentes y, paradojalmente, con mayor capacidad transformadora en los países desarrollados aunque no solo. En nuestro caso, esa fue la principal función del menemismo y su superministro. Cuestiones de enorme impacto en el aparato económico como la apertura ya había sido ensayada en el periodo de la dictadura militar; pero en los noventa se llevo hasta sus últimas consecuencias. Por su parte, se implementó la desregulación de muchas actividades considerando que era “forzoso continuar el ejercicio del poder de policía para afianzar y profundizar la libertad económica y la reforma del Estado con el objeto de consolidar la estabilidad económica, evitar distorsiones en el sistema de precios relativos y mejorar la asignación de recursos en la economía nacional, a fin de asegurar una más justa y equitativa distribución del ingreso (se dejaban) sin efecto las restricciones a la oferta de bienes y servicios en todo el territorio nacional…que distorsionen los precios de mercado evitando la interacción espontánea de la oferta y la demanda” (decreto 2284/91 de Menem/Cavallo). Pero donde la dupla citada logró mayor impacto fue en lo referido a la desnacionalización de las empresas públicas, un cometido que mas allá de los vaivenes (sobre todo en algunos hechos registrados recientemente en el marco de la crisis de 2008 como la compra de empresas o bancos por parte del estados liberales en Japón y en Inglaterra y/o en la intención de este gobierno de revertir algunas privatizaciones), está mostrando una tendencia en lo referido al rol del estado como propietario de empresas. Mas allá de los juicios de valor que merezca la gestión de los noventa, se puede decir que en este, como en cualquier otro país, el ingreso de los influjos globalizadores como ya hemos dicho no se podían dar sin (y en todo caso implicaba) la reforma del estado y las instituciones preexistentes.

13. Otro aspecto característico del período considerado, que se ha instalado en la cotidianeidad dando la sensación de las cosas siempre hubieron de ser así, es la globalización de las comunicaciones caracterizada por la transmisión en “tiempo real” de imágenes, datos, voz y palabras. Simplemente hay que haber vivido en una etapa previa para tomar conciencia del significado de esos prodigios tecnológicos. Internet, ya plenamente desplegada en todos los rincones y con potencial acceso a todos los habitantes del planeta, más aún que otros bienes y servicios necesarios para la vida, es la metáfora de la globalización. Se han reducido las dimensiones del espacio, se precipita el tiempo, y se profundiza la complejidad del saber, todas variables que se despliegan a un nivel no solo no conocido antes sino ni siquiera imaginado por la mente más creadora. Los cambios se dieron en todos los aspectos de la vida de las personas, las familias y los hogares. Por tomar algunos casos, la irrupción del celular y la PC modificó radicalmente las condiciones de vida con independencia del lugar y la situación económica de los involucrados. Hubo también modificaciones en la costumbres y los hábitos de consumos en materia de alimentación, vestimenta y hasta en los comportamientos de las relaciones entre las personas.

14. Aunque todavía con ciertos retardos de implementación, el cambio de paradigma productivo y energético se fue abriendo paso raudamente en estos años. El primer gran shock fue como hemos visto con la primera crisis del petróleo en 1973 y la  segunda en 1979. Lo sucedido en los setenta marcó una tendencia que lejos de abandonarse se afirma. En la crisis de 2008 -y los documentos de las reuniones del G20 lo reflejan como veremos en el módulo 4-  se evidencia la problemática y la forma de abordarla. No se puede obviar los profundos impactos sociales de  esos cambios, aún en su etapa incipiente. No solo la pérdida de puestos de trabajo como consecuencia del necesario aumento de la productividad en las actividades económica y productivas para mantenerse y desarrollarse en mercados globalizados altamente competitivos, sino la pérdida de capacidades y aptitudes laborales que traen aparejados dichos procesos eufemísticamente llamados de “destrucción creadora”. Una institución de plena vigencia en esta época es la de los llamados planes sociales con la intención de compensar los altos costos que se verificaban en  la vida de las familias. El tema dio y sigue dando motivos para arduas discusiones. 

