viernes, 26 de diciembre de 2025

 

La hora de los depredadores

Giuliano da Empoli
ISBN 978-631-6691-57-6
Editorial Seix Barral, 2025, 184 páginas

 

Con La hora de los depredadores, Giuliano da Empoli vuelve a situarse en el centro de una conversación que él mismo contribuyó a inaugurar: la de una política pensada ya no como un sistema de instituciones regido por reglas estables, sino como un ecosistema atravesado por pulsiones nuevas, ajenas a lo conocido. En ese entorno, los actores —desde los líderes tradicionales hasta sus versiones más “producidas”— deben adaptarse para sobrevivir, so pena de quedar fuera de juego. El libro, breve pero incisivo, exhibe una vez más la capacidad de Da Empoli para convertir la anécdota en categoría analítica, sin perder nunca el pulso del relato.

 

Quien busque una estructura narrativa clásica encontrará aquí otra cosa. No hay protagonista: hay una constelación de personajes y situaciones arquetípicas, inspiradas en patrones reconocibles del poder contemporáneo. Esa diversidad no es un mero recurso estilístico; funciona como hipótesis. La política ha perdido su centro gravitatorio y ya no resulta sencillo visualizar una articulación de conjunto ni comprender del todo la forma en que interactúan sus componentes. El modelo del estadista, del partido o incluso del comunicador exitoso cede lugar a una fauna dispersa, moldeada por la acción desestructurante de las redes y más cercana a impulsos de supervivencia que a una lógica institucional establecida.

 

La metáfora del depredador, lejos de demonizar a los nuevos líderes, describe los mecanismos de adaptación extrema que exige el ecosistema mediático actual. El depredador avanza porque olfatea antes que nadie dónde está la presa: detecta la debilidad del sistema y la narrativa capaz de activar un sentido intenso de pertenencia. Esta lógica —señala Da Empoli— se ha vuelto global. Atraviesa democracias liberales, regímenes autoritarios, burocracias tecnocráticas e incluso instituciones privadas que compiten por la atención pública. Los depredadores no son anomalías: son productos del funcionamiento disruptivo del sistema.

 

Uno de los aportes más sólidos del libro es su lectura del desplazamiento conceptual de la política. Se pasa de un modelo sustentado en la representación —con sus mediaciones, responsabilidades y ritmos lentos— a otro centrado en la influencia inmediata, donde las decisiones se transforman en operaciones comunicacionales dirigidas a consumidores más que a ciudadanos. La velocidad de circulación de la información altera la arquitectura misma del poder: la gestión deja de ser lo que se hace y pasa a ser lo que se percibe. En esta transición sobreviven quienes dominan la estética de la acción más que la acción misma.

 

Buena parte del atractivo del libro proviene de su método híbrido. Da Empoli no escribe novelas políticas ni ensayos tradicionales, sino ficciones conceptuales que permiten pensar aquello que el análisis convencional suele pasar por alto. Su prosa combina la precisión del politólogo con el ritmo de un narrador que sabe dónde colocar una insinuación, un silencio o un gesto revelador. Con notable economía verbal construye atmósferas cargadas de sentido: un diálogo entrecortado, una reunión de madrugada, un cálculo de pasillo. En cada escena emerge una mecánica del poder que se despliega en la penumbra, lejos del ruido dominante.

 

En ese recorrido aparecen arquetipos reconocibles: el asesor narcisista, el tecnócrata que confunde eficiencia con autoridad, el manipulador digital que concibe la política como una partida de póker, el operador que domina los tiempos mediáticos, el líder prisionero de las redes, el estratega de guerra híbrida que diluye la frontera entre propaganda y política pública. Entre estos casos destaca el capítulo dedicado a la corrupción en las altas esferas, donde Da Empoli muestra que el fenómeno —y su tratamiento público— ya no responde a los patrones conocidos.

 

MBS

 

Una noche, sin adelantar sus intenciones, Mohamed bin Salmán convocó a los príncipes, ministros y magnates más influyentes del reino en el Ritz-Carlton de Riad. Cuando todos creían asistir a un encuentro protocolar, las puertas se cerraron y cada invitado fue asignado a una habitación, junto con varias mudas de ropa interior que anunciaban una larga estadía. Entre lámparas de cristal y alfombras persas, por persuasión o por la fuerza —hubo incluso un fallecido durante los interrogatorios—, los prisioneros debieron devolver lo que habían acumulado durante años de reparto y connivencia.

 

No fue solo una purga económica: fue una humillación cuidadosamente calculada. Con ese gesto, tan inesperado como audaz, MBS buscó desarticular la lógica patrimonialista que sostenía a la monarquía saudí y consolidar su autoridad mediante la reescritura de las reglas internas del régimen. Da Empoli utiliza el episodio para mostrar cómo, en distintos países, la corrupción en las cúpulas del poder se vuelve simultáneamente más visible y más espectacular. El G20 —que desde la cumbre de San Petersburgo de 2013 incorpora sistemáticamente el tema en su agenda— refleja esta tendencia global. Pero, paradójicamente, esa exposición resulta menos disuasoria: hay acciones, hay escándalos, pero también un acostumbramiento que limita sus efectos transformadores, lejos de epopeyas como Mani pulite en la Italia de los años noventa.

 

 

La hora de los depredadores no ofrece una teoría cerrada ni un diagnóstico apocalíptico. Tampoco pretende resolver el enigma de la política contemporánea. Su objetivo es captar el despertar de un proceso en movimiento: un cambio de paradigma en el que la seducción reemplaza a los programas, la provocación al debate y la performatividad a las formas establecidas. Así, la política —como teatro de rupturas, donde actos, palabras y gestos no solo representan la realidad— se ensambla una y otra vez mediante su repetición y su aceptación social.

 

Da Empoli se confirma, de este modo, como uno de los intérpretes más agudos del poder en el siglo XXI. Su obra es breve, sí, pero pertenece a esa rara categoría de libros que dejan una luz encendida en el pensamiento: una luz incómoda, aunque inevitable. Al cerrar el texto, el lector siente que ha visto una radiografía, y que lo revelado no es un futuro hipotético, sino un presente que habitamos a diario. Mostrarlo con esta claridad acaso sea su mayor mérito.

 

Ing. Alberto Ford
(IRI / UNLP)
Diciembre de 2025
albertoford42@yahoo.com.ar

 

publicado en Revista Relaciones Internacionales Año 34-Nº 69 del IRI/UNLP. Julio-Diciembre de 2025