15. De la amplia agenda que comprende el despliegue de la globalización, se destaca con perfiles propias por su vigencia y novedad, el del medio ambiente y dentro de este el del cambio climático. El cambio climático es el aspecto de la G de más complejo abordaje, no solo por las consecuencias que se están viendo sobre la vida de las ecosistemas, sino por el potencial de transformación que muestran en forma creciente. El proceso que desembocó en 2015 en Francia con la COP21 donde se firmó el Acuerdo de París sobre Cambio Climático, se fue amasando durante el periodo considerado con hitos como el Informe Burtland, la reunión de Rio ’92, las COP’s y el Protocolo de Kyoto.




             



[1] subrayado en el informe de Cooper et. al. que hemos visto en el curso

jueves, 3 de noviembre de 2016

G20. Seminario. Módulo 2. Génesis de los consensos

2.1. El contexto

1. Una visión más abarcativa del proceso que se abrió con la crisis del 2008 nos remite a la década de los setenta. Fue por esos años que se activaron una cierta cantidad de foros para búsqueda de consensos con la suficiente representatividad (actores con capacidad de decisión en el más alto nivel, muy interesados y preocupados por la marcha de las cuestiones internacionales, y agendas lo suficientemente abarcativas de los problemas existentes en ese momento) como para que dichos foros pudieran ser considerados factores de poder global con proyección estratégica. ¿Qué quiere decir esto? Si se juntan los máximos dirigentes de las empresas más grandes del mundo, con ex o futuros presidentes de los países centrales, y cuentan con el aporte de los intelectuales más reputados del momento; si esos actores se ponen de acuerdo en trabajar una agenda que contemple los temas de alcance global críticos que por su capacidad transformadora pueden direccionar los acontecimientos; si además se dan el tiempo suficiente como para arribar a consensos de gran estabilidad y solidez lo que les confiere potencial de perduración; si por último esos actores pertenecen a las tres regiones más desarrolladas del planeta–Europa, Japón y América del Norte-; entonces se puede conjeturar con fundamento que la marcha de los asuntos internacionales no podrá sustraerse de lo que ahí se acuerde.

2. Aunque esa situación todavía en los setenta no haya sido totalizadora cuando subsistía la bipolaridad (Unión Soviética) sin duda lo fue en forma manifiesta a partir de la caída del Muro de Berlín por el hecho de existir de antemano fuerzas al interior de los países socialistas más grandes favorables o directamente comprometidos con los puntos de vista que se iban configurando en las más altas esferas de poder capitalista; esa conjunción implícita en ese momento -y que como hemos dicho luego fue explícita- fue determinante en su conjunto para que se pusiera en marcha una tendencia irreversible. En este trabajo se irá viendo cómo lo ahí resuelto hace cuarenta años fue influenciando los acontecimiento ulteriores hasta nuestros días con puntos de vista que se han hecho sentir incluso con relación a la crisis desatada en el 2008.

3. Los consensos de esa envergadura llevan décadas formarse y adoptan diversos mecanismos para su configuración.  Los foros de los setenta no nacieron de la nada. Un poco antes, ya por los sesenta como hemos vista en el Módulo 1, se pueden registrar voces de académicos, dirigentes y divulgadores formadores de opinión de como Daniel Bell, Aurelio Peccei, Zbigniew Brzezinski, Henry Kissinger, los esposos Toffler, Servan Schreiber, y otros que tuvieron en cuenta los cambios que se iban produciendo en el mundo no solo referido a los problemas de la convivencia internacional sino, principalmente, en cuanto a las posibilidades referidas a recursos capaces de resolver las penurias y escaseces  que habían acuciado a la humanidad desde sus orígenes. Los cambios con mayor poder de transformación se dieron en el plano científico y tecnológico y ponían de relieve contradicciones con las que no se podía convivir más allá de un punto. Logros de gran impacto como la salida del hombre al espacio y la llegada a la luna aparecían contrastados con situaciones internacionales irritantes, entre ellas, los enfrentamientos intersistema, el peligro de guerra nuclear, los gastos de la carrera armamentista en medio de la pobreza de gran parte de la humanidad y, aunque menos peligroso pero inaceptable desde la lógica empresarial capitalista, un sistema productivo estructurado en base a concepciones desactualizadas. Ese menú de alta complejidad y complicaciones severas, no solo llenó de preocupación a las esferas dirigentes sino que, como corresponde a esos niveles, las condujo de inmediato a la acción.

4. Nombres no tan difundidos como el Círculo Bildelberg del príncipe Bernardo de Holanda, The Brookings Institution, el Consejo de Relaciones Exteriores y el Consejo del Atlántico de EEUU, el Real Instituto de Asuntos Internacionales (Chatham House) en Inglaterra (los dos últimos hoy “think tanks” del G20) y otros más cercanos a como el Club de Roma creado por el eminente humanista Aurelio Peccei, que vivió muchos años en Buenos Aires al frente de la FIAT,  y la Comisión Trilateral -siempre sospechada de oscuras maniobras conspirativas lo que impidió su abordaje académico[1]- como expresión de la creciente interdependencia, fueron espacios de reflexión y adopción de consensos entre actores, temas, metodologías y escenarios que, en su conjunto, reflejaron la problemática, puntos de vista, estados de ánimo y la voluntad de acción de la década de los sesenta y setenta. En cualquiera de estos foros e instituciones se puede ver la adopción de temáticas comunes como luego veremos y personajes que participaban indistintamente de unos u otros. Si bien los materiales que reflejaban esas deliberaciones ahora son conseguibles no lo fue así en el pasado cuando su circulación fue más restringida producto tal vez de la falta de interés para que conclusiones tan trascendentes estuvieran al alcance del gran público; por añadidura, con el paso de los años, esos materiales fueron quedando en el pasado enmascarados por una cantidad de acontecimiento de enorme impacto que matizaron la marcha de los asuntos mundiales de estas tres últimas décadas.

5.  Seguidamente haremos un resumen del informe “Hacia un sistema internacional renovado”  de Richard Cooper, Karl Kaiser, Masataka Kosaka Y Roberto R. Bowie que fuera publicado por la revista Estados Unidos,  Perspectiva Latinoamericana, 3º edición, números 2-3, 2º semestre de 1977 y 1º semestre de 1978,  bajo el título “La Comisión Trilateral y la coordinación del políticas del mundo capitalista”, por el Centro de Investigaciones y Docencia Económica creado por el gobierno de México en 1974. El informe se puede conseguir en lengua inglesa en http://trilateral.org/file/14. A los efectos de facilitar la exposición se adjunta a continuación un cuadro sinóptico con los temas tratados en el informe.


TEMARIO DEL INFORME DE COOPER, KAISER Y KOSAKA
I. PROPÓSITO DEL INFORME
PRIMERO: el foco está puesto en la interdependencia
SEGUNDO: un vistazo al proceso de renovación del orden internacional
TERCERO: el informe no es un plan ni un catálogo de soluciones


II. NATURALEZA DEL PROBLEMA
A. LA DIFICULTAD ACTUAL
1. UN MUNDO INTERDEPENDIENTE
2. LA INTERDEPENDENCIA Y EL ESTADO DE BIENESTAR
3. LA INTERDEPENDENCIA Y LOS PAPELES NACIONALES

B. LA NECESIDAD DE LA COOPERACIÓN PARA EL ORDEN MUNDIAL
C. OBSTÁCULOS A LA COOPERACIÓN
1. DESEO DE AUTONOMÍA

2. IMPACTO DE POLÍTICAS DOMÉSTICAS
3. DISPARIDAD DE CONDICIONES
4. BARRERAS POLÍTICAS
5. NÚMERO DE PAÍSES

III. NECESIDAD DE UNA ESTRATEGIA
A. LÍMITES A UNA ACCIÓN CONJUNTA
B. PAPEL TRILATERAL
C. ELEMENTOS DE UNA ESTRATEGIA GLOBAL


IV. TAREAS DE UNA ESTRATEGIA
A. MANTENIMIENTO DE LA PAZ
B. MANEJO DE LA ECONOMÍA MUNDIAL
1. COORDINACIÓN DE POLÍTICAS MACROECONÓMICAS

2. MANTENIMIENTO DE UN RÉGIMEN ABIERTO Y COMPETITIVO DE COMERCIO
2.1. COMPETENCIA
2.2. AJUSTE
2.3. SISTEMA MONETARIO
2.4. PROBLEMAS GLOBALES
C. CONTRIBUCIÓN AL DESARROLLO ECONÓMICO
1. ESTABILIZACIÓN

2. ESTRUCTURA DE LA PRODUCCIÓN
3. MITIGAR LA POBREZA

D.  DERECHOS HUMANOS


V. COOPERACIÓN DENTRO DE LA DIVERSIDAD
A. FUNCIONALISMO POR PARTES
B. ELABORACIÓN DE NORMAS CON ADMINISTRACIÓN DESCENTRALIZADA
C. PARTICIPACIÓN FLEXIBLE
D. CAMBIO EVOLUTIVO
E. INSTITUCIONES


VI. CONCLUSIÓN





2.2. Comentarios sobre el informe.

6. Los autores del informe son tres académicos de nota: Richard Cooper como docente e investigador de Yale y doctorado en la Economic School of London; Karl Kaiser y Masataka Kosaka, desde Alemania y Japón, eran también profesores e investigadores eméritos; además contaron como fuentes de consulta permanente con otros intelectuales del mismo calibre como Robert R. Bowie y Zbigniew Brzezinski. En resumen: podían contar con lo más calificado en materia de nivel académico, prestigio y capacidad. Comenzaron a confeccionar el informe en diciembre de 1974 y fue culminado en agosto de 1977 con reuniones cada 6 meses en distintos países donde se discutían exhaustivamente los borradores. Siendo que es un informe no muy extenso, y teniendo en cuenta la intensidad y alcance de sus contenidos, el uso preciso de palabras y giros, el juego de significados y el cuidado de los enfoques, se puede ver que cada párrafo encierra en sí un universo que podría dar lugar a un largo y minucioso tratamiento.

7. La década, que es cuando transcurre la realización del informe, encierra en sí como hemos visto una cantidad de acontecimientos que le dan su impronta. Cuando despuntaban los setenta se estaban realizando las misiones a la luna, un acontecimiento de enorme trascendencia. Se desarrollaban aceleradamente todas las áreas de la ciencia y la tecnología los que repercutían en la producción; estaban a disposición del hombre todos los bienes y servicios en cantidad, calidad y diversidad suficientes para la vida en el planeta. Ciencias como las matemáticas, aparentemente alejadas de los avatares de la cotidianeidad, alcanzaban sin embargo logros como la formulación de modelos de alcance planetario lo que alumbraba herramientas desconocidas para la planificación a esa escala. Cuestiones de anticipación como el Modelo del Club de Roma o la gestión de la crisis del petróleo de 1974, que echó por tierra un capitalismo desactualizado y generó el condicionante de la deuda externa en decenas de países, entre ellos el nuestro, no podrían haber tenido lugar anteriormente sin el concurso de esas herramientas. Como corolario, en 1977, por primera vez en la historia y como consecuencia de la llamada “revolución verde”, los cultivos agrícolas en la Tierra proveen la cantidad de proteínas necesarias para suministrar a todos sus habitantes una dieta equilibrada.

8. Hay un claro reconocimiento en el informe sobre el hecho de que a pesar de los avances producidos en tres décadas, no todo andaba bien en el capitalismo. La marcha de los asuntos internacionales de posguerra, a pesar de la recuperación europea y la afirmación del liderazgo económico, productivo y científico tecnológico de los Estados Unidos, no había “probado ser adecuado para enfrentarse a los nuevos problemas globales y procesos de cambio”. Era evidente en ese enfoque que la situación de bonanza de los países trilaterales, no le nublaba la vista a las esferas dirigentes y, debido a ese espíritu crítico,  estaban en condiciones  de comparar lo alcanzado con lo que hubiera sido posible obrando de otra forma apelando a recursos ya disponibles. Si bien la lucha referida a la bipolaridad de los sistemas no era principalmente económica, habida cuenta de que el capitalismo gozaba ya de supremacía en ese plano, era un frente que no se podía descuidar sobre todo con la velocidad que adquirían los procesos de innovación. Naturalmente esos eran los escenarios deseados, los que se podían alcanzar en tanto se hicieran las correcciones necesarias,  lo que no podía dejar de poner en crisis la marcha general de los asuntos internacionales. Pero aparecía otro ingrediente: el de los países postergados por un orden internacional injusto donde los más fuertes imponían las reglas de juego.

9. Este es uno de los hechos originales del funcionamiento de esos foros, sin excepción: el tratamiento propositivo de la superación de la pobreza como objetivo y la necesidad de superar el confinamiento de decenas de países que habían sido expoliados impiadosamente por todos los sistemas económicos de dominación imperantes hasta ese momento. Esas formulaciones  novedosas han llevado a confundir las reales intenciones que se incubaban en esas esferas o, pensando inercialmente, a creer que en realidad lo que estaban asumiendo era un acto más de hipocresía a la que nos tenían acostumbrados. Para esos foros la resolución de la pobreza era una cuestión de autointerés. Como se había pasado de la escasez a la abundancia en materia de posibilidades productivas, lo que aparecía tradicionalmente como una consecuencia de la expoliación y la falta de oportunidades de desarrollo, ahora aparecía como una oportunidad de crear consumidores; la “boca de consumo” insatisfecha pasaba a ser así una especie de ventaja comparativa para la colocación de bienes y servicios que el sistema podía proveer en forma quasi ilimitada. El impresionante crecimiento de la clase media en India y China lo atestigua.

10. Por esos años se instala con fuerza creciente la noción de interdependencia: No hay que olvidar que el orden internacional había estado sustentado durante dos siglos sobre la existencia de los estadonaciones; incluso los procesos de descolonización de los sesenta dio lugar a la aparición de decenas de estados nuevos, la mayoría de los cuales demostraron ser inviables a poco andar. Son las dirigencias de los países desarrollados que dieron lugar a los foros citados los que comienzan a tratar el problema desprovistas de prejuicios.

11. La interdependencia cobra importancia en un contexto donde la tecnología permite una aparición explosiva de las comunicaciones globales. Una cosa es la televisión como avance  tecnológico pero una muy distinta es que, por medio de su uso,  sus transmisiones con ayuda del satélite permitan ver en tiempo real las cosas que ocurren en cualquier lugar del mundo. Otro aspecto de enorme impacto que se hacia presente en la década es el de la transnacionalización productiva. En la fase imperialista del capitalismo las empresas tenían un origen nacional y todo el peso del aparato estatal –diplomacia, fuerzas armadas, etc.- se ponían al servicio del funcionamiento de esas empresas a nivel mundial. En la fase transnacional las empresas comienzan a desprenderse  de su pertenencia nacional y mantienen una dependencia nominal; ese rasgo de la globalización se fue dando en forma creciente con el devenir de las décadas y hoy ya es un dato de la realidad.

12. La crisis de la bipolaridad también es un factor de estrechamientos de los vínculos entre los países desarrollados. La confrontación con la URSS venía mostrando en forma reiterada que no llevaba a buen puerto: gasto improductivo, riesgo y desaprovechamiento de opciones de la producción no ligada al armamento. Este aspecto fue una de las características de los foros de consenso: estaban las empresas de productos de consumo masivo pero brillaban por su ausencia las empresas del complejo militar industrial.

13. Por último, lo que es llamado la “revolución de las expectativas” que se desprendía del hecho de que los medios de comunicación  transmitieran imágenes que devenían factores de perturbación entre la gente que veía la diferencia entre lo disponible y lo que ellos disponían, lo que generaba un aumento de la ansiedad y la insatisfacción del anhelo, sutilezas de las ingenierías sociales que no podían ser obviadas.  

14. De manera dual se manifiesta la interdependencia al interior de los países: si dejar de considerarla beneficiosa, no por ello se obvia el hecho de que sus efectos complicaban el manejo del estado de bienestar al traer problemas desde “afuera”; al mismo tiempo, la formulación de políticas nacionales, en muchos casos de protección y como respuesta, dificultan el libre accionar de los flujos que conforman la interdependencia; por ejemplo, lo hacía el deseo de autonomía nacional, un tema candente, en momentos que estaba de moda de la consigna liberación o dependencia  y el libro “Dependencia y desarrollo en América Latina”, cuya autoría pertenece al  que luego sería presidente de Brasil, Fernando Henrique Cardoso, tenía gran predicamento. Se consideraba también el rol de la interdependencia en cuanto a su impacto sobre las  políticas domésticas al evidenciar la gran disparidad entre el nivel de desarrollo de los países y el gran número de estos que se habían formado, un cuadro que dificultaba el manejo de las relaciones internacionales, etc.

15. Es indudable que existía la preocupación de realizar un estudio concienzudo de los problemas y consensuar en torno a las soluciones posibles y deseables. Se aspiraba a “no tocar de oído” lo que explica el nivel de los intelectuales convocados. Al mismo tiempo tampoco se preocuparon por rigidizar las propuestas para no quitar cierta libertad de movimiento en la aplicación de las orientaciones debido a que consideraban que planes excesivamente detallados pueden “conducir a la inacción”. No podían dejar de tener en cuenta una experiencia desfavorable en ese sentido sobre la rigidez de la planificación de los organismos internacionales con relación a la asistencia, que muchas veces habían sido fallidos.

16. Existía, apoyada en la historia reciente, una preocupación sobre las reales posibilidades de trabajar en conjunto, habida cuenta de las desconfianzas existentes. Recordar por ejemplo las desinteligencias entre el nacionalismo de De Gaulle y sus choques con los EEUU que lo llevó a proclamar “Viva Quebec libre”, con motivo de una visita de estado a la parte francófona del Canadá, un terreno sometido a la  influencia americana. Por eso trataron de que las propuestas fueran modestas y de aplicación garantizada, las que se trasuntaban en “objetivos esenciales” y “pautas de funcionamiento”  que no chocaran con las prioridades nacionales de los países y por el contrario, trataran de ponerse en consonancia para fortalecer los efectos y potenciar las tendencias.

17. Entre los objetivos proclamados se pueden mencionar los siguientes: mantener la paz, una consigna de puntual vigencia teniendo en cuenta que lo corriente eran arsenales de destrucción mutua garantizada que obraban de garantía (!?) para no iniciar conflictos; el manejo de la economía mundial, un objetivo que aumentaba su importancia en vista de la crecientes transnacionalización productiva; contribuir al desarrollo económico como una cuestión que en forma creciente transcendía las incumbencias nacionales; la satisfacción de las necesidades básicas, una consigna que daba lugar a un definición ambigua ya que por un lado se aducían factores éticos y morales pero, por el otro, no se dejaba de considerar el hecho de que se podían satisfacer esas necesidades por medio de políticas de cooperación en el marco de negocios ligados al comercio mundial. Otro de los objetivos proclamados en los foros, que nos tocó de cerca, fue el vinculado a los derechos humanos lo que dio lugar al envío de delegaciones motorizadas por Carter –un gobierno mimetizado con la Trilateral al se consideró fracasado- que nos visitaron en época de la dictadura militar autora en la oportunidad de acuñar la consigna “somos derechos y humanos” con el que intentó devaluar la presencia de los delegados internacionales.

18. En lo referido a pautas, tal vez sea la parte más novedosa del informe; sin duda, se reflejaron ahí los productos de un exhaustivo análisis de los problemas y dificultades de funcionamiento internacional. Por ejemplo, en el tratamiento de los temas aconsejaban tratarlos de a uno para impedir los empastes que se generaban al mezclar negociaciones simultáneas de problemas distintos entre negociadores para quienes esos problemas no tenían la misma importancia, no eran ponderados de la misma manera o medidos con la misma vara. Funcionalismo por partes fue llamada esa técnica de negociación. Otro aspecto más que novedoso y que contribuyó a la poca visibilidad que tuvieron esos foros comparada con la influencia que llegaron a tener, fue la sugerencia a adoptar normas descentralizadas en la gestión de los asuntos internacionales. Esa modalidad novedosa implicaba la adaptación común de reglas, patrones y procedimientos que debían presidir el manejo de los asuntos internacionales con una gestión absolutamente descentralizada en lo referido a la toma de decisiones y el manejo operacional. Quedando, claro está, el control a organismos internacionales del tipo FMI como hemos podidos comprobar en cada uno de los países. Eso daba una consecuencia: a pesar del enorme poder que se desprendía de esos foros, ese poder no estaba apoyado en ningún tipo de estructura acudiendo solo a flujos informativos comunicacionales (esto lo iremos viendo con mayor detalle). Toda esa nueva propuesta innovativa, basada en una gran experiencia de gestión y apoyada en las nuevas herramientas de las TIC’s, tendía a minimizar la complejidad de la problemática en las negociaciones y facilitar la cooperación que era el objetivo sinérgico buscado. El funcionamiento es isomórfico con relación al del G20

19. Otro aspecto contemplado es evitar que todos los países participen en cuanta negociación se entable. Ese tipo de prácticas había generado desconfianza entre los países y no pocas veces el descreimiento en cuanto a la calidad de los resultados que se podían lograr: entrar a negociar con la sensación de que será más de lo mismo y al igual que otras veces los resultados serían inaplicables. Por ello, se proponía elegir bien quien estaría en cada negociación. Es lo que denominaron participación flexible y significaba que la elección de los participantes en una negociación se regía por tres principios: el interés objetivo que cada país tenga en la negociación, la posibilidad de lograr una negociación exitosa y, por último, la naturaleza del problema a tratar.

20. Una cuestión a tener en cuenta es la variación de las condiciones en el tiempo. Es lo que denominaron cambio evolutivo. Un caso de esa variación lo da nuestra región. En las últimas décadas ha ido cobrando creciente importancia el rol de Brasil en la proporción en que disminuía el nuestro. Ese cambio en la ponderación de los roles nacionales en cada región, ha determinado que Brasil sea el interlocutor obligado en las negociaciones en el más alto nivel, enfoque que hubiera sido distinto en circunstancias anteriores cuando el peso específico de nuestro país era mayor. Brasil se candidatea para el consejo de seguridad de la ONU, forma parte del exclusivo BRICS, junto a India, China, Rusia y Sudáfrica. Obama llegó a decir hace unos años que Lula en funciones era el dirigente más popular del planeta. En el último tiempo, con la crisis brasilera, las cosas no están tan definidas. En algunos casos concretos, hay temas que necesitan de una negociación internacional sin exclusiones en la que participen todos los países con independencia de su porte. Más al nivel de la ONU. Sería lo contrario de lo que habían denominado una participación flexible. Esas negociaciones que suelen ser farragosas y más extendidas, son las que tienen mayor repercusión en los medios a diferencia de otras negociaciones que no salen de los ámbitos técnicos y nunca la opinión pública toma conocimiento de ellas. Se pueden mencionar los siguientes temas que se encuadran en esta tipificación.

21. El sistema monetario que pasaba por una serie de dificultades por esos tiempos. A la presencia dominantes del dólar desde la posguerra, se sumaba la salida de la divisa del patrón oro en 1971 lo cual a los europeos les generaba una gran desconfianza. Son antológicos los cuestionamientos de De Gaulle en ese sentido. Frente a las dificultades se optó por no producir grandes cambios lo que para ellos significaba “una aproximación más pragmática, concentrándose en mejoras de las disposiciones que actualmente tenemos”. Huelga decir que la opción de no producir grandes cambios ha determinada una permanencia de la situación hasta nuestros días en que se producen los mismos cuestionamientos en este caso por parte de países emergentes cuyos planteamientos han resonado con fuerza incluso en negociaciones del G20.

22. La cuestión ambiental ya comenzaba a aparecer en forma insistente a esos niveles aunque dada las dificultades de implementación de políticas a nivel internacional -lo que era sin embargo inexcusable dado que la contaminación era una de los factores más dinámicos de la interdependencia- se dijo que “la formulación de normas al nivel trilateral debería en general tomar de la forma de reglas deliberadamente paralelas respecto de los patrones nacionales”. La cuestión ambiental tuvo su punto de partida en los informes del Club de Roma en 1972. Luego fue la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente Humano realizada en Estocolmo, 5 al 16 de junio de 1972 que produjo una declaración fundamental. En 1987 el informe Brundtland que le da mayor entidad científica a la temática y la declaración de Rio de 1992 donde se formula la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, que es la parte de las políticas ambientales que mayor relieve adquiriría. En 1995 en Berlín se produce la primera conferencia de las partes de la Convención  (COP1) y en 1997 se firma el Protocolo de Kyoto que fue siendo ratificado progresivamente por todos los países hasta que adquirió vigencia con un juego de la danza de los siete velos por parte de los EEUU que llega a su fin con Obama un entusiasta de la temática. Como hemos visto, a fines del año pasado se reunió la COP21 en París en la cual se aprobó un histórico acuerdo sobre cambio climático cuya  entrada en vigencia se produce a parir de este año.

23. Es interesante el tema de la autonomía nacional en el contexto de un foro de consenso, con actores determinantes, donde se estaban considerando cuestiones de la interdependencia que en algún punto siempre colisionaban como hemos visto con los deseos y las prácticas de las políticas nacionales. Este tema se resolvió no solo bien en esos foros, a pesar de las dificultades que conllevaban, sino que se recurrió a una forma nueva (que era posible por la falta justamente de estructuración de esos foros sumado a su baja exposición) que contemplaba que “bajo condiciones normales, un alto grado de descentralización en la determinación nacional de tales políticas es, a la vez, posible y deseable” Repárese en el lugar desde el que se habla… claramente en un nivel de poder que está por encima de lo nacional y que les permite hacer consideraciones sobre la conveniencia de la descentralización y por extensión de la autodeterminación. Obviamente toda política nacional que afectara la interdependencia era a partir de ese momento consensuada con actores externos por diversos medios, entre ellos, las llamadas “redes transnacionales de funcionarios”-

24. Por último, otro de los temas que requería tratamiento de todos los intereses se refería a la energía nuclear. Básicamente en relación a tres aspectos claves del manejo de la tecnología: reactores, enriquecimiento y reprocesamiento. En este tema se requería la cooperación de la Unión Soviética.





[1] Sus informes no son conseguibles en las bibliotecas de nuestro país a pesar de ser la conferencia no gubernamental de poder de decisión e influencia de sus consensos de los  mayores de la historia.